Archivo de 20 enero, 2010
Mrs. Robinson
A consecuencia del escándalo causado por la política puritana Mrs. Robinson (primera dama del Ulster, que hizo amante suyo a un joven cuarenta años menor y que, además, le montó un bar en Belfast con fondos públicos) he vuelto a ver la película “El Graduado”, film del 67 donde la protagonista es, curiosamente, otra Mrs. Robinson, también madura y también casada, que seduce a un jovencito.
¡Cuánto he disfrutado con ambas historias! En relación a la irlandesa me

Iris Robinson con su esposo.
alegro muchísimo de que se haya destapado su pastel. Entendedme: siento cierta compasión por la beata mujer, que debió pasarlo fatal reconcomiéndose en las contradicciones de un cuerpo folclórico y una fe represora. Pero al mismo tiempo, le tengo bastante tirria a lo que representaba: abanderada de un moralismo victoriano, de esas que se les llena el pecho de razón apelando a un dios mezquino y ostentando como símbolo de toda razón una inmensa cruz de oro entre los senos, que pareciera les otorga potestad para censurar la alegre sexualidad ajena -Mrs. Robinson es, o era, homofóbica y se permitió criticar a Hilary Clinton por perdonarle a su esposo el desliz con la Levinsky-.

Anne Bancroft interpretando a Mrs. Robinson
De “El Graduado” me encantó la primera parte donde un inexperto “chico bien” norteamericano – interpretado por un jovencísimo Dustin Hofman- es seducido por una experta mujer, amiga de sus padres -Anne Bancroft-.
Son muchas las secuencias eróticas en “El Graduado” sin que se vea, ni de lejos, sexo explícito, con hermosos enfoques del joven en la piscina, pero sobre todo de la señora luciendo lencería refinada, y piernas con medias de liga que se viste y desviste con sensulidad exquisita. Sin embargo resulta un poco trasnochado que en cuanto se va a producir el encuentro íntimo, muy castamente el chico apaga la luz, a pesar de la relación meramente sexual entre ambos.
Ya el desarrollo de la historia pierde a mis ojos porque el amorío termina en debacle, como era de esperar en una película holliwodiense, donde los amores fuera del matrimonio reciben, de una u otra manera, un castigo ejemplar.
Así que a las dos Mrs. Robinson les sale el tiro por la culata y pagan un elevado precio de deshonor – y escarnio público- por la debilidad de su carne. Pero no creo que siempre deba suceder así, estoy convencida de que hay encuentros de este tipo a porrillo y que la mayoría son relaciones dulces y sanas donde ambos participantes salen favorecidos y fortalecidos. Eso, al menos, es lo que me gusta pensar.
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Hace un tiempo escribí un cuento recreándome en una situación similar:
Cana al aire, pelillos a la mar.
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