Erotómana

SusanaMoo

¡Atención!. No recomendado para menores. ¿Porqué?

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Archivo de marzo, 2010

13

Resumen de la novela erótica capitulada Crisol Púbico.

Publicado por Susana Moo
26 marzo, 2010

De qué va Crisol Púbico:

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12

Cuento erótico de tradición oral.

Publicado por Susana Moo
24 marzo, 2010

Ananda, al que conoceis como comentarista ocasional de Erotomana, me propuso hace un tiempo interpretar con voz alguno de mis relatos y, a pesar de parecerme la idea excelente, nos encontramos con el inconveniente de que mis cuentos están en boca de mujer y no casan con una voz masculina, con una salvedad: los relatos basados en mitos griegos. Estas redacciones están escritas con narrador neutro, y además, son perfectas para ser contadas a viva voz porque así es como fueron trasmitidas a través de las antiguas generaciones pasadas. Yo creo que Ananda ha hecho un buen trabajo, a ver qué opinais…

Escuchad, pues, el cuento de Pasífae, la reina que se empeñó en ser montada por un toro:

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

Pasífae ensayando con Dédalo. Desconozco la autoría.

Pasífae ensayando con Dédalo. Desconozco la autoría.

.

Si quereis leer el texto: Pasifae, ¿origen del gesto poner los cuernos?

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28

Chocho apático

Publicado por Susana Moo
21 marzo, 2010

(Le he escrito una carta a Lidia, la mujer del médico, pero todavía no se la he enviado. Antes de hacerlo, quisiera consultaros ¿os parece correcto lo que le digo? ¿encontráis adecuado el tono?).

Leedla porfa:

Estimada Lidia:

Discúlpame ante todo que me meta donde nadie me llama, tu coño es tuyo y no tengo ningún derecho de asomar la nariz en tus intimidades. Si me animo a escribirte es porque, como mujer honrada de vagina propia, me siento ofendida por el trato que le das a la tuya y me resulta muy difícil silenciar las graves injusticias que con ella cometes.

De acuerdo que hay que lavar la zona en cuestión, por supuesto ha de estar siempre limpita. Comparto contigo la afición al bidé y aplaudo esas abluciones íntimas sumergiendo las nalgas a remojo en agua templada. Es estupendo chapotear y refrescar la zona, pero una cosa es lavarse cariñosamente y otra restregarla como si tuviera roña. No creo que sea correcto fregar la “toison” con exceso, con abuso de jabones, ¿no sabes que tanta desinfección no hace más que abundar en alergias y picores? Sorprende en ti, la esposa de un médico, que no te hayas enterado de que los fluidos vaginales son de lo mejorcito para la flora vaginal. Nuestro flujo constituye un sistema perfecto de autopurificación, clave para el buen funcionamiento de nuestro delicado órgano de placer.
Querida Lidia, lo tuyo con tu chichi, permíteme que te diga, raya lo neurótico. Aun después de fregotear la chisma, aun después de dejarla reluciente como los chorros del oro, vas e inmediatamente calzas las bragas y parapetas al pobre bichillo con un salvaslip profiláctico, ¡no le dejas respirar en paz! Una hucha siempre cerrada se vuelve avara, esa burbuja de aislamiento ha convertido a tu conejito en un animal agorafóbico, chocho de interior, almeja autista. Con esa mala vida, tu concha se ha vuelto taciturna y malhumorada, un coño de lo más antipático. No hay más que verle el gesto torcido, cualquiera se da perfecta cuenta de que vive amargado, bostezón y perezoso ¡Por el amor de dios! Si no te quitas las puñeteras bragas ni para dormir, ni que te hubieran venido puestas de fábrica. Una vagina feliz ha de tomar el aire de vez en cuando y un rayito de sol le viene de perlas, aunque sea nomás el que entra por la ventana …
Conste que te lo digo con las mejores intenciones, a mí me gustaría que me avisaran si, con mi actitud, mi coño se estuviera convirtiendo en un coñazo.

Atentamente:

Susana Moo

………………………………………………..

Este cuento es el número 34 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico

……………………………………….

Os invito a envíame alguna imagen, música o enlace que enriquezca este texto para que este juego erotómano sea más divertido. Podeis hacérmelo llegar a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com

Mira las que me envían:

Belkis envía dos imágenes muy elocuentes: mujer lavándose y mujer aireando.

aireando

mujer lavandose

Tirachinas titula su imagen: “Consejos prácticos de mujer a mujer”

rellenitas

Alguien que se hace llamar “megustanvelludos” me envía las siguientes imágenes y me explica lo que su nombre indica, que las prefiere frondosas:

pubis

0093_jpg

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4

Para los padres buenos.

Publicado por Susana Moo
19 marzo, 2010

Hoy, en el Xornal Certo, sale una traducción de un cuento que me encantó cuando lo escribí en gallego, y me gusta también su traducción al castellano. Está dedicado a los padres.

O pai mariñeiro (para os pais galegos),

El padre marinero (para los otros).

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15

Sagradas palabras obscenas. Gregorio Morales

Publicado por Susana Moo
18 marzo, 2010

¿Sabíais que algunos correctores informáticos señalan como faltas ortográficas palabras tales como follar, puta, coño, polla, joder, …? El escritor y erotómano Gregorio Morales en “Sagradas Palabras Obscenas” reivindica la dignidad de estas palabrotas y lo hace en forma de poesía, recreándose bellamente en vocablos tan fuertes, palabras malditas de nuestra lengua que le van de perlas a estos versos, no tan obscenos.

“Sagradas Palabras Obscenas” es un libro de poemas elegantes y divertidos, calentitos también, cuyos títulos son nombres de diferentes mitos que simbolizan la palabra sucia en la que se recreará.

psiche-y-pan

Reinhold Begas 1831-1911 "Pan and Psycho"

He escogido la que dedica al dios Pan, un ser mitad hombre, mitad macho cabrío con unos órganos sexuales impresionantes y un deseo desmesurado. Pan es una especie de personificación de la inestimable polla, miembro que acompaña a los hombres de por vida, y a nosotras unos momentitos, por cierto, la mar de gratos.

Acompaño la poesía de Morales con imágenes de Pan, un monstruo que, como hembra, me sobrecoge muchísimo.

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27

Encuentro erótico en los servicios de señora

Publicado por Susana Moo
16 marzo, 2010

(Os resumo escuetamente de qué va ésto: Estoy en una librería, llevo días deseando encontrarme a un profesor, al que sospecho le gustan las nalgadas porque me ha introducido en el género mediante los libros: Confesiones de Rousseau y El vicio Inglés de Ian Gibson). Después de mucha espera, por fin le veo.
.

¡Ahí está! ¡es él!, es el profesor y me mira, me mira fijamente, con su barba y sus gafas. Se me antoja más apuesto que en nuestro primer encuentro, más alto, más corpulento ¡claro! hoy no va vestido de intelectual progre, hoy lleva traje de señor, con la corbata y todo. Está elegantísimo, cualquiera diría que va a dar una conferencia. Le sonrío y me responde con un leve gesto de cabeza que me señala los aseos. Entiendo muy bien que me está invitando a pasar a los baños, pero tengo dudas, al fin no le conozco de nada y me impone su presencia hoy, tan formal, y también su rictus, tan serio. Sin embargo, pese a la sobriedad de su cara, sus ojos muestran calidez, es una mirada amable en un rostro inexpresivo y esa combinación me resulta bastante irresistible. Repite el movimiento de cabeza, ahora  más explícito, y ya, me decido. Me voy a animar a seguirle el juego.

Paso al baño de señoras. Una vez dentro no sé qué hacer, me miro al espejo, estoy toda colorada, pienso en refrescarme las mejillas pero no me da tiempo, él entra, esboza una breve sonrisa, me toma de la mano, entramos en uno de los aseos y cierra con pestillo. Por un momento se me ocurre que no es la primera vez que ejecuta este ritual.  Allí estamos, frente a frente, en un cubículo tan pequeño. Se me acerca y yo cierro los ojos, entreabro los labios, para recibir  el consabido beso pero no lo recibo, en vez de eso me gira ciento ochenta grados y levanta mi falda.

El corazón me va a mil por hora, una especie de nerviosismo me invade y me tiemblan un poco las piernas, apoyo mis manos en la pared.
Levanta mi falda, hoy mis bragas son de florecitas rosas, ¿le gustarán? Estoy de espaldas a él y no sé muy bien qué hace, supongo que me está observando. Entonces resuena el taconeo de una mujer que entra en el aseo contiguo y podemos escuchar cómo revuelve en su ropa y como cae el chorrito, sonido que mi acompañante aprovecha para zoscarme una fuerte palmada que me coge de sorpresa y a duras penas ahogo un “ay” . El profe se me acerca, siempre desde atrás: “¡chsss!” dice, y besa mi cuello con los labios húmedos, su barba cosquillea mi fina piel.
La del baño contiguo taconea yéndose y el profesor me susurra “¡sujétala!” Se refiere a mi falda, quiere que la mantenga subida hasta la cintura. Obedezco y él baja mis bragas. Lo hace muy cuidadosamente y las deja a la altura de las rodillas, entonces acaricia mis nalgas con suma delicadeza, repasa mis formas con las yemas de sus dedos. Su brazo izquierdo ciñe mi vientre y, con modales paternalistas, me insta a curvarme hacia adelante de modo que mis nalgas queden bien expuestas. De repente parece que le entrara apuro: plas-plas-plas-plas, azota con la palma de su mano mi desconsolado culo. Lo hace vigorosamente sin que medie medio segundo entre cachete y cachete, sin que me de tiempo a reaccionar. Me propina por lo menos diez palmadas sonoras. El dolor me obliga a rebelarme, pero me tiene bien amarrada con su brazo izquierdo y la capacidad de movimientos es mínima en un espacio tan pequeño.
No han sido más que unos segundos y ya cede, estoy un poco enfadada porque me ha hecho daño, casi me dan ganas de llorar pero, como si lo intuyera, vuelve a acariciar dulcemente mis nalgas, ahora muy calientes y sonrosadas. Quiero voltearme y me lo permite, le miro bastante avergonzada pero orgullosa, de frente, entonces, siempre mirándome, alcanza mi vulva con los dedos de su mano derecha. Mi humedad es evidente y ello me pone contenta pero a él más todavía, se le escapa un delicioso gesto masculino de satisfacción. Se ve que le encanta mi excitación y supongo que la achacará a la paliza, pero lo cierto es que esa calentura ya la traía yo puesta y se debe más a la situación en general que a los cachetes en sí. Trato de meter mano a su bragueta para corresponder a tan gratas caricias, pero me lo impide aun a pesar de que él no se priva de hurgar entre mis muslos.  Intento que separe su mano, no es plan abandonarme aquí, pienso, pero él ignora mis remilgos y continúa, continúa y continúa hasta que no me queda más remedio que ceder al placer. Siento que mi orgasmo se expande entre sus dedos.

Entonces me besa, “dame tu lengua” dice, me la chupa, luego se agacha para quitarme las bragas, que están por los tobillos. Me levanta un pié, luego el otro. El profesor acaricia con sus manos la suave tela como si fuera un trofeo y, como si allí nada hubiera pasado, impecable todavía en su traje, se va con mis bragas metidas en el bolsillo.BR_abrazadas3

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21

Culo de hombre.

Publicado por Susana Moo
13 marzo, 2010

(Continuación de “El vicio Inglés”)

A veces, en la batalla íntima de los amantes, se producen escenas tan inauditas que sonroja revivir; secretos de alcoba opuestos al habitual decoro que causan un pudor tremendo al ser nombrados y  que colindan el abandono absoluto. Sacar a la bestia es un acto de profunda confianza y en el secretismo tácito entre sus protagonistas reside el elixir mismo de la libertad.

Si me decidiese por narrar aquellos gestos entre en profesor filósofo y yo, si repitiese aquellas palabras, cometería un pecado grosero y no seré yo la que comadree frívolamente acerca de lo que aconteció en los amplios e impolutos baños de señoras de la librería. Lo que allí hicimos (¡ay lo que hicimos!) lo que allí nos dijimos en gemidos susurrados (¡Ay lo que él me dijo! ¡Ay lo que le dije yo a él!) he de reservármelo.

Sin embargo,

Amazonankampe

Amazonankampe

se me hace difícil callar momentos tan catárticos que han movilizado zonas en mí antes dormidas. He de desahogarme y me permitiréis que lo haga sublimando aquellas sensaciones que me invadieron con el filósofo. Me desfogaré narrándoos una fantasía con Víctor -el protagonista imaginario de Crisol Púbico-. Me desfoguaré por escrito como lo hice en la realidad con el profesor que me adentró en el gusto por la nalgada, la nalgada cabalgada.

.

Leed:

“El culo de Víctor”, número 33, de la novela capitulada Crisol púbico.

El culo de Víctor es precioso, diríamos perfecto en forma, tamaño, densidad y frescura. No es sólo a Laura a la que le abruma ese trasero, cualquier mujer mínimamente sensual se acalora al visualizarlo. Son músculos que contraídos parecen rocas graníticas, relajados flan de huevo, golosina que tienta lamer. Piel tan engatusadora, que una se rebela ante tamaña perfección, que una no puede reprimir determinados pensamientos impuros.
Bonito es, con exceso, apetecible con derroche, ¡esa combinación entre dureza y elasticidad! ¡esa textura neumática! pero lo que de veras nos trastorna no es tanto su belleza como la indecencia que provoca, la obscenidad en la que nos envuelve aun a pesar de nuestra voluntad.
Para intentar explicar las locuras que desata la presencia cercana de ese culo viril, diré que una debe agarrar una mano a la otra para no alargarla y meter mano a esos glúteos calientacoños que invitan a ser pellizcados, cacheteados, rasgados con las uñas y mordidos con los dientes.  Al principio nos sentimos confusas ante tal reacción de nuestro organismo, pero después de los primeros momentos se desencadena un derroche de lujuria absolutamente irremediable. Ese culo delante de las narices provoca un deseo tan violento  que se nos llevan los demonios y una especie de fiebre nos invade, los ojos brillan lascivos, el paladar salivea, los labios de la boca se mojan y todas esas combustiones internas provocan que nos arda la concha, que chorree y se dilate.
Cualquier cosa puede pasar ¡Dios!, que nos encendemos con esas cachas, ¡joder!, que nos inflamamos, coño, que dan ganas de abrirlas, hostias, palmearlas con la mano abierta, la puta, escupirles, cojones, que qué mierda no tener una polla entre las piernas, joder, una polla de caballo para hincársela a este cabrón, joder, y follarme su culo con empitonadas que se claven en su alma.

puestatony.ward4

Madonna y Tony Ward

Otras veces que me he desahogado en Víctor:

Víctor se masturba

Víctor no se masturba

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11

El Vicio Inglés. (Gusto por la nalgada III)

Publicado por Susana Moo
11 marzo, 2010

Continúa desde Gusto por la nalgada II

Salgo pitando de la librería por ver si encuentro al que me ha dejado el regalo, ni rastro de él por la derecha, ni rastro de él por la izquierda. Entonces abro apresuradamente el paquete y, efectivamente, es un libro, su título me deja alucinada: ¡El Vicio Inglés de Ian Gibson! Se trata de un excelente estudio sobre la flagelomanía obsesiva de los británicos, un análisis intenso sobre la flagelación como costumbre, como placer y como vicio que abundó en Inglaterra en la época victoriana – tremendamente puritana y moralista-, y se extendió en el tiempo y en el espacio dando pie a la disciplina inglesa, toda una subcultura en el erotismo.

Imaginad cómo me siento, ¿por qué me ha regalado este libro? pareciera que me ha leido el pensamiento ¿es que llevo la erotomanía pintada en la cara? y ¿por qué se ha esfumado? El libro ni está firmado, ni trae una dirección o un teléfono. Me dispongo a estudiarlo, se supone que es eso lo que quiere de mí el misterioso profe.

Os copio un párrafo:

A mi juicio, ninguna discusión sobre la sexualidad británica a partir de spanking_photola época victoriana es posible sin tener en cuenta el sistema de azotes que, originándose en las public schools, se extendió a todas partes. Impotentes sin recurrir a los azotes, real o imaginariamente, las innumerables víctimas del sistema no sólo se vieron abocadas a una vida de deseos avergonzados e inconfesables, que hacía difícil, si no imposible, una relación matrimonial satisfactoria, sino que su condición dio origen a un auténtico océano de pornografía en la cual se recreaban ad-infinitum las añoradas escenas juveniles y sus ramificaciones …

La explicación de Gibson es sólida y congruente, interesantísimo análisis sociológico. Claro que no solamente excitan las nalgadas a los británicos, no solamente a los que han recibido azotes siendo niños … Esa expresión de dominación-sumisión está muy arraigada en el imaginario colectivo, desde palmadas cariñosas -o azuzadoras-, a latigazos que hacen sangre y legiones de adepos aseguran que no hay buen polvo que se precie de tal, que no tenga su “momento nalgada”.

Ansiosa por conocer las intenciones del presunto profesor al regalarme “El vicio inglés”, me personé en la librería al día siguiente -misma hora-, pero él no apareció. Lejos de desilusionarme, su ausencia no hizo más que incentivar mi curiosidad, y continué asistiendo puntual a mi cita solitaria los días sucesivos con la esperanza creciente de encontrármelo, pero nada. Si yo creyera en meigas -¡habelas hailas!- diría que fui enmeigada y que todo fue una alucinación.

Esos ratos de espera vagabundeando entre libros me han llevado a despotricar contra lo poquísimo que miman las editoriales el género erótico ¡tan beneficioso! y me desgañité por encontrar nuevos títulos que alimenten mi gusto y engrosen mi colección, pregunté inutilmente por un montón de libros que están descatalogados, desaparecidos y se me niegan como lujos inalcanzables: “Historia del erotismo” de Gregorio Morales, o su “Antología de la literatura erótica”, “Un Kamasutra Español”, de Luce López-Baralt, o “L`amour” de Stendhal…

Me encuentro en un callejón sin salida, no quiero tirar la toalla, ¡quiero volver a ver al profe cara a cara! Lo cierto es que apenas recuerdo ya su rostro, pero por momentos me resulta más y más atractivo y os juro que me siento infantilmente enamorada de un fantasma, me planteo que quizá sea más conveniente irme a casa e imaginarme el final del cuento con mi dildo color violeta cuando, allí, en la zona de libros de viajes le veo ¡Ahí está! Es él, es el profesor y me mira, me mira fijamente, con su barba y sus gafas. Se me antoja más apuesto que en nuestro primer encuentro, más alto, más corpulento. Le sonrío y me responde con un leve gesto de cabeza inequívoco que me señala los aseos. Entiendo muy bien. Sin mediar palabra enfilamos a los preciosos y espaciosos baños de la librería.

Si quieres leer la continuación pincha:

Encuentro erótico en los baños de señoras de una librería.


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16

Cotilleo -padrísimo- (El gusto por la nalgada II)

Publicado por Susana Moo
10 marzo, 2010

(continúa desde “Donde menos se espera, salta la liebre“)

En la cafetería de la librería hay alguna gente, personas desconocidas que por algún motivo me resultan familiares. Me siento, miro la portada, leo la contraportada: “Rousseau es autor de escritos políticos capitales y de tratados filosóficos sobre la bondad natural del hombre … , bla, bla, bla”, abro el libraco -de unas mil páginas- paso del prólogo y voy directa a esas “Confesiones” de Rousseau, que comienza en su infancia. Llevo unas diez páginas del libro y después de avisar de que tratará de ser sincero en sus confesiones, suelta una tremenda campanada que llama poderosamente mi atención:

De igual modo que M. Lambercier sentía por nosotros el cariño de una madre, también tenía su autoridad, y la llevaba a veces hasta el punto de infligirnos el castigo de los niños cuando lo habíamos merecido… , ese castigo me encariñó todavía más con quien me lo había impuesto … porque en el dolor y en la vergüenza misma había encontrado yo una mezcla de sensualidad…  ¿quién creería que ese castigo de chiquillo recibido por mano de una mujer  fue lo que determinó mis gustos, mis deseos, mis pasiones, para el resto de mi vida?

Pero, ¿qué es esto que nos cuenta Jean-Jaques Rousseau?  ¡su placer sensual pasa por ser cacheteado! Dios santo, nunca lo hubiera imaginado, ¿cómo es que no enseñan estas cosas en las clases de filosofía? me revuelvo en la silla, me acuerdo de vosotros: “¡Espera que se lo cuente a los tertulianos de Erotómana!”, levanto la vista del libro para frotarme los ojos por si lo que leo son alucinaciones y allí me encuentro al profe, dudando sobre dónde ha de sentarse, le saludo con una sonrisa pero no le doy pie a acompañarme, en este momento lo que leo me ha enganchado muchísimo y no deseo interrupciones. Sigo mi lectura:
…
En lugar de desvanecerse, mi antiguo gusto de niño se unió de tal modo butt227al otro que nunca pude apartarlo de los deseos que mis sentidos encendían … Así he pasado mi vida codiciando y callándome junto a las personas que más he querido. Al no atreverme nunca a declarar mi afición, la alimentaba al menos con relaciones que me permitían mantener su idea. Estar a los pies de una amada imperiosa, obedecer sus órdenes y tener que pedirle perdón eran para mí goces dulcísimos … por tanto, he poseído muy poco, aunque no he dejado de gozar mucho a mi manera, es decir, con la imaginación.

Flipo.  Recordad que sigo hablando del influyente filósofo suizo, escritor de libros tales como “El Contrato Social” o “El Discurso sobre la Desigualdad de los Hombres”. Qué valiente ¿no? Bravo por él, después de toda su vida silenciando su placer, va y lo canta a los cuatro vientos para la posteridad ¡me conmueve tanto que haya limitado su goce a su imaginación!…

Leyendo tamañas intimidades de Rousseau, me he olvidado de mi entorno, de repente recuerdo al tipo que me ha recomendado el libro, lo busco con la mirada,  ¡Oooh! Se ha ido. Lástima, me hubiera encantado agradecerle enfáticamente su recomendación. Rousseau me ha dejado meditabunda: ¿por qué resultan tan excitantes las nalgadas? ¿por qué se une tan alegremente el deseo a esa forma de sumisión en el caso de los azotados, a ese modo de dominación en el caso de los azotadores? Me dirijo a la caja, dispuesta a comprarme el libro, y cuando voy a pagar me dice la cajera:

- El chico que acaba de salir me ha dicho que si usted compraba “Las confesiones”, que le diera esto, la cajera me ofrecía un paquete con papel de su propia casa, es decir, el envoltorio de libro.

.

. Continuación: El vicio Ingles

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27

Donde menos se espera, salta la liebre (El gusto por la nalgada I)

Publicado por Susana Moo
8 marzo, 2010

La anécdota que os voy a narrar no es, posiblemente, tan espectacular como pueden llegar a serlo mis cuentos. Pero es que en este caso me ceñiré a los acontecimientos tal y como sucedieron y no le añadiré azúcar a la historia, de por sí un tanto extraña. Os cuento.
Cuando dispongo de unas horitas libres, me chifla ir a una librería grande, de esas con cafetería incorporada, a pasar el tiempo buscando y rebuscando lecturas de mi interés. Como la sección (mini) de libros eróticos ya la tengo más trillada que qué, el día de marras me fuí a la sección de filosofía. Allí, entre montones de tochos infumables, merodeaba un tipo. Tras echarle una rápida visual por el rabillo del ojo, me hice idea de su perfil: típico profe de instituto, estilo progre, que casaría como anillo al dedo dando clases de filosofía o de historia, con sus gafitas y la barba recortada, el bolso cruzado y la figura del que pasa mucho tiempo ejercitando exclusivamente los músculos del cerebro.
El filósofo tenía muchas papeletas para resultar un plasta en toda regla, pero ¿quién sabe? A veces con alguno de estos intelectuales te mondas de la risa. Desde luego, a razón de los manuales que ojeaba con concentración numismática debía ser listísimo, y eso puntúa.
Sin embargo, el profe empollón perdió esa concentración sesuda cuando, como quien no quiere la cosa,  buscando libros allí justo donde los buscaba él, me acercaba a su cuerpo un poquito más de la cuenta, un pelín más pegada de lo que marca el protocolo, con la intención de poner en la palestra -una vez más- mi capacidad de seducción y cerciorarme de que permanece activa y de que funciona como un reloj. Funcionaba a buena fe y ya me animé:
-¿Me recomiendas uno?, le dije sin pensarlo demasiado.
Casi se asusta el pobre, y tartamudeó un poco.
- ¿Uno? Pero ¿qué buscas?
Le sonreí y me tomé mi tiempo para contestar.
- No sé …, uno que hable de la vida con sencillez (no era plan explicarle que me gustaría encontrar un texto que trate la cosa sexual desde alguna visión filosófica sorprendente).
Paseó su vista por los estantes y fue derecho a uno:

- ¿Conoces “Las Confesiones” de Rousseau?

- No… ¡con ese título tiene buena pinta! voy a echarle un ojo en la cafetería antes de decidirme  a comprarlo. Gracias.
- De nada.

"Hot model" jugando al pin-pon con Henry Miller

"Hot model" jugando al pin-pon con Henry Miller

Me di la vuelta con la seguridad de que el filósofo escrutaba mi retaguardia – con concentración numismática- y me aposté a mí misma que antes de diez minutos él estaría acompañándome en el café (¡Cuánta vanidad!).

……………….

.

.

.

.

……………….

Os preguntareis qué diantres tiene que ver esto con la flagelomanía, esperad y vereis. Si hay algún listo (o lista) por ahí que se haya dado cuenta de por donde voy a ir, que me haga un guiño y se esté calladito, no me vaya a destripar el cuento.

.

Continua con Las Confesiones de Rousseau

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