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SusanaMoo

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El viejo va al cielo.

Publicado por SusanaMoo
10 enero, 2010

No deja de sorprender el modo en que la vida teje sus circunstancias. Durante meses, durante años, la rutina llena nuestros días, uno tras otro, todos parecidos, casi iguales. Pero el tiempo pasa lento e inexorable hasta que, de repente, todo cambia y lo que ayer era, ya no es y unas alas de mariposa que aletean provocan un huracán en los sentimientos y ya nada vuelve a ser lo mismo.
Nada volvió a ser lo mismo para Laura, ni para Víctor, ni para Carmen, tampoco para los remeros Kinki e Ismael y mucho menos para el viejo desde la visita de la prima de Laura y la flautista, cuando, presumiendo de sexualidad liberal, removieron la conciencia erótica de los asiduos al café-bar Crisol.
Cuando todos se despidieron para acudir a sus respectivas actividades, el viejo permaneció, ahora taciturno, acodado en la barra, sentado pesadamente en su taburete. Carmen se le acerca y como si pudiera leerle el pensamiento, le susurra:
-A ti ya no se te pone ¿verdad abuelo?, la pregunta, dicha desde los labios femeninos de Carmen es como una lanza para Gonzalo, el viejo. La mira, mira a la camarera como si estuviera muy lejos. Poco a poco sus ojos toman forma de gorriones heridos. En su rostro está la pena del león vencido, la tristeza del oso herido de muerte. El viejo traga saliva.
-No, Carmen, ya no se me pone, dice y acto seguido cae en redondo estrepitosamente al suelo.

Gonzalo, el viejo, despierta en una habitación blanca de hospital y no recuerda qué es lo que le ha sucedido para estar ahí. Se gira y ve una mujer de espaldas con formas de reloj de arena, parece una enfermera vestida con bata blanca, la cintura de avispa que contrasta con las poderosas caderas. Parece atareada ordenando algo en una mesa camilla delante de la ventana por la que entra el sol limpio de invierno. El viejo escucha que canturrea aquel bolero antiguo. Él la mira y la imagen le parece onírica, por un momento se le pasa por la cabeza que quizá esté ya en el cielo. Pero entonces ella se voltea, le mira y sonríe:
-¡Ay que ya se despertó mi viejito! – dice la rubia oxigenada con el dulce acento de las sudamericanas- ha dormido mucho, ¿eh? Soy Alice, su enfermera-  la chica vocaliza chillando un poco, como se les habla a los duros de oído, y le planta un par de besos en la cara.
A Gonzalo se le antoja que es una preciosidad aunque realmente no es para tanto, va exageradamente pintada con su sonrisa perfilada de carmín rosa, los grandes ojos oscuros sombreados de azul mar y pestañas tan negras y largas que parecen abanicos azabache centrando un rostro multicolor. Su batita ajustada deja ver el comienzo del escote. Alice parece una parodia viva de la enfermera típica de la ficción porno y no cede en su charla:
- Le trajeron aquí porque se desmayó usted, el médico dice que no tiene nada, pero que ha de reposar y yo soy la encargada de cuidarle. Un susto que le dio su corazón. Pero no se preocupe, volverá a estar fuerte como un toro, le voy a dar unas sopas de pollo que levantan a los muertos -la chica se persigna-. Después, si quiere, podemos jugar, ¿le gusta el dominó? yo soy loca del dominó, mi papá me enseñó cuando era niña chica. Ha sido usted muy previsor al haber cotizado un buen seguro de enfermedad, ahora me tiene sólo para usted y eso ayuda porque a veces, fíjese, que me tengo que encargar hasta de cinco enfermos y no es lo mismo. Es que la gente no piensa en cuando sea vieja, pero ¡ay! no me ponga esa cara, ya sé que usted no es tan viejo, que luce muy atractivo, que debe ser usted un señor muy interesante. Ya verá en cuanto le de un baño y le afeite. No es porque yo lo diga, pero los viejitos reviven con mis cuidados, lo mío es que es vocacional, desde que me vine a España llevo atendiendo, doce años ya y le puedo decir que tengo las mejores cartas de recomendación, las familias se quedan encantadas y es que hay que tener mano. Yo para otra cosa no, que limpiar casas siempre me ha parecido muy trabajoso, pero atender a señores como usted es como si fuera mi hobby. En esta clínica llevo poco, pero estoy feliz, es fantástica, fíjese, todo tan limpio, mire las cortinas, cada semana se lavan. El doctor es muy serio, muy profesional, muy suyo. Entre usted y yo: un poco sosainas, pero hay que reconocerle que hace bien su trabajo y paga puntualito, que eso es de agradecer. Claro que de mí no puede tener quejas, que me paso aquí todo el día y las noches si hace falta, conmigo sabe que puede contar y que trato a los pacientes como trataría a mi papá. Los enfermos necesitan dulzura y cariño, si es que el que está pachucho quiere amor, no hay más que animarle un poco y resucita, se lo digo yo.
Alice, mientras habla, acaricia maternalmente las sienes de Gonzalo, gesticula y sonríe con hoyitos. Su escote moreno juega al escondite entre los botones de la bata y Gonzalo piensa que a lo mejor tiene unos de esos senos pequeños que aumenta con sujetador de relleno, consiguiendo juntar los dos pechos formando corazón de carne entre ellos. El viejo se encuentra tan a gustito con los mimos de la amable enfermera que, casi inconscientemente, alarga su mano y la introduce entre los botones de la bata con toda naturalidad, con la sana intención de acariciar uno de esos tentadores volúmenes. La reacción de la chica es de gran carcajada:
- Jajaja ¡Mira el viejito! ¡Qué pillín! Nos vamos a llevar muy bien usted y yo, sí sí, muy bien, que a mí no me gustan esos señores ñoños, que había uno que hasta me reñía por enseñar las piernas, y digo yo, lo que se van a comer los gusanos, ¡que lo disfruten los cristianos!, digo, pero no se pase, ¿eh? Que si viene el médico y nos ve así se enfada, que es un señor muy serio, muy de su casa, que tendría que ver a su mujer, que parece una monja y él un obispo como mínimo, que no sé yo como habrán hecho los dos hijos que hicieron. ¡Eh! ¡No se pase! Qué gamberro…

Ahora el viejo ¡bingo! ha podido comprobar que no erró en su pronóstico. Efectivamente, la enfermera las tiene pequeñas, comprimidas en el escote por el sostén de aros y espuma. Satisfecho se autofelicita por su buen ojo, mientras el deshinibido pezón se dispara impetuoso con el contacto de sus dedos.
- ¡Qué tocón es usted! Mire que yo tengo la sangre caliente de las sureñas. Escúcheme con las manitas quietas, que ya sé yo lo que piensan ustedes aquí  de nosotras, las sudaméricanas, pero es que, sin ofender, las españolas son muy desaborías, que parece que hay que hacer una instancia para que abran las piernas, ¡ni que tuvieran la joya de la corona ahí en medio! Y luego piensan mal de una porque disfruta de lo que Dios le dio, porque, digo yo que a Nuestro Señor no debe molestarle que gocemos a ratitos. Y no vaya usted a pensar, que yo soy muy religiosa, voy a misa los domingos y todo, pero no estoy a favor de lo que dice el papa, ¡que es pecado usar preservativos! y luego todos esos africanos muriendo de sida.
El viejo inspecciona ahora los muslos rechonchos de la enfermera, incrédulo de que esté hecha de huesos y carne, se alegra mucho al comprobar que no lleva medias, y se apena un poco al cerciorarse de que sí lleva bragas. Puede cerciorarse a conciencia sin que ella ponga excesiva resistencia, la justa para hacer del juego algo realmente divertido, pero ya cuando llega al fruto pulposo ella se levanta recolocándose la ropa:
- ¡Stop caballero!, que es usted un sinvergüenzón, que debió ser usted terrible con las mujeres, ¿eh? ¿Ha roto muchos corazones? Mire que a mí ya me lo han partido unas cuantas veces, y ya me conozco el percal de los hombres, que vais todos a lo que vais y luego si te he visto no me acuerdo. Ahora va a ser usted buenecito, le voy a preparar un baño con mucha espuma y le voy a enjabonar bien esa espalda para que cuando venga el doctor le encuentre bien limpito, y usted chitón ¿eh? No le vaya a contar que me ha tocado las piernas que es muy remilgado para estas cosas.
- No se preocupe, Alice, soy una tumba.

…………………………………….

Este cuento es el número 22 de la colección de relatos hilados Crisol púbico

……………………………………….

Os invito a envíame alguna imagen, música o enlace que enriquezca este texto para que este juego erotómano sea más divertido.

Podeis hacérmelo llegar a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com

Mira las que me envían:

Pitima nos envía dos imágenes, la una son las fantasías de una enfermera, la otra la ¿realidad? de unos donantes de semen en Japón:

Anónima Vil me propuso esta imagen titulada “El gran impotente”, cogida de aquí, dice que es mi criterio colgarla o no, porque puede herir sensibilidades ¿las hiere?:

Wendy dice que el viejo tiene algo de dios Pan, sátiro él, y la enfermera algo de Afrodita. Así pues, aporta una versión griega del tema que nos ocupa:

Tiberio ha encontrado una enfermera que resulta bastane acorde con la descripción:

Raquel ha encontrado una bella escultura del éxtasis de Santa Teresa:

El éxtasis de Santa Teresa, de Bernini

El éxtasis de Santa Teresa, de Bernini

Y un par de enfermeras, una profesión que evoca fantasías, sin duda:

Y además pone música al episodio: “Night Nurse”, de Gregory Isaacs .

Tiberio ha encontrado una web de agüeletes erectos, y nos quedamos con ésta:

Owomo envía una enfermera de grafiti, visión posmoderna que combina con la “virtualidad” del contexto. La ha encontrado aquí.

Missexitos aporta un ejemplo vintage de enfermera en éxtasis, que ha encontrado aquí:

El viejo se ve llevando al éxtasis a la enfermera

El viejo se ve llevando al éxtasis a la enfermera

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Tags: literatura erotica, novela erótica, relato erotico
Crisol Púbico. Novela erótica en capítulos

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Comentarios
Comentario by adorador el enero 10, 2010 @ 3:49 am

¡¡Jajaja!! Buena entrada. Pero a tu viejo, amiga, le falta un punto para llegar al cielo, porque al final siempre le cortan, aunque al principio le hayan dejado. Más bien diría yo que está en el limbo y que aun ha de purgar algunos pecados.

La vejez es dura, y por supuesto mucho en lo que respecta a la sexualidad. Por lo menos en el caso de aquellas personas que mantienen su deseo, sin disponer por el contrario de medio alguno para satisfacerlo. Algo de esto has reflejado aquí.

Un beso.

Comentario by tauri el enero 10, 2010 @ 1:35 pm

como ha dicho adorador al viejo le falta ese punto en el que la mayoria de las mujeres no hacen parar y “desesperar” porque se para y parece que no hay más allá. Podría parecer vulgar, no realmente erótico, o como lo quieran llamar; pero creo que el relato del viejito debería tener una continuidad en ese baño…que disfrutara (aunque fuera por ultima vez en su vida) con esa enfermera, que ella se lo levantara y lo hiciera llegar de verdad al cielo, creo que se lo merece despues de la vida tan arrastrada que ha llevado. Se que la vida no es así, que es como la cuentas y el viejo se morirá sin haber probado cacho, mas… ¿no te gustaría que tu viejito disfrutara y terminara con una sonrisa clara y luminosa con un toque de felicidad?
Saludos desde Tauri donde se te sigue con ternura y, por que no, con lujuria sana sin llegar a glotonería…

Comentario by Susana Moo el enero 10, 2010 @ 2:32 pm

Tauri y adorador: ¿acaso el viejo no está disfrutando ya mismo? ¿Acaso el placer exite sólo con la posibilidad de meter?
No lo dudeis, a mi viejito le esperan las más deliciosas ambrosías.

Comentario by Tiberio el enero 10, 2010 @ 7:01 pm

Me habías dejado acojonado por el título.Menos mal que parece un introito para Alicia este defonde de Gonzalo,el de inconstante falo, para añadir más lío al asunto que nos ocupa.
lo que te digo, el Crisol de los líos.
¿Un poco cabrona Carmen,no?.Me la leía más comedida y prudente.
¿No podía ser, Alicia, de guayabas un poco más exhuberantes?, lo digo por lo de localizar fotos…

“¿Acaso el placer existe sólo con la posibilidad de meter?”, el placer no está en meter está en seducir, lo demás…la guarnición.

Comentario by Chousa da Alcandra el enero 10, 2010 @ 8:40 pm

Está ben clariño que o vello flota nun ensoño límbico. Na taberna recoñecía que non se lle levantaba e agora, coa simple visión da enfermeira, xa se pon a tono. Efectivamente iso en sí mesmo xa é pracer. Pouco importa se son grandes ou leva push up con recheo…; o importante é que son, e quen as porta parece que o incita.
Ese xogo seductor, xunto coa promesa da autora de que probará deliciosas ambrosías, promete moitísimo.

Comentario by Susana Moo el enero 10, 2010 @ 9:05 pm

Efectivamente Tiberio, Carmen ha metido la pata a fondo. La intención de ella no era más que entablar un diálogo de esos íntimos, confesional, pero la cosa de le salió de madre. Ya veremos cómo expía su culpa, ya veremos.

Y sí, Chousa, poco debería importar si son grandes o viste “push up”, sin embargo parece que no es fácil encontrar una enfermera planita en la red, aquí (a diferencia de en el real world), parece que impera la monotalla global.

Comentario by Raquel el enero 10, 2010 @ 9:21 pm

Buenas tardes.La pantalla de mi portátil se ha empañado con el aliento de la persona que lee a mi lado esta entrada. Estaba algo apático, pero creo que ya tiene algo más de motivación para esta noche. No hay como un buen relato para encender la libido. Desde mi punto de vista, a veces gozamos más con las fantasías que no siempre llegan a cumplirse que con la cruda realidad. Que el viejo no pueda hacer determinadas cosas no es impedimento para que sienta deseo o ganas de gozar. El cerebro es el órgano sexual por excelencia.

Comentario by Wendy el enero 11, 2010 @ 4:41 pm

De acuerdo con los que dicen que es un placer también el camino; no por no “meter” el viejo no disfruta de palpar aquí y allá, de imaginarse lo que será o dejará de ser, y de sentirse pero que muy vivo. Si yo lo hago, cuánto más él.

Y, en mi opinión, lo de Carmen fue un trapiés, el no saber distinguir hasta dónde se puede llegar en la intimidad sobre algo que avergüenza o hace daño a otro. Por lo menos no parece que lo haya hecho con maldad,…

Pero si así fuera, debería pagarlo y mucho, todo lo que en la vida real la gente maliciosa para con uno no paga, aprovechando que estos relatos tienen un cuanto de onanismo onírico.

Comentario by Carla el enero 11, 2010 @ 11:58 pm

No se si Carmen ha metido la pata hasta el fondo, o si ha conseguido con su varita mágica y pronunciando una sola frase diagnosticar la causa de todos los males del viejo, y además proporcionarle un tratamiento intensivo que seguro termina en curación, con la inestimable ayuda de la hada madrina y enfermera Alice.

Carla
http://www.lasbolaschinas.com

Comentario by Tiberio el enero 12, 2010 @ 12:27 am

Supongo que los que disponemos de dotación estandar no nos sentimos heridos por la alegoría enviada por Anonima Vil.Los superdotados sí habrían de precaver este extremo,pues si además del bastón, se precisan horquillas (horquetas), para los menesteres de la micción , apañados vamos. Eso o te la enrollas en la mano.

Comentario by Fernando Lobato el enero 12, 2010 @ 1:51 am

Con una enfermera tan dispuesta, casi dan ganas de ponerse enfermo… jajajajja.

Qué gusto volver a leerte, Susana!!

Tampoco me siento herido por la foto de Anónima Vil, me parece muy divertida.

Besos.

Comentario by Pitima el enero 12, 2010 @ 11:51 am

La buena samaritana..
Yo sé de algunas que se ofenderían al leer tu relato. Trabajo con muchas enfermeras, y… ¿sabes qué?, la profesión se está llenando de hombres… Y los médicos, cada vez hay más médicas!! Antes sonaba tan mal lo de médicas y ahora… son mayoría!! Y celadoras. En nuestro PAC de urgencias hay noches que sólo hay hembras para atender a los más necesitados… jajaja
Y sí, yo pecadora me confieso, de pensamiento principalmente, el que me ha suscitado algún enfermero encantador…
Y fíjate que sí te digo que que algunas enfermeras se ofenderían al leer tu relato no creo que fuese por atender tan generosamente a un viejo necesitado, si no porque su jefe sea un médico!! Todavía hay mucha gente que piensa que los enfermer@s son los asistentes-secretarios de los médicos… jaja ¡Eso les ofende mucho!
Tampoco les gusta que les llamen Practicantes, que es como que los degradan…
Una profesión apasionante y dura…
Creo que tengo alguna foto que puede servir… Sí! Te las mando!
Y alguna anécdota también. Se me ocurre que tu relato se podría desarrollar y complicar mucho más, con más elementos… hasta una novela!! Una historia de amor y sexo inconfesables!!
Me ha gustado Susana.
Y me ha encantado el dibujo de Zardoyas, y todos los que encontré en la web de él. No sólo no hiere mi sensibilidad, ¡me parece genial!. Gracias a Anónima Vil por descubrirme a este cubano talentoso!!

Comentario by Wendy el enero 12, 2010 @ 1:08 pm

A mi, la foto de Anonima no me hiere en mi sensibilidad, lo que me suscita son pensamientos de ingenios diversos para andar con eso por la vida, en la línea de Tiberio…¿poleas, un eje para enrrollarla, bufanda en invierno…?.

Comentario by uno el enero 12, 2010 @ 2:21 pm

Hola Erotómana:
Pareces buena, sensual, generosa e inteligente,
Uno duda ante tanta cualidad, acostumbrado a la ambigüedad de internet. Precisamente esa faceta es la que más interés despierta.
No he mandado nada hasta ahora porque me anonada lo que recibes.
Grandes seguidoras/es, autora, colaboradoras/es:
“ante vuestros pies me postro, no sólo para besarlos…”

Que vuestra generosidad sea tan obscena como nuestra consciencia pueda disfrutar:

ahí va esta enfermera sugerente, aunque marcada…
http://www.popularpages.net/pics/nurse-porn_4_3682_si.jpg

Comentario by Mikel el enero 12, 2010 @ 2:37 pm

Si todos los hombres van a lo que van, me pregunto a que van las mujeres????

Comentario by Audrey y Terry el enero 12, 2010 @ 9:12 pm

http://2.bp.blogspot.com/_dYJWDei9Sg8/SzQGeq3lNwI/AAAAAAAAARg/c7XuRKwgY_8/s1600-h/hjmfh.jpg
enfermeras para mi marido,que es muuuuy malo
pd:puedes publicar la foto si lo deseas…igual q te deseamos a ti!

Comentario by Susana Moo el enero 12, 2010 @ 11:47 pm

Gracias Uno por animarte y por todos esos piropos. Los defectos me los escondo todo lo que puedo, pero haberlos, hailos, como bien sospechas.
Y sí, hay nivelillo aquí, la flor y nata de la erotomanía, (me gusta creer). Tú sin duda das la talla, me encantó eso de: “Que vuestra generosidad sea tan obscena como nuestra consciencia pueda disfrutar”.

Sin embargo, el enlace que envías me lleva a una web pero no a una imagen en concreto…

HIPER agradecida a los y las participantes, me encantan especialmente las imágenes enviadas por Missexitos, la de Pitima (la que ilustra el día a día de las enfermeras japonesas), la enfermera de ojos negros de Tiberio (¡Te curraste la búsqueda, ¿eh?) y la variedad de Raquel. Monísimos los piés de las enfermeras del afortunado esposo de Audrey, divertidas las reflexiones de Wendy, Lobato, Mikel y Carla (Carla: chica, eres un verdadero reclamo para tu producto, ¡tan elocuente siempre, con tus bolas ¿insertadas?).

Bicos pa-tós.

Comentario by Diego el enero 13, 2010 @ 12:45 am

Gran manera de iniciar el año. ¡Yo pido ser el viejo!

Comentario by Zeltia el enero 13, 2010 @ 2:06 am

las personas de edad avanzada, es lo que tenemos, que se nos permite toquetear aquí y allá, sin problemas.

en otro orden de cosas, a mi en un hospital, con todas esas ondas de dolor y de sufrimiento traspasando las paredes y los pasillos, no me pone ni médico, ni enfermero ni camillero, che.
otra cosa sería una consulta privada…

Comentario by Wendy el enero 13, 2010 @ 11:14 am

Puede que, cuando contabas con irte al otro barrio, volver a la vida te aporte unas energías inusitadas y una urgencia por respirar/beber/hacer/tocar lo que se creía perdido. Eso incluye, probablemente, erotizarse como un loco, porque pocas cosas hay con las que uno se sienta tan vivo.

Comentario by Zeltia el enero 14, 2010 @ 6:46 pm

wendy, si.

Pingback by Hombre de una sola mujer. el febrero 7, 2010 @ 6:17 pm

[...] La enfermera que cuida al viejo es de temperamento naturalmente cariñoso, de biología apasionada, desprejuiciada por educación y liberal por costumbre. Su modo de relacionarse es seduciendo a diestro y siniestro pero no tiene demasiada suerte en sus intentos porque en esta sociedad nuestra, una mujer que expone su sexualidad libremente con frecuencia asusta, a veces incluso espanta. [...]

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[...] Gonzalo se ha convertido pues, en un viejo verde que babea por Laura hasta que un día le da un pallá y la suerte entra en su vida de golpe con la presencia de Alice, la enfermera más cariñosa del [...]

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