Cuentos eróticos de orgasmo
Amigos; en mis manos tengo mi libro “Eva, su manzana y el pecado”, recién salidito de imprenta. Es una preciosidad, el número 3 de la colección Perineos, una edición no venal de tan sólo 150 ejemplares, con su maquetación perfecta, su prologuista, su cubierta y contracubierta, que yo creo que ha quedado lindo, lindo, digno de ser, en un futuro, un preciado objeto de coleccionistas (permitidme soñar).
Pero bueno, no es a mí a la que le toca alabarlo, estoy deseando que lo leáis. La editorial que me lo ha publicado (que trabaja con aportaciones voluntarias) me ha enviado cien ejemplares y tengo reservada una partida para regalar a los comentaristas habituales de Erotómana y/o a esos lectores silenciosos que entráis, os recreáis el tiempo necesario, y os piráis sin decir ni mú. Pero claro, para que yo sienta vuestro interés y lo regale con gusto, habéis de mugir.
La idea consiste en una especie de concurso no competitivo donde todos los participantes seréis premiados -hasta el fin de existencias-.
Los requisitos para conseguir “Eva, su manzana y el pecado” son:
1. Dejar en esta entrada un comentario escribiendo la representación de un orgasmo. Ya sé que lo que os pido no es baladí, y que supone toda una muestra de maestría (nada más difícil que reducir a palabras el éxtasis), pero no os desaniméis. Está permitido copiar o citar a los grandes, también se acepta en sonido (imágenes no, que ya tenemos mucho de eso en Crisol) y estad seguros de que todos serán válidos ¡no seré yo la que juzgue vuestro modo de correros!
2. Enviarme un correo a erotomanita(arroba)gmail.com con los datos necesarios para hacéroslo llegar.
Por supuesto, el comentario puede ser anónimo, yo ya sabré quienes sois por el email que ponéis en el comentario -que soy la única en poder verlo-. Espero que os guste la propuesta y os animéis a participar
¡divirtámonos!
……………………………………..
……………………………………..
A continuación el orgasmo de Carmen, interpretado por Lipa Benet:
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
………………………………………
A continuación el orgasmo que dejó aquí como comentario una tal Frida kalho interpretado por Claudia Contreras:
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
.
…………………….
Ananda interpreta un fantástico párrafo de “Rayuela” de Julio Cortázar:
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
……………………………………..
Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.
Comentarios
Vaya por dios, el primero no se ha hecho esperar… claro que… muy generosa no has sido Teseo (Teseo es una mujer), digamos que tu orgasmo tiene toda la pinta de ser un gatillazo. Lo paso porque supongo que fue fruto del ímpetu alocado por conseguir el trofeo. Y me vale para avisar al resto que así no, que hay que esmerarse un poquito, no digo que vayais a contar la Odisea, pero por justicia, tanto yo como mi editor merecemos un orgasmo un poco más cumplidito, que ha sido trabajoso dar a luz este libro, como cualquier otro.
mmmm…en mi caso comienza suave , sutil…me llega rozando…como si quisiera q el juego no acabase…pero comienza a subir el calor…mi piel se cubre con el brillo del sudor q me cubre por completo..los gemidos no dejan d salir d mi boca abierta…el corazon late tan rapido q no me pertenece…el clitoris esta a punto d reventar… y mi coñito esta desbordado d tan humedo..no controlo mi cuerpo… q se convulsiona…la espalda se arquea…y entonces la descarga q comienza en mi coñito se apodera d todo mi ser…es tan dulce y salvaje…
De eso suave y repetitivo,de paciencia a la fisica locura.Te envuelve y envuelve hasta reventar como erupcion indomita .Y ya en la placidez a volver a soñar para conseguirlo..
Caray, qué intensidades.
Voy a intentarlo Susana, sólo a intentarlo.
Cuando me van faltando las palabras, me voy sintiendo lejos, apartada de las personas y las cosas, los sonidos me llegan desde lejos, dejo de razonar, pensar y sopesar, me concentro en una sola cosa, y comienzo a gemir quedamente, hasta que mi espalda se arquea, y me quedo inmóvil, vacía, sorprendida.
Hola,
Hay que ver como eres…
Siempre me resisto a llegar al orgasmo. Me siento tan bien dentro de la vulva caliente y húmeda, tan unido y tan cerca que seguiría mucho más.
Pero de repente noto que mi pareja está llegando y cuanto más excitada la veo y más se contonea, más dura se pone mi verga. Y con esa firmeza en mi falo que se desliza cada vez más rápido por el coño mojado que se me ofrece, más nos vamos excitando.
Agarrando las nalgas con fuerza y atrayendo su sexo con energía hago movimientos más largos, esperando a su orgasmo para soltar el mío. Noto calor en todo mi cuerpo y en el suyo, mis músculos están en tensión y sus nalgas rojas de apretarlas con vigor.
Al momento se arquea y gime de placer y yo embisto con apremio todo lo que puedo hasta sentir una explosión que me libera en el éxtasis, en un orgasmo conjunto. Siento mi leche inundándolo todo y el corazón en grandes latidos al compás de nuestros movimientos.
Termino arqueado y rígido hasta que poco a poco siento los últimos coletazos de placer y me dejo placidamente al lado de mi pareja.
Vale así, Susana??
Besos.
Por el mío tendrás que esperar. A ver si me toca el numerado como 69. Si me paso, siempre me quedará el 96.
joder, susana! tienes razón que tenemos que ganárnoslo
![]()
de momento nada máis che vou dicir que me encanta a portada (o enlace ó prologuista non mo colleu)
… é posible que o de contar o meu orgasmo non vaia como zeltia. a ver: son algo exhibicionista, pero só con descoñecidos!
parabens eh, susana! estou moi leda por tí [e tamén por ir ter o libro]
mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffuiuiuiuiuiuiuiuiuiuiuiuiuiuiuiuiggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggggppppppppppppppppppppppppppppprrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrAAAAGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGG
juajuajuajuajua
DEU MEU
[...] las bases (www.susanamoo.com) y animaos a tener un tête-à-tête con la musa… o el muso, claro. Publicado [...]
Qué bien, qué bien! Esto va genial.
Un problema, Peter pan y Francisco, no me habéis enviado el email a erotomanita(arroba)gmail.com con los datos necesarios para poder mandarlo por correo, ¿O quizá es que preferir no recibirlo? En tal caso, sin problema, también pueden participar los que les interese sólo el tema orgasmo y, por cualquier causa, prefieran prescindir de “Eva, su manzana y el pecado”.
En él está la lira
en él está la rosa
en él está la ciencia armoniosa
en él se respira
el perfume vital de toda cosa.
Solamente por eso
tan doliente y tan corta
la vida se soporta.
Adaptación del poema “Carne celeste” de Rubén Darío.
Felicidades Susi!
Lembro a primeira vez que comín un érbedo. Era case noite na Serra do Xurés, unha nube gris comezaba a afondar nas vagadas sedosas e cubertas por unha fina pelica de monte baixo, agromando sobre a pedra dura e aínda morna polo efecto dun día de sol. Introducino enteiro sen pensar na cuberta rugosa e sentín como se desfacía mancando a conca do padal. Unha primeira vez dolorosa e intensa. Pechei os ollos tentando non tragalo todo de golpe, buscando os matices emanados da polpa. Nada demasiado rápido, nada demasiado brusco, nada que mancase o momento, que significase estigma para unha futura experiencia. Cos ollos pechados, perdín a noción do tempo e do espazo e diluínme por un segundo fugaz protexido polas encostas marcadas polas sendas doutros pasos, doutras peles que sucumbiron ao pracer de ser un.
O espazo, coa humidade axeitada, convida á enervación. Apretadiño, lene, cálido, colocados no lugar axeitado ou buscando posición. Alterándose os ritmos. Acelerando os latidos. Buscando aire. Perforando, perforándose, deixando sitio e oprimíndo á vez. Frenesí incontible. Precipicio inevitable. Sístoles esbourando, diástoles incontibles. Bombean os corazóns, esboura a semente e…
…na cima da terra mesma, agroma unha folliña nova. Naceu un chícharo!
(É a moeda máis sutil coa que “paguei” nunca un libro. Follas Novas debería copiar a túa iniciativa.
Mil parabéns en mil un bicos.)
Juan Salvador Me Agota.
Soy una gaviota que sobrevuela el mar descuidada. Con ligeros movimientos de mis alas voy dejando que el aire acarice mi cuerpo hasta que soy incapaz de distinguir si tengo el viento de frente o de costado. Toda la superficie de mi piel es un mapa de sensaciones con infinitos caminos y todos llevan a mi sexo. Mis musculos se tensan y desbocan su potencia aletenado para subir y subir en vertical buscando el calor del sol. Subo hasta hasta el límite de mi resistencia. Me falta de aliento, tengo que abrir la boca y tomar aire durante un segudo. Es el último segundo que me queda de lucidez. Cierro los ojos, cierro la boca, pliego mis alas y me dejo caer. No puedo ver, pero se que el mar cada vez está mas cerca y que pronto estaré empapada, cubierta del intenso calor de sus aguas. El impacto es brutal, todo mi cuerpo revienta y se rompe en mil pedazos. Grito de dolor y placer, jadeo, jadeo, y vuelvo a gritar, y vuelvo a gritar. Me abandono en el agua caliente. Allí mis alas no sirven para nada pero las abro, las abro. Las olas, las corrientes, o yo que sé, me arrastran volteandome, ya rota, en la profundidad de las aguas. Son torbellinos espesos que juegan con mi cuerpo dislocado. Ahora el vértigo de la inmensa profundidad del oceano se concentra en mi sexo. Necesito subir y más calmada, logro llegar hasta la superficie, abro los ojos, la boca, abro mis piernas, me exhibo al sol y él me golpea con su luz en mi sexo hasta que me estremezco una y mil veces más. Vuelvo a gritar.
Voy subiendo, estoy cansado y siento que voy a caer, a caer en esa carne caliente y viscosa que me atrapa y me aprieta. Me detengo a descansar pero tu carne vibra y succiona, vibra aprieta y succiona, se desliza y aprieta; pierdo el equilibrio, trato de mantener la calma pero los dedos de los pies comienzan a hormiguear. Tomo aire, cierro los ojos, aprieto los dientes y me dejo caer a tu vacío. Siento el fresco, siento el hormigueo en las manos subiendo por mis extremidades y luego allí está el primer martillazo en los nervios, la sensación que no puedes retener, no puedes evitar y no puedes describir. Es como comerte una fresa dulce, le primera mordida te llena de olores y sabores, acidez, dulzura y frescor que desaparecen al instante; sabes que ya sólo tienes un par de mordidas, menos intensas, más llenadoras pero igual de fugaces y frescas……….y se acabó. En unas cuantas explosiones de fuegos artificiales termina el placer activo, queda el hormigueo, el recuerdo de los jadeos, el movimiento de las caderas, quedan los dientes apretados, los latidos acelerados, las manos apretadas en tu piel y el reflejo mecánico de la última eyaculación. Ahora todas las hormigas vuelven a los dedos y se van, o se quedan en el glande para avisar que es hora de desenredarnos de las sábanas, apretar el abrazo para evitar despegarnos en este resbaloso instante y buscar la toalla que sin falta, siempre se cae del altar.
Empiezo a sentir una fuerza, una energía que se abre camino desde muy, muy dentro de mi. Como un agujero negro viajero, va atrayendo hacia el la voluntad y la razón, los sentidos y los pensamientos, las sensaciones y la conciencia. Pronto es como un tornado, arrasa con todo, y todo se comprime en una enana blanca, que de pronto estalla en supernova y me deja convertido en una muñeco asustado, tembloroso y herido.
Me miras
Te miro
Nos contemplamos
Me husmeas
Te olisqueo
Nos olfateamos
Me degustas
Te alimento
Nos saboreamos
Me perturbas,
Te recreas
Me complaces
Me besas
Me chupas
Me muerdes
Me succionas
Balbuceo…
Guerreamos
Me empujas
Me apretujas
Te introduces
Me atraviesas
Me montas
Cabalgamos
Me trotas
Galopamos
Nos aplastamos
Me gozas
Me insuflas
Me rocías
Me salpicas
Me bañas
Me deleito
Te gozo
Me escarbo
Me vacío
Te impregno
Chapoteamos
Nos adobamos
Nos curtimos,
Nos sentimos
Nos fusionamos
Nos derretimos
Nos disolvemos
Aquí va el ya manoseado de Cioran:
El orgasmo es un paroxismo; la desesperación, otro. El primero dura un instante; el segundo una vida.
Qué estupenda idea Susana!
Entro ahorita mismo en tu salón después de unos días de ausencia… I´m sorry… la vida… que me atropella.
Y parto mañana mismo a una nueva aventura vacacional ![]()
así que prometo estar atenta a mis orgasmos, reales o imaginarios, y a la vuelta os cuento…
Prometido queda!
Como gran frígida que me han dicho siempre, no sé qué es eso de lo que hablas, pero me da gustito cuando me la introducen. O sea. ¿Sabes?
Eh… um… no puedo. Lo he intentado, pero no puedo. Todo orgasmo tiene un principio, que empieza mucho antes que el orgasmo en sí, y un final, que también sucede instantes (más o menos, depende) después de desaparecer los últimos coletazos.
Así que no puedo extraer sólo esos breves momentos tan intensos de sus deliciosos contornos. Sería como comerse el chocolate de una galleta, y dejar la galleta. Algo empalagoso, ¿no…?
Real o inventado, disfruto tanto o más del camino que de la llegada a la cima. Pues todos los orgasmos son similares, pero el camino que conduce a él, no. Y son los recuerdos y las vivencias de dicho camino lo que hace que esos momentos sean únicos.
Incluso una paja rutinaria tiene algo diferente. Una escena previa, inesperada o buscada adrede, que me pone a mil, un “aprovechar la ocasión que no hay nadie”, una postura inflamable de una película X, un argumento que se desarrolla solo en mi cabeza y por sí mismo me conduce a excitantes senderos… irrealizables, pero excitantes; un recuerdo maravilloso de la última relación sexual, que aletea constantemente alrededor de mi cabeza y decido disfrutarlo a fondo, dejándome pasmado al comprobar que, pasado un buen rato, el recuerdo vuelve a tentarme otra vez, encantadoramente molesto…
En fin, que no puedo, Susana.
Un beso.
Noche de insomnio, jornada de mucho trabajo, los ojos entrecerrados, como de miope, que pican, el cuello agarrotado, siesta apurada, tensa duermevela, el dedo mayor y el anular se deslizan hacia el pubis, se mueven de arriba a abajo, por sobre la raya, buscando recuerdos de una noche de amor, se mueven en círculos sobre la almendra, suaves y firmes, con ritmo constante, hasta que llegan las descargas eléctricas, chiquitas, ricas, acotadas, un motor ronroneante… No hay tiempo para nada más, hay que seguir trabajando.
Para mi el orgasmo es más un estado en el que se entra, que algo que se hace o un momento concreto… muy tántrico, no? Hay orgasmos que son como la subida ansiosa a una cumbre, cada vez más intensa y tensa según te acercas al pico, y, una vez llegas al mismo, no queda sino bajar. Por el contrario, yo prefiero los orgasmos de valle, los que son como un río que fluye hacia el mar, y por el que se baja nadando, o dejándose llevar por la corriente. Hay mil curvas, remansos, cambios de ritmo y de pendiente, y cada vez el río se hace más ancho, más caudaloso, com más espacio para nadar, experimentar, disfrutar. Hasta que, poco a poco, va llegando al mar y se funde con él, diluyéndose, siendo mar. Ahí es donde nos zambullimos, en aguas profundas, infinitas, sintiendo las olas y el agua fresca acariciar toda nuestra piel, cubrirnos, ser ingrávidos en la inmensidad, tomar otra consciencia del propio cuerpo, reencontrado a sí mismo en las aguas bajo los reflejos diamantinos de la luz del sol entre las olas. Ahi queda ya… nadar.
Perdón por las confianzas, pero me pongo debajo.
Últimamente, para mi cuerpo, es como si el orgasmo fuera una situación extrema que tratase de eludir, huyendo a convulsiones del objeto (o sujeto) de su placer.
Intenta evitar ese apocalíptico instante en que todo él se vuelve nervio reflejo martilleado y ya no mantiene el equilibrio y cae del lecho, y se hace incontinente de espasmos, mordiscos, aullidos humanizados, secreciones… para normalmente ser domado y reducido a un apacible cadáver.
Se subió la falda con lentitud. Con la sutil sensibilidad que la caracteriza.
Conscientemente consciente sabe lo que hace y lo hace muy bien.
Me incita con su levísimo y sensual movimiento de caderas.
De sus labios resbala un ténue musitar de palabras que unicamente yo puedo escuchar.
Se acaricia con tanta lujuria, que jadea incluso con la mirada.
Clava sus dedos en sí, a la vez que me clava sus ojos entrecerrados en mi nuca.
Me ofrece su elixir más íntimo en su propia mano, para que lo envuelva con mi saliva.
La espiral de balanceo rítmico y frenético le provoca una mueca de dulce placer que evoca, curiosamente, dolor.
Manos y pelvis entregadas en absoluta sincronía.
Me pregunta con desfachatez si puede, cuando sabe que con o sin permiso, ya es inevitable.
Sentada, mirándome sin verme, sabiéndose observada, suave, femenina, ávida…
Me regala un jadeo largo, profundo,intenso, suyo. Y fue mía a un metro de distancia.
Nunca nadie lo logró de ese modo. Es única!
Y con el murmullo de tu voz de agua entraste en mi y entre nosotros apareció un gran humo envolviéndonos, como un gran suspiro de amor, de excitación, de sudor, de frío. Y mientras yo sueño con congelar milésima a milésima cada segundo, tú sólo soplas para intentar templarme.
Y así es como siempre volvemos a soñar con los colores…y así es como siempre me vuelvo a quedar contigo.
Lograste sentir aquello que provocabas ¿qué decías que te gustaba? Aquellos labios en flor, mojados de tal rocío, no te dejaban pensar en otra cosa que no fuera morderlos, un simple bocado de la manzana, fuiste víctima de tu nueva obsesión. Me acariciaste con temor, ¿acaso era nueva para ti esa situación? ¡Claro qué no! Pensé yo, mal de mi cuando vi cómo te movías, aquel fruto que probaste te despertó, hacía el ojo ciego llevaste mi mano… sólo querías sentir lo que sentí yo. Un solo dedo fue suficiente para hacer brotar aquella cantidad, ahora nada seguirá igual, de ahora en adelante pedirás más y más.
Invádeme violentamente e case por sorpresa. A sensación de excitación faise máis e máis aguda, estou en tensión absoluta e agardando que suceda algo. Só son consciente do que sinto nese escaso centímetro de pel do meu organismo, o meu clítoris, a chave do pracer. Chegado ese momento, síntome arder enteira. Desde a entrada da miña vulva comenza a extenderse un palpitar polo corpo todo que se transforma nunha marea de sensacións que borran toda noción do tempo e do espazo. Entre espasmos, entre saloucos, sen facer demasiado ruído, durante uns quince ou vinte segundos, teño a ilusión de ser unha estrela fugaz. E cada viaxe astral é diferente da anterior.
Mis más calurosas felicidades Susana. La portada ya es preciosa, el resto ni lo dudo.
Qué buena idea de proponer este trabajillo a todos, hay cosas preciosas… Como lo mío es el sonido, te mando por mail un orgasmo. No el mío, sino el de Carmen -la de la Peineta-
¡Ay que llego! ¡Ay que no llego! ¡Ay que me voy! ¡Ay que no llego! ¡Ay! ¡Uy!
En mis clímax siempre me deshojo.
Estoy sin palabras. Menudo despliegue.
No voy a contestaros aquí a todos por no alargarme demasiado, sólo decir que ¡chapó!
Me gusta incluso la anorgasmia de Sil, y sí, niña, imagina, eso no hay quien te lo quite.
Y el de Arturo vale, ¿cómo no va a valer? Todos valen, fantásticos.
No os perdais el de Lipa, que lo he colgado debajo de la foto del libro.
Y sólo una cosa más: recordad que, si quereis en libro, debéis enviarme un correo con vuestros datos a mi email: erotomanita(arroba)gmail.com, me faltan varios.
¡A ver si llueven más!
Onte…
Agora, cando me falas sucio,
a miña pel ábrese como unha boca,
e en tan só un instante
cicatriza lentamente
atrapando o afogo dentro
que se desliza no meu corpo, todavía invertebrado.
Os hago el recuento, sólo por recrearme, de la procedencia de los orgasmos -y el destino de mis libros-:
Uno de Lugo, dos de A Coruña, otros dos de Pontevedra, tres de México. Dos de Uruguay. Tres de Granada, uno de Burgos, otro de Huesca, otro de Madrid y otro de Valencia. Por ahora.
Unas piernas de ciclista.
Las bielas de un tren de vapor.
El vaivén del cereal mecido por el viento.
Las gotas de sudor que bajan por tu piel.
La sangre que fluye por tus venas.
La extrema agitación que nace de tu ser.
(Y del mío…)
Hace tanto tiempo que no vivo un orgasmo, menos aún un buen orgasmo y mucho menos aún un buen orgasmo con alguien al lado….que lo he olvidado. Así es que no puedo decribir lo que cayó en el olvido de mi memoria.
Quizás estos Cuentos eróticos de orgasmos me ayuden a recuperar algo que creo irremediablemente perdido.
Por tanto, no creo merecer el premio, pero lo compraré si me dices cómo y dónde hacerlo.
Recuerdo vagamente alguna sensación de lo que eran los orgasmos. Recuerdo que era la elevación del placer a la máxima potencia, la entrega completa y sumisa al deleite de los sentidos, la fusión corporal de la fantasía y la realidad.
El orgasmo no debe de ser necesariamente el objetivo de la sexualidad, aunque claro es su logro final. ¿O acaso no disfrutamos mientras logramos alcanzarlo?
En este caso sí podría decirse que el fin Sí justifica los medios: cada cual que llegue como puedao como quiera, o como le dejen…..pero el caso es llegar.
Me estoy yendo por los cerros de Úbeda.
Una bonita inicitiva, Susana, y no queda ninguna duda de que tus cuntos tienen que ser de lo más eróticos y erotizantes. Un beso.
Con mi cuerpo sobre tí buceo por tus ojos mientras me ensarto en tu polla. Cuánto más me hundo en tu mirada, más profunda tu penetración en mi carne. Te siento, dame tu lengua, deja que me la coma, empálame con tu lengua y tu polla. Los brazos hechos lianas, hiedras que nos envuelven en un solo cuerpo. Cógeme, aprieta mis nalgas contra tí, ¿me notas caliente, mojada, latiente? me abriré más todavía, te voy a cabalgar, no desprendas tus ojos de los míos, o sí, pero sólo para mirar como saltan mis tetas. Los cuerpos sudados son resbaladizos como limo verde, aplauden los vientres uno contra el otro, pego mi clítoris al hueso de tu púbis, ni se te ocurra parar ahora, cabrón! y cuando esa corriente maravillosa comienza por mi espalda un momento antes del punto sin retorno, ya me has dado la vuelta de pronto, ya te has impuesto con tu fuerza de macho, ya me montas y me jodes con ímpetu, me embistes y me dices ahora vas a saber lo que es un hombre, y a mi me encanta que me folles, verte tan macho, y deseo que el calor de la fricción nos deje soldados, que esta lucha por el placer no se acabe nunca. Vuélvete, me ordenas, y yo obedezco pero no sumisa, como hace unos segundos, si no sabiendo que ha llegado el momento de regalarnos el uno al otro, y me tiendo mirándote despacio y te sonrío y te abro mis piernas, para que entres lentito, difrutando esos segundos de intensa suavidad, desde mi coño hasta mi boca sube el placer que me hace salivar, desde tu polla recorriendo tu espalda hasta tu nuca esa corriente que te pone los pelos de punta. Me engancho a tu cuello con mis brazos, me cuelgo de tus ojos con los míos, desde tu pupila a la mía saltan las chispitas que suben por tu columna, y pasando por mi pecho llegan hasta mi sexo, donde late mi corazón, que tú percibes con tu polla, pum pum. Toma, toma me dices, dame, dame, pienso yo y envuélveme en tus lianas, suavito ahora, qué dulce, amor, me resbala la salivilla con el placer, se me nubla la vista, ya te veo como en una niebla, me voy transportada en un éxtasis, tu polla es mi dios, si, joder, si, pero qué bien me follas! y te lo digo, que lo sepas, que ya me abandono, que ya me da igual todo, el mundo, la vida, la muerte, solo este gozo que se hace infinito y eterno en un instante fugaz, concentrado en el vértice del placer, donde tu sexo llena el mío…
Orgasmo encorazonado era su lujoso padecer, cada latido eran aplausos generosos entre lágrima y sonrisa. Ellos, todos los que le odiaban y todos los que le querían en secreto debieron tener los ojos en su cama, de fragancias de sueño viejo, de sabores a vino sepia.
Así ella pensaba, cada que el clítoris le latía, que no había otra mujer en el mundo hacia quien la vista debía voltearse, que nadie podía no quererla entre esos aplausos en aumento, aleteos de palomos en celo escapando con furia, queriendo salir de entre sus piernas, gelatinas de licores sus muslos; los enjambres vaginales, con sus piquetes que despiertan el blanco de las mentes, los suspiros que se ponen borracheras sabor a lengua y las centellas que se ven cuando nos tocan fondo: ella gritó, como el ahogado que ya no respira y que se da vencido al agua, al remolino de un millón de nervios en brasas que intoxican el fondo del vientre y que da salida a esa miel blanca burbujeante, amarrada al cuello de su botella delicada.
Está claro que se hai estímulo, a cousa flue.
Sin duda soupeches estimularnos, Susana; que xa ves como che adornamos o teu espazo… Xa podes estar contentiña!.
E sen desmerecer o Santo Orgasmo verbalizado por Lipa, gustaríame (posiblemente máis adiante) escoitar na súa voz algún dos aquí tan ben narrados. E xa postos a suxerir, tómome a liberdade de escoller o de Frida Kahlo; da que xa tiña unha idea do ben que pintaba…
Parabéns unha vez máis polo libro, a iniciativa e o éxito está colleitando. Bicos
Sí, Chousa! ¡Esto es una orgía literaria!
Orgasmos a mansalva, pero direcciones me han llegado veinte (insisto en que si quereis el libro debéis mandármelas, pero en fin, vuestras razones tendréis).
Todavía tengo más, así que ánimo.
Llego por primera vez a tu blog y me encuentro con este concurso y me digo: “Venga, tonta, prueba tu suerte”. Así que te dejo este relato que escribí hace muchos años y que habla precisamente de los no-orgasmos / orgasmos de Eva. Este relato tiene una primera parte (si tienes curiosidad o ganas de leerlo puedo enviártelo) que se titula “Desencuentro”. Esta es la segunda parte que se titula “Una luz”. Deseo que te guste y que me toque uno de tus fabulosos libros, que sin duda disfrutaré ya que me gusta el erotismo en todas sus facetas.
……………………
Ana se despertó demasiado temprano para no tener que madrugar. Alberto dormía todavía profundamente. Abrió el cajón de la mesilla para coger unas braguitas y lo más silenciosamente que pudo se dirigió a la cocina, no sin antes echar un vistazo desde la puerta de la habitación. Quería grabar aquella imagen de él entre las sábanas revueltas. Y no pudo evitar retroceder despacio y acercarse a olerlo. Quería retenerlo todo en su memoria por si aquello no volvía a repetirse. Era lo más probable. Pero no quería pensar en eso ahora. Disfrutar el momento; eso era todo cuanto tenía que hacer.
Echó un vistazo por la ventana y comprobó con agrado que saldría el sol tan esperado después de varios días de lluvia. Tal vez era una señal. Inconscientemente y en alto se dijo: “Anita, hija, mira que eres tonta… tú y tus señales… señales… déjate de chorradas”. Vivir sola le había hecho adquirir esa costumbre: hablar en alto consigo misma.
Encendió la cafetera y se fue a dar una ducha rápida. Mientras el agua caía sobre su cabeza, con los ojos cerrados trataba de recordar cada instante mientras hacían el amor. Y no paraba de oír su nombre en boca de Alberto: Ana, Ana… ¡Mierda! Le gustaba mucho y tenía que decirle adiós. Inevitablemente. Ya no había vuelta atrás. Ya no había lugar para el arrepentimiento.
Salió del baño y antes de dirigirse a la cocina volvió a pasar por la habitación. Se encontró con la mirada de Alberto. Se había despertado y permanecía pensativo en la cama que los había cobijado.
- Ven a darme un abrazo, sé buena conmigo –Ana se acercó a la cama y se sentó en donde le indicaba Alberto, que se había incorporado mientras le hacia una seña con la mano.
- Ay que ver que cariñoso estás por las mañanas. ¿Siempre te despiertas así?
- Tú eres la culpable de que esté tan contento. Aunque tengo que hablar de algo contigo.
- Pues tú dirás.
- Supongo que ya sabes de lo que quiero hablarte.
- De mis orgasmos.
- Bueno. En realidad me gustaría saber si te ha pasado por casualidad o hay algo más que yo deba saber.
- No te preocupes, Alberto. El problema es mío y sólo mío. Ojalá fuera algo casual. Y es muy largo de contar. Da igual, déjalo.
- No quiero dejarlo, Ana. Somos amigos desde hace tiempo y el hecho de que nos hayamos acostado nos une más. Sabes que te quiero mucho, no quizá de la manera que tú esperes de mí. Pero me importa todo lo que te pasa, todo lo que te preocupa. Debiste habérmelo contado. Tal vez no es tuyo el problema Ana. Tal vez sólo se trata de que no has dado con el amante adecuado. Bueno, suponiendo que sí puedas conseguir los orgasmos de otro modo.
- Venga, vamos a desayunar. Me muero de hambre. Seguimos luego.
- Está bien, como quieras. Yo también tengo hambre. Si no te importa voy a ducharme primero. ¿Tendrás un cepillo de dientes para mí?
- ¿Cómo no? Siempre tengo un cepillo dispuesto para mis amantes ocasionales. Es broma. Aunque es verdad que siempre tengo alguno en casa sin estrenar.
- Eres mi chica ideal.
- Y tú mi príncipe verde.
Alberto se levantó de la cama y se fue al baño. Y Ana se puso una camiseta, la primera que encontró en el armario y se volvió a la cocina a preparar unas tostadas. En menos de que canta un gallo Alberto estaba situado detrás de ella hundiendo de nuevo la cara en su cuello. Ana sintió que se le ponía la piel de gallina. Sus pezones se pusieron de punta y seguían así cuando se sentaron a desayunar. Se vio y se puso colorada. No pudo evitarlo. Alberto le quitó hierro al asunto haciendo como que no se diera cuenta de nada. Tenían un tema importante que tratar y no quería ponerla nerviosa. Suponía que no le sería fácil hablar de algo tan delicado y tan íntimo.
- Bueno, chica, puedes empezar. No omitas ningún detalle que pueda ser importante y no te avergüences. El cuerpo no es un reloj al que se puede dar cuerda y atrasarlo y adelantarlo cuando quieras.
- Pues verás. Yo puedo tener orgasmos. Cuantos quiera,como quiera y donde quiera. De todos los colores, de todos los sabores, de todos los olores… Excepto en ese momento ideal en el que son los dos amantes los que lo comparten. Puede ser antes de o puede ser después de. En ese justo instante según creo recordar sólo lo he tenido una vez.
- ¿Cuándo estuviste casada?
- Te va a parecer increíble pero apenas puedo recordar mis relaciones sexuales matrimoniales. Bueno, en realidad podría pero no quiero. Sólo puedo recordar que hice el amor demasiadas veces. Queriendo y sin querer. Suponía que yo debía complacer a mi marido y cuando no tenía ganas me las inventaba. A veces me sentía muy mal. Incluso provocaba las situaciones para que por la noche en cama me dejase dormir tranquila. Al final de nuestra relación ya no podía soportar que me pusiese un dedo encima. Llegué a aborrecer el sexo. Una vez ya separada pasé un montón de tiempo sin tener ningún tipo de deseo ni físico ni mental. Y lentamente aprendí a conocer mi cuerpo. Tampoco era capaz de masturbarme. Era terrible porque empezaba a tocarme y no sentía absolutamente nada. Pensé que mi cuerpo se había quedado vacío y jamás recuperaría lo que se suponía que debía de sentir con total normalidad. Poco a poco con el transcurso de los meses empecé a descubrir las caricias que me gustaban y a sentir como mi mente y mi cuerpo empezaban a reaccionar. Con una pareja hay algo que al final siempre me frena. No sé qué demonios es lo que me impide alcanzar el clímax a pesar de lo placentero que me resulta el acto amoroso en sí. Soy como una persona ciega. Sé que no puedo ver y por eso me esfuerzo en acrecentar el resto de mis sentidos. Tal vez yo disfrute más con los pequeños detalles que a los demás pasan desapercibidos. Una mirada, un beso, un susurro. Sé que no existe un final para mí y por eso me esfuerzo en que el preludio y el intermedio sean más interesantes.
- ¿Sueles decirles a tus parejas lo que quieres que te hagan o lo que te gusta?
- No. Normalmente me dedico en cuerpo y alma a proporcionar placer al hombre que está conmigo y que me gusta. Eso se me da bien. Recibir ya es otra cosa diferente.
- Ana, haces mal. Una relación es cosa de dos.
- Así serás tú. Pero sabes que la mayoría de los hombres van a lo suyo y en cuanto se suben al tren son incapaces de bajarse una parada antes sólo por el mero hecho de disfrutar del paisaje. Lo único que quieren es llegar. ¿Estamos de acuerdo?
- Sí y no. No todos somos como describes.
- Puede ser.
- ¿Me dejarías hacer una prueba? Sólo la haré si estás dispuesta y confias en mí. No voy a hacer nada que te disguste y en el momento que quieras pararé.
- No tienes que hacerlo.
- Ana, yo te deseo. No es ningún sacrificio. Me gustas más de lo que yo podía imaginar. En serio.
- ¿Te importa si pongo un CD?
- Estás en tu casa. Y yo soy hoy para ti el mago de la lámpara maravillosa. Todo lo que quieras te será concedido.
- Suena bien.
Alberto se levantó de la mesa y se acercó a Ana para cogerla de la mano y llevarla a la habitación parándose antes en el equipo de música. De pie en la alfombra le sacó la camiseta y se sacó a su vez el calzoncillo.
- ¿Tienes un pañuelo? Jugaremos a los ciegos. Te taparé los ojos. Tú sólo has de disfrutar sin preocuparte de mí. No existo. Es como si estuvieses sola y fuese tu imaginación la que te está proporcionando placer. Sólo tendrás que decirme lo que quieras si sientes esa necesidad y si no pues no dices nada. Es muy sencillo
- ¿Sirve éste?
- Es perfecto
Ana sacó de una caja que guardaba en el armario un pañuelo de seda rojo y Alberto se lo ató con suavidad sobre los ojos.
- ¿Ves algo?
- No
- ¿Te sientes bien?
- Confío en ti.
- Ven, acuéstate –le dijo Alberto, ayudándola a recostarse sobre la cama deshecha.
Se colocó a su lado y empezó a besarla del mismo modo que ella había jugado con él la noche anterior. Ana hundía sus dedos entre el pelo de Alberto acariciando con la yema de los dedos el cuero cabelludo, como si estuviese dándole un masaje.
- ¿Sabes que eso que estás haciendo es muy placentero?
- Tú tampoco lo haces nada mal -le dijo Ana mientras Alberto empezaba a besarle los pezones con el borde de los labios para pasar al siguiente instante a chupárselos como si fuese un niño pequeño amamántandose en el pecho materno.
Y caminó con sus besos por el cuerpo menudo de Ana hasta llegar a besarla en el pubis por encima de sus pequeñas braguitas blancas. Ella seguía acariciándole la cabeza y tocándole la cara con las palmas de las manos tratando de adivinar la expresión de su rostro. Y rozando sus labios. Alberto subió hasta ella y abrió su boca para empezar a chuparle la punta de los dedos de las manos, saltando de uno en otro golosamente, de arriba abajo. Y la dejó con el deseo contenido de volver a besarla en la boca y descendió de nuevo por su vientre para sacarle con toda la lentitud de la que fue capaz las braguitas. Le separó las piernas con cuidado y se acercó a besarla de nuevo. Ana sintió la humedad de su boca moviéndose con caricias precisas. Lamía su sexo como se lame una cuchara de leche condensada, o de chocolate, o de mermelada de frambuesa. Sentía que su cuerpo levitaba y entraba en otra dimensión donde no había límites ni fronteras, donde todo era blando y cálido.
Y como por arte de magia entró en ella. Ana no podría precisar cuál fue el momento exacto en que su sexo fue abandonado por la boca de Alberto para ser penetrado por aquel miembro cálido que llegaba hasta lo más profundo de sus entrañas. Y que jugaba dentro parándose, de movimiento en movimiento, sintiendo como su sexo latía y se contraía para que no se saliera. Tratando de retener entre sus piernas aquél fuego en el que era delicioso quemarse.
Y ninguno de los dos decía nada. Ana jadeaba y Alberto concentrado en desatar aquellas cuerdas que todavía la retenían a un pasado infeliz tampoco encontraba las palabras adecuadas. Los dos estallaron al mismo tiempo con un mismo grito contenido de placer, antiguo para Alberto y nuevo para Ana.
Alberto se echó sudoroso al lado de Ana, le desató el pañuelo y la besó tiernamente mirándose en aquellos ojos profundos que le decían que una luz se había abierto en aquel túnel oscuro que había dentro de su cuerpo y en donde se había perdido tantas veces sin poder encontrar la salida.
Y de nuevo se quedaron dormidos. Ana tuvo un sueño en colores. Iba con Alberto paseando en unas bicicletas azules bordeando la laguna. Las gaviotas que llegaban de la costa hasta allí formaban círculos en el aire y parecía como si estuvieran escoltándolos. Y Alberto, también soñó. Soñó que le decía a Ana gritando que no quería irse de su lado mientras jugaba a perseguirla en la playa por la arena mojada, a punto de ser pillados por las olas que llegaban para lamerles los pies descalzos.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
Biquiños,
Cien gotas….
..que llueven sobre mí.
que me mojan, me excitan que voltean mis entrañas…
Me susurran palabras prohibidas… me regalan deseos obscenos
Cien gotas… que me abre el alma.
y todos mis sentidos explotan de color…
y todo se vuelve un volcán rojo que me acaricia el cuerpo.
cien gotas que me llevan a impulsos
de placer, de pasión, de libertad… de tensión.
cien gotas me llenan de magia…
de impulsos, de fuerza… de orgasmo..!!!
Neith Carradine.
Bueno, es la primera vez que me presento a un concurso.. y nada mas y nada menos que de orgasmos..!! jajajaja
me encanta.!! buenas noches.!!
Neith Carradine.
[...] queréis conseguir uno, no teneis más que redactar un orgasmo y dejarlo aquí, o en esta otra entrada además de ENVIARME VUESTRAS SEÑAS a [...]
Historia de un breve orgasmo
uffffff, ahhhhhhhhhhh, ummmmmmmmmmmm.nooooooooooooo,sssssssiiiiiiii,yaaaaaaaaaaaaa,
ohhhhhhhhhhhhhhh!!!!!
Luego una breve conversación.
Él – Me ha encantado has estado genial.Te llamo el próximo fnde.
Ella – No, no te molestes ya lo hago yo
Espero que te guste
Genial, van veintisiete libros adquiridos.
Dato para los curiosos: quince mujeres, once hombres y dos que no tengo claro el género. Ganan las chicas y eso me alegra, porque coincidiréis conmigo en que la mayoría de los blogs eróticos regentados por mujeres disfrutan de público casi exclusivamente masculino, que eso parece un bukake. Aquí entramos todos, como en una orgía de amigos bien avenidos.
Un abrazo cálido a los nuevos y doble abrazo a los veteranos camuflados en pseudónimos.
Aquella noche estábamos muy cansados. Habíamos caminado mucho, y, aunque estábamos excitados cuando nos tumbamos en la cama, nos resultaba tentadora la idea de dormir a pierna suelta, y dejar el sexo para otro momento.
Ella empezó a acariciar mi sexo con un pie, y no lo pude evitar: se me estaba poniendo dura, cada vez más.
Me gustaba el roce. La planta de su pie era suave. Y siguió amasándolo. No tardó en emplear los dos pies, masturbándome con delicadeza, con mimo. Yo disfrutaba mucho, y ella también. Entonces me corrí.
Hubiese querido complacerla, pero se me cerraban los ojos del sueño.
-Querida, te debo una.
Fue comprensiva, me dio un beso en los labios, y en esas quedamos. No tardé mucho en devolverle el orgasmo.
Cuando oigo la palabra pasión pienso en él, que no existe aún. Es entonces cuando percibo en mi su olor, sus palabras, su lengua, sus dedos, su maravillosamente lento penetrar. Poseida por toda la naturaleza, abrupta y calma, salvaje y fractal de ese ser fauno, que me hace suya sin preguntas.
Es una tarde de verano y llevamos todas las horas del dia bajando y subiendo de un tiovivo de cuerpos voraz y celebrante. El tiempo se disuelve entre mis dedos que resbalan una y otra vez a lo largo de su espalda mojada. Hace suyo no solo mi cuerpo acelerandome el pulso hasta no distinguir sus latidos de los mios. Es mi mente la que más disfruta de su sexo, cuando clava una mirada oscura, lasciva, tan profunda que ya no puedo pensar, y cesa en su embestida quedandose así instantes que son una eternidad para volver a elevar mis caderas, apretadas contra el cristal de la ventana, sin apartar sus ojos de los mios sabiendonos tan cerca que ya no hay referencias. Todo se silencia en un baile sincronico, caemos sobre el suelo, siento su lamer excitado, mis piernas rodeandole en la noche, tenso mi lengua en la suya, mi muslo en su pelo, su mano en mi cuello. El sudor le roza los labios, lo sorbo sedienta y animal, y el avanza adentro, adentro avanza entre contracción y expansión. Y en este punto de no retorno sale de mi dejandome clavada en un vacio de placer indescriptible, para invadirme de nuevo ebrio y definitivo, hacia una cascada de salvajes gestos que han existido desde el primer apareamiento.
Me ha sobrecogido leer a Aldabra. Qué bendición un hombre amante y voluntarioso cuando estás encadenada.
Esto va in-cresccendo: fijáos, en esta misma entrada he colgado un nuevo audio de Claudia Contreras, que ha interpretado el orgasmo que dejó aquí frida Kalho.
¡¡¡Graciasssss, a todos los que participáis!!!
Gracias a ti, Piel, Claudia. Ha sido fantástico tu regalo.
Ha sido fantástico el regalazo de todos estos orgasmos.
El sábado me pongo con los envíos, ojalá os guste “Eva, su manzana y el pecado”. Ya me comentaréis ¿eh?
[...] todo este follón orgásmico que se ha vivido en Erotómana, ando inflamada cual pavita y hoy me animo a explicaros mi [...]
Luis M. me ha enviado este orgasmo:
“Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpaso en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balpamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias” (”Rayuela”-Julio Cortázar)
Lo intento:
En medio de la noche me he despertado excitado abrazado a ella. Le he besado la nuca mientras acariciba su pecho turgente de pezón prominente. Se ha vuelto y entre besos apasionados y mojados, ha ido subiendo la pasión y la excitación. Al final, no soy yo quien la poseo, sino ella quien me posee a mí. Ella manda, controla y decide cuando. Con mi miembro a punto de reventar de placer, para. No se mueve. Me mira lujuriosa. No aguanto mas. Vuelve a moverse lentamente, arqueando la espalda. No me he dado cuenta, pero tengo las manos atadas. Ella manda. Se contonea, se acaricia su clitoris al ritmo de lo movimientos de su pelvis. Y en el momento de no retorno, cuando es inevitable pistoletazo de salida emite un gemido que dispara directamente a lo mas profundo de su sexo un torrente de placer que no para hasta caer abrazada sobre mi pecho, sudorosa, agotada, … feliz.
Un orgasmo no es un algo, sino un todo mayor a la suma de sus partes… Un orgasmo es, primero, la anticipación, el deseo, las ganas que desbordan, que salen por cada poro de tu piel, que te llenan de sensibilidades aún antes de que sus dedos te toquen. Un orgasmo es, además, el momento, el sentir, el notar como te vas fusionando poco a poco, cómo te fundes en esa persona, cómo esas ganas que han ido creciendo salen en desbandada de tí. Un orgasmo es, por último, la tristeza del momento pasado, ese momento en el que morimos un poquito, en el que sentimos que a pesar de haber comido el dulce fruto del sexo, nuestro hambre sigue rugiendo; es el dolor sordo que te llena cuando sabes que lo siguiente será ver como se pone la ropa y se marcha…
Ella lentamente, muy lentamente, recibe a tu pene erecto con la lengua y luego deja que se deslice hasta la garganta. Contiene el aire. Sabe cómo hacerlo. Lo cobija con su aliento, lo humedece cariñosamente y lo saca despacio, con amor, con morbo, como tú le has enseñado a hacerlo. Otra vez lo mete hasta la garganta, poco a poco, centímetro a centímetro. Tú le pasas una palma por encima del soberbio nalgatorio. Ella se acomoda en la cama hasta quedar tumbada de costado, todavía linguabucalmente unida a ti. Eso te alienta y deslizas un dedo entre las nalgas, para enseguida conducirlo al estrecho orificio que se deja hacer y que, si no es el de la sede de la vida, es a buen seguro el del placer. Así, se forma una máquina de carne que no se reduce a individualidades. Es una multiplicidad funcionando al unísono. Una irrupción de lo efímero con potencia de metamorfosis. Un grito gutural, masculino, resoplante, marca el principio del fin y tú comienzas a venirte con violencia, contrayendo cada uno de los músculos, y ella siente su boca anegada de un líquido viscoso y tibio, que traga en vez de escupir. Con la lengua recupera los restos de semen que se han negado a abandonar el glande mientras sujeta la raíz del pene con una mano e interpreta un fantástico ronroneo gatuno acompañado de un elogioso «¡oh, qué rico!».
POST COITUM
Mansos como leones
Reposamos vencidos
Sobre los blancos llanos de la sábana
Mientras pastan obscenas las bestias de la noche.
Ella pasmada. Él atónito. La culpa por no ponerse condón la perseguía mientras él embatía en un tercer asalto con su polla en el encharcado sexo. De repente notó su miembro más duro y ella decidió subirse a esa rigidez y frotarse con su propia mano el clítoris inflamado. Empezó a gemir y él atacó más rápido. Mientras ella navegaba ya en el mar del clímax, él paró y notó las oleadas de su vagina, apretando contra la orilla de su glande. No tuvo que empujar más: su semen se derramaba ya en el interior de ella, mientras ambos se miraban, vencidos.
Este me lo han enviado al correo directamente, un tal Hugo Ze:
Podría ser cierto.
Podría ser cierto que ayer, mientras luchaba contra los paladines del insomnio, decidiera vaciar los orines del aburrimiento. Podría ser cierto que, bajo costumbre mundana, me levantase con la caña fuera para airear mis ‘glandes’ deseos evacuadores.
Podría ser cierto o no. Pero yo estaba enfilando el pasillo de los silencios, con el periscopio por fuera -por mi costumbre-, con los ojos pegados del adhesivo que te regalan los sueños y sabiéndome dueño de mis intimidades, cuando alguien decidió coaccionar mi dulce soledad. La pequeña ninfa, hada de los pasillos y cuidadora interna e invisible de mis hijos, apareció por sorpresa de entre las cortinas de penumbra. Mientras los destellos y las sombras me perfilaban sus dominicanas curvas a través del lino de sus ropas, un estertor de espanto brotó de su garganta al descubrir el aparente estado belicoso de mi armamento sorpresa.
Ahí estaba yo. Con la pistola por delante, apuntando mis deseos e intimidando su tostada dulzura. Mientras la flecha cambiaba inconscientemente de objetivos, mi corazón espabilaba la parte del cuerpo que seguía dormida, levantando de cuajo los párpados con una sobredosis de adrenalina.
Pero el grito de una sílfide despierta a otras. La otra parte de mi cama salió disparada al activar el resorte maternal del grito de peligro. Una estampida silenciosa que colocó a la sonámbula de mi mujer a medio metro de la escena en décimas de segundo. Tras el bochorno inicial por el ‘brillo del sable’ y maquillado por su incosciencia, el silencio de los tres se apoderó de toda cordura. Una eternidad se paseó entonces por el pasillo para fabricar un sueño. Y las distancias se acortaron mágicamente para sentir los tres alientos acelerarse y acercarse entre las sombras. Dos brazos para dos mujeres entregadas a la fuerza bruta de mi sexo.
Podría ser cierto que el destino siempre nos depara experiencias asombrosas. Ahí estaba yo. Retozando con el amor y el deseo a la vez, en la cama de mi vida y dejándome llevar por los poderes tácitos de la noche. Un trío mágico adornado de lujuria y deseo que culminaba un extraño encontronazo nocturno. Podría ser.
Podría ser cierto también que la noche acabase sucumbiendo a los poderes mágicos de otra criatura celestial que interrumpiendo la maravillosa orgía onírica exclamó:
—¡Papá! Despiértate que llegamos tarde al colegio.
Tras varios días lejos, hoy de nuevo me encuentro con mi amante. Afuera, la noche es fría. Nos abrazamos, nos desnudamos para abrigarnos juntos en nuestra cama. Nota mi piel fría. Me cubre con su cuerpo, su piel siempre cálida me reconforta. Frota con sus manos todo mi cuerpo, enérgicamente. Me llega el olor que tan bien conozco de aceite de oliva con aromas de primavera: angélica, espliego, manzanilla, violeta, azahar, jazmín… Tumbada boca abajo, siento la suavidad oleosa primero en mis pies, para ascender por pantorrillas, muslos, glúteos, sus pulgares bajan desde mis nalgas y bordean mis labios, apenas rozándolos, lo que me enciende. Entra en mis poros y por mi nariz tan profundamente que me embriaga, me lleva a un nirvana ya conocido y tan anhelado durante los días de ausencia. Ahora mi amante llega con sus manos a l aparte baja de mi espalda. Sentado sobre mi muslo izquierdo, su rodilla derecha está entre mis nalgas, y poco a poco va llegando a mi sexo, que desnudo de vello la recibe ansioso. Al mismo ritmo de sus manos, esta rodilla me presiona suavemente al principio, más fuerte después, y mis labios se abren para recibir sus caricias, resbalando arriba y abajo gracias al aceite que nos cubre. Noto en mi botón cómo la temperatura sube y sube, mi espalda se arquea y a mi sexo ascender a través de su muslo, buscando más y más. Los mmmmhhhhhh del principio del masaje se convierten ahora en aaaahhhhhhhhh y en jadeos. Siento que me estoy acelerando demasiado. Cuándo sus manos empujan mis hombros hacia abajo, siento cada vez más fuerte su muslo y sigo ascendiendo por él, hasta casi rozar su sexo con el mío.
No aguanto más. Me doy la vuelta, nos besamos profundamente; para no perder totalmente el control, tomo ahora yo la iniciativa; muerdo sus tetillas, beso sus labios, tomo su sexo con mi mano, lo llevo por fin a mi boca. Ahora es él quién gime. Lejos de apagar mi fuego, llevar yo el control y sentir su placer me enerva aún más. Le tumbo de espaldas, subo a horcajadas sobre él. Como tantas otras veces, quiere hacerme esperar aún más, en lugar de entrar ya en mí, sólo me permite sentarme con mi vulva sobre su sexo enhiesto, como antes la rodilla, su palo pasea arriba y abajo entre mis labios, llegando con su glande a mi vértice, al centro de todos mis placeres. No aguanto más, la tomo en mi mano, coloco la ardiente punta a la enreda de mi cueva, y de un solo empujón me clavo en él. Por fin la siento entera dentro de mí, me llena.
Quizá para castigar mi precipitación, acerca sus labios a mis pechos, exhala aire ardiente sobre mis areolas, primero una, luego la otra. Abriendo su boca, traza círculos con la lengua alrededor del pezón, cada vez más rápido, sin dejar de exhalar sobre él aire que me abrasa, hasta que lo deja para repetir la acción sobre el otro mientras cubre con su mano y acaricia el primero, por lo que ahora siento arder ambos simultáneamente. Es tal mi excitación, que los ojos se me cierran, con mis piernas estiradas por fuera de las suyas, me arrastro sobre él una y otra vez, siento que mi sexo se licúa, tanto líquido encharca nuestros sexos, que cada vez siento menos el falo en mi interior, pero a la vez siento cómo mi clítoris engorda y engorda al presionar una y otra vez contra su pubis también desnudo. Todo el líquido que ha ido destilando mi cuerpo hierve en el punto que nos une, me enciende y se transforma ahora en una corriente que asciende por mi columna como un rayo eléctrico y me sacude y convulsiona en espasmos desde los pies hasta la cabeza, mi espalda se arquea, mis caderas siguen su baile frenético sobre las suyas, hasta que, al llegar la corriente a mi nuca, grito y grito al mismo ritmo de las sacudidas y caigo sobre su cuerpo, exhausta, sudorosa, desmelenada, con la respiración agitada y … feliz tras esta unión tan esperada, tan profunda que nos funde en un crisol de lujuria y pasión.
Tus ojos,
en silencio proclamando
tus manos vueltas locas,
húmedos
tus labios de mujer
se baten en olas
creciendo en espuma,
en fuego
y saliva
tu pecho exaltado
murmura tu boca un susurro apagado
al compás de una canción desesperada.
Ya lo hice antes, pero lo hago de nuevo. Gracias por el libro fantástico que mandaste. Ayer apenas tuve el día libre y me dediqué a saborearlo de pe a pa (mejor, de pe-pa). Casi todos los relatos ya los había deleitado por aquí, pero no hay como el papel para el disfrute real de la lectura. Incluso quise intentarle al Gallego, je, no pude pero fue divertido.
Y me tragué la manzana sin escupir las semillas.
Gracias y un beso
Llegaron l@s tres: Eva, la manzana y el pecado.
Dejo aquí mi agradecimiento y el reconocimiento a la autora y los editores. Preciosa la obra. Gracias.
A Apizá, y quienes quieran disfrutar de la última perla: Es muy fácil con cualquier traductor on-line, y después, una vez entendido, volver al leerlo en galego,para disfrutar del ritmo nuevo de otro idioma.
[...] momentos especiales en estos dos años, muy especiales, como la presentación de “Eva, su manzana y el pecado” y vuestra generosa respuesta a modo de orgasmos. O como cada uno de los capítulos de [...]

RSS


Uy, ah, sí,… ¿ya?