Fanny Hill. Memorias de una mujer de placer. John Cleland
Fanny Hill es una obra epistolar erótica publicada en 1748 en Inglaterra por
John Cleland, autor que escribe tomando el papel de una mujer de vida alegre que se ve abocada a la prostitución de jovencita, y hoy es una dama acomodada que cuenta sus experiencias más íntimas sin escatimar detalles, con pelos y señales, y lo hace de un modo tan rimbombante y eufemístico, que me resulta graciosísimo.
La historia es sorprendente porque al final resulta ser un tratado moral que se reafirma en los valores morales de la época pero también es un recetario de los gustos sexuales del momento e incluso apunta maneras para considerarse un tratado filosófico sobre el placer humano.
Llama mucho mi atención las disertaciones que plantea sobre lo complicado que es escribir erotismo sin caer en lo soez y en la repetición de los manidos vocablos que inundan los textos eróticos, inquietud que comparto con Cleland, casi tres cientos años después.
Como escritor, Cleland asume interesantes retos literarios muy innovadores en su momento. Fingir la asunción de una voz femenina hace
que se instale en una confesión sexual al tiempo que explícita, llena también de recato y timidez -como supone que corresponde al género femenino-, y tal abuso de metáforas remilgadas da como resultado un texto falso y un poco ridículo visto desde nuestros ojos del siglo XXI. Sin embargo en su momento significó un tremendo escándalo y fue uno de los libros más perseguidos y censurados de la historia.
Os dejo una muestra:
………………………….
La conciencia de que pertenecía a mi supremo amado me agitó con tanto placer y me trastorno tanto el alma que congregó todos sus jugos sensibles en aquel órgano del gozo concebido para acogerlo. Concentrados allí como en un crisol, fulgían y ardían con intensísimo clamor; se habían, en
suma, tensado tanto los resortes del placer que, de tanto jadear en espera del inminente gozo, me encontraba mareada de deseo e incapaz de soportar la combinación de las dos ideas diferentes que deliciosamente me aturdían. Pues lo único en que podía pensar era que me encontraba a la vez en contacto con el instrumento del placer y con el gran sello del amor, y eran estas ideas que, al confluir , derramaban un océano de embriagadora dicha dentro de una frágil ánfora, demasiado pequeña para contenerlo, y me dejaban abrumada, absorta, perdida en una sima de gozo y agonizante de desmedidas delicias.
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Comentarios
Carallo para os ingleses!. Co remilgados que semellan e mira ti que ben se expresa. Madia levaban a perseguilo naqueles tempos.
Tal vez o estereotipo de xente fría e pouco dada ós goces da carne fai que me coste situarme en espazo-tempo nese páragrafo que nos amosas se penso que son británicos os protagonistas; pero o certo é que entresaco -e que non se me entenda mal- que, polo menos a John Cleland, dábaselle ben expresar o lado femenino da historia. Iso sí, había que dicirlle que o feito de que a ánfora sexa sensible, non necesariamente implica que sexa fráxil…
Un bico con marcado acento…galego, por suposto!
Creo que tiene que ser excitante e interesante leer la vida de una prostituta,sobre su trabajo básicamente.
Y me imagino que escribir literatura erótica no debe ser nada fácil. Y, si encima se intercambian papeles o roles, más difícil todavía.
El texto sí, suena rimbobante para la época que vivimos donde no hablamos de ánforas sino de chochos directamente. Pero aún así, no deja de ser morboso y excitante. Al menos a mí me lo parece.
Todas estas básicas reflexiones mías me llevan a admirarte aún mucho más, susana moo.
(Ya he vuelto)
Eu, tamén penso que debe ser complicadísimo escribir relatos, contos e novelas eróticas, sen cair na repetición cansina, sen recorrir ós socorridos estereotipos…
e que… non é nada doado… tanto que os seres humanos fomos acumulando de saber (naves espaciais, microciruxía, nanotecnoloxía, enerxía nuclear, etc.)e, no tocante á sexualidade… seguimos co de sempre, dende miles de anos:
sota, cabalo e rei!
Pero qué sota!, Zeltia, e qué cabalo, nena! e qué me dis do rei?!
Dificilísimo Belkis (¡bravo que viniste!), . Fijaos que estoy en estos momentos con la cópula ¡sí,cópula! de Laura y Víctor, (que ya va siendo hora de que vaya rematando historietas de Crisol), y os juro que, además de calentarme telita yo aquí sola con las manos en el teclado, borro más que avanzo para no caer en lo cursi, en lo rebuscado, en lo burdo, en lo románticoide, en lo vulgar. Sudo tinta china y me mojo toda, es terrible, ¡un sufrimiento creador que no os haceis idea!
……
(para más inri, éstos son gallegos, Chousa. Galeguiños na fodenda!)
Sin moralina, Wendy.
Con la mano izquierda sostuve el libro y con la derecha…, ya hace mucho tiempo lo leí, cuando en este país no abundaba ná la literatura erótica y venía de extrangis de las Américas.La película me defraudó.La diestra y la lectura me dierón momentos muito gossosos (o meu Brazil¡)
Susana: no he comentado la entrada anterior ya que no encontré motivo iconográfico para darle betún al cabrón…y he mirado,¡Vive Dios!, pero secundo el comentario de Wendy al respecto.
Saludos a todos.
Pois mire, agradézolle inmenso a referencia porque confeso que nunca oíra falar del.
Concordo plenamente no referente ao difuso límite que nos separa do soez: as metáforas axudan pero tamén dilúen.


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Lo tengo en la estantería, esperando a ser leído. A ver si con este apunte tuyo se me van haciendo ganas.
Por cierto, espero que no me produzca la misma sensación que la que tuve cuando acabé de leer Moll Flanders. Las moralinas me espantan.
Bicos.