Archivo de enero, 2010
Presentación de la trilogía “ Infidelidad moderada”

JFK infiel con Monroe
Para esta semana he preparado un artículo en tres partes que quiero colgar la una seguidita de la otra.
Su título es “Infidelidad moderada” y el programa:
- I. Porqué es preferible un casado: explicaré las ventajas de los hombres en este estado civil.
- II. Un casado en cama ajena: narraré una experiencia práctica.
- III. Posibles desarreglos sexuales de los casados infieles: causas.
Empezaré mi ponencia mañana, lunes 1 de febrero y continuaré en los siguientes dias alternos.
Cómo se lo monta la prima
La flautista fue una niña mal criada que abandonó el hogar familiar en cuanto cumplió la mayoría, decidida a no heredar la carnicería de papá, destino que le venía impuesto tras siete generaciones de maestros en cortar la carne. Ahora es ovo-lacteo-vegetariana, lesbiana y un poco masoquista, pero eso no lo sospechó nadie en Crisol salvo Carmen, que se percató de la relación dominatrix que tiene la prima para con su novia, pero le importa un bledo, lo único que le fastidia de todo este asunto es la cara de tonto que se le ha puesto a su ex desde el encuentro ¡ahora que había comenzado a estar tan centrado! El muy anormal babea de nuevo por la de labios de muñeca hinchable.
A la prima de Laura le gustó la flautista en cuanto la vio, y ya decidió no perderla cuando comprobó hasta que punto se abandona dócilmente a los placeres sensuales, hasta que punto su sexo es una balsa de aceite, permanentemente lúbrico, lúdico para el amor.
Cuando la relación estaba mínimamente consolidada, la prima decidió que ambas debían sacar partido de esos quehaceres íntimos que les salen tan bien. Diligente, se buscó un piso luminoso y espacioso en pleno centro de Madrid que amuebló de tal modo como para que la distribución diera juego a un negocio que tenía en mente y que ahora resulta ser boyante. Desde el porche de entrada- todo en variedad de verdes- se accede al salón – en diferentes naranjas ocres- por una puerta central. En esa estancia ha enfrentado divanes a un lado, junto al piano de pared, y al otro, delante de la galería, un ambiente más informal con cojines enormes en el suelo. Es un salón femenino con diseño barato en general, pero con alguna pieza exclusiva, como el tapiz oriental con motivo erótico que preside la estancia.
Desde el mismo porche se accede por una puerta corredera -muy bien disimulada al estar pintada del mismo verde lima que la pared- a un habitáculo que podría ser un cuarto de las escobas pero que la artista ha convertido en una salita coqueta que, pese a ser diminuta no lo parece, al disponer de un cristal transparente que ocupa toda una pared y que da al salón. Esa transparencia amplía la perspectiva. Supongo que no es necesario que os explique cuáles eran los planes de la emprendedora cuando decoró su casa, ya que ese cristal es como los de comisaría: en el salón lo que se ve es un espejo opaco, con dos hermosas plantas a cada lado.
La empresaria se lo monta cojonudamente: tiene colgado un anuncio en una página exclusiva dedicada al placer de mirar en la que se explaya en las gracias del placer voyeur individualizado y sibarita, contrastándolo con la vulgaridad de las cabinas donde se ha de compartir el momento con más ojos. No le faltan clientes, tiene una cartera magnífica, no tan amplia como fiel y lo que es todavía mejor: generosamente solvente. Con alguno de esos clientes ha conseguido crear una relación muy satisfactoria para ambas partes, chatea con ellos para delimitar fantasías, prácticas más o menos originales que luego las amantes tratan de llevar a cabo con la mayor fidelidad posible: “me gustaría veros haciendo la liana”, “quisiera ver en acción al dildo polifálico monitorizado“…
La flautista y la prima hacen un buen trabajo para los señores y los caballeros miran desde la elegante habitación de las escobas. La verdad es que son buenas: lo hacen exactamente igual que cuando están a solas, tienen sus orgasmos reales y se ganan un pico con cada actuación.
A veces, sólo a veces, invitan a un inocente- desconocedor de que va a ser observado por una cuarta persona- y entonces el precio sube porque la puesta en escena es más costosa en tiempo y organización. Incluso algún asiduo se toma el lujo de buscar personalmente al chico al que quiere ver interactuar con ellas: “ligáos a éste”. Como para las dos mujeres está bastante chupado llevarse a un pollo al huerto, lo llevan, se lo benefician y el paganini del cuarto oscuro la goza a su visual manera y queda encantado de la vida, al igual que el maromo invitado, que suele pasarlo rebomba.
El caso es que la maliciosa prima, cuando vió la cara de amor eterno del ex de Carmen para con su novia se dijo que era una víctima fantástica, que a algún cliente retorcido y morboso le encantaría presenciar cómo las dos chicas se burlan del enamorado galán.
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Este cuento es el número 24 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico
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Os invito a envíame alguna imagen, música o enlace que enriquezca este texto para que este juego erotómano sea más divertido. Podeis hacérmelo llegar a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com
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Un entorno exquisito… ¿ayuda?
Para sexo clandestino nada mejor que los moteles, lugares que, como su nombre indica -motor+hotel-, son un conjunto de habitaciones a las que se accede directamente desde un garaje individual. No hay que sufrir el engorro de dar la cara en recepción: una barrera y una señorita en el interfono hacen la función. La puerta del garaje, por el que se accede a la habitación, se cierra nada más meter el coche y ya: ¡solitos! a salvo en este micro mundo.
Los hay cutres pero, desde luego, son preferibles aquellos otros que derrochan lujo. ¿Qué amantes furtivos se encuentran en tales lugares? A razón del ajetreado abrir y cerrar de barrera deben pasar por ahí muchos camaradas de parejas imposibles: la secretaria bollicao con el socio guapetón del jefe, el mandamás barrigudo con el botones del hotelazo, la abogada seriota con el agente de prensa parlanchín, la del segundo con el del quinto, el paparazzi con la famosa, la feminista de con el jovencito corpulento y la jovencita corpulenta con el señor obispo. También la respetable parejita que acude para celebrar románticamente sus bodas de oro, con su cava y su viagra. Y los novios casaderos sin casa -pero con coche-, y el gigoló sacacuartos y la prostituta que se autodenomina “scort”. La imaginación surfea por esas alfombras, colchas y espejos: la decoración del lugar en función de las prioridades de los inquilinos. La cama ¡enorme! -perfectamente vestida- domina la estancia y es centro de todo interés, protagonista será de las actividades que allí se desarrollan.
Hay una característica crucial: es sumamente importante precibir que en este lugar ha habido muchas personas desnudas, sudorosas, exhumando líquidos y aromas, pero que no exista el mínimo vestigio de esos fluídos. La moqueta del suelo ha de lucir pulcra y mullida, las sábanas almidonadas, las colchas con olor a suavizante y los baños a prueba del maniático del algodón.
Y después ya las mariconadas que por muy supérfluas que parezcan, gustan: posibilidad de graduar la temperatura, bombones en la mesilla, que te ofrezcan champán con uvas al llegar, y que vengan con su hielo y sus copas de cristal fino, los preservativos -en abundancia- en la badejita del baño, acompañando a los mini-jabones de aroma rico y el cepillito limpia calzado, que aunque no es probable que a alguien se le ocurra ponerse a sacar brillo a los zapatos, nunca se sabe, a veces los fetichistas son muy excéntricos en este sentido. Por supuesto, hilo musical, luz gradual -en diferentes puntos, para poder elegir- y una bañera enorme que usaremos recostados frente a frente con las piernas entrelazadas, con la copa de champán en los bordes y… ¡a vivir que son tres días!

Honoré V Daumier (A falta de pan, buenas son tortas)
Mis dos lenguas eróticas
El periódico digital Certo traduce al castellano cada viernes uno de los relatos míos que tiene allí publicados en gallego.
Esta semana han traducido “A tía Casiana” y me he reido con él aunque la verdad es que me gusta el cuento mucho más en gallego. Me sucede con todos, que, si los he pensado en gallego, al traducirlos me parece que pierden guiños y expresiones muy de aquí. La lengua gallega es una lengua muy cachonda en ambos sentidos. En este caso me hizo gracia la traducción, os los enlazo en ambas lenguas, pero los que entendais gallego mejor que lo leais en versión original.
Aquí los dos enlaces:
En galego: A tía Casiana
En castellano: La tía Casiana
Mrs. Robinson
A consecuencia del escándalo causado por la política puritana Mrs. Robinson (primera dama del Ulster, que hizo amante suyo a un joven cuarenta años menor y que, además, le montó un bar en Belfast con fondos públicos) he vuelto a ver la película “El Graduado”, film del 67 donde la protagonista es, curiosamente, otra Mrs. Robinson, también madura y también casada, que seduce a un jovencito.
¡Cuánto he disfrutado con ambas historias! En relación a la irlandesa me

Iris Robinson con su esposo.
alegro muchísimo de que se haya destapado su pastel. Entendedme: siento cierta compasión por la beata mujer, que debió pasarlo fatal reconcomiéndose en las contradicciones de un cuerpo folclórico y una fe represora. Pero al mismo tiempo, le tengo bastante tirria a lo que representaba: abanderada de un moralismo victoriano, de esas que se les llena el pecho de razón apelando a un dios mezquino y ostentando como símbolo de toda razón una inmensa cruz de oro entre los senos, que pareciera les otorga potestad para censurar la alegre sexualidad ajena -Mrs. Robinson es, o era, homofóbica y se permitió criticar a Hilary Clinton por perdonarle a su esposo el desliz con la Levinsky-.

Anne Bancroft interpretando a Mrs. Robinson
De “El Graduado” me encantó la primera parte donde un inexperto “chico bien” norteamericano – interpretado por un jovencísimo Dustin Hofman- es seducido por una experta mujer, amiga de sus padres -Anne Bancroft-.
Son muchas las secuencias eróticas en “El Graduado” sin que se vea, ni de lejos, sexo explícito, con hermosos enfoques del joven en la piscina, pero sobre todo de la señora luciendo lencería refinada, y piernas con medias de liga que se viste y desviste con sensulidad exquisita. Sin embargo resulta un poco trasnochado que en cuanto se va a producir el encuentro íntimo, muy castamente el chico apaga la luz, a pesar de la relación meramente sexual entre ambos.
Ya el desarrollo de la historia pierde a mis ojos porque el amorío termina en debacle, como era de esperar en una película holliwodiense, donde los amores fuera del matrimonio reciben, de una u otra manera, un castigo ejemplar.
Así que a las dos Mrs. Robinson les sale el tiro por la culata y pagan un elevado precio de deshonor – y escarnio público- por la debilidad de su carne. Pero no creo que siempre deba suceder así, estoy convencida de que hay encuentros de este tipo a porrillo y que la mayoría son relaciones dulces y sanas donde ambos participantes salen favorecidos y fortalecidos. Eso, al menos, es lo que me gusta pensar.
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Hace un tiempo escribí un cuento recreándome en una situación similar:
Cana al aire, pelillos a la mar.
Víctor encoñado.
Cuando Víctor sale del café Crisol, después del espectáculo de las lesbianas, está que arde de cintura para abajo y que hierve de cintura para arriba. Pero a él la que se la ha puesto como la de un buey galaico es la profesora. Lleva todo el día intentando controlar unas erecciones tremendísimas y en cuanto se entera de que al viejo le dio el jamacuco, no se lo piensa: ya tiene disculpa para ir a hablar con Laura. Así como termine la jornada laboral, irá a buscarla. El mecánico tiene trabajo hoy, está tumbado en el suelo del taller, intentando averiguar qué cojones le pasa al motor de una Harley de los cincuenta, una preciosidad a la que no consigue arrancar ni su puta madre. Acostado sobre su espalda, con los pantalones manchados y la camiseta vieja, su cuerpo se ve perfecto bajo las ropas sucias, proporciones áureas en las esbeltas piernas, en los brazos torneados, en su cuello de nuez, en el vientre liso. Su mente va disparada. Es impresionante con qué realismo planea. Es alucinante la seguridad que tiene este hombre en sí mismo para con las mujeres, ni por asomo se plantea la posibilidad de que Laura le pueda rechazar, ni le amenazan temores de no dar la talla o no mantener la altura. Se recrea imaginándose a sí mismo acercándosele a ella. Se ve estrechándole la cintura, atrayéndola hacia sí, consiguiendo que incline la cabeza hacia atrás para tomarle el cuello. Apretará las caderas femeninas contra su pelvis y la sorprenderá con la pistola cargada, Víctor sabe que cualquier mujer sensata recibe este gesto como una adulación. Tiene especial ilusión por descubrir sus pezones. Las cumbres de los senos de las chicas son siempre una sorpresa. Te los puedes encontrar sonrosados en morenazas y negritos en blanquitas, nunca puedes aventurarte de antemano, se puede hallar un botón diminuto en pechos enormes y se pueden descubrir tetas que todas ellas son pezón nomás… Y luego varía la respuesta, hay tías que sólo con rozárselos se vuelven caramelo cuajado y otras que se derriten con lametazos de chupete. Y las mejores: las que se los acarician a sí mismas, agocéntricas golosas…¡Oh sí! El mecánico se relame ¡él sabrá cómo encender el cuerpo de Laura con palabras y gestos! La inflamará y la gozará gozándose. No duda que esta noche Laura se agitará abierta para él. ¡Cómo flambea el chico con esos prolegómenos! Ese nodo entusiasta promete film oscarizado y es que Víctor está pillado, no lo sabe, pero está pillado. No piensa más que en ella, Laura desnudándose, Laura ya desnuda, la grupa de Laura. Víctor, ahí tirado, compone una preciosa estampa digna de póster del cuarto de adolescente enamoradiza. Su pantalón vaquero está un poco más desgastado por entre los muslos y en la bragueta, no hace falta ser adivinos para intuir el falo inmenso que esconde ese bulto potente. Por supuesto, su miembro ha respondido como se le supone ante tan estimulantes pensamientos y él, a cada paso, separa una de sus manos del tozudo motor para colocarla allí, en el paquete. Entonces aprieta con la palma abierta, frota allí como si le picase, rasca por encima del pantalón, recoloca la sierpe, ajusta la dureza, y vuelve al chollo. Supongo que lo hará, el tocarse, para incentivar la firmeza. Ha de sentirse muy a gusto con ese estado físico que provoca el estado mental del deseo. Hasta en dos ocasiones se plantea ir al baño y hacerse un mano a mano rapidito, más que nada para ver si se concentra y arranca la jodida Harley. Podría hacerlo, podría aliviar la tensión en cinco minutos y a otra cosa mariposa, pero no lo hace, ¡qué va! No se conforma hoy. Hoy su leche aspira a ser endulzada, enriquecida y especiada con miel de mujer.
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Este cuento es el número 23 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico ……………………………………….
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Textículos.
Textículos: acotaciones y palimpsestos, de Carlos Bozalongo, es un librito que propone un ejercicio de visualización evocadora de estímulos sensoriales, imágenes cargadas de olores, de sonidos y de arquetipos ancestrales. Lo suyo es leer los cuentos y cerrar los ojos para vivir sensualmente eso que el autor nos dicta. La prosa es dulcemente poética y consigue la integración de situaciones corpóreas con la naturaleza bucólica. Como ejemplo, la siguiente descripción donde una erección masculina se percibe casi como una manifestación vegetal a la que acude, juguetona, una mariposa que revolotea alrededor del miembro, como si de una flor se tratase, hasta que se acerca para libar en la minúscula boquita:
“Sobre la yerba lozana un cuerpo desnudo. Joven descuidado, tendido al sol. Es bello como las montañas, lozano como los miembros que crecen entre sus miembros extendidos. Su vientre huele a trigo verde: es un trigal espeso del que sobresale su falo erecto como un recio lirio morado. Imagen del vigor, de la paz verde y definitiva. Adán en el paraíso. Que duerme en la luz como si fuera el único hombre sobre la Tierra, en el Edén todavía sin puertas. Proyectado contra el cielo, abierto de brazos y piernas, siente el crecimiento de la yerba entre sus dedos. Siente cómo su miembro se endurece al sol como el brote nudoso de la higuera”.
En el prólogo, Bozalongo cuenta que concibió estos textos para ser llevados a la
pantalla. Sorprende: no hay diálogos y apenas acción. Sin embargo creo que sería preciosa una película -bien hecha- basada en estas ideas, estaría en la línea del parsimonioso cine oriental, pero en este caso con simbología occidental -la manzana, Blancanieves, Adán, la sangre, la miel …-
El libro es una cucada: papel precioso, letra coqueta, maqueteación impecable y una linda imagen en la portada que continúa sorpresivamente en la contraportada. Os dejo exclusivamente el anverso, para no quitarle el gusto – a quien lo vaya a tener en las manos- de descubrir la parte trasera donde hay una imagen obscenamente explícita. Un primer plano que estoy convencida de que aquel que la vea -y disponga de cierto sentido estético- convendrá en que la posibilidad de arte pornográfico es indiscutible.
Bozalongo además de escritor es editor. Podeis hacer un seguimiento de su actividad en el blog Papeles de Casa Vigo, o en su Perineos, al que se accede bajo invitación -que concede con sólo solicitarla-. Un buen sitio a visitar para los que nos consideramos erotómanos.
El viejo va al cielo.
No deja de sorprender el modo en que la vida teje sus circunstancias. Durante meses, durante años, la rutina llena nuestros días, uno tras otro, todos parecidos, casi iguales. Pero el tiempo pasa lento e inexorable hasta que, de repente, todo cambia y lo que ayer era, ya no es y unas alas de mariposa que aletean provocan un huracán en los sentimientos y ya nada vuelve a ser lo mismo.
Nada volvió a ser lo mismo para Laura, ni para Víctor, ni para Carmen, tampoco para los remeros Kinki e Ismael y mucho menos para el viejo desde la visita de la prima de Laura y la flautista, cuando, presumiendo de sexualidad liberal, removieron la conciencia erótica de los asiduos al café-bar Crisol.
Cuando todos se despidieron para acudir a sus respectivas actividades, el viejo permaneció, ahora taciturno, acodado en la barra, sentado pesadamente en su taburete. Carmen se le acerca y como si pudiera leerle el pensamiento, le susurra:
-A ti ya no se te pone ¿verdad abuelo?, la pregunta, dicha desde los labios femeninos de Carmen es como una lanza para Gonzalo, el viejo. La mira, mira a la camarera como si estuviera muy lejos. Poco a poco sus ojos toman forma de gorriones heridos. En su rostro está la pena del león vencido, la tristeza del oso herido de muerte. El viejo traga saliva.
-No, Carmen, ya no se me pone, dice y acto seguido cae en redondo estrepitosamente al suelo.
Gonzalo, el viejo, despierta en una habitación blanca de hospital y no recuerda qué es lo que le ha sucedido para estar ahí. Se gira y ve una mujer de espaldas con formas de reloj de arena, parece una enfermera vestida con bata blanca, la cintura de avispa que contrasta con las poderosas caderas. Parece atareada ordenando algo en una mesa camilla delante de la ventana por la que entra el sol limpio de invierno. El viejo escucha que canturrea aquel bolero antiguo. Él la mira y la imagen le parece onírica, por un momento se le pasa por la cabeza que quizá esté ya en el cielo. Pero entonces ella se voltea, le mira y sonríe:
-¡Ay que ya se despertó mi viejito! – dice la rubia oxigenada con el dulce acento de las sudamericanas- ha dormido mucho, ¿eh? Soy Alice, su enfermera- la chica vocaliza chillando un poco, como se les habla a los duros de oído, y le planta un par de besos en la cara.
A Gonzalo se le antoja que es una preciosidad aunque realmente no es para tanto, va exageradamente pintada con su sonrisa perfilada de carmín rosa, los grandes ojos oscuros sombreados de azul mar y pestañas tan negras y largas que parecen abanicos azabache centrando un rostro multicolor. Su batita ajustada deja ver el comienzo del escote. Alice parece una parodia viva de la enfermera típica de la ficción porno y no cede en su charla:
- Le trajeron aquí porque se desmayó usted, el médico dice que no tiene nada, pero que ha de reposar y yo soy la encargada de cuidarle. Un susto que le dio su corazón. Pero no se preocupe, volverá a estar fuerte como un toro, le voy a dar unas sopas de pollo que levantan a los muertos -la chica se persigna-. Después, si quiere, podemos jugar, ¿le gusta el dominó? yo soy loca del dominó, mi papá me enseñó cuando era niña chica. Ha sido usted muy previsor al haber cotizado un buen seguro de enfermedad, ahora me tiene sólo para usted y eso ayuda porque a veces, fíjese, que me tengo que encargar hasta de cinco enfermos y no es lo mismo. Es que la gente no piensa en cuando sea vieja, pero ¡ay! no me ponga esa cara, ya sé que usted no es tan viejo, que luce muy atractivo, que debe ser usted un señor muy interesante. Ya verá en cuanto le de un baño y le afeite. No es porque yo lo diga, pero los viejitos reviven con mis cuidados, lo mío es que es vocacional, desde que me vine a España llevo atendiendo, doce años ya y le puedo decir que tengo las mejores cartas de recomendación, las familias se quedan encantadas y es que hay que tener mano. Yo para otra cosa no, que limpiar casas siempre me ha parecido muy trabajoso, pero atender a señores como usted es como si fuera mi hobby. En esta clínica llevo poco, pero estoy feliz, es fantástica, fíjese, todo tan limpio, mire las cortinas, cada semana se lavan. El doctor es muy serio, muy profesional, muy suyo. Entre usted y yo: un poco sosainas, pero hay que reconocerle que hace bien su trabajo y paga puntualito, que eso es de agradecer. Claro que de mí no puede tener quejas, que me paso aquí todo el día y las noches si hace falta, conmigo sabe que puede contar y que trato a los pacientes como trataría a mi papá. Los enfermos necesitan dulzura y cariño, si es que el que está pachucho quiere amor, no hay más que animarle un poco y resucita, se lo digo yo.
Alice, mientras habla, acaricia maternalmente las sienes de Gonzalo, gesticula y sonríe con hoyitos. Su escote moreno juega al escondite entre los botones de la bata y Gonzalo piensa que a lo mejor tiene unos de esos senos pequeños que aumenta con sujetador de relleno, consiguiendo juntar los dos pechos formando corazón de carne entre ellos. El viejo se encuentra tan a gustito con los mimos de la amable enfermera que, casi inconscientemente, alarga su mano y la introduce entre los botones de la bata con toda naturalidad, con la sana intención de acariciar uno de esos tentadores volúmenes. La reacción de la chica es de gran carcajada:
- Jajaja ¡Mira el viejito! ¡Qué pillín! Nos vamos a llevar muy bien usted y yo, sí sí, muy bien, que a mí no me gustan esos señores ñoños, que había uno que hasta me reñía por enseñar las piernas, y digo yo, lo que se van a comer los gusanos, ¡que lo disfruten los cristianos!, digo, pero no se pase, ¿eh? Que si viene el médico y nos ve así se enfada, que es un señor muy serio, muy de su casa, que tendría que ver a su mujer, que parece una monja y él un obispo como mínimo, que no sé yo como habrán hecho los dos hijos que hicieron. ¡Eh! ¡No se pase! Qué gamberro…
Ahora el viejo ¡bingo! ha podido comprobar que no erró en su pronóstico. Efectivamente, la enfermera las tiene pequeñas, comprimidas en el escote por el sostén de aros y espuma. Satisfecho se autofelicita por su buen ojo, mientras el deshinibido pezón se dispara impetuoso con el contacto de sus dedos.
- ¡Qué tocón es usted! Mire que yo tengo la sangre caliente de las sureñas. Escúcheme con las manitas quietas, que ya sé yo lo que piensan ustedes aquí de nosotras, las sudaméricanas, pero es que, sin ofender, las españolas son muy desaborías, que parece que hay que hacer una instancia para que abran las piernas, ¡ni que tuvieran la joya de la corona ahí en medio! Y luego piensan mal de una porque disfruta de lo que Dios le dio, porque, digo yo que a Nuestro Señor no debe molestarle que gocemos a ratitos. Y no vaya usted a pensar, que yo soy muy religiosa, voy a misa los domingos y todo, pero no estoy a favor de lo que dice el papa, ¡que es pecado usar preservativos! y luego todos esos africanos muriendo de sida.
El viejo inspecciona ahora los muslos rechonchos de la enfermera, incrédulo de que esté hecha de huesos y carne, se alegra mucho al comprobar que no lleva medias, y se apena un poco al cerciorarse de que sí lleva bragas. Puede cerciorarse a conciencia sin que ella ponga excesiva resistencia, la justa para hacer del juego algo realmente divertido, pero ya cuando llega al fruto pulposo ella se levanta recolocándose la ropa:
- ¡Stop caballero!, que es usted un sinvergüenzón, que debió ser usted terrible con las mujeres, ¿eh? ¿Ha roto muchos corazones? Mire que a mí ya me lo han partido unas cuantas veces, y ya me conozco el percal de los hombres, que vais todos a lo que vais y luego si te he visto no me acuerdo. Ahora va a ser usted buenecito, le voy a preparar un baño con mucha espuma y le voy a enjabonar bien esa espalda para que cuando venga el doctor le encuentre bien limpito, y usted chitón ¿eh? No le vaya a contar que me ha tocado las piernas que es muy remilgado para estas cosas.
- No se preocupe, Alice, soy una tumba.
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Este cuento es el número 22 de la colección de relatos hilados Crisol púbico
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Os invito a envíame alguna imagen, música o enlace que enriquezca este texto para que este juego erotómano sea más divertido.
Podeis hacérmelo llegar a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com
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¿Montas?
Estad atentos.
Uno de estos días voy a continuar mi alegre viajecito por la novela erótica capitulada Crisol Púbico. Mi ilusión es contar de nuevo con vuestro apoyo en forma de imágenes, música, videos o comentarios que adornen y alegren los textos.
Yo creo que en los capítulos precedentes resultó muy divertido -e interesante- y, aunque me da un montón de trabajo estar pendiente de lo que me enviais, renovando a cada paso, creo que merece la pena. ¿Qué decís? ¿Arrancamos?
Por si os apetece recuperar el hilo, -o leerlo de nuevas-; os dejo aquí lo publicado hasta ahora en Pdf. Todo de corrido:
Primera Parte de Crisol Púbico
Para animar los preámbulos como corresponde a los erotómanos que aquí nos reunimos, Lipa Benet ha tenido la amabilidad de realizar un audio-spot promocional del evento. Escuchad:
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
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Mi carta para Sus Majestades Los Reyes Magos.
Queridos Reyes Magos:
He sido bastante buena, me he portado amablemente con mis semejantes y he dado gusto a un puñadito. No creo que peque de soberbia al decirlo. Os estoy muy agradecida porque me cumplisteis casi todos los deseos que pedí el año pasado en relación a mis sueños literarios, Erotómana funciona muy bien y mi colaboración con Sensuality y con Certo también, siento que mi trabajo es valorado. A mi vez, no he sucumbido a la pereza y he trabajado con tesón, por eso quiero pediros que ahora mi literarura empiece a rentarme. No es que pretenda hacerme ambiciosa económicamente, en absoluto aspiro al oro con que regalasteis a Nuestro Señor, sólo a un saquito de plata que subvencione mi trabajo. Daos cuenta de que este hobby me acarrea unos cuantos desembolsos, necesidades si quereis prescindibles pero, ¿qué le queda al sexo si le quitamos lo supérfluo?
Infraestructura multimedia aparte, he de conseguir libros para ampliar mis lecturas, he de enriquecerme viajando a los museos eróticos del mundo, exposiciones o convenciones, he de vestir braguitas lindas, sandalias de sueño, cuidar mi piel, quiero hacer un máster sobre sexualidad y aprender francés para leer a los grandes en versión original… y luego está Lipa, quiero invitar a Lipa Benet a un balneario para centrarnos a crear a gustito. Daos cuenta, queridos Reyes Magos, que ejercer de erotómana resulta carísimo y yo quisiera ir dando pasitos para llegar a ser de esa gente suertuda que gana su pan haciendo lo que le gusta. Conste que no es envidia lo que siento por los que viven de su arte, y jamás siento ira por no ser yo una de esas afortunadas personas. Pero me encantaría y me lo pido. En cualquier caso lo que suplico con verdadero fervor es un buen lote de fantásticas ideas deliciosamente lujuriosas, animosamente lujuriosas y buen gusto para expresarlas porque, sin eso, todo lo anterior es agua de borrajas.
Ya a nivel íntimo quisiera pedir … Ya que encarnais en número tres, quisiera pediros tres varones para mí sola, pero no uno a uno: a la vez, los quiero a la vez, es decir, tres hombres con sus tres cuerpos -no hablo de magias raras al estilo “tres en uno” como la santísima trinidad-. (Dos ya los disfruté airosamente, ¿recordais?) No es por avaricia que quiera el trío, no tengo intenciones de quedármelos, sólo un ratito, una noche, una tarde… Es que creo que ya estoy preparada para enfrentarme a esa cantidad de virilidad, pero si es muy complicado me conformo con que me traigais aquello que ya llevo unos cuantos años pidiendo y nunca me concedeis: el negrito, Baltazar, acuérdate del negrito. A ti me encomiendo muy especialmente, a ti que tantas veces me tuviste sentada en tus rodillas.
No es que sea racista y vaya a hacer discriminación positiva a razón de la piel: el negro ha de ser cariñoso y simpático como los demás. Y no creais que es gula lo que me mueve, no es necesario que tenga un banquete el negro entre las piernas, con que tenga un modesto festín es suficiente.
(Sé que traerme al negro en el lote de tres puede ser una posibilidad práctica, pero no, con el negro no deseo dispersarme).
Como todos los años, pido paz para el mundo, imaginación y arte. Sexo alegre para los que quiero, si tienen sexo dichoso es que lo demás va viento en popa. Para mis lectores pido inspiración divertida para que me comenten, si tienen inspiración divertida es que las cosas marchan para ellos.
Y ya, me despido con resumen para que os quede clarito:
. Ideas maravillosas para escribirlas (a poder ser que coticen).
. Tres hombres (encantadores) y/o un negro (majo).
. Buen rollito pa to quisque (yo incluída).
A sus pies:
S. M.


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