Archivo de 29 junio, 2010
Penes o pirolas, pollas o vergas, falos, pililas, carajos y pichas.
Si eres mujer heterosexual y tienes la ilusión de tener un encuentro sexual con un desconocido dispones de una franca ventaja: pones un anuncio exponiendo el juego y llueven las respuestas; decenas de hombres querrán participar en el experimento como si de un concurso millonario se tratase. Curriculums sexuales atiborrarán tu buzón y al principio puede resultar estresante tener tanto trabajo de clasificación por delante. Incluso puede dar un poco de cosa tener que seleccionar a uno sólo entre tanto chico dispuesto y colaborador. Pero como es evidente que una mujer sola no puede atender tanta demanda, resulta oportuno mantener la cabeza fría, actuar de modo práctico y ponerse manos a la obra.
Hoy me apetece hacer un ejercicio de descripción de las fotos que brotaron, como flores, en mi email en aquella ocasión en que me animé a tantear el mercado.
Pues bien, para situarnos, las fotos se pueden clasificar en tres grupos:
a. los que enseñan la cara exclusivamente,
b. los que muestran el cuerpo completo
c. los que se limitan a enseñar el pene.
a. Los que optan por mostrar su cara escogen un primer plano de rostro amable. No es tan obvio saber por la cara de un hombre si es un amante generoso o si tiende a ir a su bola… pero bueno, algo ayuda.
b. El conjunto de los que enseñan su cuerpo completo. Éstos dan, si cabe más pistas, especialmente si se animan a enseñar chicha y rostro a un tiempo, lo cual no es nada común y son más dados a lucirse repartiédose en los siguientes subtipos:
b1. enseñan el cuerpo desnudo pero velan la cara,
b2. enseñan la cara, pero el cuerpo está convenientemente vestido.
(entiéndase que rabo y rostro rara vez se encuentran en la misma imagen, lo cual no deja de ser una lástima)
c. Es sorpresivo que el grueso de los aspirantes- y aquí quería llegar yo – se limiten a mostrar su pene. Este grupo conforman una buena tropa de rabos caseros que dificilmente dejan a una impasible. Penes tuttifrutti luciéndose en un brindis orgiástico: los encontré oscuros y claritos, gordinflones o esbeltos, gigantes, fibrosos, tan gordos que parece van a explotar, algunos rosados, otros negros como el carbón o de tonalidad púrpura, derechos, torcidos y retorcidos, libres o con condón puesto, rapados, con mucho pelo o con felpudo triangular, se podía ver toda la gama desde los cabezudos a los de glande de canica, vasectomizados, circuncidados, chiquirritines o mangallones, acompañados de sus pelotas, mirando al cielo -o directamente apuntando al objetivo-, altivos con pinta de pedantes unos, encorvados piadosos otros, inflamados sanguíneos o dormidos sobre el vientre, rugosos, brillantes, mojados, enjabonados, apretados, escapados del pantalón, escondidos tras el calzoncillo, colgantes, sujetos con ambas manos o con sólo un par de dedos, alguno con un mechero – se entiende que para tener un punto donde comparar-, otros con un pitillo al lado, por el mismo motivo -es de suponer-. Primeros planos o planos más discretos ¡cientos de pollas
salerosas dispuestas a ser la alegría de una dama!
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