El médico eyacula en el cojín.
-Supongo que no es necesario que le explique las causas de su despido, dice el médico muy serio sin mirarle a la cara.
Por supuesto que no. Desde luego que no. Que una enfermera se beneficie a un paciente en el mismísimo hospital es causa justificada de despido inminente y ningún sindicato pondrá pega alguna.
El médico es un hombre tolerante, él hubiera perdonado un desliz del tipo confundir las tomas de medicamentos, olvidar la administración de un calmante, un informe erróneo. Hubiese sido condescendiente si se hubiera demorado en acudir a la llamada apurada de un enfermo o si hubiese tenido un pronto desairado con un familiar. Podría mostrar negligencia ante una falta de profesionalidad, ante una carencia de humanidad, ante la ausencia de sensibilidad para con el dolor ajeno ¡Pero eso! Eso bajo ningún concepto.
Alice lo sabe y no tiene nada que decir. Se levanta y sale del despacho con los ojos llenos de lágrimas y el mentón hundido por la vergüenza.
El médico se siente molesto, cabreado, incómodo. Menudo día lleva, menudo papelón le ha tocado hacer hoy, qué desfachatez la de esa enfermera, qué mal trago. El doctor se recuesta en su silla, está alterado, nervioso, ha de hacer algún ejercicio de respiración para calmarse un poco. ¡Menuda fulana! Al pobre médico no se le va de la cabeza la imagen de la enfermera abierta de piernas con el chorro del grifo en la vagina. Qué horror, piensa, bebe un sorbo de agua. “Una fresca, una libertina” Él nunca ha visto a su mujer en tan obscena postura. Sus relaciones maritales son regulares, acostados como norma general. Acometen tres, cuatro posturas, vamos, lo normal. Pero eso es lo de menos, aunque él y su esposa ejecutasen el listado completo del kamasutra, esa alegría de follar no se la darían las acrobacias. Lo que ellos desconocen, lo que para el médico es, hoy por hoy, inconcebible es esa insólita capacidad de despendole que ha presenciado y que está a años luz de su sexualidad patriarcal represiva ¡Si no es ni tan siquiera capaz de liberarse en solitario! En estos momentos, sin ir más lejos, está excitadísimo y no se quiere dar por enterado. Qué asquerosidad, se obstina en repetirse como si se estuviera aprendiendo la lección.
¡Menudo día llevo! dice para sí mientras con rictus de agotamiento nervioso toma el cojín que está allí al lado. Sin pensar realmente en lo que hace, lo pone en su regazo. Absolutamente inconsciente de lo que ese gesto significa, le da un buen azote al cojín. Ese golpe reverbera en sus genitales. A diferencia de sus limitaciones cerebrales, su aparato reproductor funciona como un reloj. Qué guarra, recuerda. Y otro azote. Esta puñetera erección le impide pensar con claridad, ¡qué puta!
¡Va, va! la fantasía quiere salir, viene y va, juega al escondite pero hoy parece que la lujuria va a conseguir escamotear la autocensura. Hoy su mente cabalga. Otra nalgada al cojín -reverberación en la polla- y ya se imagina con claridad el culo gordo de la enfermera en sus rodillas. Toma, dice. Lo dice muy bajito, en un susurro, casi no se escucha a sí mismo. ¡Toma! el culo redondo de la enfermera colocado en pompa en sus rodillas. ¡Toma, toma, toma! El médico musita cosas muy indecentes, su imaginación va desbocada. El médico, que si está con el pico cerrado es un hombre bastante atractivo, por primera vez en su vida da rienda suelta al fauno lascivo gracias al cojín. Toma, toma toma, culo de puta. Con sus propias manos abre las cachas a la enfermera y lo mira todo, lo hurga todo, lo profana todo, humillándola “y ¿esto? ¿ te gusta ésto? O ¿mejor por aquí? ¡Toma! Y ¡Toma! Y ¡Toma!”.
Sí, menudo día lleva el hombre.
………..
Capítulo 58 de Crisol Púbico.
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Comentarios
… y habrá algún %&@*#Ç+@ por ahí que confundirá esta somera fantasía hecha letras por tus mágicas manitas como justificación, defensa o ataque a la violencia de género y por tanto a las leyes que intentan “regularla”… y vendrá aquí a soltar su bilis en 3, 2, 1…
Anda que…
Muy bien, me cuadra estupendamente… Y yo que pensaba que ibas a rendirte a tus lectores y darles otra cosa, pero no, has sido fiel a los personajes, mostrando sus debilidades, sus demonios, sus tensiones internas… Sus hipocresías y represiones absurdas… Genial Susana…
Y sí, es verdad, la represión es muy mala y puede explotar con resultados execrables… Y no me refiero a una sesión de cachetes en el culo ni a humillaciones veniales que forman parte de un inofensivo juego cuyas reglas son aceptadas por los participantes…
Hola,
Lo siento por la enfermera, pero más por el enfermo. Al médico me refiero, claro. El paciente también lo va a pasar mal sin su enfermera favorita.
Besos.
Calla Arturo, éste no es un espacio para hablar de leyes, y mucho menos para soltar bilis, ¡espero que no venga!
Qué blanda eres Wendy, ¿sólo 10 avemarías y un padrenuetro?
Bien que te cuadre, Pitima, hago encaje de bolillos para ir contando la historia que quiero contaros.
Qué buen corazón muestras, Lobato, compasivo con todos ellos, con todos los personajes.
Hai que ver como está a Seguridade Social!
En fin, eu aínda teño a esperanza de que o galeno recapitule despois da tristitia post coitum, aínda que fose cun coxín inofensivo, e traspapele o expediente da comprensiva enfermeira.
Con médicos así (de reprimidos), calquera se fía do Sergas!.
Se no fondo a enfermeira estaba velando pola saúde integral do paciente, carallo! (si, no carallo tamén…)
A ver agora a quen lle poñen o coxín engrasadiño.
Moi ben, Susana, nesta entrada fas un perfil psicolóxico do personaxe e, de paso, amosas unha fantasía que, podendo resultar “pouco fina” se entrares en detalles, quedouche bordada con esas pinceladas, pequenos flashes, que o din todo sin decir nada. Igual ca o collage da foto.
Bo gusto, todo medido.
Noraboa
Vaya codigo deontológico que tiene el colega, osea que esta dispuesto a despedir a la enfermera por una terapia de choke mejorativa y no la despediria por una posología erronea que le pudiese causar la muerte.
Asi nos va al sector sanitario. jajajaja.
Hombre! Dr. MIkel!
Si no hay error, creo que fuiste el autor del relato número 6, pásate por allí y dimos unas palabritas, hombre, que nos tuviste a tod@s en vilo durante unos días.
(gracias Zeltia)
Non quero imaxinar como lle quedaría o pantalón o medico.
Haiche moito diso neste mundo
Estou espectante a ver que mais ocurre nese hospital
ya era hora de que se diera un alegría, ya intuía yo que la enfermera lo ponía… je je je… pero sustituirla por un cojín (NUNCA se me hubiera ocurrido).
biquiños,

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10 avemarías y un padrenuestro. Y un relato pormenorizado al confesor, por supuesto, que los detalles siempre interesan. (jjj)