Sado fino para el que pague bien.
El Ex marido de Carmen viaja nervioso en el metro madrileño, sin perder de vista ni su plano ni su maleta. El pardillo enfila de tren en tren hacia la dirección que le ha señalado su adorada Rebeca. Todo confiado -pero sin detenerse a hablar con desconocidos- vuela ligero hacia el apartamento que él supone será su lecho de amor este fin de semana. El incauto ignora que va derecho a un nido de víboras.
Rebeca no espera sola, a ella le acompañan la sádica prima de Laura y el acaudalado pijo escrupuloso. Tienen todo a punto, cada uno en su puesto. Rebeca, alias “la flautista”, parece una vestal con su vestido blanco, la jodida, con lo puta que es y mantiene su cara virginal. Luce los labios pintados de rosa, así resalta su voluptuosidad oral, ese abultamiento que tanto enciende al Ex. La prima en cambio, semeja un demonio hembra con el típico conjunto de látex negro diseñado para lucir con látigo y botas de tacón de aguja, un modelazo que se ajusta como un guante a su elástico cuerpo y que lo cubre todo -incluídas las manos-, todo salvo los pechos, que sobresalen puntiagudos y destacan arrogantes – aunque son pequeñísimos- en dos aberturas redondas del traje.
Es una comedia estúpida con mucha menos imaginación que maldad y lo peor es que les excita la hostia, ¡cómo les pone! Les pica el coño como a gatas sólo de pensar en lo cojonudo que es su plan. La prima está pletórica, feliz en su papel de dominatriz y la otra bobalicona, encantada también con su rol protagonista de felatriz.
Dado su miserable sistema de valores, es normal que estén contentas, van a cobrar una millonada. El juego se organiza en exclusiva para un árbitro clase bip y tiene miga porque incluye sadomasoquismo elegante, aquel que daña los sentimientos de una víctima inocente, en este caso los del Ex, que a fin de cuentas es un buen tipo, infantil, eso sí, un saltimbanqui que no ha sabido gestionar su vida sentimental, de acuerdo, un papanatas que lleva diez años enganchado a una vana ilusión, vale.
La mala pata es que justamente esa ilusión la encarna la flautista, una mujer pusilánime que se deja manipular por la hiena de la prima ¡Esa sí que es zorra! pero el que ya no tiene perdón de Dios es el pijo cabrón que espera en la sala oculta y se va a dedicar a mirar, a mirar y a masturbarse lentamente, con su rolex en la muñeca, con su vaso de chivas en una mano y la polla en la otra, con su cochino morbo bullendo en soledad. Este tío es un cerdo, recién cumplidos los cuarenta ostenta el dudoso título de no haber tenido experiencia sexual gratis en toda su vida, siempre de pago, siempre unas cifras astronómicas, porque este acaudalado monigote era el típico niño al que el ratoncito Pérez dejaba 5.000 pelas debajo de la almohada y nunca tuvo mesura.
Este cuento es el relato número 54 del folletín Crisol Púbico.
Como ésta es una historia con muchos personajes y voy saltando de uno a otro a boleo, si queréis recordar los precedentes pinchad en los capítulos que adjunto:
Acerca del Ex y sus relaciones con la flautista:
10. El Ex de Carmen y la flautista
Acerca de la prima:
8. Episodio de Laura con su prima lesbiana
Acerca de los amores de la prima y Rebeca:
29. La prima es exigente con la flautista
Acerca del pijo cabrón:
Y ya, para los de reciente incorporación, todo de corrido:
Crisol Púbico, novela erótica en capítulos
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Está genial, con las descripciones que me encantan. Qué bueno el final.
Un abrazo Susana.