Archivo de 11 septiembre, 2010
A quién no le tiemble el pulso en un trío, que levante el dedo.
Hoy es el día en que la camarera de Crisol, Carmen, sale de cuchipanda: dos apetitosos macizos le esperan para ofrecerse como banquete. Esta situación es excepcional en la biografía de Carmen y se siente inquieta. Hace tiempo que ha desistido de la ilusión del amor -al menos eso es lo que dice- pero se niega a abandonar los placeres asociados a tan digno sentimiento. Sí, Carmen está ilusionada, pero es conciente de que el “antes de” supera con relativa frecuencia, al “acto en sí” y hoy lleva todo el santo día tratando de relajarse, de disfrutar con los preparativos. La vida no es una orgía constante ¡tan cuesta arriba a veces!, pero de repente ofrece unos pasteles de requetechupete. Ni de broma se presentan todos los días dos manjares como Samuel e Ismael, tan guapos, tan amables.
A dos horas vista del encuentro, se mete en la bañera y masajea sus piernas con la esponja mientras piensa para sí que las tiene muy bonitas todavía. “Todavía”, esa palabra es la espada de Damocles porque ella sabe que el atractivo físico es perecedero, sabe que el tic-tac no se detiene y seguramente eso ayuda a que rebañe golosa estos momentos.
Para que su melena luzca más espesa: mascarilla de aceite de karetei, piedra pómez los pies, jabón negro marroquí como peeling corporal. Luego, ducha helada y ya sale, fresca como una rosa, se enrosca una toalla a la cabeza y se mira en el espejo desnuda.
“Ay, Carmen, ¡quién te ha visto y quien te ve!” se dice. Pero …¡no, no! esa no es la actitud, Carmen ha de obviar las incipientes arrugas entre los senos, y también la flaccidez de la parte baja de los muslos. La gimnasia mental adecuada es encauzar los pensamientos en positivo, no va a aguar un bello encuentro sexual por un puñado de imperfecciones, no, en eso era especialista a los veinte años, ahora se limita a dar las gracias a su dios ateo por estar fuerte, por sentirse animosa y por mantener su apetito, su alegría y esta ilusión madura por encarar un trío sexual con unos amigos, los vecinos remeros, esos chicos tan forzudos como sensibles, que aunque son una pareja estable de gays, se ve que echan en falta un poco de contacto femenino y ella, Carmen, se encargará con sumo gusto de paliar esa carencia.
Hidrata su piel -leche de almendras amargas- y se viste la exclusiva lencería – preciosas bragas de cachemir, súper escotadas por las nalgas y subidas de cintura, sujetador palabra de honor de abrochado delanero con botones de perla-. Ahora le toca al rostro: tónico vivificador, crema hidratante efecto anti estrés, antioxidante multiprotection nutritivo en el contorno de ojos y las bolitas de cera efecto flash luminoso. Ya el maquillaje causa invisible y por fin la máscara de pestañas, leve colorete en las mejillas, perfilador labial y carmín. Ese maremagnum de potingues le dan una asombrosa seguridad en sí misma. Ya se sonríe ante el espejo porque se ve bonita y su boca es bien linda. Todavía. Y esa alegre boca está muy bien mentalizada para hoy, fiesta de los sentidos, recibir doble de felación…
Entonces, cuando ya se cuelga el bolso para salir, suena el timbre…
- ¡Ding-dong!
¿quien será a estas horas?, piensa Carmen y su sorpresa no es pequeña cuando al abrir la puerta se encuentra con Gonzalo, el vejete cliente de Crisol, todo acaramelado con una mujer mucho más joven que él.
- Hola Carmen, ¿todavía tienes el apartamento en alquiler?
………………..
Capítulo 60 de Crisol Púbico.

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