Archivo de 13 septiembre, 2010
14º Relato erótico presentado al juego “¿Qué tengo entre las piernas?
Leed esta fantasía erótica e intentad adivinar si la ha escrito un hombre o una mujer:
Programa antiestrés.
Llegué al balneario de Arnoia con la firme intención de desconectar del trabajo, de los amigos, de los malos amantes, del mundo. No es algo que me resulte fácil, me paso la vida conectada al trabajo, a los problemas que surgen diariamente, a un sinfín de pensamientos que se cruzan en mi cabeza y que relegan el placer, cualquier tipo de placer a un segundo lugar.
Las viñas que se veían por doquier me hicieron pensar en dejar todo en la habitación y bajar al embarcadero a tomar una copa de vino. Al rato me encontraba sentada en la terraza del chiringuito frente al río con una copa en la mano y repasando todo lo que me esperaba en la oficina al volver… Cené algo ligero y me fui a dormir.
Al momento de entrar en la piscina termal del balneario a la mañana siguiente, me di cuenta que mi biquini “micro brasil” no era lo más adecuado. Durante un rato nadando y después en el jacuzzi, por primera vez pude desconectar un poco.
A media mañana vino un chico tipo armario, como yo los llamo, a buscarme para el masaje. Grandes y de espalda ancha, con una musculatura definida de forma natural, sin excesos. Las extremidades proporcionadas y unas manos grandes que darían hasta miedo si no fuese por la sonrisa dulce con la que se aproxima. Me conduce hasta una sala en una zona contigua a las piscinas con unas puertas batientes y me pide que me quite la parte superior y que me tumbe boca abajo en la camilla.
Al cabo de un rato sus manos, que podían ser acero en un momento y mantequilla al otro, manejaban mi cuerpo a su antojo. Sentía sus manos bajar por mi espalda hasta mis glúteos y recorrerla de nuevo hasta mi cuello, lentamente y con suavidad a veces y firme y más rápidamente otras. Me habían dado muchos masajes en mi vida, pero nunca llegué a excitarme con ninguno. Sentí vergüenza y más excitación a la vez el pensar en ello. ¿Sería él capaz de notarlo? De repente detuvo sus manos y me pidió que me pusiese boca arriba y en ese momento deseé que se diese cuenta, que pusiese sus manos por todo el resto de mi cuerpo y que me quitase el estrés de verdad. Me quedé mirando a sus ojos de color castaño mientras se acercaba por el lateral de la camilla a la altura de mis pechos desnudos… Tomó la toalla que me cubría parcialmente y me tapó con ella para mi decepción. Siguió masajeando los hombros y las cervicales como si nada. ¡Definitivamente este chico no era muy intuitivo! Pensé que al menos si había conseguido desconectar y hasta dejar un hueco para el placer. Algo es algo.
FIN.
………….
¿Qué género tiene el autor de esta fantasía erótica?
Deja tu opinión-voto en los comentarios.

RSS




