Afrodita y el pastor Anquises.
Escucha este relato narrado por Ananda:
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Mi queridísima diosa del amor, Afrodita, es enamoradiza por natualeza. Aun a pesar de tener un marido celoso, no se acobarda y tiene amoríos de vez en cuando, tanto con sus compañeros del Olimpo como con guapos mortales inferiores a ella. Como ejemplo, la ocasión en que se encapricha por el guapo pastor Anquises por el cual le entra un deseo desenfrenado y organiza sibilinamente los preparativos para tirárselo. Visita a las cárites, diosas del encanto, la creatividad y la fertilidad para que la engalanen, se baña con ellas. Con delicadas esponjas, esencias de flores, afeites y perfumes la miman bajo chorros de agua en cascada ¡Cómo luce al terminar su sesión e belleza! Afrodita, que ya ostenta la corona a la más hermosa, luce soberbia ahora, disfrazada de princesa frigia ¡Imaginaos la expresión del humilde pastor cuando se le aparece en el campo tal beldad con apariencia humana! Ella, sin perder tiempo -no vaya a ser que la pillen-, con su mejor sonrisa en los labios, le habla al estupefacto Anquises:
-El dios Hermes me envía para que me conviertas en tu esposa – y continúa, la mentirosa- hemos de consumar nuestra unión inmediatamente.
Él, todo ilusionado, la toma de la mano, le ciñe la cintura y la dirige a su cabaña. La cama del pastor es un precioso lecho viril compuesto por pieles de oso y león, animales que él mismo ha cazado. Entre esas suavidades se cuelan los amantes, la epidermis de la diosa rivaliza en tersura con los mantos cálidos. Hacen el amor, se deleitan en los goces de la carne, consuman y repiten, se agotan y toman nuevos bríos, hasta que él cae rendido en un sueño profundo. Cuando despierta, loco de amor y pasión, ella le confiesa su verdadera identidad y él se desespera. Las habladurías dicen que aquel que copula con una diosa queda manso o impotente y esa idea acongoja al joven con toda razón. Pero ella le tranquiliza.

"Salmacis" de Burne Jones ( la historia del deseo de Salmacis también tiene tela y nos vale para ilustrar este relato)
-Nada te pasará, siempre que seas discreto y jamás hables de ésto.
La diosa tiene especial interés en que él se esté calladito dado que es mujer casada. Anquises calla durante un tiempo, no sin dificultades, es demasiado tentador para su vanidad masculina abstenerse de cacarear que se ha beneficiado a la mismísima diosa del amor. Hasta que un día, borracho, se explaya narrando su aventura, explica con pelos y señales lo que ella le hizo, lo que él llegó a hacerle, las palabras que se dijeron, los besos y las posturas, describe las formas de la diosa, sus gestos, el sonido de sus gemidos y el sabor de sus suspiros. Imprudente presume, y al hacerlo provoca la ira divina.
Anquises recibe un rayo del cielo que le deja tullido de por vida. Ya si fue Zeus -al que le sentaba como un tiro que sus dioses del Olimpo bajasen a fornicar con los mortales- o si fue Afrodita, enfurecida por su indiscreción, no se sabe a ciencia cierta, pero el caso es que Anquises quedó impotente de por vida, impedido para realizar el coito por siempre jamás.
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Comentarios
A señora Discreción debe acompañarnos sempre, se queremos seguir sendo amigos da lozana e cachonda Cana ó Aire.
(Ter un rollito cunha diosa non necesita ser contado; ten que abondar con poder disfrutalo, raio!).
Bicos polo caladiño
jaja, me gusta como di Ananda ese “aaaay” final ¿como se lle doera en carne propia!
quen fose Afrodita! -pero por favor, peles de león nin doutros bichos cazados por él mismo, non, por favor, imaxino a peste a peles
¡Qué difícil tarea le ha tocado a Anquises, si ha experimentado una sensación que muy pocos varones han podido permitirse…! Seguramente el recuerdo le ha estado royendo por dentro, el deseo de repetir el cruce, la incredulidad de que pasó realmente aquello, ver otra vez a Afrodita tal y como se le apareció… Pero no fue así. Como mortal, hombre limitado y humilde, ha aguantado lo más que ha podido, hasta que el alcohol ha hecho su papel de chispa en el tenso polvorín que era ya todo él.
¡Que ahora tenemos la fotografía, el cine, internet y todo eso, para demostrar que esa belleza existe, estuvo con el afortunado y éste se explaye con más facilidad en lo íntimo de ese recuerdo, y no se le escaparía así como así! Con todo eso es más fácil no caer en la vanidad, y guardarse para sí mismo todo tipo de gozos que requieren discreción absoluta.
Y Zeltia, no seas tan burda: imagínate esas pieles bien satinadas y trabajadas, amontonadas en un tierno y frondoso lecho selecto con lo mejor de lo mejor, digno para el cuasi místico encuentro… No lo estropees con ese detalle tan nimio y humano, que en la mitología, cualquier mitología, no tienen cabida… (por eso son mitologías).
Qué bien se metió en el papel del pastor el Ananda, que parece que le duele en propias carnes… jaja
Gustóume o relato, con el olor a pieles incluída, que seguro que olían mejor que el mismo pastor… jaja
Qué manía, qué vicio absurdo eso de tener que contarlo… Estúpidos mortales… Siempre con historias… aissss ;D
Sí, evidentemente parece un absurdo campanear las conquistas, pero …¡tan humano!
Gracísimas Ananda por haberle puesto voz al texto. Es un honor que le dediques tu tiempo a mis cosillas.
Arturo Espada, comprendo que este toque realista mío da al traste con lo erótico, aunque soy de la opinión de que cuando sobran ganas, todos los inconvenientes son menudencias! pero permítime, tú y Pitima que ponga en duda que hayais olido de cerca cualquier clase de piel que no haya tenido un proceso industrial… no hace falta pensar en leones… (de verdad). Aunque estoy de acuerdo con Pitima en que, probablemente el pastor no oliese mucho mejor.
Si es que en estos últimos siglos nos estamos alejando demasiado de lo “natural”… nada como tres meses sin lavarse ni cambiarse de ropa interior… uich!, pero si no llevaban! (glups!, no puedo, no puedo)
Eu estiven nun curtidoiro de peles, e podo asegurar que cheira moi malamente. Ata dar náuseas, para un refinado nariz occidental.
¡Eso es lo que yo quisiera! Poder dedicarle mi tiempo a tus “cosillas”. Primero con esta, luego la de al lado, más tarde aquella y ¿por qué no?, también un rato con aquella ![]()
Gracias a ti, que eres un encanto. muak.
Zeltia, si ya sé cómo huelen las pieles de animales… Durante una temporada trabajé en una empresa que tenía al lado a una curtidora de pieles, y algunos días… buf, es que era salir del vehículo, aspirar la primera bocanada, cruzar los ojos y agarrarse para no caer en redondo.
Por otra parte, olor a perro muerto, a perros mojados, etc., estas metáforas no son en vano…
Y “unir” estos ambientes a los que aquí describe Susanita, es como untar con miel slecta y artesanal una suela de zapato cocida… Algo que en tiempos no dudo que se haría, sobre todo si había hambre, pero hoy en día estamos demasiado refinados como para “empalmarnos” oliendo “eso”.
(Un inciso: ¿conocéis a una paisana vuestra que se hace llamar Irune…? Es que me acuerdo mucho de ella, virtualmente hablando…)
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Me pregunto qué pasarí si cayera un rayo del cielo cada vez que un amante se va de la lengua..¡¡¡habría tantos, tantísimos tullidos!!!!.
Aunque es un vicio extendido, mi experiencia me dice que, muchas veces, el que más éxito (real) tiene, es el que menos “larga”. Como en muchos otros spectos de la vida…
Yo, que soy de todo menos exhibicionismo, lo llevo fatal.