La sexualidad de Rhett y Carolina.
Analizando la sexualidad de una pareja se pueden ver con claridad los arquetipos que operan en ella, y en el caso de la mamá y el papá de Laura las relaciones sexuales seguían el anticuado patrón yo me dejo femenino y yo me lo monto masculino.
Carolina se sentía en franca inferioridad con ese Rhett Butler de Lo que el viento se llevó y donaba su cuerpo al acto tan acongojada que no liberaba ni una pizca de su placer, brazos y piernas laxas. Él la gozaba con mayor o menor gusto, yendo éste en progresión descendente a medida que se sucedían los días en el matrimonio y con ellos los polvos conyugales. Al principio Rhett puso un cierto interés en despertarla a la sexualidad activa, pero hubo un factor que él desconocía y que a ella le impidió avanzar: la lengua. A Carolina le daba un asco visceral la lengua mojada recorriendo cualquier parte de su cuerpo. Era una grima horrorosa, que en vez de confesarla, la muy boba escondía, y aguantaba escépticamente con la nausea reprimida.
Ya aquella primera vez en el coche, cuando le introdujo la lengua entre sus
dientes, no se lo esperaba y se quedó horrorizada por la depravación que ello debía suponer – perversión que ella creía exclusiva del galán – . Eso de lamer, que ella consideraba una guarrada, le debía encantar a Rhett porque se empeñaba en chuparle el cuello ¡y las orejas! Le metía ese asqueroso apéndice húmedo dentro de los orificios auditivos y ella soportaba aquello con la respiración contenida.
El amante percibía el malestar y no sabía a qué achacarlo. Rhett no sabía qué demonios le pasaba a Carolina, pero él, que era hombre de mundo, sabía que su esposa ni se relajaba ni disfrutaba, y terminó por tacharla de frígida. Sin embargo ella no era frígida, y hubiese tenido una sexualidad magnífica si se hubiese casado con un hombre más del montón, uno con el que ella se hubiera sentido una igual, se hubiese atrevido a pedirle que mantuviera la lengüita dentro de la boca y que se abstuviese de babarle el cuerpo.
Total, que como os adelanté el otro día, Rhett, el padre de Laura, se encoñó de una negra venezolana de tetas, al parecer graníticas, que además meneaba la pelvis con donaire cuando se las lamían. Pero lo más curioso de todo este asunto no es que Rhett se hubiera pirado con la negra, esa situación es relativamente cotidiana, lo que llama mi atención es la reacción sexual de Carolina, que amarguras y despechos aparte, descubrió el orgasmo un par de meses después de que el marido se hubiera ido y ya el colmo de los colmos es que al hacérselo – en frenesí, con ambas manos a un tiempo, vengándose de su clítoris- fantaseaba con la lengua de Rhett recorriendo todo su cuerpo. Y cuando digo todo, me refiero a TODO.
Las fantasías son la leche.
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Este cuento es el número 41 de la novela erótico-costumbrista Crisol Púbico
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Colección de relatos de Crisol Púbico
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Comentarios
¿por qué nos costa tanto decir que NON cando é unha palabra tan curtiña?
¡que pena máis grande, muller!
pero tés razón no teu relato; creo que é moi importante que primero cada un aprenda os mecanismos de placer do seu corpo porque despois vai saber mellor o que quere ó compartir o seu corpo cos demáis.
bicos,
p.d.: moitísimas gracias polo libriño, onte recibinno.
Hola,
Leyendo esta entrada me vino a la cabeza la siguiente cita:
“La tiranía de la ignorancia es … la más dura y lóbrega de las esclavitudes.” Juan Luís Vives
Y es que como dice Zeltia, estas cosas no son exclusivas del ámbito sexual, aunque sí es cierto que hay mucha ignorancia alrededor del sexo. Parece que querer saber es ya casi un pecado…
Mala suerte para Laura, supongo.
Besos.
Cuantas camas tristes y aburridas por el empeño en pensar que los demás deben descubrir sin ninguna ayudita la forma de hacernos disfrutar. Como podemos llegar a pensar que un tipo como “Rhett Butler”, que no sabe ni freir un huevo, va a ser capaz de hacer llegar al orgasmo a alguien sin un libro claro de instrucciones. Para disparar solo hay que atusarse el bigotito y apretar el gatillo, para que una damita tenga un orgasmo hace falta algo más. Y lo primero que la damita alcance la confianza necesaria para guiar a su intrepido cazador.
Si Zeltia, no es exclusivo del sexo. Hay gente que es así en todas sus cosas. No sé si nace la actitud de un complejo de inferioridad acusado, o de lo aprendido. Durante muchos años se nos ha enseñado (porque se sigue, yo en el colegio casi me lo trago; menos mal que mis complejos son casi tan grandes como mi amor propio, y el interés de mis padres por mi autonomía física y mental)que las mujeres estamos para servir, para hacerle a los otros la vida más fácil, que el amor es sacrificio y renuncia…
¡Las narices!, el amor es plenitud, y si no, es una mierda. Y hay gente que sigue confundiendo el amor propio con el egoísmo, y hay mucha diferencia entre ser egoista y tenerse respeto a uno mismo.
Gracias por comentar, Wendy, Carla, Chousa, Fernando, Aldabra y Zeltia, os lo agradezco especialmente aquí, en los capítulos de Crisol, que ahora mismo son mi niña bonita y me encanta saber cómo las respiráis ahí fuera, cuando las fantasías salen de mi cabeza y se convierten en las vuestras.
Si fantaseaba con ello, no concibo que le dieran arcadas al hacerlo. Creo más bien que la mujer se viera tan tensa ante la imposición del marido que todo le resultara desagradable.
Cierto Yure, la tensión hacía su labor, pero creo que a veces lo que se fantasea no agrada en la realidad, un ejemplo claro es la fantasía femenina de la violación.
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Y la rabia mucha, digo yo. Porque si algo da asco, lo da. (que me lo pregunten a mí con las serpientes)
Qué peniña de polvos desperdiciados, todo por non falar! (se o falar non ten cancelas, que se di)
E iso de calar e non dicir o que molesta, por non molestar non é exclusivo do ámbito sexual, non si?