Archivo de 14 julio, 2010
Tiresías, experto hermafrodita.
Escucha este cuento interpretado por Ananda:
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o léelo:
Zeus, dios de dioses, y su esposa Hera charlan después de su coito divino sobre cual de los dos ha gozado más, disertan sobre el grado de disfrute de los hombres y de las mujeres. Ella, que es la diosa guardiana de las buenas costumbres matrimoniales y adalid de la respetable esposa, opina que son ellos los que se lo pasan mejor jugando al sexo y en cambio Zeus cree que son ellas.
Deciden llamar a Tiresías que era un tipo sumamente peculiar: nacido varón, la fortuna le llevó a presenciar la cópula de dos serpientes, contra las que cargó a golpes y como consecuencia se transformó en mujer durante siete años en los que disfrutó de ser hembra sin privarse de los placeres propios de la vulva. Cuando presenció de nuevo a las serpientes apareándose recuperó sus formas de varón.
Él, por propia experiencia dará una respuesta veraz y, una vez ante los dioses no vacila en contestar:
-Es la mujer la que se beneficia mayormente en la coyunda, asegura, si dividimos el placer en diez partes a repartir entre los amantes, nueve de esas partes las goza la hembra mientras que al varón le resta sólo una.
La respuesta enfurece a Hera cuyo rostro enrojece de rabia, le resulta tremendamente indecente, ¡asqueroso!, que las mujeres se lo pasen tan bien fornicando ¡Y con semejante diferencia de grado! ni más ni menos que nueve contra uno. Sin embargo Zeus se sonríe, le encanta la idea de que la mujer poseída esté tan llena de gracia. Esa expresión de complacencia de su esposo saca de quicio a Hera que carga, como es su costumbre, contra el que tiene delante, en este caso Tiresías y se venga volviéndole ciego.
Zeus, todavía encantado con la respuesta, fantaseando con la imagen de alguna de sus amantes corriéndose una y nueve veces, se apiada de Tiresías y le compensa del daño que su mujer le ha causado otorgándole poderes proféticos y una larga vida. Hasta siete generaciones vivió Tiresías convirtiéndose en el mediador por excelencia: gracias a sus dotes proféticas, media entre los dioses y los hombres; por su condición andrógina, lo hace entre hombres y mujeres; y por la excepcional duración de su vida, entre los vivos y los muertos.
Y a lo largo de esas siete generaciones que vivió, se divirtió de lo lindo cambiando de sexo a antojo, haciendo realidad el sueño de muchos de nosotros.

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