Disfunciones sexuales
Como mi motivación está en ser una escritora especializada en erotismo y/o literatura sexual, selecciono mis lecturas en función a ello y, tan centradita estoy, que no me apetecen otros argumentos. Sin embargo me he salido del tiesto con “Todo el amor y casi toda la muerte” de Fernando Marías, un libro que es un thriller psicológico con dos historias de pasión y pérdidas como fondo del argumento y al final me he encontrado con que tiene abundante erotismo, un erotismo un tanto rimbombante, si fuera música diría que lo compuso Beethoven.
Pero el motivo por el que me piqué en leer “Todo el amor y casi toda la
muerte” fue porque su autor en una entrevista contó que había escrito esta novela para exorcizar a dos fantasmas femeninos de su pasado con los que tenía asuntos no resueltos y le acosaban de tal modo desde su subconsciente que le provocaron una impotencia fálica que él, desconsolado, curó acudiendo a psicoanálisis y escribiendo.
El caso de repentina impotencia de Fernando Marías no es en absoluto extravagante, si no más bien es “de libro”. Es relativamente habitual que se les quede inerte por algún conflicto psicológico, a veces no tan evidente. Este asunto, tan frustrante para su víctima, está documentadísimo y una de las personas que más ha estudiado éstos y otros desajustes sexuales es la psiquiatra estadounidense Kaplan, de cuya práctica clínica os hablaré en la próxima entrada. Mientras, aprovecho para copiaros un párrafo de “Todo el amor y casi toda la muerte” porque, a veces, los libros que no son tan estrictamente eróticos dan sorpresitas como ésta:
Vera tanteó por la arena con la zurda, buscándolo sin dejar de masturbarse
con la diestra. Ciñó el miembro tieso no para excitarlo, si no para poseerlo y sentirse su dueña, para acercar un poco más hacia ella el cuerpo masculino que, apenas le perteneciese sin remedio, la obedecería a ciegas en el plan criminal que sin duda tenía ultimado ya. Él se aproximó disputándole el hueco al oleaje, y antes de entrar en ella se demoró en acariciar con el miembro y con la mirada el contorno hecho zumo de sus labios vaginales, sintiéndose invicto frente al mar. La penetró, cruzó otra vez la puerta abierta a miles de puertas abiertas, el cielo y lo que hubiera más allá de sus confines, conteniendo en la precisa eternidad húmeda de esa vagina irrenunciable y por tanto invencible. Vera tensó el vientre hacia el cielo con los pies y manos asentados sobre la arena en curvatura a medias imposible, obligándolo a ponerse en pie para intentar permanecer dentro, a su merced, luchando contra sus inhumanas sacudidas. Chilló, chillaron. Un grito único, interminable, que ni concluía ni parecía que fuese a dejar de amplificarse jamás, casi inverosímil, casi aterrador, Dios, y sus demonios interiores corriéndose una y otra vez, hasta quedar extenuado y escindirse en dos cuerpos, los de ellos, que se dejaron caer boca arriba sobre la arena, exhibiendo ante el sol la luminosidad de sus plenitudes saciadas. El gemido entrecortado de Vera, alargado como el estertor de una agonía feliz, y su mano buscando la de él en la arena le trajeron de vuelta a la realidad.
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Comentarios
Es un acto muy bien descrito, Susana: vivificador, combatiente e intenso…
Mira, me apetece hacerte un pequeño regalito:
“…la mano del hombre nervioso agarró el tubito de pastillas, sin perder de vista la pantalla de su ordenador. Dicho tubito ocupaba menos que la mitad de su puño, tan pequeño, que lo usaba de pastillero en sus numerosas comidas fuera de casa. Recientemente había descubierto una fisura que cruzaba toda la base del tubo, lo que provocó su desecho inminente. Pero aún lo tenía sobre el escritorio, vacío.
Le quitó el tapón, que opuso la resistencia justa como para llamar la atención de la mano y probar una y otra vez a taparlo y destaparlo con el pulgar, deformándolo para aumentar el roce. Cuando se cansó, lo desechó, se hizo con el tubo y metió el pulgar en él, a modo de jeringuilla, presionando hasta que la fisura del fondo cedió lo justo como para presentar otro juego, el de ir probando a embestir con más y más fuerza hasta su presumible rotura, pero el plástico resistía. Y metía el pulgar con más fuerza, y la fisura se abría, pero no saltaba. Una y otra vez. Hasta que el hombre nervioso finalizó la lectura de lo que quiera que estaba en pantalla, y se fijó: la base de un tubito de plástico agrietada, que, con la presión del dedo hacia afuera, presentaba un aspecto muy evocador, pese al blanco artificial y gastado de ambos labios. Sonrió para sí, cayó en la cuenta y se dijo que su descripción sería todo un detallito sublimado que la autora del blog cuyo contenido acababa de leer apreciaría en su justa medida…”
Espero que os haya gustado… Un beso.
mamaíña! qué gana de berrar me entraron a min tamén!
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ai, chousa, sería un “aqui te pillo aquí te mato”, pero sendo desa calidade non me importaría a mín o pouco durar!
Pois sí, Susana, o erotismo anda metido entre as liñas de todas as páxinas, entre as páxinas de todos os libros; porque o erotismo está en todos os nosos pensamentos, en todos os nosos feitos…
De nada, Zeltia. Espero que, dalgunha forma, integrarme así nos vosos xogos… ?? díxenlle ben?
Jo, que raro que se me fai isto…
Entiendo Arturo que de alguna manera, si sublimamos el tubito, te follaste con el dedo gordo a la bloguera.
Gracias, especialmente con tus palabritas en gallego (dixéchesllo ben), pero conste que tú te integras en nuestro jueguitos en cualquier idioma.
Chousa, a veces los aquitepilloaquitemato, si se hacen con xeitiño, tienen su puntazo, como apunta Zeltia.
Arturo xa che deu as gracias Susana.
Pero yo tambien quiero agradecerte el detalle de que te dirigieras a mi en gallego, y lo has hecho muy bien, yo creo que los cuentos en gallego de Susana harán que en tu próxima mariscada en Galicia, ya puedas dirigirte al camarero en perfecto gallego (que será extranjero) (el camareiro)
Falando dos “aquitepilloaquitemato”, penso eu que o ingrediente im-pres-cin-di-ble para que saia ben, é ter un desexo irresistible polo outro.
(Xa sei que o deseo é sempre fundamental, pero…
hai veces que aínda sen sentir un desexo irrefrenable,
tendo tempo, certa predisposición e algunhas outras circunstancias que favorezan a cousa, pode sair un polvazo tremendo… porque xa sabes o que dí o refrán: “o comer e o rañar todo é empezar”.
(pois pódese aplicar tamén a estoutro verbo)
A mí me ha pasado alguna vez: estar leyendo un libro o una novela, de temática no erótica, y de pronto encontrarse en un pasaje, en una escena donde se da rienda suelta a los deleites de la imaginación.
Entonces, creo que aún me excita más, por inesperado.
Susana, aprovecho para decirte que esta misma tarde recibí tu libro. Esbocé doble sonrisa: con mis labios por la alegría, por saber que lo enviaste, y sonreí con mis otros labios ante la excitación de una lectura que al final he preferido dejar para un momento más acorde, donde si tengo un subidón, pueda aplacarlo.
Bueno, no he podido contenerme, para qué engañarnos? He leído los dos primeros relatos y esa Erección nocturna….qué ganas que tengo de que llegue la noche, jajajaja.
Gracias maja. Eres grande, y no sólo como escritora
Aunque dé lugar a decepciones (…rrmnñññr…) debo aclarar que mis escritos en gallego aquí han sido usando el traductor que Zeltia incluye en su blog… no que me haya puesto a estudiar gallego en un instituto de por aquí… para estudios estoy, a mi edad y con mis fobias… y que sólo lo hice única y exclusivamente para ganarme vuestras simpatías… er…
Y ahora, antes de que me lancéis huevos y fruta podrida permitidme que vuelva a mi cueva, de donde nunca debí salir…
Belkis, ¿podrías escribir algo de lo que te ha sugerido el libro de Susana…? el tacto, el color, las ilustraciones…
Sí, esto en parte concuerda más con lo que había comentado anteriormente
Un hombre tiene que estar mínimamente en paz consigo mismo para poder intentar cualquier cosa en el catre.Lo curioso es que hay gente atormentada que no le influye tanto, mientras a otras personas si les influye O_o Eso sí que es un misterio.
*He cambiado mi nick porque este es el que suelo utilizar.
De acuerdo, pues, Naoberlin, sólo matizar que también la mujer tiene que estar mínimamente en paz consigo misma para poder intentar cualquier cosa en el catre, off course.
(besazo Belkis, ¡tú también eres grande!)
Nada de huevos, Arturo, y mucho menos verduras. Todo un detalle por tu parte.
Eso, eso, Zeltia: el deseo. Me encanta trabajar el deseo, aunque sea sobre seres inventados.

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Pois o Fernando Marías tería necesidades de exorcizar pantasmas; pero describir describe o polvazo na area que nin diola.
Eso sí, eu quedeime prendido na “disputa del hueco al oleaje” e previas caricias -de vista e de facto- un anaquiño. E que despois…por moita floritura que lle puxo, ser foi un aquitepilloaquitemato de libro.