Archivo de 15 abril, 2010
El que la tiene más grande.
Aquí dejo la historia de Príapo, podeis escucharla interpetada por Ananda:
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o leerla:
Príapo, hijo de la diosa del amor Afrodita y del dios Dionisos es un ser feísimo con la verga tremendamente inmensa. Cuando digo inmensa hablo de proporciones míticas: tres, cuatro, incluso cinco palmos de carne firme que a los griegos, y después a los romanos, se les antojaba un dechado de buena suerte, protector de los cultivos, de las huertas, de los rebaños de ovejas y de cabras, dios menor de la bonanza económica que presidía la entrada de algunas mansiones para traer abundancia a los moradores y para espantar a los ladrones, con frases intimidatorias del estilo:
“Te travesaré, muchacho, te lo advierto; a ti, muchacha, te follaré y al barbado ladrón la tercera pena es la que le espera” -con la tercera pena hace referencia al sexo oral, sin duda intimidatorio dadas las proporciones de que hablamos-.
También se utilizó la imagen de este ser en los campos haciendo las veces de espantapájaros luciendo su superlativa erección y asustando a los supersticiosos paisanos con letanías como:
“Para quien aquí cortase una violeta o una rosa, o robase alguna fruta u
hortaliza sin pagarla, pido que, sin tener mancebo ni mujer, reviente de una erección como la que en mí veis y tenga que golpeársela sin cesar en el ombligo”.
Fue un dios lascivo, de eyaculaciones abundantes y generosas en concordancia con el volumen de sus genitales y con frecuencia andaba salido, buscando dónde insertar su carne inflamada sin importarle demasiado si el receptor era varón o hembra. Se sentía orgulloso de su miembro viril y le gustaba ir diciendo por ahí que nadie le superaba en tamaño, de hecho le tenía bastante manía a los burros porque de alguna manera ese animal, también de falo generoso, le hacía la competencia.
En una ocasión Príapo, con su virilidad en ristre, quiso violar a la ninfa Lotis, que dormía profundamente después de una juerga olímpica, y cuando estaba a punto de poseerla, un burro dio un rebuzno que despertó a la ninfa. Ella, antes de verse ensartada por semejante monstruosidad, prefirió convertirse en un árbol de loto.
Desde esa ocasión en que la violación se vio frustrada, Príapo odió a los burros y de buena gana aceptaba que los sacrificasen en su honor, lo cual los mortales hacían de vez en cuando para tener al dios de las vacas gordas contento. La rivalidad con el burro creció cuando Dionisos, agradecido por un favor que el burro le había hecho, le concedió el don del habla. El poco astuto burro aprovechó para retar a Príapo, a ver cual de ellos la tenía más grande. Se efectuaron la oportunas mediciones y, por supuesto, el dios salió vencedor. Nadie la tiene tan fabulosa como él, otra cuestión es el uso que pueda darle.
…….
Wendy me envía otra imagen de Príapo que me ha resultado muy acorde con esto de las mediciones: 

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