El complejo devenir de un polvo.
Rhett fue relativamente buen padre el tiempo que vivió con su legítima esposa Carolina y su legítima hija Laura. Ejercía su paternidad siguiendo el modelo “poli bueno” y lo que más le gustaba era llevar a su pequeña al bar y presumir de hija bonita con sus idénticos ojos negros brillantes. Para Laura él era un héroe gigante todopoderoso que un buen día desapareció. El abandono, en ese momento de la infancia de Laura en el que la idealización paterna estaba en su cénit, fue devastador. Nadie, ni la misma Laura, sabe la tremenda herida que le causó su padre cuando perdió el norte por la negra venezolana de tetas invulnerables a la gravedad.
Los primeros años, madre e hija lloraban y fantaseaban con el regreso del marido y padre ausente, pero año tras año se fueron resignando. Y ya la cosa se estancó cuando la abuela de Laura se trasladó a vivir con ellas. Ocuparse de los cuidados de la anciana fue la disculpa perfecta para que Carolina se enclaustrase y tratase de encerrar a su hija con ella y sus terrores. Laura se fue así haciendo la mujer que conocemos, cargada de inseguridades y temores, y tanto su sexualidad como la de su madre se limitaron todos esos años a taciturnas masturbaciones silenciosas, cada una en su cuarto, y con bastante vergüenza.
Pero sucedió que la abuela de Laura se incapacitó completamente y a Carolina no le quedó más remedio que ingresarla en una clínica, donde iba todas las tardes a acompañarla. Y lo que son las cosas, allí, en una residencia con olor a enfermedad, vejez y muerte renació la ilusión. En la cama de al lado de la abuela, la enferma era una mujer de mediana edad que había sufrido un accidente de tráfico y llevaba diez años en coma; la pobre señora estaba ida pero el marido, Juan Ramón, era un hombre cumplidor y no dejaba pasar un día sin ir a visitar a su esposa. Carolina y Juan Ramón entablaron una amistad cordial alimentada por la solidaridad de los que sufren circunstancias similares.
Como ni la abuela ni la esposa se enteraban ya de nada, ellos escogían libremente los programas de televisión que les gustaban – ¡ qué gracia! coincidían siempre en sus preferencias- hasta que un día a Juan Ramón se le ocurrió que podían matar el tiempo jugando al parchís, apagaron la tele y se disputaron unos magníficos campeonatos llenos de tensión y risas. Así pasaron un invierno, una primavera, un verano y el siguiente invierno. A Carolina esta nueva amistad la vivificó, se le volvieron a sonrojar las mejillas, ahora vestía de verde a veces, de azul cielo otras, e iba a la peluquería más que nunca.
Estos cambios de Carolina le pasaban desapercibidos a Laura, pero sin embargo aquella tristeza opresiva que se llevaba respirando en su casa se fue liberando y ahora ya podían charlar madre e hija de alguna otra cosa que no fueran desgracias.
En éstas andaban cuando Laura conoció a Víctor, y en éstas seguían cuando se enamoró de él. Pero la situación que hizo que se tambalease todo el entramado fue la muerte -repentina, aunque largamente esperada- de la mujer de Juan Ramón … ¡cuánto lloró la madre de Laura por esa buena mujer!, claro que Carolina no sospechaba que Juan Ramón, dos semanas exactas después de fallecer su esposa, se presentase en la residencia -impecablemente vestido con traje de chaqueta-, se plantase frente a Carolina -que estaba lánguidamente sentada en la silla de siempre – hincase la rodilla en el suelo y le pidiese en matrimonio.
Este cuento es el relato número 44 de Crisol Púbico.
Aquí podéis leer todos los relatos eróticos que componen esta novela erótico-costumbrista.
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Comentarios
Esta vez vas ter que disculparme o meu desparrame Susana; pero e que me acontece o mismiño que a Lepis: quedeime prendado da imaxe!. Percibo tanta intensidade da doncella no convite que xa quixera eu ter nocións de escalada…
E non me digas que o campeonato de parchís entre Carolina e J.R. non mola un anaco. Eso de arrolar o cubilete con frenesí e despois arrastrar co dediño a ficha sobre o tableiro, e comer unha e contar vinte…ufff.
5 bicos (un número máxico no parchís)
Hola,
Qué romántica te has puesto hoy!!
El hombre cumplidor al rescate de la pobre mujer enclaustrada en su pasado. Nunca es tarde si la dicha es buena, como decía mi abuela. Estará todavía tan encerrada en sí misma Carolina como para dejar pasar la ocasión?? Espero que no.
Para Laura es un punto de inflexión, desde luego.
Y que fue de Rhett??
Besos.
Ultimamente escolles tan ben os títulos dos posts, que dan ganas de xogar un campeonato de parchís contigo. Iso sí, durante un inverno enteiro será mellor introducir algún outro xogo tamén, ou que dis?. Contan que a oca tamén é divertida…
Bicos dende o meu cubilete
El dibujo es mundial. ¿Así que Carolina se ha convertido en el tipo de mujer que sólo folla previo contrato?, aunque hay que decir, en su descargo, que la pobre está algo escaldada de hacerlo al revés, y no está mal encontrar a un hombre que se comporta de forma radicalmente diferente al anterior. Sobre todo en los casos en que el anterior deja que desear, es muy de agradecer.
Por cierto, ¿qué pasa con Rhett?.
Qué tierno……
No sabemos dónde y quién puede hacernos despertar. Y hacer cosas que nunca pensábamos que haríamos.
Pois eu, polo título, tamén esperaba outra cousa… Pero ben, está moi ben. É unha historia de esperanza e ilusión en medio da desgracia. Moi bonita. Gustoume, dálle calado a esta novela por entregas que nos vas agasallando…
jajaja, esa foto, ten delicto!! (non me percatara ata que lin o coment de Fernando)
Hola a todos:
En relación a la imagen, que tanto éxito ha tenido, he de decir que me fastidia un montón poner imágenes sin especificar su autoría. Pero la he pillado por ahí, y ni pajolera de quien la realizó. Si alguien lo supiera, ¡que nos lo diga!
Y en relación a que estoy dándole más “profundidad” a la historia, eso he de decir que es gracias a alguna sugerencia que dejásteis por aquí ¡os escucho siempre!
Es una de las ventajas de escribir en directo, que me permite saber las “preferencias del lector”.
Y tomo nota del interés despertado por Rhett y Marisol, que ya os cuento, ya, que tienen tela esos dos.

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Supoño que Carolina aceptaría encantada! e a pobre Laura quedaría confundida de todo “esta no es mi madre, que me la han cambiado”, pero ó mesmo tempo vería que o camiño que tiña por diante se ancheaba e nel poderían caber cousas que ata entonces non pensaba…
(eu aquí toda emocionada, case non me decato que non son máis ca persoaxes de conto -erótico, iso sí- )
Vexo que vas dándolle algo máis de complexidade e fondura, perfilando entorno, circunstancias e persoaxes.