Tetas tutifruti.
El dueño del “Estrella” es un empresario digno de mención. No es tan fácil encontrar en el sector del ocio masculino una empresa tan limpia de trapicheos. Don Eduardo es un rara avis que trata a sus empleadas con justicia laboral y con ello consigue no sólo que las sonrisas de las señoritas sean francas, sino también que los clientes de buena fe no sientan un cierto remordimiento al acudir allí pensando en posibles tratas de blancas, vudús u otras aberraciones similares.
El exclusivo club “Estrella” se caracteriza por ser un Templo al Seno femenino y el primer requisito que han de cumplir los senos es ser naturales. Don Eduardo le tiene tirria al bisturí y quieres tetas de verdad, eso dice, naturales y dispares. Esta ideología es un factor diferenciador de este club, él lo explica muy claro: “ los hombres estamos cansados de ver tetas clones, en el “Estrella” se pueden encontrar preciosos senos desde la talla 80 a la 120, con forma de pera y con forma de manzana, incluso alguno con forma de plátano” afirma don Eduardo en tono jocoso. Él valora la originalidad de los pechos de la mujer, como los de la catalana Sonia que llaman la atención por su forma de cuernos de toro, o los de Shara que son inmensos y lechosos, con los pezones más grandes que galletas maría. Los clientes se sorprenden encontrando a la linda Fani con sus pechos velludos que no depila gracias a la insistencia de don Eduardo, o las genuinas tetas cubistas de Trinidad, la derecha chiquita y la izquierda más grandota, separadísimas la una de la otra, y además bizcas, la una apuntando al Noreste, la otra al Auroeste.
Don Eduardo tiene las ideas claras y sabe lo que quiere, no es un dueño que se acomoda en la poltrona con su cetro de mando. Él dirige la empresa dedicándole muchas horas, mucha energía y se encarga personalmente de la selección de personal. Por supuesto, a sus chicas las contrata en función de sus mamas.
- ¿Podría desnudarse de cintura para arriba, señorita?
Don Eduardo se mantiene atento al modo en que la chica se desabrocha y, aunque ya ha pasado muchas veces por ésto, no pierde el interés por descubrir una vez más esas sorpresas que se esconden tras el sostén. Como cualquier coleccionista, lo que prefiere encontrar es alguna belleza rara y exótica. Si don Eduardo está conforme con las formas expuestas, ya formula la siguiente pregunta:
-¿Podría caminar por el despacho como lo haría sirviendo en el “Estrella”?
Ahora observa detenidamente el movimiento que las tetas adquieren al caminar, y si no lo tiene claro solicita a la chica que salte un poco o que las agite de un lado a otro para poder baremar la elasticidad y el peso de los senos de las aspirantes a camareras del “Estrella”.
Y ya el colofón definitivo de la entrevista es la colocación de la famosa estrella dorada, diseño personal de don Eduardo. Tiene por gusto adaptarlas él mismo a los senos de chicas, para que las puntas queden en el sentido correcto, a ese respecto es muy meticuloso.
- Voy a colocarle este adorno en sus pezones para ver el efecto que hace, ¿de acuerdo?
Es muy experto y rápidamente distingue a las mujeres que son presumidas con sus tetas. La coquetería es un factor que valora positivamente y si don Eduardo percibe que la aspirante al puesto de trabajo está motivada para exhibir sus encantos enjoyados, la chica es contratada.
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Este cuento es el relato número 51 del folletín Crisol Púbico.
He escogido para adornar este relato dos imágenes -tomadas de Anarkasis- de cuando los senos no eran tanto juguete sensual como motivo de adoración y símbolo de generosidad femenina:
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Comentarios
Hola,
Es cierto que en la variedad está el gusto y sería bastante aburrido entrar en un local a ver tetas todas iguales, perfectas y operadas. Se haría casi imposible distinguir unas de otras.
Eso sí, hay algunas tetas operadas que da gusto verlas!! jajajajaja.
Besos.


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perdona, llegué por accidente, estaba hablando con mi amiga cuando un mosquito se ha detenido en la pantalla de mi móvil, echaré un vistazo a tu blog, [el mosquito ha muerto, lo he chafado]