Victor va a por Laura II
Víctor llega a la casa de Laura jadeante y no se amilana cuando no le abren el portal, espera a que entre un vecino y sube las escaleras -cuatro pisos- saltándolas de dos en dos. Llama al timbre una vez, dos, tres, cuatro hasta que por fin escucha un hilito de voz como procedente del más allá:
- ¿Quién es?
- Soy yo, Víctor.
Un largo silencio sigue a su respuesta.
- ¡Abre!, dice casi en un grito, tan ansioso está.
Entonces ella, que lleva la larga melena suelta y sueltos también sus pechos debajo de la fina tela del pijama, asoma por la rendija de la puerta.
- Hola
- ¿Estabas durmiendo?
- Ahá
- Vine porque a tu alumno, el viejo, le ha dado un infarto en el café. ¿Puedo pasar?
- Ajá
Víctor entra y percibe el olor a guarida femenina, el perfume dulce de la doncella recién levantada que, insegura, se aleja de su inesperado visitante todo cuanto le es posible y permanece ahí, estática, preciosa como una estatua de mármol, pero llena de vida, el rostro sonrosado, las axilas exudando.
- Se desmayó en Crisol.
- ¿Quién?
- El viejo.
- Ah.
El silencio embarazoso impera. Víctor se siente de repente confuso. Está acostumbrado a que cuando llega a la casa de una mujer se le trate con todas las cortesías y amabilidades.
- ¿Estás enferma?
- Sí, un poco.
En este momento Laura nota como una gruesa gota de líquido espeso se desliza por la boca de su vientre, instintivamente aprieta una pierna contra la otra. Se le ocurre que le ha venido la regla, recuerda que debajo del pijama no lleva bragas, y que el pijama es blanco y que se le va a traspasar el rojo de la sangre. Casi entra en estado de pánico. Su corazón palpita apresurado y sus mejillas arden.
- Lo siento, no me encuentro bien, dice y se esconde tras la puerta de entrada, -que ninguno de los dos ha cerrado- en una clara invitación para que se vaya, así lo interpreta el mecánico, pero aun titubea.
- ¿Puedo hacer algo por ti?
- No, no, gracias.
- ¿Te voy a la farmacia?
- No, no, gracias.
- ¿Quieres que vayamos juntos mañana a visitar al viejo al hospital?
- … vale…
- ¿Te recojo a las ocho en la academia?
- Sí, sí.
Laura percibe de nuevo que un fluido caliente resbala por los labios de su vulva y se pierde entre los recovecos de la piel, entre el vello ensortijado, llegando a humedecer, esta vez, hasta sus ingles. Se siente empapada y casi empuja a Víctor con la puerta.
- Adiós y gracias.
- Chao…
Laura corre al baño, se baja los pantalones y se sienta en la taza. Se mira: está limpia. Con papel repasa su sexo, no hay atisbo de sangre ¡no era su menstruación! A Laura no le ha bajado la regla. Lo que la ha empapado es su propio lubricante natural, esa miel que favorece la penetración, el líquido sagrado de aroma indescriptible, la ambrosía del placer. El sabio cuerpo de Laura reacciona de este modo espontáneo a la presencia de Víctor, su ser se licúa, la biología funciona, es su mente la que le niega el placer. Su miedo la aferra a una castidad dañina y enfermiza que, de no cesar, va a volverla loca.
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Este cuento es el número 27 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico
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Hoy tampoco os pido imagen. En vez de eso, os envío a aquel capítulo de Crisol, cuando os presenté a Víctor y me devolvisteis la idea en forma de imágenes:
Victor, picha feliz
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Comentarios
Ay!! Laura, Laura. No se debe ir en contra de la naturaleza y de uno mismo…
Pitima, como nos hace desear Susana, verdad??
Besos.
pitima, esto es como aquello de las telenovelas que nunca pasaba nada, pero siempre parecía que íba a pasar! jajaja
qué desperdicio de fluídos
Sintoo moito “lauras”; peeero esta Laura está sendo tremendamente real (así nos desconcertades as chicas). Ela ten moitos temores e inseguridades e a autora está disfrutando como unha enana con este xogo de vai-non-vai. Por devecernos que non quede.
Tamén cando consumen…o niño de Laura vai semellar un panal!!
E volverá por máis, eso esperamos tod@s; non Pitima?.
Biquiños melosos
Está perdida, non ten que facer se as hormonas se lle amotinan como se mostra no texto tan magnificamente. Tanto é así que até eu mesmo fiquei preso ao relato e con ganas de enchouparme en tanto mel vulvar como promete a continuación. Siga así.
¡Cuanto tiene que aprender nuestro cerebro de cada rinconcito de nuestro cuerpo¡ Se cree muy listo pero apenas sabe nada de nada.
Si!!!, eso es lo que hubiera hecho yo, con toda probabilidad, hace diez años, en una situación similar. Seguro, seguro. Así que completamente de acuerdo con Chousa. Cada quién tiene su ritmo y sus traumas.
Ahora, la fortuna para Laura es que su cuerpo se enciende de la forma correcta y sólo tiene que convencerse; cuando la mente está ya convencida y es el cuerpo el que no responde, eso es harina de otro costal.
Efectivamente, Wendy. No lo había pensado, pero tienes toda la razón. Sería mucho más profundo su trauma si fuera el cuerpo el bloqueado. En esa línea está el comentario de carla – el cuerpo manda-, de Kaplan y Andresrodrz -las hormonas dominan-, de Lobato -no se puede ir en contra de la naturaleza-
Lo de darle vueltas y vueltas al encuentro me divierte, sí, como apunta Chousa y a pesar de Pitima. Pero no sé yo si no habrá en mí algo de Laura también y me asusta enfrentarme a la cópula literaria, al clímax del asunto. Y cuantas más vueltas le de, peor, bien sabemos que esos encuentros sexuales tan largamente esperados, tienen mucho peligro de resultar un fiasco finalmente ¡Imaginad las noches de boda esas en la que los novios llevaban esperando años para consumar el acto!
Pues así estamos yo y Laura, temblorosas.
Pero somos valientes.
Como dice Zeltia: ¡aprovechemos nuestros fluídos!
Laura
me siento identificada contigo y tu historia
es la mar de excitante sentir el sexo mojado de nuestros fluidos cuando un chico nos pone como motos
es deliciosooooooo
te quiero Luis
Me siento bastante triste por Laura, porque creo que Victor no le da todo lo que ella pide
no hay mas que ver como se llena de fluidos con su presencia
Mi consejo Victor, sino quieres perderla remata y hazla gozar
porque no para de chorrear sus fluidos por ti
a trabajar Victor o te quedarás mas solo que la una
[...] encoñado, ¡encoñadísimo! por Laura, la preciosa profesora regordeta de naturaleza sensual pero evasiva, jamás satisfecha porque está llenita de traumas, entre ellos el causado por su prima lesbiana, [...]
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Y te parecerá bonito dejarnos así… a medias…
Ya parece esto del Crisol como Luz de Luna… Y mira, Susana, que no ando yo sobrada de paciencia eh… para soportar semejante tensión sexual…
Bueno, a tu ritmo… (hay que joderse…)
Y volveré a por más, claro…