El hijo mulato de Marisol
Rhett, el padre de Laura, nunca llegó a saber que en su última y mortal eyaculación dejó encinta a Marisol la venezolana, a la que no le hizo ni pizca de gracia llevar un bombo nueve meses. Pero tiró palante y el alumbramiento despertó en ella un fuerte instinto maternal. Crió a su hijo lo mejor que pudo, haciendo grandes esfuerzos para ganarse el sustento y darle alimentación, ropa y calzado, viéndose obligada a dejarlo en casas de las vecinas durante días enteros. El pequeño David, mulatito precioso, resultó ser un bebé tan tranquilo y sonriente que las mujeres del barrio lo adoraban como a un niño Jesús y se lo rifaban, se comían a besos sus piernecillas rechonchas y sus mofletes regordetes. Marisol tuvo una suerte tremenda con David, que se fue desarrollando en un niño despierto, alegre y con iniciativa, al que los hombres le metían una moneda en la mano con gusto porque el chaval sabía ganarse a la gente. Luego llegó a la adolescencia cargado de talentos tales como intuición, gracia y sensibilidad, lo que no deja de sorprender teniendo en cuenta que se crió, como aquel que dice, en la calle, pero él nunca se iba con malas compañías, él siempre con su balón en el pie y la sonrisa en la boca.
David iba adquiriendo con el paso de los años una belleza impresionante, moreno de tez canela, risa seductora de labios carnosos. No había mácula en su rostro armonioso de rasgos mestizos, ni fealdad alguna en su cuerpo de cintura fina y espalda atlética, con el cabello ensortijado y la mirada sana de los que miran de frente. Bello hasta decir basta, su madre le observaba orgullosa y comenzó a hacer planes de futuro. Le hubiera gustado mucho que estudiara enfermería, pero eso desgraciadamente no estaba a su alcance, de modo que cuando David cumplió los dieciséis lo matriculó en un gimnasio porque tuvo una idea. Decidió que la mejor vida que podría tener David era ser un “acompañante de señoras”. Para ella esa era una profesión buenísima donde los hombres atractivos -y buenos en la materia -pueden hacerse de oro y vivir como reyes. Marisol, que había pasado tantas penalidades económicas, consideraba que no había mejor actividad en el mundo para su hijo, qué mejor que gigoló, un oficio elegante, fino, limpio, en el que los señores no se manchan las manos y trabajan un par de días a la semana. Sólo de pensarlo se le llenaba el alma de júbilo. Esperó pacientemente, observándolo y comprobando que su hijo se hacía más guapo por momentos, y creyendo con verdadera fe que ese encanto era un regalo del santísimo Cristo del Sagrado Corazón, al que ella rezaba devotamente. Una vez David hubo celebrado su mayoría de edad, Marisol decidió que ya era hora de mover ficha y fue a hablar con Judith, su buena amiga:
- ¿Tú me harías el favor de enseñarle a mi hijo a hacer bien el sexo?
Este cuento es el relato número 49 del folletín Crisol Púbico.
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Comentarios
jajaja, muy bien Susana, tú sigue así, estás consiguiendo un verdadero culebrón. Estoy deseando ver como se interrelacionan los personajes!
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hace muy bien Marisol, con lo dificil que es que aprueben notarías, y lo fácil que se malean los chicos guapos!
Una madre es una madre.
Claro que, según yo lo veo, “acompañante” de caballeros le sería mucho más rentable; el la clientela es más ámplia
Tu relato es bueno, pero le falta credibilidad. Debes saber que actualmente para ser un gigoló con posibilidades es preciso otbener el título correspondiente. Soy consciente del tremendo intrusismo con el que tenemos que vivir los profesionales del acompañamiento.
La foto que incluyes es buena, pero le sobra realismo: nadie tiene los dedos tan separados en el agua.
Tal como describes a ese rapaz fíxome lembrar o libro “Pura Vida”; i eso que cando dixeches que axiña lle metían unha moeda na man pola facilidade coa que gañaba á xente pensei que estabas a falar de Emilio Botín ou de Rouco Varela…
Bicos movendo ficha
Aisss.. estas madres, siempre intentando gobernar a sus hijos.. Por su bien, claro, no lo pongo en duda… Pero ay, cuántas cosas hechas por su bien no acaban amargando la vida al pobre chaval, que si tiene tantos talentos, con gracia, intuición… no le va a faltar iniciativa para dedicarse a lo que quiera. Y si quiere ser gigoló.. pos vale. Y si se quiere aprender sexo con la amiga de mami, pos vale también…
Pero yo creo que basta que su mami quiera meterlo a gigoló para que a él le sobrevenga la vocación de… yo que sé… CURA! jajaja
Y la ley de murphy, siempre acechando… Cuanto más guapos, menos por la labor… aisss Qué desperdicios por ahí…
Conste que pinché porque pinchasteis vosotras dos! Pitima que tí agora xa tés bastante no labor que estás facendo!
non para pensar en acompañantes,… a ver, a ver ¿por qué clicaches no nick de gigolo? para ver as tarifas? jajaja
Lo cierto es que Pitima está centradita en lo suyo, que sus reflexiones tienden tendencia a analizar la maternidad. Es madre, pero también mujer. Y curiosa.
¡Empezaba a preocuparme por ti! Zeltia.
Curiosa son un rato largo… jaja
Eu traballo para a mesma casa de citas que Gigoló… jajaja, boeno… para unha sucursal… jajaja
O día que nos falte a curiosidade seremos vellas de verdad…
Cando empecei no meu traballo, traballaba a golpe te teléfono, hoxe aquí, mañán alá… jaja… Andabamos a sustituir, pero nos chamaban, e nos autochamabamos tamén “os prostitutos” en troques de “sustitutos” jajaja.
Puteábannos bastante, claro que nada comparado a como putean ós novos prostitutos… jajaja.
Marisol debería de telo en conta…. Qué en tódalas profesións se nota a crise.
O outro día vin unha reportaxe onde se queixaban as profesionais do porno, condenadas as festiñas domésticas de tupper sex e a montar perruquerías especiais para os/as máis atrevidas… Ó parecer a internet ten demasiada oferta gratis….

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Mi madre me que he quedado así con lo de la amiga O_o Aún así, el chaval igual ya se había estrenado, que ahora son muy espabilados xD