El Vicio Inglés. (Gusto por la nalgada III)
Continúa desde Gusto por la nalgada II
Salgo pitando de la librería por ver si encuentro al que me ha dejado el regalo, ni rastro de él por la derecha, ni rastro de él por la izquierda. Entonces abro apresuradamente el paquete y, efectivamente, es un libro, su título me deja alucinada: ¡El Vicio Inglés de Ian Gibson! Se trata de un excelente estudio sobre la flagelomanía obsesiva de los británicos, un análisis intenso sobre la flagelación como costumbre, como placer y como vicio que abundó en Inglaterra en la época victoriana – tremendamente puritana y moralista-, y se extendió en el tiempo y en el espacio dando pie a la disciplina inglesa, toda una subcultura en el erotismo.
Imaginad cómo me siento, ¿por qué me ha regalado este libro? pareciera que me ha leido el pensamiento ¿es que llevo la erotomanía pintada en la cara? y ¿por qué se ha esfumado? El libro ni está firmado, ni trae una dirección o un teléfono. Me dispongo a estudiarlo, se supone que es eso lo que quiere de mí el misterioso profe.
Os copio un párrafo:
A mi juicio, ninguna discusión sobre la sexualidad británica a partir de
la época victoriana es posible sin tener en cuenta el sistema de azotes que, originándose en las public schools, se extendió a todas partes. Impotentes sin recurrir a los azotes, real o imaginariamente, las innumerables víctimas del sistema no sólo se vieron abocadas a una vida de deseos avergonzados e inconfesables, que hacía difícil, si no imposible, una relación matrimonial satisfactoria, sino que su condición dio origen a un auténtico océano de pornografía en la cual se recreaban ad-infinitum las añoradas escenas juveniles y sus ramificaciones …
La explicación de Gibson es sólida y congruente, interesantísimo análisis sociológico. Claro que no solamente excitan las nalgadas a los británicos, no solamente a los que han recibido azotes siendo niños … Esa expresión de dominación-sumisión está muy arraigada en el imaginario colectivo, desde palmadas cariñosas -o azuzadoras-, a latigazos que hacen sangre y legiones de adepos aseguran que no hay buen polvo que se precie de tal, que no tenga su “momento nalgada”.
Ansiosa por conocer las intenciones del presunto profesor al regalarme “El vicio inglés”, me personé en la librería al día siguiente -misma hora-, pero él no apareció. Lejos de desilusionarme, su ausencia no hizo más que incentivar mi curiosidad, y continué asistiendo puntual a mi cita solitaria los días sucesivos con la esperanza creciente de encontrármelo, pero nada. Si yo creyera en meigas -¡habelas hailas!- diría que fui enmeigada y que todo fue una alucinación.
Esos ratos de espera vagabundeando entre libros me han llevado a despotricar contra lo poquísimo que miman las editoriales el género erótico ¡tan beneficioso! y me desgañité por encontrar nuevos títulos que alimenten mi gusto y engrosen mi colección, pregunté inutilmente por un montón de libros que están descatalogados, desaparecidos y se me niegan como lujos inalcanzables: “Historia del erotismo” de Gregorio Morales, o su “Antología de la literatura erótica”, “Un Kamasutra Español”, de Luce López-Baralt, o “L`amour” de Stendhal…
Me encuentro en un callejón sin salida, no quiero tirar la toalla, ¡quiero volver a ver al profe cara a cara! Lo cierto es que apenas recuerdo ya su rostro, pero por momentos me resulta más y más atractivo y os juro que me siento infantilmente enamorada de un fantasma, me planteo que quizá sea más conveniente irme a casa e imaginarme el final del cuento con mi dildo color violeta cuando, allí, en la zona de libros de viajes le veo ¡Ahí está! Es él, es el profesor y me mira, me mira fijamente, con su barba y sus gafas. Se me antoja más apuesto que en nuestro primer encuentro, más alto, más corpulento. Le sonrío y me responde con un leve gesto de cabeza inequívoco que me señala los aseos. Entiendo muy bien. Sin mediar palabra enfilamos a los preciosos y espaciosos baños de la librería.
Si quieres leer la continuación pincha:
Encuentro erótico en los baños de señoras de una librería.
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Comentarios
Atrevido, muy atrevido el profesor con el libro que te dejó. Una buena jugada por lo que parece.
Me voy rápido a escuchar a la puerta del baño, a ver que pasa.
En cuanto a Ian Gibson, estoy de acuerdo solo en parte. Uno no tiene que sufrir en sus propias carnes el castigo para que después le excite.
Besos.
Os aseos dunha librería, ou dunha cafetería-restaurante teñen que ter moito morbo. Claro que as nadigadas haberá que dalas coas bragas postas, senón vanse escoitar moito…
En calquera caso escoitaranse xemidos. Seguro que alguén ha interrumpir petando á porta, aínda que non teño claro se iso vai potenciar máis o momento.
O cazolo está ó lume. Hai un arrecendo magnífico…e presinto que hai fame!
Ya llegamos, ya llegamos al desenlace, vamos siguiendo ese hilo que Susana ha ido tejiendo alrededor de unas nalgadas, de un culo enrojecido, y aquí nos encontramos todos, como dice Fernando, frente a la puerta del aseo de esa librería, y ahora todos esperamos el momento de abrir la puerta y encontrarlo en pleno fragor de palmetadas, ¿nos encontraremos a Susana sobre las rodillas del profesor con las bragas bajadas y el trasero colorado? o ¿será el profesor quien nos muestre su grupa bien sonrojada?… Mmmmmm ¿abrimos la puerta? qué alguien traiga una cámara, semejante momento ha de quedar plasmado para la posteridad!!
Coincido con Fernando en pensar que no es necesario haber recibido ese castigo corporal para que te excite, y por extensión, que no es consecuencia indispensable del castigo la excitación. A mi me sacudieron el polvo mucho de pequeña, y no me excita ni pizca, aunque veremos qué plato nos sirve la “chef” Moo.
Este profe parece que lee el pensamiento y, sobre todo, ¡lo interpreta! Te recomienda los libros que en cada momento necesitas, reaparece sólo cuando el deseo se ha hecho gigante… y ahora te lleva a los aseos; mmmm…
mmmmm Ulises, eso digo yo, ¡qué gusto de intuición masculina la del profe!, y veremos wendy, qué plato me tiene preparado este chef (Chousa sabe ben que hai fame), menú que el erotómano Suspense (todavía estoy sorprendida con tus conocimientos,¡mira que haber sabido lo de miss Lambercier!) quiere plasmar para la posteridad, y que Lobato se dispone a espiar y que Belkis espera impaciente (gracias Belkis por el enlace, he encontrado alguna cosilla allí, pero ninguno de los que he nombrado).
¡Ciao, mironcillos! Me voy al baño (meneando el trasero).
pois eu digo coma ulises, vaia qué intuitivo o profe, que xa soubo dun vistazo que tiñas o pote ó lume, o caldo listo para ferver,
que non cumprían unhas miradiñas de reollo máis, un arrimar unha ascua aquí, un tizón alá…
pois a ver logo, se se desparrama esa pasión coutada polos limpos (esperemos) wáteres da librería.
Al baño…,¿cuándo no mejor un Decathlon, o similar, mejor dotados en cuanto equipamientos para las artes ecuestres?.
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Apareció el profe, se van a los lavabos. Esto promete. Siempre consigues dejarme con la miel en los labios y la excitación en el cuerpo, impactante ante la próxima entrega.
Si me lo permites, te dejo un enlace de la librería de una bloggera que conozco.
Tiene una sección de libros descatalagodas, quién sabe! Puedes echar un vistazo y/o llamar…nunca se sabe!
http://www.actiweb.es/calle59/
Mucha suerte y,aunque las azotaínas no son lo mío, sigo esperando a ver qué pasa,….o a ver qué siento.