Archivo de mayo, 2010
Laura, abierta.
Después de los intentos fallidos por parte de Víctor de conseguir a Laura, se ha propuesto desistir, quitársela de la cabeza. Sin embargo ella, que tan escurridiza ha sido hasta ahora, se ha autoimpuesto dar el paso, y… ¡que sea lo que sea! Con sorprendente coraje, Laura se planta en el taller de buena mañana, se acerca a Víctor y le suelta a bocajarro:
- ¿Vienes a cenar a mi casa esta noche?, la voz es firme, logradísima falsa seguridad en sus palabras.
Acepta, por supuestísimo, acepta.
La suerte ya está echada, Laura se le va a entregar, se va a ofrecer. No sabe cómo, pero lo hará. Se quitará la blusa como hacen las chicas en las pelis antiguas, botón a botón, o se arrancará la falda como las femmes terribles de los comics. No sabe cómo, pero lo hará, lo hará, lo hará y lo va a hacer.
Y llega la hora acordada y él pasa a buscarla al cierre de la academia y ella charla con bastante naturalidad y apenas se le nota el nudo que tiene en la garganta, y camina con soltura, derechita con Victor a su lado y no falla su router que les lleva a su piso, y abre el portal y sube las escaleras de las tres plantas, una a una sin pararse a descansar, agarradita a su bolso como si temiera que le fueran a robar. Víctor la sigue, dos escalones por detrás, mirando y planeando también el abordaje para que esta vez no se le vaya a ir de las manos. Que está inflamado, sobra decirlo, pero esta vez la concupiscencia se combina con una pulsión nueva que él no sabe definir y a la que los románticos gustan de llaman amor.
Laura, virgen todavía, pasados los treinta, está asustada como es natural, pero hoy no hace el mímino esfuerzo por escapar, al contrario, no va a hacer el idiota, esta vez no dejará pasar la ocasión. Tan mentalizada va, y tan voluntariosa, que no espera a abrir la puerta: nada más llegar al descanillo, le toca una mano y, con los ojos cerrados, le ofrece su boca.
La boca de Laura, sensual y dulce, ávida de besos, no está sin embargo húmeda, más bien su lengua es trapo, ¡lejos está su cuerpo de la calidez necesaria! y así lo entiende Víctor:
- ¿entramos?, dice.
La cara de Laura es grana y la vergüenza le puede, toda aquella decisión se está desmoronando y le cuesta mucho tragar, pero entonces Víctor la abraza, cálido la abraza y esconde la nariz en el hueco de su clavícula para aspirar el olor rico de la piel fresquita. Es un abrazo más cariñoso que sensual pese a que los fluidos de sangre de ambos corren por sendos cuerpos y las hormonas se disparan en tremendo estrés.
Entonces Laura lo suelta:
- Nunca lo he hecho.
- No te preocupes – le sonríe- estás en buenas manos.
En las mejores. Laura está en las mejores manos porque Víctor lleva
firmísima la intención de darle lo mejor de lo mejor, él no se va a conformar con romperle el himen ¡Oh, no! eso no supone más que un accidente, lo que él desea es gozarla abierta, que Laura goce con los ojos abiertos, la boca abierta, sexo y ano abiertos.
(continuará)
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Este cuento es el número 39 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico
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Colección de relatos de Crisoil Púbico
Crisol de relatos eróticos con imágenes.
He ordenado los cuentos de Crisol Púbico desde su principio en el siguiente directorio, todos aparecen con las aportaciones de imágenes y comentarios que me habéis ido enviando. No hay más que pinchar en cada enlace:
1. Laura, la mujer que excita sin querer.
4. Víctor, experto jodedor anal
7. Razones por las que Víctor es maravilloso en la cama.
8. Episodio de Laura con su prima lesbiana
9. Carmen, apuntes sobre su biografía
10. El Ex de Carmen y la flautista
13. Desvirgar a una mujer no siempre es sencillo.
16. Gasolina
17. El carnicero
18. Los dos remeros
19. El vello púbico de los protagonistas.
21. Grados de homosexualidad- heterosexualidad.
23. Víctor encoñado
28. Travestirse o buscar apoyo
29. La prima es exigente con la flautista
32. Alice
33. Culo de hombre
34. Chocho apático
35. La enfermera de las bragas chiquitas
39. Laura abierta
40. Los orígenes: la fecundación de Laura
41. La sexualidad de Rhett y Carolina
43. La negra del conejo cachas (parte primera)
44. El complejo devenir de un polvo
45. La negra del conejo cachas (segunda parte)
46. La cópula de Laura y Victor toma carrerilla
47. El elaborado camino hacia el placer sexual
48. Viagra para el señor Gonzalo
50. ¿Qué lleva a Marisol a desear que David sea un gigoló?
51. Tetas tutifruti
52. La danza de Judith y Marisol
53. El pijo contrata a Marisol y a Judith
54. Sado fino para el que pague bien
56. La enfermera se corre por activa y por pasiva
57. Alice y Gonzalo son pillados in fraganti
58. El médico eyacula en el cojín.
59. Las urgencias sexuales son malas consejeras
60. A quien no le tiemble el pulso en un trío, que levante el dedo.
64. El glande majestuoso de David.
66. Desvirguemos a Laura. Todos con Víctor.
67. Santa verga bendita, llena de gracia tú eres.
68. Cántaros de miel
70. La concha
72. Sábado sabadete
73. David conquista como folla: muy bien
75. Onírico
76. Nacido pa gozar
77. Culo inquieto
78. Cuchi cuchi
79. Tararí que te vi
La sexualidad en las personas deficientes
En el xornal Certo hoy sale la traducción de un cuento erótico un poquito triste, si os apetece, pinchad en el enlace:
Fanny Hill. Memorias de una mujer de placer. John Cleland
Fanny Hill es una obra epistolar erótica publicada en 1748 en Inglaterra por
John Cleland, autor que escribe tomando el papel de una mujer de vida alegre que se ve abocada a la prostitución de jovencita, y hoy es una dama acomodada que cuenta sus experiencias más íntimas sin escatimar detalles, con pelos y señales, y lo hace de un modo tan rimbombante y eufemístico, que me resulta graciosísimo.
La historia es sorprendente porque al final resulta ser un tratado moral que se reafirma en los valores morales de la época pero también es un recetario de los gustos sexuales del momento e incluso apunta maneras para considerarse un tratado filosófico sobre el placer humano.
Llama mucho mi atención las disertaciones que plantea sobre lo complicado que es escribir erotismo sin caer en lo soez y en la repetición de los manidos vocablos que inundan los textos eróticos, inquietud que comparto con Cleland, casi tres cientos años después.
Como escritor, Cleland asume interesantes retos literarios muy innovadores en su momento. Fingir la asunción de una voz femenina hace
que se instale en una confesión sexual al tiempo que explícita, llena también de recato y timidez -como supone que corresponde al género femenino-, y tal abuso de metáforas remilgadas da como resultado un texto falso y un poco ridículo visto desde nuestros ojos del siglo XXI. Sin embargo en su momento significó un tremendo escándalo y fue uno de los libros más perseguidos y censurados de la historia.
Os dejo una muestra:
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El amiguito cabrón
El exmarido de Carmen está que se sale del tiesto por ir a Madrid y encontrarse con la flautista, con la que tanto ha soñado ¡con la que tantas veces, sólo recordando, se ha mojado! Desde que tiene este planazo en mente, se levanta temparanito lleno de vitalidad y se va a correr un par de kilómetros para recuperar su antigua forma física, después se ducha con agua fría y se enjabona la polla mirándola lleno de esperanza, desayuna una manzana y un yogur nomás y se va a trabajar canturreando.
Lo que él no sospecha -ni de lejos- es que la invitación que le hizo la flautista (joder, ¡qué bien la mamaba!) no es más que un montaje sibilino patrocinado por la actual pareja de la flautista, la prima lesbiana de Laura, contando con el incentivo económico de su cliente favorito, el pijolas.
El pijolas es un tipo meticuloso, canijo, feucho y millonario, heredero universal de la considerable fortuna de papá, un señorito que no ha pegado palo al agua en su vida, ni siquiera para seducir a alguna chica mona de su entorno. Su sexualidad se ha caracterizado por el autoabuso compulsivo -se mata a pajas- y por la compra de excéntricos favores sexuales a precio de oro, porque el tio, desde su tumbona, se busca lo mejorcito. En internet tiene su imperio de amigas ciber y ahora se ha hecho íntimo de la prima, a veinticinco eurazos la hora -con cam, en tetas-. La lesbiana le entretiene organizando perversiones asquerosas y lo hace con la profesionalidad y alegría con que otros organizan excursiones al campo. Son shows exclusivos que llevan a cabo después de una buena planificación ideológica y una interesante elección de candidatos. Eso sí, una vez llega el momento de representar la escena, el canijo millonetis se limita a observar porque es muy escrupuloso y le da asco introducir personalmente el pito. El pijolas es un tiquis-miquis cobarde y cabrón que no se atreve a soltar leche más que en las palmas de sus manos.
Ahora que se divierten organizando el encuentro con “el gallego”, están entusiasmados, encuentran muy divertido que el pringao esté tan encoñao, y se ríen de él anticipadamente con maldad infantil.
La idea que han elaborado, por otra parte, no es nada del otro jueves. La cosa consiste en que la flautista acoja al gallego muy melosamente y luego, cuando el pringao esté en el clímax de la felicidad eréctil, aparezca la novia calzada de arnés, látigo y toda su ficticia mala leche, mientras el pijo graba todo escondido en el cuarto de las escobas…, ya veis, para morirse de la risa.
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Este cuento es el número 38 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico
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Si te apetece, envíame alguna imagen que adorne este texto a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com
Mira las que me envían:
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Primero de mayo. Las más jodidas.
Una vez tuve la curiosidad de contratar una prostituta para
conocer de primera mano el mecanismo de los placeres mercantilistas.
Desde luego yo buscaba una meretriz libre, es decir, un mujer que ejerciera el oficio sin un chulo detrás y mucho menos una mafia. No tenía claro qué es lo que me gustaría hacer con ella pero, honestamente, no descartaba el intercambio de caricias.
Busqué en el periódico local de mi ciudad en la página de contactos donde hay un montón de anuncios por palabras de mujeres. Descarté varios porque me olían a chamusquina: el tufillo a cutrerío y explotación rezumaba incluso en aquellos escuetos anuncios.
Finalmente me decidí a telefonear a uno y para mi fastidio era una agencia. Me respondió una mujer brasileña que aparentemente no se sorprendió de que yo fuese mujer y actuó con toda naturalidad.
-¿Serás tú la que venga?, le pregunté.
-No mi amor, pero aquí todas somos muy expertas.
-¿Puedo hablar con la chica que vendría?
-Bueno… nosotros no funcionamos así… pero te va a gustar, es muy guapa…
No, no, así no. Llamé a otra:
-¿Diga?
-Hola, llamo por el anuncio del periódico.
Colgó. Repito llamada y lo mismo. Esto me sucedió con tres números diferentes.
Al final conseguí hablar con una chica, que se mostró reservadísima, monosilábica y tirando a sosita. No me templó na de ná: ni gracia, ni conversación ni hizo el mínimo esfuerzo por ganarse a su posible clienta.
Yo quería dar con una profesional como la copa de un pino, que ofreciera un servicio eficaz en el que se incluyeran ingredientes fundamentales en el sexo como la alegría, la complicidad y el deseo en el menú de ejercicios sexuales. Yo deseaba una mujer preparada y entrenada en los placeres de Afrodita. Pues nada, no encontré y hube de desistir. Y no me extraña. Están jodidísimas.
Ya sabemos cómo está el sector. Ya sabemos, también, que no tiene porqué ser así, que hubo épocas y culturas -pocas, me temo- en que las prostitutas ostentaban dignidad, disfrutaban de buena posición social e incluso prestigio, eran mujeres cualificadas que ayudaban a hombres y mujeres a alcanzar placer físico y/o afectivo ¿no debería ser ésta una profesión bien bonita? ¿no sería magnífico para todos nosotros?
Hoy, día del trabajador, reivindico la dignidad de esta profesión ¡que coticen a la Seguridad Social!, hay que sacarlas de una vez de ese cutrerío ignorante y esclavista.
La selección de imágenes que adorna este texto son todas de Toulousse Loutrec, artista que, por culpa de su fealdad física, por culpa de su minusvalía, no encontró cariño más que en las putas, a las que hizo estos magníficos homenajes, llenos de sensibilidad.






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