El elaborado camino hacia el placer sexual.
Carolina – la mamá de Laura- ha sucumbido a la declaración de Juan Ramón y ha balbuceado atónita su asentimiento. Él se siente inmensamente feliz.
- Disculpa que me haya declarado aquí en el hospital, pero no podía esperar … ¿quieres venir a cenar a mi casa para celebrarlo del modo que se merece?, le propone a Carolina tomándole la mano.
Ay, qué majo es Juan Ramón, qué detallista. Ha pensado en todos y cada uno de los adornos propios de una cena de prometidos y todos esos tópicos harán que a Carolina casi se le salten las lágrimas, de pura alegría y agradecimiento.
Ha limpiado la casa y la ha dejado como una patena, ha comprado rosas rojas y velas blancas y con ellas ha decorado la mesa de mantel y servilleta de hilo. Ha puesto copas de cristal tallado porque beberán champán rouge que tiene a refrescar en la segunda rejilla de la nevera. Ha cocido un buey de mar y un centollo, los mejores del mercado, y los ha descuartizado en trozos pequeños para que no sea necesario el cascanueces en la mesa. Ha puesto sábanas limpias en la cama y hasta ha tenido la osadía de comprar un aceite de masajes efecto estimulante, que ha guardado en la mesilla de noche, al lado de la caja de preservativos que ha ido a comprar a una farmacia del quinto pino porque en la de siempre le daba apuro.
Todavía falta una hora para las nueve y tiene todo a punto, le sudan las manos y se mete en la ducha. Está tan eléctrico que al frotarse tan enérgicamente con el guante de crin, se hace rasguños en las pantorrillas. Su debut como amante le inquieta, se entremezclan sus más oscuros temores con una brillante ilusión pueril. El bueno de Juan Ramón va a poder guarecer al zorrillo en la madriguera del conejo y lo hará solamente porque su corazón ha sido asaetado por las flechas de Cupido, porque desea a esa mujer como compañera de vida.
Mientras tanto, Carolina se mentaliza para enfrentarse a la sexualidad masculina después de más de veinte años de despecho. Sentada, acompañando a su madre anciana, mira inmóvil por la ventana y sin querer, se rompe la uña del dedo gordo, de tanto mordisquearla.
Con todo y a pesar del nervio, la cena de pedida sale según lo previsto. Comen con apetito charlando del modo habitual, quitándose la palabra el uno al otro. Hoy un poco más acelerados de lo habitual, quizá sea gracias al efecto burbujeante del champán, o quizá por la incógnita del devenir de la sobremesa. Cuando a los postres – fresones de Aranjuez con nata- Juan Ramón saca su alianza del bolsillo y la inserta en el dedo anular de su novia, ya comienzan a intercambiarse docenas de besos, y las manos del hombre buscan los senos de la mujer y se acurrucan el uno contra el otro, cogiendo ánimos en el calor del cariño.
Juan Ramón y Carolina son de ese tipo de amantes que subliman el sentimiento en grado superlativo. Se adoran y consuman ese matrimonio privado que adquiere idéntica validez, para ellos, que aquel de papeles firmados en el juzgado. El envite sexual se desarrolla pelín torpe, casi aturullado, con titubeos a la hora de desprenderse de la ropa, ni él ni ella son hermosos en el sentido que se le suele dar a la belleza, hay chichas aquí y allá, michelines blandos que suponen baches a superar. Hay pudores antiguos y temblores nuevos pero los van venciendo con tira
y aflojas, con animosa voluntad de entrega. Nada podría desmerecer ese encuentro cuajado de sonrisas y de buenas intenciones que los deja al finalizar felices y aliviados. Risas cómplices se escucharán durante meses en el nido de enamorados.
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Este cuento es el relato número 47 de Crisol Púbico.
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Comentarios
miiiira, qué botito. Y de verdad que sí.
Hoxe veño de ler un artigo no país (que puxeron como referencia nalgún blog dos que lin hoxe) onde fala de que nunha parella (das que hai amor -non dependencia enfermiza, celos patóxenos ou inseguridades por traumas- debe haber un que acciona e outro que reacciona, un actúa na faceta da afectividade, e outro na da paixón, así ningunha queda descoidada (resumindo). Non sei por qué me acordei agora, lendo o de estes dous!
-que sinxeliñas semellan as cousas cando non se vive todo de xeito complicado-
A su tiempo, pero llegaron, y siempre se descubre algo nuevo y bueno….
Muy de actualidad, cuántas parejas se verán ahí.
O de esnaquizar a centola e mailo boi, misturado coa compra dos condóns ten un nonseiqué moi romántico.
E aínda que contradiga a Ananda, a preparación foi toda unha declaración de intencións por parte do anfitrión; xa que todo o mundo sabe que “quen come centolla, non queda acougado se non f…!”.
Brindo con bicos
Juan Ramón con el anillo y Carolina con el aceite estimulante. Si es que somos románticas, pero prácticas. A no se que el anillo que ha traido Juan Ramon sea un anillo vibrador.

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Qué riquiño Juan Ramón, qué ilusión, qué bonito….
He aquí un auténtico nidito de amor…
Esos pudores antiguos y temblores nuevos le dan emoción, rejuvenecen a estos maduros necesitados el uno del otro…
Aisss… si mi suegra encontrase a su Juan Ramón!…