Archivo de junio, 2010
Rhett y la negra del conejo cachas (parte primera)
A pesar de que Rhett se las daba de ser un fetichista podófilo de gustos sofisticados, y a pesar de que Marisol, la negra venezolana, lucía unos pies de espanto -palmípedos de ave antediluviana- cuando la conoció, su pene hizo tilín y lo hizo merced a las bonanzas de las tetazas chocolate noire. Hay que reconocer que los pechos de Marisol eran magníficos, algo fuera de serie. Gordas, tiesas, jamonas y todo sin haber mediado bisturí, pura naturaleza exuberante la de Marisol, que además las lucía generosamente sabedora de su black power pectoral.
Trabajaba en una zapatería de caballeros donde era explotada laboralmente tanto en horario como en sueldo y ella, joven emprendedora, tenía aspiraciones y conocía sus posibilidades. Por lo demás, era una muchacha de costumbres dudosas tirando a licenciosas. . Daba mucho que hablar a las vecinas del barrio, ¡es una desvergonzada!, cuchicheaban unas, ¡exhibicionista! apuntaban otras, y los compadres del bar ya ni os cuento el cachondeo que se traían con la negra, que la miraban pasar dándose codazos como adolescentes, “¡esa vaca pide ordeñe!”, decía uno que se las daba de simpático, “¡nodriza de marineros!” decía otro compitiendo en elocuencia con el primero. Y Marisol estaba hasta las mismísimas de lo pueblerinos que eran los gallegos y estaba deseando que la suerte llamara a su puerta y un hombre rico se la llevara a Madrid o a Barcelona. Las tácticas que seguía para conseguirlo eran un tanto invasoras, ella creía conocer sus armas y las que consideraba más potentes eran sus afrodíticos pechos, que meneaba estratégicamente cuando buscaba conquista y se los acercaba a los señores hasta la intimidación. No perdía oportunidad de rozar con ellas la cara de los clientes mientras se probaban el calzado y con Rhett ya se pasó, con Rhett intuyó triunfos y se jugó el todo por el nada poniéndoselas de florero en la bragueta, ¡en la mismísima bragueta se las enchufó bien enchufadas!
Marisol, con veinte años de vida era toda una mujer y sabía la mitra, ya se había merendado lo menos tres docenas de pollas y su especialidad eran las “cubanas”, también llamadas “perritos calientes”, y lo cierto es que a Rhett lo dejó cao con su método infalible cuando lo arrastró con jijís y jajás a la trastienda de la zapatería ¡Pobre Rhett! No dio pie con bola, se puso nerviosísimo con una chavala tan despampanante ¡y tan activa!
Ella solita se quitó la blusa – no usaba sostén ¿para qué lo habría de
necesitar?-, y ya con mucha disposición le desabrochó la bragueta y le sacó la polla fuera – que estaba pirulí-, y se calzó el cuerno entre teta y teta y las rocanroleó tan certeramente que a él se le escapó la leche – ¡qué hermosa la lefa blanca en la piel negra!- al primer bamboleo, cuestión de segundos. Y él, que llevaba unos años de sexo soporífero con la escrupulosa Carolina, se quedó prendado, se entusiasmó como un niño de teta y comenzó a visitar a la nodriza día sí, día también.
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Este cuento es el relato número 43 de Crisol Púbico.
Aquí podéis leer todos los relatos eróticos que componen esta novela erótico-costumbrista.
Morreo iniciático
Víctor, por puro instinto de empuje, va acorralando a Laura contra la pared, y allí parece que se quisiera fundir en ella, los dos cuerpos amoldándose como si fueran de plastilina. Las ropas se encojen por arte de magia, el vestido se sube por las piernas y se abre por el escote, los pechos se le escapan, las nalgas asoman, las bragas se cuelan entre las cachas, y un pendiente se descuelga de la oreja, cae al suelo y se va rodando debajo del sofá.
Tienen los ojos cerrados y sienten la blandura, la elasticidad, el aroma y el sabor del cuerpo ajeno y ambos sonríen para sus adentros pegadas las invisibles sonrisas. Se besan los labios, que están húmedos y calientes, son roces fugaces, de chasquido suave.
Viéndolos, sabiendo de ellos todo cuanto sabemos, podríamos preocuparnos pensando que Laura va a repetir el mismo patrón sexual que su madre. Recordad que Víctor, como lo fue antes papá Rhett con mamá Carolina, es un hombre con muchas más tablas que Laura en esto del amor sensual, tema en el que ella está en pañales. Pero no os preocupéis, en absoluto Laura es escrupulosa como lo fue Carolina. Laura muestra más desparpajo del que jamás tuvo su madre. Al fin Laura ha leído y sabe como se besa la gente mayor. Bien sabe Dios la de veces que ha soñado con ser la protagonista de un beso.
De hecho, si hacemos un zoom a esas bocas, podemos ver que no es la lengua de Víctor la primera en colarse en la boca contraria, es la de Laura
la que asoma y repasa los labios ajenos y sigue adelante valientemente traspasando la barrera de dientes y se ve que allí se encuentra a sus anchas porque serpentea dentro, inspecciona y baila el baile de los 7 velos en la cavidad bucal de un Víctor que se deja penetrar oralmente absolutamente entregado. Él ya sabe que Laura es virgen, pero dada la soltura lingüística, no sospecha que éste sea también el primer morreo de Laura. De verdad que podemos sentirnos muy, pero que muy orgullosos de nuestra heroína, que tira palante con una valentía que poco tiene que ver con aquella muchacha de hace unos meses, aquella que viendo un beso en pantalla se sonrojaba. Esta es una Laura renovada, decidida y valiente. Pero claro, es que todavía no os he contado los acontecimientos de estos últimos meses, y los cambios intrapsíquicos pertinentes que han logrado que la lengua de Laura se muestre tan intrépida, ¡qué voracidad!
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Este cuento es el número 42 de la novela erótico-costumbrista Crisol Púbico
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Colección de relatos de Crisol Púbico
Terapia Sexual. Helen S. Kaplan
A veces, las personas somos gobernadas por modelos auto destructivos inconscientes, culpa, miedo, etc., que impiden el éxito en general y el placer en particular. Algo que resulta tan sencillo en el mundo animal como es el apareamiento, está en los humanos contaminado por un montón de síntomas psíquicos: los mensajes negativos sobre el placer sexual, la negación de las fantasías, la angustia por el desempeño, la auto observación obsesiva, etc.
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Disfunciones sexuales
Como mi motivación está en ser una escritora especializada en erotismo y/o literatura sexual, selecciono mis lecturas en función a ello y, tan centradita estoy, que no me apetecen otros argumentos. Sin embargo me he salido del tiesto con “Todo el amor y casi toda la muerte” de Fernando Marías, un libro que es un thriller psicológico con dos historias de pasión y pérdidas como fondo del argumento y al final me he encontrado con que tiene abundante erotismo, un erotismo un tanto rimbombante, si fuera música diría que lo compuso Beethoven.
Pero el motivo por el que me piqué en leer “Todo el amor y casi toda la
muerte” fue porque su autor en una entrevista contó que había escrito esta novela para exorcizar a dos fantasmas femeninos de su pasado con los que tenía asuntos no resueltos y le acosaban de tal modo desde su subconsciente que le provocaron una impotencia fálica que él, desconsolado, curó acudiendo a psicoanálisis y escribiendo. Leer más »
El caso de repentina impotencia de Fernando Marías no es en absoluto extravagante, si no más bien es “de libro”. Es relativamente habitual que se les quede inerte por algún conflicto psicológico, a veces no tan evidente. Este asunto, tan frustrante para su víctima, está documentadísimo y una de las personas que más ha estudiado éstos y otros desajustes sexuales es la psiquiatra estadounidense Kaplan, de cuya práctica clínica os hablaré en la próxima entrada. Mientras, aprovecho para copiaros un párrafo de “Todo el amor y casi toda la muerte” porque, a veces, los libros que no son tan estrictamente eróticos dan sorpresitas como ésta:


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