El pijo contrata en exclusiva a Marisol y Judith.
“Os quiero para mí solo”. Así rezaba la nota que recibieron las bailarinas en un inmenso ramo de gardenias. No hicieron caso porque estaban acostumbradas a propuestas de lo más variopintas, pero cuando al día siguiente volvieron a recibir otro ramo idéntico con la misma nota y esta vez incluía una cifra, ya les llamó la atención. No voy a concretar la cantidad porque aquí entra gente que se gana la vida en la cantera y no quisiera ofender, sólo apuntar que se trata de una cifra indecente a los ojos de los que trabajamos por cuenta ajena y que despertó el interés de las chicas ipso facto. “Habrá que ver qué quiere”.
Le hicieron llamar al camerino y ambas se desilusionaron íntimamente al verle, tan poca cosa. Este millonario lo que tiene de guapo buena falta le hace, pero su cartera puede compensar y lo que deseaba de ellas no era despreciable. El muy egoísta quería que bailaran en su apartamento para él solito y deseaba poder intervenir en la coreografía. Es decir, quería tener potestad para meter baza: “ahora saca la lengua”, “ahora quiero que os frotéis ahí”. No tenía interés en tocarlas, pero se acercaría a ellas y podría eyacular en sus cuerpos, si le placía. Y le plació, ¡vaya si le plació! hasta siete corridas se largó el canijo, porque los planes se llevaron felizmente a cabo y el tipo hizo sudar a las chicas.
Haz esto, haz lo otro, quiero veros así, quiero veros asá… Y él merodeando
por el medio, con la polla en ristre y eyaculando por doquier en las preciosas pieles de las bailarinas que terminaron extenuadas y salieron de allí a todo correr después de unas cinco horas de duro trabajo.
Yo no sé decir si a ellas les afectaba este modo de prostituir su cuerpo, este dejarse comprar, pero cuando salieron del apartamento, cada una sujetando su bolso lleno de billetes de los grandes, no parecían disgustadas. Y tampoco parecían apesadumbradas cuando se sentaron en una cafetería a reponer energía con un chocolate con churros y comentaban las mejores jugadas muertas de risas ¡hasta las lágrimas se cachondearon del pervertido!
El pijo no supo de ese pitorreo a costa suya. Tampoco le hubiese importado. Él siguió haciendo de las suyas durante todos estos años y a día de hoy está totalmente echado a perder. Sigue mostrando mucho interés por los duos femeninos, pero con los años se ha ido haciendo más sofisticado. Ahora son la prima lesbiana de Laura y la flautista Rebeca los objetos de su deseo y los shows que demanda ya no son danzas inocentes, ahora exige nuevas emociones.
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Éste es el capítulo 53 de la colección de relatos “Crisol Púbico”
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Comentarios
Hola,
Es que el poder excita mucho. Tener una posición de mando sobre dos chicas y hacer que se muevan a tu gusto es algo muy excitante. Por lo que se ve, también es muy peigroso alargado en el tiempo, observando como acabó “el pijo”.
Besos.
como dice el refrán “llámame gorrión, pero échame trigo” y con el bolsillo lleno todo lo demás lo olvidarán pronto… ¡y tan pronto!
bicos,

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Vaya especialidad la del tío, menudo coreógrafo… jajaja.
Es que dirigir lo que le excita …… Hay pocos sabes???