Archivo de mayo, 2010
Unas cuantas noticias, todas buenas.
La primera, que el señor Gregorio Morales ha escrito una crítica sobre “Eva, su manzana y el pecado”, y me ha hecho una ilusión que no os hacéis idea porque este granadino es erotómano consagrado, un experto de los de con mayúsculas. Por cierto, qué gracia me ha hecho la visión que tiene de mi sexualidad literaria.
Y ello me recuerda que os diga que ya he enviado los libritos a los que orgasmasteis en Erotómana, y que deberían llegaros en estos días (algunos ya me habéis dado el acuse de recibo).
Y más. Esta semana en Certo podéis leer los cuentos:
Y en la revista Sensuality -de venta en quioscos- de este mes saldrá un relato mitológico, y otro narrado en primera persona sobre un trío con dos gemelos relativamente apetecibles.
Y que me comentéis, joé. Que me hace ilusión, coño, que aquí cada vez entra más gente mudita, que se abstiene de hacerme cosquillas.
La sexualidad de Rhett y Carolina.
Analizando la sexualidad de una pareja se pueden ver con claridad los arquetipos que operan en ella, y en el caso de la mamá y el papá de Laura las relaciones sexuales seguían el anticuado patrón yo me dejo femenino y yo me lo monto masculino.
Carolina se sentía en franca inferioridad con ese Rhett Butler de Lo que el viento se llevó y donaba su cuerpo al acto tan acongojada que no liberaba ni una pizca de su placer, brazos y piernas laxas. Él la gozaba con mayor o menor gusto, yendo éste en progresión descendente a medida que se sucedían los días en el matrimonio y con ellos los polvos conyugales. Al principio Rhett puso un cierto interés en despertarla a la sexualidad activa, pero hubo un factor que él desconocía y que a ella le impidió avanzar: la lengua. A Carolina le daba un asco visceral la lengua mojada recorriendo cualquier parte de su cuerpo. Era una grima horrorosa, que en vez de confesarla, la muy boba escondía, y aguantaba escépticamente con la nausea reprimida.
Ya aquella primera vez en el coche, cuando le introdujo la lengua entre sus
dientes, no se lo esperaba y se quedó horrorizada por la depravación que ello debía suponer – perversión que ella creía exclusiva del galán – . Eso de lamer, que ella consideraba una guarrada, le debía encantar a Rhett porque se empeñaba en chuparle el cuello ¡y las orejas! Le metía ese asqueroso apéndice húmedo dentro de los orificios auditivos y ella soportaba aquello con la respiración contenida.
El amante percibía el malestar y no sabía a qué achacarlo. Rhett no sabía qué demonios le pasaba a Carolina, pero él, que era hombre de mundo, sabía que su esposa ni se relajaba ni disfrutaba, y terminó por tacharla de frígida. Sin embargo ella no era frígida, y hubiese tenido una sexualidad magnífica si se hubiese casado con un hombre más del montón, uno con el que ella se hubiera sentido una igual, se hubiese atrevido a pedirle que mantuviera la lengüita dentro de la boca y que se abstuviese de babarle el cuerpo.
Total, que como os adelanté el otro día, Rhett, el padre de Laura, se encoñó de una negra venezolana de tetas, al parecer graníticas, que además meneaba la pelvis con donaire cuando se las lamían. Pero lo más curioso de todo este asunto no es que Rhett se hubiera pirado con la negra, esa situación es relativamente cotidiana, lo que llama mi atención es la reacción sexual de Carolina, que amarguras y despechos aparte, descubrió el orgasmo un par de meses después de que el marido se hubiera ido y ya el colmo de los colmos es que al hacérselo – en frenesí, con ambas manos a un tiempo, vengándose de su clítoris- fantaseaba con la lengua de Rhett recorriendo todo su cuerpo. Y cuando digo todo, me refiero a TODO.
Las fantasías son la leche.
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Este cuento es el número 41 de la novela erótico-costumbrista Crisol Púbico
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Colección de relatos de Crisol Púbico
Los orígenes: la fecundación de Laura.
El padre de Laura era un dandi pagado de sí mismo, guapo guapísimo con un parecido espectacular al actor Clark Gable, tan de moda en aquella
época. Tenía 39 años y ya se había corrido unas cuantas cuando conoció a la madre de Laura, Carolina, que era 17 años menor, un pollito asustado recién salido del cascarón. Ella no era ni muy guapa ni muy lista, y jamás se creyó que ese hombretón elegante y con tanto don de gentes estuviese enamorado de ella, y los celos la martirizaron desde el principio del noviazgo, un noviazgo de unos meses que culminó en una boda inesperada.
Resulta que bailando el cha cha chá, el padre emborrachó de pasión a Carolina, que alucinaba cuando ese chico tan apuesto la sacaba a bailar una y otra vez. La verdad es que a él no es que le hiciese excesivo chiste Carolina, pero conquistar era su adicción y ella era una florecilla que adornaba a su lado, tan fresquita mirándole con aquellos ojos de admiración infinita. No le fue pues, difícil engatusarla para dar un paseo en coche, ni resultó complicado besarle los labios y acariciarle los pechitos, se resistía, pero ello hacía el abordaje todavía mas estimulante. Ya cuando metió sus manos por debajo de la falda, Carolina se opuso con un poco mas de firmeza, si es que esos “noes” pusilánimes se pueden considerar firme oposición. Era una muchacha tan bien mandada que se dejaba hacer dócilmente, no tanto por gusto como por obediencia. De modo que al tercer intento le rasgó el himen en el asiento de atrás del coche y la consoló, eso sí, muy caballerosamente mientras se subía la petrina.
- No te preocupes que yo controlo de esto.
Controlar controlaría, puesto que tuvo una puntería tremenda porque la preñó a la cuarta eyaculación y, la verdad, lo que ya resulta inexplicable es porqué se casó con ella. Es posible que al estar apunto de cumplir los cuarenta le entrara afán por sentar la cabeza, es posible que se compadeciera de esa mujercita que lloraba desconsolada al saberse en cinta. El caso es que la llevó al altar, y algo chirriaba en esa pareja tan dispar, ella una joven sin sal y él un tipazo de señor ¡soberbio con el clavel en la solapa! Los malos augurios se cumplieron 6 años mas tarde, cuando el marido la dejó por una negra venezolana de tetas como piedras -al parecer- y allí se quedó también su hija de 5 años, Laura que heredó la belleza de su padre -y su sangre caliente-, y todos los miedos de su madre.
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Este cuento es el número 40 de la novela erótico-costumbrista Crisol Púbico
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Si te apetece, envíame alguna imagen que adorne este texto a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com
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Colección de relatos de Crisol Púbico
¿Mareamos la perdiz o nos lo montamos en plan “aquí te pillo aquí te mato”?
Os recuerdo que en el último Crisol nos quedamos con Laura dispuestísima a abrir brazos y piernas, boca y vulva, para Víctor. Estábamos ante una irreconocible Laura situada en la pista de despegue a puntito de lanzarse al sexo de adultos.
Pero no hemos de pasar por alto que es sorprendente esta situación dada la personalidad acomplejada de Laura ¿qué le ha pasado para que esté ahí, en su piso, a solas con Víctor, estrenando sujetador y bragas? ¿cómo es que esta mujer que no ha conocido varón hasta hoy mismo, que ha sido evasiva- incluso mula- con todos sus pretendientes, se dispone a entregarse con relativa fluidez? ¿cómo es que esa doncella, arisca tímida que jamás se ha dejado querer, se planta en el taller de Víctor -un tipo atractivo donde los haya- y le invita a cenar a su casa?
Es evidente que algo ha pasado. Los intríngulis psicológicos que producen cambios en la personalidad se hilan puntada a puntada y yo, ansiosa por narraros la hermosa jodienda de los amantes me adelanté unos cuantos episodios, capítulos que me salté a la torera y que pueden quedar en el cajón, o desgranarse aquí pasito a paso.
A ver, ¿qué opináis? ¿queréis conocer el complejo proceso mental de Laura, o continúo recreándome en cómo se lo montan a solas ese hombre guapo y experto con esa chica linda y virgen? ¿queréis la calderilla o me centro en el meollo?
Es importante para mí saber vuestra opinión, no hace falta que os esforcéis en vuestro comentario, decid nomás:
Opción 1:
Quiero conocer los orígenes del polvo entre Víctor y Laura.
Opción 2:
Quiero que Laura y Víctor follen ya.
Delirios orgásmicos
A veces temo un poquito por mi salud psíquica y me asusta que me pueda pasar como a don Quijote y pierda la razón con tanta lectura voluptuosa que me inflama las molleras. Quizá exagere, pero debéis saber que soy de condición romanticoide, lo cual unido a una sensualidad cascabelera y a una cabeza un poco destornillada, hacen que mi imaginación se dispare loca y soy proclive caer víctima de delirios orgásmicos. De vez en cuando he de echar el freno si no quiero despeñarme.
No soy la única, por supuesto, y mi siglo tendría que haber sido el XII aquí en Europa. Si yo hubiera nacido en esa época del medievo, allí donde el amor era cortés, hubiese sido carne de convento porque estos sentimientos que me invaden son una especie de neurosis de amor y deseo que bien se pueden confundir con fervorosa fe religiosa. En el siglo XII, en los conventos, las monjitas se dedicaban exclusivamente a recrearse en esas pasiones -a veces muy morbosamente- y las chicas más románticas y apasionadas eran víctimas fáciles de caer en la tentación de ingresar en clausura para abandonarse de por vida a alimentar ese éxtasis místico.
Debía ser tan común, que mirad una carta modelo de la época, que escribió un anónimo de aquellos tiempos tratando de disuadir a una mujer, para que no tome los hábitos:
El canto de la tórtola, o más bien del cuco, se ha extendido por toda la región. Proclama que, renunciando a los encantos del mundo, os proponéis tomar los hábitos y vivir enclaustrada entre mujeres jorobadas, cojas, bizcas y de corva nariz. ¿qué honor os quedará cuando tengais que encender los cirios, hacer sonar las campanas, consultar los libros y cantar en voz alta el aleluya? En efecto, veréis a numerosas jóvenes que nunca podrán rivalizar con vos en belleza, engalanadas de caros ropajes, cantar al son de tamboriles y haciendo coro con caballeros, eso de “palmero nacido en el Paraíso y ceñido de flores”, y mientras tanto, vos, con vuestros negro hábitos, cantareis un requiem eternam cloqueando entre monjas viejas. Así que renunciad a un destino semejante, porque yo estoy listo para tomaros por esposa en cuanto deseéis.
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El texto lo he copiado del libro “Palabras de Amor” de Jose Antonio Marina, del cual he realizado una referencia para Masquepalabras ( podéis leerla pinchando el enlace).
La sexualidad de la mujer embarazada
Ella siempre había creído que al estar con la barriga tan gorda perdería los impulsos sexuales, pero eso no ha sucedido ¡qué va! y la verdad, no sabe muy bien cómo tomárselo. Siempre había pensado que a las embarazadas les puede el instinto maternal y que sus deseos van más hacia comprar patuquitos y ordenar la ropa del futuro bebé. Quizás sea que ella no tiene tanto de matriusca, o quizás es normal, lo que es seguro es que sigue sintiéndose tan mujer como siempre y que sus apetitos de antaño se mantienen vigentes. Sin embargo ahora rechaza a su marido con más frecuencia. Conste que él no le hace ascos y todo indica que se lo pasa bomba cuando ella se anima a acomodar su inmenso cuerpo encima de él o cuando se le ofrece desde atrás, pero la verdad es que ella no se siente tan a gusto como antes y ahora le da bastante vergüenza mostrar su excitación. Ultimamente esconde sus deseos y se complace a hurtadillas, cuando no hay nadie en casa y puede relajarse a gusto.
Tiene las tetas preciosas ahora, redondas y bien gordas, con los pezones más oscurecidos. Además nunca antes estuvieron tan sensibles: no necesita más que soplarles para que se pongan en punta y estupendos. Se saca el sostén y las acaricia con suma delicadeza, recreándose en esa abundancia e intentando eliminar de su cabeza que la función de sus mamas será ahora hacer de biberones. Cuando por fin consigue centrarse en sus fantasías, coloca un cojín entre los muslos y se frota hasta alcanzar el clímax en apenas unos minutos de fugaces frotamientos, sin darle muchas vueltas al tema, casi disimulando ante sí misma.
Cuando termina respira hondo y se siente más relajada, pero le inundan las dudas y también surge algún arrepentimiento. “¿Qué clase de madre seré?” Esta embarazada, pobrecilla, vive su embarazo y su sexualidad en contradicción, cargadita de culpabilidad, pero bueno, por lo menos la vive.
Este cuento es una traducción de este otro en gallego, a ver si esta vez os convence más la traducción.
Scheherezade proletaria
Con todo este follón orgásmico que se ha vivido en Erotómana, ando inflamada cual pavita y hoy me animo a explicaros mi ambición.
Ya muchos sabéis de mis ínfulas como escritora y que me chiflaría vivir de esta grata profesión, lo cual (ya sé, ya sé) es harto complicado, pero no por ello voy a tirar la toalla. Está jodido para todos, pero muy especialmente para mí, que pretendo vivir del cuento sin dar la cara y esta decisión inamovible me impide presentarme a concursos, hacer promociones en ferias y todas esas actividades extraliterarias que realizan los aspirantes al uso .
Mi plataforma ideal es, pues, Internet y muy concretamente este sitio que me curro como si me diera de comer, pero no me da más que grandes alegrías y algunos gastos. De modo que me devano los sesos sobre cómo conseguir mi objetivo sin salir de esta guarida secreta y hoy quisiera pediros consejo y localizar contactos.
Desde que inauguré Erotómana, hace 21 meses, no ha dejado de crecer en visitas y ahora va viento en popa, con petrocientas mil páginas vistas, comentarios a porrillo, enlaces a mogollón y lectores que me demuestran su cariño. Y todo eso con tan sólo 290 entradas colgadas a día de hoy.
Si la suerte me viene de cara (cruzo los dedos) y mi imaginación y recursos no decaen (descruzo las rodillas), me mantendré en mi propósito de emular a Scheherezade y alcanzar aquí los 1001 cuentos destinados en mi caso no a un único sultán caprichoso, si no a cualquier hijo – o hija- de vecino de clase media, alta o baja, que tenga el gusto de entretenerse conmigo. Este cometido, en caso de cumplirse, me mantendrá atareada, al ritmo que voy, unos cuatro años y mi ilusión es financiarme de algún modo que todavía no tengo claro y acepto sugerencias.
Desde aquí, desde la parra en la que me veis subida, se me ocurre que podría tener sponsors. ¿A qué si pusiera aquí “Mi fragancia es XXX“, cuando fueseis a la perfumería os entraría la curiosidad por olerla? ¿A que si digo “me encanta visitar el balneario de NOSEDONDE” al planear vuestro descanso es posible que barajarais ese destino? ¿A que si digo “los señores vestidos con tal o cual marca de ropa están pa comerlos” os animaríais a visitar esa tienda? ¡Pues venga! estoy convenciad de ser una mina de oro inexplorada -me pavoneo-, una veta virgen, una apuesta segura a potranca voluntariosa.
Seguro que aquí me lee mucha gente consumista y también algunos comerciales representantes de marcas no timoratas dispuestas poner su publicidad en erotismo de calidad, gente con visión de futuro que vislumbran el filón que represento, je.
(Ojo: paso de promocionar sexo barato de tetas saltarinas, productos alargadores de penes o cualquier otra patochada que no case con mis gustos y aficiones, que de esos ya he rechazado unos cuantos)
Libros por orgasmos
“Eva, su manzana y el pecado” pertenece a la colección de literatura sexual PERINEOS. Son libros chiquitos y cuidados de tan sólo 150 ejemplares y de carácter no venal, es decir, que no están destinados a la venta.
El nº 1 de esta colección es uno de los textos fundamentales de los movimientos de vanguardia, el Manifeste de la luxure de Valentine de Saint-Point.
El nº 2 Textículos: acotaciones y palimpsestos, de Carlos Bozalongo, recoge cinco relatos breves (que oscilan entre el guión literario, el microrrelato y el poema en prosa).
“Eva, su manzana y el pecado” es el nº 3. Como los otros de esta colección consta de treinta páginas, en ellas están recogidos siete cuentos de mi autoría -seis en castellano y uno en gallego- prologados por el periodista Pablo Santiago, a los que se les ha dado el privilegio de ser editados en papel y hoy Lipa Benet ha querido festejarlo poniendo voz a uno de ellos.
Escuchad “Negro Negrazo”:
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Si queréis conseguir un ejemplar, no teneis más que redactar un orgasmo y dejarlo aquí, o en esta otra entrada además de ENVIARME UNA DIRECCIÓN POSTAL a donde pueda hacéroslos llegar a erotomanita(arroba)gmail.com
La idea de “Un libro por un orgasmo” está resultado muy divertida, y estoy encantada con vuestra entrega y participación, pero todavía espero más, ánimo: ¡Todos los que orgasméis, recibiréis “Eva, su manzana y el pecado”!
Cuentos eróticos de orgasmo
Amigos; en mis manos tengo mi libro “Eva, su manzana y el pecado”, recién salidito de imprenta. Es una preciosidad, el número 3 de la colección Perineos, una edición no venal de tan sólo 150 ejemplares, con su maquetación perfecta, su prologuista, su cubierta y contracubierta, que yo creo que ha quedado lindo, lindo, digno de ser, en un futuro, un preciado objeto de coleccionistas (permitidme soñar).
Pero bueno, no es a mí a la que le toca alabarlo, estoy deseando que lo leáis. La editorial que me lo ha publicado (que trabaja con aportaciones voluntarias) me ha enviado cien ejemplares y tengo reservada una partida para regalar a los comentaristas habituales de Erotómana y/o a esos lectores silenciosos que entráis, os recreáis el tiempo necesario, y os piráis sin decir ni mú. Pero claro, para que yo sienta vuestro interés y lo regale con gusto, habéis de mugir.
La idea consiste en una especie de concurso no competitivo donde todos los participantes seréis premiados -hasta el fin de existencias-.
Los requisitos para conseguir “Eva, su manzana y el pecado” son:
1. Dejar en esta entrada un comentario escribiendo la representación de un orgasmo. Ya sé que lo que os pido no es baladí, y que supone toda una muestra de maestría (nada más difícil que reducir a palabras el éxtasis), pero no os desaniméis. Está permitido copiar o citar a los grandes, también se acepta en sonido (imágenes no, que ya tenemos mucho de eso en Crisol) y estad seguros de que todos serán válidos ¡no seré yo la que juzgue vuestro modo de correros!
2. Enviarme un correo a erotomanita(arroba)gmail.com con los datos necesarios para hacéroslo llegar.
Por supuesto, el comentario puede ser anónimo, yo ya sabré quienes sois por el email que ponéis en el comentario -que soy la única en poder verlo-. Espero que os guste la propuesta y os animéis a participar
¡divirtámonos!
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A continuación el orgasmo de Carmen, interpretado por Lipa Benet:
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A continuación el orgasmo que dejó aquí como comentario una tal Frida kalho interpretado por Claudia Contreras:
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Ananda interpreta un fantástico párrafo de “Rayuela” de Julio Cortázar:
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La lluvia dorada de Zeus
El todopoderoso dios Zeus era tremendamente cachondo, lascivo, promiscuo y fecundo. Un portento de deseo sexual con inteligencia emocional baja y empatía escasa, egocéntrico caprichoso al que le importaba bien poco el disfrute de la mujer. Estaba casado con Hera a la que le fue todo lo infiel que le dio la gana. Hera siempre se enteraba y entonces él se deshacía en perdones y formulaba cada vez la misma babosa excusa: “Nunca he deseado a ninguna otra tanto como a ti”. Incluso tenía la cara dura de nombrárselas a todas una por una, fanfarroneando de sus conquistas ante su esposa como un vulgar matón de discoteca: “Deméter no me gusta tanto como tú” “Selene no me gusta tanto como tú” y así con un largo etcétera.
A todo esto, lo de Zeus de conquista tenía poco. Si deseaba a una mujer terrenal, a una diosa o a una ninfa, la poseía sin más. Si era necesario recurrir a la violación para ello, recurría, o al rapto, o a la mentira. Se disfrazaba, engañaba, incluso hería con tal de meter donde le salía del churro.
Con la pobrecilla Dánae fue regularmente cruel y especialmente original. Ella era la hija única de Acrisio, al cual el oráculo advirtió que su nieto lo mataría. Para evitar que su hija le hiciera abuelo, encerró a la joven en una torre de bronce aislada. Pero hete ahí que Zeus la descubrió, se encaprichó por ella y se empeñó en tirársela, sin consentimiento del padre, muchísimo menos de la hija y desde luego sin condón. Como era difícil acceder a ella, el Zeus todopoderoso se transformó en lluvia, en una deliciosa lluvia dorada que se vertió como un torrente sobre la fértil doncella que quedó fecundada ipso facto y no os quiero contar la cantidad de problemas que tuvo la chica, soltera preñada.
Dánae fue una virgen embarazada por el dios caprichoso, repudiada por su padre, que no se creyó una palabra del fabuloso polvo divino y mandó encerrar a su hija y a su nieto en un cofre bien apuntalado y los lanzó al mar sin miramientos.
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Escuchad este relato versioneado por Ananda, mientras observais las diferentes pinturas de este mito, que ha inspirado a un montón de artistas:
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