Cotilleo -padrísimo- (El gusto por la nalgada II)
(continúa desde “Donde menos se espera, salta la liebre“)
En la cafetería de la librería hay alguna gente, personas desconocidas que por algún motivo me resultan familiares. Me siento, miro la portada, leo la contraportada: “Rousseau es autor de escritos políticos capitales y de tratados filosóficos sobre la bondad natural del hombre … , bla, bla, bla”, abro el libraco -de unas mil páginas- paso del prólogo y voy directa a esas “Confesiones” de Rousseau, que comienza en su infancia. Llevo unas diez páginas del libro y después de avisar de que tratará de ser sincero en sus confesiones, suelta una tremenda campanada que llama poderosamente mi atención:
De igual modo que M. Lambercier sentía por nosotros el cariño de una madre, también tenía su autoridad, y la llevaba a veces hasta el punto de infligirnos el castigo de los niños cuando lo habíamos merecido… , ese castigo me encariñó todavía más con quien me lo había impuesto … porque en el dolor y en la vergüenza misma había encontrado yo una mezcla de sensualidad… ¿quién creería que ese castigo de chiquillo recibido por mano de una mujer fue lo que determinó mis gustos, mis deseos, mis pasiones, para el resto de mi vida?
Pero, ¿qué es esto que nos cuenta Jean-Jaques Rousseau? ¡su placer sensual pasa por ser cacheteado! Dios santo, nunca lo hubiera imaginado, ¿cómo es que no enseñan estas cosas en las clases de filosofía? me revuelvo en la silla, me acuerdo de vosotros: “¡Espera que se lo cuente a los tertulianos de Erotómana!”, levanto la vista del libro para frotarme los ojos por si lo que leo son alucinaciones y allí me encuentro al profe, dudando sobre dónde ha de sentarse, le saludo con una sonrisa pero no le doy pie a acompañarme, en este momento lo que leo me ha enganchado muchísimo y no deseo interrupciones. Sigo mi lectura:
…
En lugar de desvanecerse, mi antiguo gusto de niño se unió de tal modo
al otro que nunca pude apartarlo de los deseos que mis sentidos encendían … Así he pasado mi vida codiciando y callándome junto a las personas que más he querido. Al no atreverme nunca a declarar mi afición, la alimentaba al menos con relaciones que me permitían mantener su idea. Estar a los pies de una amada imperiosa, obedecer sus órdenes y tener que pedirle perdón eran para mí goces dulcísimos … por tanto, he poseído muy poco, aunque no he dejado de gozar mucho a mi manera, es decir, con la imaginación.
Flipo. Recordad que sigo hablando del influyente filósofo suizo, escritor de libros tales como “El Contrato Social” o “El Discurso sobre la Desigualdad de los Hombres”. Qué valiente ¿no? Bravo por él, después de toda su vida silenciando su placer, va y lo canta a los cuatro vientos para la posteridad ¡me conmueve tanto que haya limitado su goce a su imaginación!…
Leyendo tamañas intimidades de Rousseau, me he olvidado de mi entorno, de repente recuerdo al tipo que me ha recomendado el libro, lo busco con la mirada, ¡Oooh! Se ha ido. Lástima, me hubiera encantado agradecerle enfáticamente su recomendación. Rousseau me ha dejado meditabunda: ¿por qué resultan tan excitantes las nalgadas? ¿por qué se une tan alegremente el deseo a esa forma de sumisión en el caso de los azotados, a ese modo de dominación en el caso de los azotadores? Me dirijo a la caja, dispuesta a comprarme el libro, y cuando voy a pagar me dice la cajera:
- El chico que acaba de salir me ha dicho que si usted compraba “Las confesiones”, que le diera esto, la cajera me ofrecía un paquete con papel de su propia casa, es decir, el envoltorio de libro.
.
. Continuación: El vicio Ingles
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Comentarios
A lo mejor le iban las dos vertientes, al mozo. A mí me gusta que me las prodiguen, pero si me piden un cachetito, no voy a decir que no.
Hola,
Por qué resulta tan excitante el dolor??
En mi opinión creo que el dolor puede en ciertas dosis acentuar la sensibilidad de nuestro sistema nervioso y junto con el placer, proporcionar una mayor excitación sin ser capaces de distinguir una cosa de la otra.
Sólo desde el dolor ser capaz de sentir placer, tiene que estar ligado a un resorte mental que nos recuerda otra cosa que es la que realmente nos proporciona placer. Pero aún así, no lo acabo de entender muy bien. Cuanto placer se puede obtener de esa forma??
Besos.
oooh, qué galante!
(quizá también en mi memoria lejana está el que un hombre me parezca muy seductor cuando aparece por sorpresa con un regalito, no importa lo nimio o de poco valor que tenga, es más, casi me gustan más los que “fueron pensados para mí” porque un día me oyó decir A, y otro día B, y sumó A+B, y lo concluyó en ese regalo…)
como me lío.
bueno, que sí, que ya lleva 2 points el intelectualillo:
1.la recomendación
2.el regalo
(no olvidemos el que haya sido sensible a tu presencia y se le haya roto la concentración, que éso puntúa muchísimo)
Mi experiencia personal me impide relacionar dolor con placer de un modo razonable, más bien lo relaciono con la frustración en el placer; pero entiendo que si relacionas el dolor con algo bueno, y no con algo malo, en el caso de Rousseau con los cuidados y afecto de una persona querida, puede que te acabe resultando excitante. Un tanto conductista, ¿no?.
Lo doloroso realmente es el haberse impedido a uno mismo el goce, quizá por timidez, por vergüenza, por miedo.
Y yo voto por que el que quiere azotaina es él, a no ser que Susana nos esté llevando al huerto a todos.
Creo que el profe de filosofía no le regala el libro, no? tan sólo le ofrece un paquete con envoltorio de la misma tienda.
No sabemos quién azotará a quién, pero seguro que el profe ya se había leído las confesiones de Rousseau y sabía lo que se iba a encontrar susana en su lectura.
Yo, salida perdía y mojigata muchas veces también, no acabo de entender lo del placer con el azote en las nalgas. Debería probarlo? debería azotar o ser azotada?….no sé, es que no me llama.
Seguiré leyendo, igual me apasiono y a alguno le pido que me dé unos cachetazos.
E xa que “en el huerto” estamos; e co rubor nas meixelas (ou nas nádigas) que lle despertou a lectura (ou o filósofo) a Susana imos ver como os acontecementos desencadean lostregazos neuronais, seguidos de atronadoras lancetadas de pracer. Quen fustiga a quen?. Importa?
(Boeno, vale, agora non nos deixes coa cerilla quieta no riscadeiro. Cóntanos que tal lle sentaba o envoltorio ó libro…Arrastra o misto sobre as rugosidades e deixa que a pólvora arda!)
Puesto que aquí todo el mundo está empeñado en destripar el final (y matar la gracia, claro) voy a hacer yo mi apuesta. Yo creo que el profe progre se ha dado cuenta de que esta Susana, sobre todo, es curiosona y lo que le va a ofrecer es que vea el espectáculo de cómo él reparte a diestro y siniestro. Ahí queda y tampoco acertaré.
Pues si, lo habitual es que nos lleve al huerto a todos, por eso nos tiene tan despitados.
Y en cuanto a destripar el final Ulises…lo confieso, soy de esas que a mitad del libro se leen las páginas del final. Prometo tratar de reportarme.
¡Qué va jorge! La historia no puede terminar así. Mi experiencia me dice que cuando un caballero te regala cositas es que lleva intención de mojar el rabito.
No me cabe la menor duda de que éste asomará la cola.
Al huerto, Suspense, sí, al huerto, Chousa, al huerto pretenderá llevarme el maromo, Wendy, y “abofé” que apunta buenas maneras para conseguirlo, ¿eh, Zeltia?
Ya sus preferencias me intrigan y me hago eco de la pregunta de Lobato: ¿Cuanto placer se puede obtener de esa forma? Como Nana, como Belkis, como Ulises, me uno a las especulaciones:
¿le gustará ponerme en su regazo, culo en pompa, para dar un generoso merecido a mi temblorosa redondez?, o como opina Ananda, ¿preferirá arrodillárseme y ofrecerme sus nalgas de solidez carnosa para ser severamente fustigado? ¿es posible que sólo quiera, como buen profesor, darme vías de autoaprendizaje?
Pero no nos adelantemos, ¡todavía no he abierto su paquete!
Cazador nato, domina el temario de “forúnculos y hemorroides”.Este personaje, el profesor, creo que te debe haber seguido en tus deambulantes pasos por la sección de literatura erótica…,¿será un Rousseau?, puede, tal vez un Donatien Alphonse…¿te gustaría?.
[...] ideas han sido benefactores para la felicidad sensual, por ej. Kaplan, la otra Kaplan, Kinsey, Rouseau, Ibn Hazm de Córdoba, por citar algunos de los que ya hemos hablado aquí, también los ha habido [...]
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Bueno, ahora imagino que llegaré el desenlace… será el profesor filosófico quien desee sacar el color rosado a las posaderas de nuestra Susana? o preferirá éste que sean sus propias nalgas las que alcancen el rojo bermellón de las sabias manos de Susana?
Hagan sus apuestas caballeros y damas….