Encuentro erótico en los servicios de señora
(Os resumo escuetamente de qué va ésto: Estoy en una librería, llevo días deseando encontrarme a un profesor, al que sospecho le gustan las nalgadas porque me ha introducido en el género mediante los libros: Confesiones de Rousseau y El vicio Inglés de Ian Gibson). Después de mucha espera, por fin le veo.
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¡Ahí está! ¡es él!, es el profesor y me mira, me mira fijamente, con su barba y sus gafas. Se me antoja más apuesto que en nuestro primer encuentro, más alto, más corpulento ¡claro! hoy no va vestido de intelectual progre, hoy lleva traje de señor, con la corbata y todo. Está elegantísimo, cualquiera diría que va a dar una conferencia. Le sonrío y me responde con un leve gesto de cabeza que me señala los aseos. Entiendo muy bien que me está invitando a pasar a los baños, pero tengo dudas, al fin no le conozco de nada y me impone su presencia hoy, tan formal, y también su rictus, tan serio. Sin embargo, pese a la sobriedad de su cara, sus ojos muestran calidez, es una mirada amable en un rostro inexpresivo y esa combinación me resulta bastante irresistible. Repite el movimiento de cabeza, ahora más explícito, y ya, me decido. Me voy a animar a seguirle el juego.
Paso al baño de señoras. Una vez dentro no sé qué hacer, me miro al espejo, estoy toda colorada, pienso en refrescarme las mejillas pero no me da tiempo, él entra, esboza una breve sonrisa, me toma de la mano, entramos en uno de los aseos y cierra con pestillo. Por un momento se me ocurre que no es la primera vez que ejecuta este ritual. Allí estamos, frente a frente, en un cubículo tan pequeño. Se me acerca y yo cierro los ojos, entreabro los labios, para recibir el consabido beso pero no lo recibo, en vez de eso me gira ciento ochenta grados y levanta mi falda.
El corazón me va a mil por hora, una especie de nerviosismo me invade y me tiemblan un poco las piernas, apoyo mis manos en la pared.
Levanta mi falda, hoy mis bragas son de florecitas rosas, ¿le gustarán? Estoy de espaldas a él y no sé muy bien qué hace, supongo que me está observando. Entonces resuena el taconeo de una mujer que entra en el aseo contiguo y podemos escuchar cómo revuelve en su ropa y como cae el chorrito, sonido que mi acompañante aprovecha para zoscarme una fuerte palmada que me coge de sorpresa y a duras penas ahogo un “ay” . El profe se me acerca, siempre desde atrás: “¡chsss!” dice, y besa mi cuello con los labios húmedos, su barba cosquillea mi fina piel.
La del baño contiguo taconea yéndose y el profesor me susurra “¡sujétala!” Se refiere a mi falda, quiere que la mantenga subida hasta la cintura. Obedezco y él baja mis bragas. Lo hace muy cuidadosamente y las deja a la altura de las rodillas, entonces acaricia mis nalgas con suma delicadeza, repasa mis formas con las yemas de sus dedos. Su brazo izquierdo ciñe mi vientre y, con modales paternalistas, me insta a curvarme hacia adelante de modo que mis nalgas queden bien expuestas. De repente parece que le entrara apuro: plas-plas-plas-plas, azota con la palma de su mano mi desconsolado culo. Lo hace vigorosamente sin que medie medio segundo entre cachete y cachete, sin que me de tiempo a reaccionar. Me propina por lo menos diez palmadas sonoras. El dolor me obliga a rebelarme, pero me tiene bien amarrada con su brazo izquierdo y la capacidad de movimientos es mínima en un espacio tan pequeño.
No han sido más que unos segundos y ya cede, estoy un poco enfadada porque me ha hecho daño, casi me dan ganas de llorar pero, como si lo intuyera, vuelve a acariciar dulcemente mis nalgas, ahora muy calientes y sonrosadas. Quiero voltearme y me lo permite, le miro bastante avergonzada pero orgullosa, de frente, entonces, siempre mirándome, alcanza mi vulva con los dedos de su mano derecha. Mi humedad es evidente y ello me pone contenta pero a él más todavía, se le escapa un delicioso gesto masculino de satisfacción. Se ve que le encanta mi excitación y supongo que la achacará a la paliza, pero lo cierto es que esa calentura ya la traía yo puesta y se debe más a la situación en general que a los cachetes en sí. Trato de meter mano a su bragueta para corresponder a tan gratas caricias, pero me lo impide aun a pesar de que él no se priva de hurgar entre mis muslos. Intento que separe su mano, no es plan abandonarme aquí, pienso, pero él ignora mis remilgos y continúa, continúa y continúa hasta que no me queda más remedio que ceder al placer. Siento que mi orgasmo se expande entre sus dedos.
Entonces me besa, “dame tu lengua” dice, me la chupa, luego se agacha para quitarme las bragas, que están por los tobillos. Me levanta un pié, luego el otro. El profesor acaricia con sus manos la suave tela como si fuera un trofeo y, como si allí nada hubiera pasado, impecable todavía en su traje, se va con mis bragas metidas en el bolsillo.
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Comentarios
Y Susana se despojó de sus “reticencias”…. y tambien de sus bragas.
Y por un instante todos hemos querido ser “profesores” y dejar nuestra marca sobre sus nalgas…y todas han querido ser “susanas” y percibir el calor de su trasero… y una bruma claustrofóbica y ardiente nos invadió a todos.
“Entonces no era más que una ingenua libertina, que aún no lo sabía todo acerca de los refinamientos del sadomasoquismo, ni de la perversidad de los hombres ni, mucho menos, de la de ciertas mujeres. Solo sabía que mi loco amor por un hombre me impulsaba a seguirlo a ciegas en esa clase de aventuras para vivir todas las experiencias hasta el límite”
Vanesa Duriès
‘La Atadura’
Sin duda este profesor es todo un “maestro” de los de antes. Habilidoso, con autoridad, y diestro con los cachetes.
Carla
http://www.lasbolaschins.
Hola,
Muy bueno, Carla. Estoy de acuerdo. Una lección bien enseñada nunca se olvida.
Hay que ver lo que ganan los relatos cuando se hacen desde el interior. Ha sido un final mucho más redondo, lubricado, excitante e interesante.
Aplaudo tu valentía por contarlo con tanto detalle.
Besos.
Vaya, al final nos has dejado mirar por el ojo de la cerradura. ¡Y qué espectáculo! En un palmo de terreno, dos cuerpos amontonados.
No me queda claro si te gustaron o no las cachetadas.
Fixécheste de rogar, pero finalmente déchesnos o que pedimos (algo te reservarías, que as intimidades nunca se contan todas, i ese profesor tenme pinta de moi luxurioso…Á altura dunha erotómana coma ti).
A saber a de sacrilexios que agora cometerá o filósofo coas tuas bragas de flores rosiñas. En todo caso podes decir que pagaches cunha prenda unhas boas nadigadas!
Bicos rosas
está bien el final, limpio, sin intercambio de fluídos… (intercambiar fluídos con un extraño está bien para las fantasías, pero debería dar algo de miedo, a saber dónde la ha metido antes!)
lástima de las braguitas, espero que no fueran de las carísimas.
me ha gustado este final, susana.
gracias por el regalo.
Al final no tenía muy claro yo si existiría esta cuarta y última entrega.
Ha sido excitante, maravilloso, sublime….pero creo que no se despierta en mí el gusto por los cachetes en el pompis.
Todo lo demás, un lugar pequeño, un desconocido, quitarme las bragas….ufff, todo genial, pero lo de los cachetes sigue sin llegarme.
Fantástico. Me recuerda los aires de la literatura eròtica clásica, pero en ambientación moderna.
Me ha gustado mucho…
Es curioso cómo me he sentido totalmente identificada con tu personaje en la historia, pensamiento por pensamiento. Muy lindo leerlo.
Parece que os gustó – al menos más que la versión metafórica- si atiendo al final redondo que me dice Lobato, a la referencia erótica clásica que dice Company. A carla parece que le convence la figura del profe y, lo que más ilusión me ha hecho: que Wendy se sintiera identificada.
No he leído la atadura Vanesa Duriès, no ha caído en mis manos ¿merece la pena, suspense? ¿hago por que caiga en ellas?
A Belkis los cachetes siguen sin llegarle, pues ná, hay fantasías que son para eso, para quedarse en fantasías, y a mí misma, que aquellas me divirtieran, no quiere decir que me gusten todas, (con esto ya te he contestado a Ulises,no?) y ni oir hablar quiero de zurras con cinturón, Faune, querido.
No tan carísimas Zeltia, esperemos que cometa algún sacrilegio, Chousa.
te veo con ganas pero poco iniciada en la materia. no hagas caso de tu clá. te aplaudiran casi siempre.
la sumision es una religion de la que todo el mundo habla sin tener ni idea de que va. como fantasia se queda en saber que existe la botella. de ahí a beber su contenido hay un abismo grande.
y el profesor de tu cuento es un fetichista. no un Amo. ten en cuenta ese matiz
“La Atadura” de Vanesa Duriès es una visión distinta, mucho sadomasoquismo.
Tiene pasajes interesantes. ¿Que si la recomiendo? siempre es recomendable leer, busca una edición de bolsillo es mi recomendación
Sí, perversa, poquísimo iniciada, lo mío es coquetería, es decir que coqueteo con amos y fetichistas, esclavos y onanistas, perversas y bueniñas.
¿Y por qué no había de hacer caso de mi clá?
¿por qué habían de aplaudirme casi siempre?
No hay obligaciones aquí, ni compromisos, sólo placer en Erotómana, luego fuera cada uno con sus cosas.
Gracias Suspensesito, he estado leyendo lo que dice por ahí la red sobre ella y ya me pica, la curiosidad me pica.
Creo que somos todos sinceros cuando escribimos aquí, y pese a que yo, personalmente, te he tomado mucho cariño, me siento libre para opinar lo que me parezca.
Bicos.
Qué excitante Susana!
Pero sobre todo, lo que más me excita es esa vuelta a casa… con faldas pero sin bragas…
Hace mucho que no te comentaba pero te leo a menudo, bueno, os leo, entre todos habéis convertido este lugar en una tertulia fráncamente interesante. Definitivamente me quedo.
Besos
Sí, zeltia, falta gente a la que extraño, …pero… ¿qué puedo hacer? logicamente aquí comentais cuando os da la gana, sólo cuando os apetece … Y aunque, como dice belkis, nos cogemos cariño (muá), pues son relaciones bastante libertinas, de entradas y salidas al tun tun, como debe ser.
Y se van y vuelven y me dan una alegría, como Ana, que pensé que ya no venía, y mira, parece ser que entraba pero prefería mantenerse calladita (¡encantada de tu vuelta como comentarista Ana!)
Y sí, una gozada la tertulia.
Susana
he de decirte que me he sentido identificado con tu relato
no hay cosa que me de mas morbo que hacerlo en un baño de chicas con mi pareja, es excitante, morboso, y el orgasmo puede ser de cañon, y de regalo mis bragas para mi novio
besitos
Susana
no hay cosa mas rica que regalar a nuestro novio, amante depende de lo que cada una tenga, unas hermosas y lindas bragas despues de haber hecho bien su trabajo, para que luego se masturbe pensando en nosotras y no se olvide !! jajajaj
Primero: !qué guarra la de los tacones que se va sin tirar de la cadena!.
Segundo: no creo que lleves escrito Erotómana en la frente. me parece la situación más bien generada por la iteración depredador presa, un cazador nato.
Iba una tercera acotación pero, un enlace en el blog de Nana Nicotina, no funciona, ya que han suprimido un video bastante ilustrativo sobre el acontecer en el aseo de señoras.
¿Las bragas iban a juego con la corbata?.
¡Qué bueno, Tiberio por aquí!
No sé, no sé si iban a juego, no me fijé
tierna ¿no hay cosa mas rica que regalar a nuestro novio las bragas? ¡sí que te debe gustar!
ya veo que a ti no !!! jajajaj
pero que conste que solo lo hice una vez, y te aseguro que no me arrepiento,
Hola
Que ralato tan bien logrado. Un final inesperado, brillante y muy interesante. Me encanta.
Lejos de las descripciones groseras y burdas, denota el encanto femenino y hasta cierto candor.
Felicidades!!
Katalina
Me alegro de que te gustase Katalina, ojalá te gusten otros de mis cuentos y se te vea más veces por aquí.
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Jejeje que bueno! me has sacado una erección inesperada, en el momento de la modorra de después de comer…
Has probado alguna vez los azotes con un cinturón?