Los orígenes: la fecundación de Laura.
El padre de Laura era un dandi pagado de sí mismo, guapo guapísimo con un parecido espectacular al actor Clark Gable, tan de moda en aquella
época. Tenía 39 años y ya se había corrido unas cuantas cuando conoció a la madre de Laura, Carolina, que era 17 años menor, un pollito asustado recién salido del cascarón. Ella no era ni muy guapa ni muy lista, y jamás se creyó que ese hombretón elegante y con tanto don de gentes estuviese enamorado de ella, y los celos la martirizaron desde el principio del noviazgo, un noviazgo de unos meses que culminó en una boda inesperada.
Resulta que bailando el cha cha chá, el padre emborrachó de pasión a Carolina, que alucinaba cuando ese chico tan apuesto la sacaba a bailar una y otra vez. La verdad es que a él no es que le hiciese excesivo chiste Carolina, pero conquistar era su adicción y ella era una florecilla que adornaba a su lado, tan fresquita mirándole con aquellos ojos de admiración infinita. No le fue pues, difícil engatusarla para dar un paseo en coche, ni resultó complicado besarle los labios y acariciarle los pechitos, se resistía, pero ello hacía el abordaje todavía mas estimulante. Ya cuando metió sus manos por debajo de la falda, Carolina se opuso con un poco mas de firmeza, si es que esos “noes” pusilánimes se pueden considerar firme oposición. Era una muchacha tan bien mandada que se dejaba hacer dócilmente, no tanto por gusto como por obediencia. De modo que al tercer intento le rasgó el himen en el asiento de atrás del coche y la consoló, eso sí, muy caballerosamente mientras se subía la petrina.
- No te preocupes que yo controlo de esto.
Controlar controlaría, puesto que tuvo una puntería tremenda porque la preñó a la cuarta eyaculación y, la verdad, lo que ya resulta inexplicable es porqué se casó con ella. Es posible que al estar apunto de cumplir los cuarenta le entrara afán por sentar la cabeza, es posible que se compadeciera de esa mujercita que lloraba desconsolada al saberse en cinta. El caso es que la llevó al altar, y algo chirriaba en esa pareja tan dispar, ella una joven sin sal y él un tipazo de señor ¡soberbio con el clavel en la solapa! Los malos augurios se cumplieron 6 años mas tarde, cuando el marido la dejó por una negra venezolana de tetas como piedras -al parecer- y allí se quedó también su hija de 5 años, Laura que heredó la belleza de su padre -y su sangre caliente-, y todos los miedos de su madre.
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Este cuento es el número 40 de la novela erótico-costumbrista Crisol Púbico
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Colección de relatos de Crisol Púbico
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Comentarios
Ufff … me encantó la escena de consolar a Carolina muy caballerosamente mientras se subía la petrina … muy gráfica y con sonido …
A mí también se me quedó algo corto, pero es porque la historia está bien redactada, y pide continuidad. Por ejemplo, que la venezolana de tetas como piedras, se convirtiese en la Lupita del viejo en el hospital … Pero mas que un crisól, se convertiría en un culebrón.
Gracias Susana por estos bombones de erotismo.
A beleza do pai e o seu sangue quente xunto cos medos da mai… unha combinación explosiva; lástima que non recibise o legado da negroa venezolana… ou é que si o recibiu?
Se os asentos traseiros dos coches falasen…escoitaríanse moito máis que sons metálicos de petrinas que se suben.
No tocante (!) ás tetas pétreas da venezolana, eu considero moito mellor para a dote xenética de Laura que non a herdase (que xa non ten porqué); aínda que lle treman algo “cos medos”, non deixará de ser unha textura altamente satisfactoria de ver, gratamente apetecible de tocar e suculentamente apetecible de…¿fai falla dicilo todo?
El cazador y su presa. Creo que se casó con ella simplemente porque no hubiera soportado que su trofeo luciese en otra pared que no fuera la de su casa. Lástima que Carolina de tan alucinada ni siquiera disfutara de las armas del cazador.
Susana, como te superas …
Sí Carla, cazador y su presa: ay, ¡qué cosas pasan cuando la vanidad supera a la pasión!
Aldabra, porquiño: me alegro de que esto se os hiciese corto, porque el cuento sigue, vaya si sigue.
De hecho me dispongo ahora mismo a colgar la continuación, porque todavía hay tela para mangas en este Crisol.
Jesús, espero no saturaros.
Kaplan, xa che contarei da negra, ¡vas a flipar!
Chousa, as tetas de Laura son moito mais blandiñas cas da negra, tocinillos de cielo, blandiblú sonrosado. Penso que che habían de gustar.
[...] que como os adelanté el otro día, el padre se encoñó de una negra venezolana de tetas, al parecer graníticas, que además meneaba [...]
home, non podería ser “a lupita do hospital” por cuestión de edade, -a non ser que a negra de tetas como piedras tivera uns 10 anos cando marchou con ela-
A min gustoume o ritmo da narración, tampouco se pode estender moito máis, é un “introductorio” con perdón, para chegar á pesoaxe que nos ocupa “Laura”. Supoño eu, que eu non o escribín
A min parecíame vello Clark Gable cando o vin no que el viento se llevó(Cargable que dicía unha señora que coñecía eu) pero agora tamén me parece cargable
A mín gústame máis aquí aquí co pelo revolveito e a barba do dia anterior, na película “san francisco”, onda semella que lle cairon os cascotes por riba do restaurante onde o pillou ceando o gran terremoto!
ou nestoutra imaxe onde se ve un cargable algo menos cargable, máis vello, pero moito máis cercano e que espertaría en min gana de aloumiñalo.
Hola,
Me gusta la ambientación del relato y los matices que se introducen.
Quizá me pasa un poco como a Aldabra, hecho en falta algún detalle más erótico en la escena del coche.
Besos.
Me gustó. Los he leido al revés lo srelatos, el de continuación antes que este, así que te digo que la herencia es la leche también; de todas las posibles combinaciones, simpre te parece que la tuya es la más puñetera…en fin.
Por cierto, ya tengo en mi casa tu pequeña joyita, que leo y releo, con sensación de lugar conocido, confortable y cálido. Yo también aprecio mucho tu compañía.
[...] que os recuerde que David es el mulato hijo de la negra Marisol, la amante con la que se fugó el padre de Laura, medio hermano de Laura, pues. Share Tags: relatos eróticos Crisol Púbico. Novela [...]

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se me hizo un poco corto… quería un poquito más de “ay, caray, no me toques ahí”… pero muy bien.
bicos,