Archivo de 26 mayo, 2010
¿Mareamos la perdiz o nos lo montamos en plan “aquí te pillo aquí te mato”?
Os recuerdo que en el último Crisol nos quedamos con Laura dispuestísima a abrir brazos y piernas, boca y vulva, para Víctor. Estábamos ante una irreconocible Laura situada en la pista de despegue a puntito de lanzarse al sexo de adultos.
Pero no hemos de pasar por alto que es sorprendente esta situación dada la personalidad acomplejada de Laura ¿qué le ha pasado para que esté ahí, en su piso, a solas con Víctor, estrenando sujetador y bragas? ¿cómo es que esta mujer que no ha conocido varón hasta hoy mismo, que ha sido evasiva- incluso mula- con todos sus pretendientes, se dispone a entregarse con relativa fluidez? ¿cómo es que esa doncella, arisca tímida que jamás se ha dejado querer, se planta en el taller de Víctor -un tipo atractivo donde los haya- y le invita a cenar a su casa?
Es evidente que algo ha pasado. Los intríngulis psicológicos que producen cambios en la personalidad se hilan puntada a puntada y yo, ansiosa por narraros la hermosa jodienda de los amantes me adelanté unos cuantos episodios, capítulos que me salté a la torera y que pueden quedar en el cajón, o desgranarse aquí pasito a paso.
A ver, ¿qué opináis? ¿queréis conocer el complejo proceso mental de Laura, o continúo recreándome en cómo se lo montan a solas ese hombre guapo y experto con esa chica linda y virgen? ¿queréis la calderilla o me centro en el meollo?
Es importante para mí saber vuestra opinión, no hace falta que os esforcéis en vuestro comentario, decid nomás:
Opción 1:
Quiero conocer los orígenes del polvo entre Víctor y Laura.
Opción 2:
Quiero que Laura y Víctor follen ya.

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