Archivo de diciembre, 2009
Regalo lecturas eróticas y en serio creo que es el mejor regalo.
Desde que inauguré Erotómana he estado entusiasmada escribiendo, imaginando, estudiando y expresando lo que aprendo. He escrito tanto en estos diecisiete meses que ni yo misma me lo creo, aquí, en Certo, en Sensualitys,… relatos, mails, entrevistas, cuentos, historias y chismes. No ha pasado un dia sin que le arrancara un ratito para escribir, momentos pellizcados porque esta afición, desgraciadamente, no coincide con mi carrera profesional, la cual me ocupa un montón de tiempo.
He intentado varias veces tomarme con más calma mi prosa, pero eso va en contra de mi propia naturaleza pasional. Escribir un cuento cada quince días, con calmita, sería idóneo pero me resulta inviable a consecuencia de mi temperamento creativo impetuoso. Si me meto, me meto de cabeza, si no, abandono.
Y claro, llega un momento en el que me agoto, me invaden sentimientos contradictorios y me pregunto ¿Te compensa, Susana, tener siempre la cabeza en las nubes? ¿merece la pena alimentar esta pasión? ¿no sería más práctico dejarse de tanta fantasía, sueños literarios, y pisar barro?
El que apenas nadie de mi entorno sepa de esta vocación hace que la viva como un
amante secreto muy absorvente y me supone no pocos desvelos y un cierto desgaste afectivo… Me resultaría más sencillo que me diera por escribir en otro orden de cosas, a saber, novela histórica o negra, escritos que pudiera presentar a concursos con mi nombre real, dárselos a leer a mis colegas … pero no hay tutía, me inspiro exclusivamente en lo sensual, en los sentimientos que mueve Eros. No sé explicar porqué, es algo que me viene impuesto, como el color de ojos o la estructura de mis pies. Lo he intentado, me he esforzado en idear una historia “pagana” y tengo varias comenzadas, pero mi pluma acude a lugares tan comunes que bostezo al quinto folio. De modo que vuelvo allí donde mi imaginación crece, allí donde disfruto, me esponjo y fluyen en comunión la miel y las ideas, entonces me apasiono y no paro y de repente me apetece un descanso.
Si os cuento todo esto es porque voy a tomarme ese respiro. Lo cierto es que no tengo que justificarme porque me vaya a coger unas vacaciones, pero sois mis lectores, sois con los que comparto esta pasión loca y quiero traeros en palmitas. Me voy a tirar a la bartola, pero os dejo un regalo. Me abstengo de felicitaros las fiestas, pero cumplo con el rito del regalo liberando el libro que tengo publicado en Bubok y lo cuelgo aquí en formato pdf. La versión original es en gallego y os lo dejo íntegro. Para los que no entendeis gallego, he traducido uno de los cuentos (o capítulos: son relatos hilados, como los de Crisol Púbico) al castellano. Lo escribí hace dos años, antes de empezar con el blog, cuando todavía no me conocíais, lo hice con la ilusión de presentarlo para un concurso, pero fue desclasificado porque no envié nombre, ni apellidos, DNI y toda esa información que exigían y que yo no quise dar. Sigue gustándome, creo que tiene su gracia. Recuerdo que cuando lo escribía se alternaban mis risas y mis calores, no sé si habré conseguido comunicar mi alegría de aquellos días. Ojalá os animeis a leerlo, y a darme vuestra opinión -¿merece la pena que siga traduciendo?- daos cuenta de que yo trabajo por amor a la palmadita, a la palmadita en la espalda, y ésto que os regalo hoy, me lo he currado.
En gallego:
Fantasias_Eróticas_Para_Paspallás
En castellano:
.
…………………………¡Disfrutadlos porfa!……………………….
Jubileo caliente
Me chiflan las nuevas relaciones que se crean en la red. Lógicamente, como en la vida real, no son tantas las amistades que prosperan. Pero en algunos casos la complicidad, incluso el afecto, va cobrando cotas cada vez mayores y llega un momento en que apetece muchísimo dar el salto y encontrarse frente a frente.
Con estas amistades tan peculiares, sean femeninas o masculinas, hablo de sexo y a veces lo practico virtualmente. Supongo que también lo haceis muchos de vosotros, pero en mi caso está doblemente justificado: ya que he emprendido los estudios de “erotomanía”, he de alimentar mis conocimientos y los que prefiero son aquellos que proporciona la investigación de campo. Soy bastante perfeccionista en este asunto y mimo mis relaciones virtuales tanto como las reales. Dar el salto es todo un reto porque se arriesga la relación, puede pasar que se desvanezca el encanto, por ello sólo doy el paso cuando tengo bastante claro que la atracción va a seguir funcionando con los canales de comunicación sexual tradicionales. He de felicitarme por mi buen ojo porque todavía no he vivido un fiasco.
Pese a que comparta muchas cosas, para salvaguardar mi anonimato me mantengo firme en mi propósito de no enviar imágenes explícitas de mi persona y ello aumenta el que vaya a esos encuentros como un flan, me invade la inseguridad. Es factible que mi físico defraude: la fantasía suele superar a la realidad y yo me he labrado a punta de teclado una fantasía que a mucha gente le resulta interesante y me creen un bombón. Pero hete ahí que detrás de la supersusana, starfoot y reina del erotismo, se esconde una mujer corriente y moliente, sencilla de pies a cabeza. Soy consciente de que en el desvelo de mi imagen va a haber un momento de shock en que ajustarán la ilusión con la realidad. Aunque me incomoda ese momento me mentalizo mucho para disfrutarlo.
El último de estos encuentros a ciegas lo hice con una pareja muy bien avenida y el lugar que decidimos para encontrarnos fue la catedral de Santiago, que es un lugar sumamente mágico y está siempre lleno de vida, con peregrinos de aquí y allá, hombres y mujeres que por distintas motivaciones acuden al templo donde descansan los restos del apóstol matamoros. Los motivos de la divertida pareja y los míos eran, a todas luces, diferentes a los de la mayoría. Nosotros queríamos ponerle un puntito morboso a un encuentro largamente deseado, salpimentar la puesta en escena de una amistad cincelada con palabras e ideas. El juego consistía en reconocernos paseando por los pasillos del sacro mausoleo, lo cual provocaría mucho misterio a la cita. Yo, en vez de acudir arreglada con la indumentaria que se supone para una cita seductora, me disfracé de peregina. Las ganas de jugar vencieron a mi natural coquetería, descarté el vestidito y los taconazos para ponerme unas deportivas desgastadas y vaqueros de media pierna, de esos que no favorecen precisamente. Camiseta de algodón, jersey de lana. Bastón y mochila completaban mi atuendo, el pelo recogido en una coleta y las tetas sin sostén. A diferencia de otros peregrinos yo olía limpita y perfumada, mi melena brillaba y la piel lucía perfectamente hidratada.
En cuanto entré en la catedral por la puerta lateral, les distinguí a lo lejos, supe que eran ellos y entonces me dediqué a camuflarme y a hacerme la despistada. Con la mirada inquieta paseaban cogidos de las manos, ella, morena poderosa, realzaba sus caderas con pantalones ceñidos que prometían unas nalgas de negra en carnes blancas. Para mi redoblado regocijo, también los pantalones de él dejaban adivinar sorpresas mullidas en forma de glúteos masculinos.
Me arrodillé en un reclinatorio como quien ora en silencio espiando a la atractiva pareja que son mis amigos y que tienen inquietudes sexuales muy similares a las mías. Me cosquilleaba el vientre. Ellos, se me antojaba ahora, podrían haber sido los mismísimos Adán y Eva, aquellos que se paseaban por el Edén ajenos a toda culpa, Adán tranquilo antes de morder la manzana, Eva relajada antes de tentar con su manzana.
Me miraron, pero me descartaron. Hasta tres veces me descartaron, entonces me levanté y con mi bastón comencé a seguirles. Disfruté muchísimo del paseo voyeur. Teneis que pensar que yo conozco muy bien las intimidades de esa pareja tan bien parecida, que yo había visto sus cuerpos desnudos en imágenes exhibicionistas, teneis que pensar que les deseaba de antemano, habíamos mantenido excelentes conversaciones excitantes y ahora sus andares, sus traseros concretamente, provocaban mi sonrisa, y ya ellos comenzaron a sospechar de mí. Entonces, como pavitos, se lucían, paraban delante de las imágenes de los santos y las miraban con seriedad artística girando levemente la cabeza para asegurarse de que yo les perseguía, de que yo les miraba, de que yo era yo.
Les observo y recuerdo sus secretos, sé, por ejemplo, que él es un pedazo de pan y que además dispone de tremenda barra doradita. Y sé que le gusta ofrecerla completamente desnudo, acuclillado sobre sus talones en el borde de la cama, apoyadas las manos a los lados de los pies, reclinado el cuerpo hacia atrás, de modo que la baguette se dispara hacia delante, con los sacos colgando. Es dadivoso con sus dones para que ella, bollito de crema, de rodillas en el suelo meriende el bocadillo con toda comodidad. Juegos de pareja que me habían narrado, costumbres adquiridas que entretienen a este par de pimpollos que caminan delante de mí como si nada. Sé que a ella, en cambio, le gusta alimentar a su chico sentada a horcajadas encima de la cabeza del panadero. Que pobre cabeza, pienso, porque en las fotos que yo había recibido estaban muy bien disimuladas las cachas de la jamona ¡Menuda hartura, muchacho!
A Eva, sin duda la más inquieta de los dos, se le escapa una risa nerviosa sintiéndose observada y sus andares son ahora un poco exagerados -tremendamente voluptuosos- hasta que decide repentinamente darse la vuelta para que ser ellos los que me siguen a mí, de forma que yo también me giro y me dejo mirar
Si lo que vieron les gustó o no les gustó, tendrían que decirlo ellos, pero, a razón de los acontecimientos posteriores, creo que no les desagradó mi paseo respetuoso de peregrina devota que, toda ilusionada, está a punto de ganar el jubileo.
……
(Para los no conocedores de la regalía que supone el jubileo, diré que proporciona ni más ni menos que indulgencia plenaria, es decir, es un acto que tiene la gracia de borrar todos los pecados cometidos hasta entonces, dejando el alma dispuesta para entrar inmediatamente en el cielo).
.
.
.
Chéri. Colette
Chéri es una novela de Gabrielle-Sidonie Colette (1873-1954) que introduce lo erótico desde un ángulo tremendamente femenino, con gran sutileza y elegancia. Aborda una sensualidad fina enfocada desde la mirada de Léa, una mujer experta en las emociones de la carne.
El argumento de la trama es la pasión de una Léa madura con un joven de diecinueve años, Chéri. Ella es una dama rica, que ha hecho fortuna gracias a su admirada belleza como cortesana en París, en esas épocas en que las cortesanas eran respetadas socialmente. Con cincuenta años se permite mantener y mimar a un hombre joven y hermoso que la ama, olvidándose de las convenciones. El argumento implícito es el deterioro estético del físico de una mujer para la que su aspecto ha sido su modus vivendi. Ella, que es treinta años mayor que Chéri, tendrá que aceptar las duras reglas del tiempo que no perdona ni a las más bellas cortesanas. El dolor que supone envejecer para alguien que ha tenido gran poder gracias a su atractivo se multiplica al enfrentarse con el esplendor de la belleza de Chéri, del cual se enamora. Con una crudeza psicológica impresionante, Colette nos introduce en la mente de la mujer, inteligente y consciente del devenir, y en la de Chéri, madurando como hombre en una sociedad frivola e hipócrita, en decadencia moral.
Colette me encanta como escritora, sus palabras tienen voluptuosidad y sensualidad libremente expresadas, pero también casi escondidas. Fue una mujer que escandalizó en su momento, considerada por muchos indecente al tener una vida sexual bastante libre, la novela Chéri es, al parecer, autobiográfica. Ella reivindica en su escritura los derechos de la carne sobre el espíritu y los de la mujer sobre el hombre. Si pinchais en “El Obstáculo” podeis leer el texto que seleccioné en su momento para esa otra novela de la autora que habló de erotismo femenino cuando era realmente innovador hacerlo. En los años veinte, especialmente en Francia, el erotismo escrito vivió una época dorada, se escribieron obras de gran calidad erótica y literaria, algunas de ellas, de algunos de mis autores eróticos favoritos: Henry miller D.H.Lawrence, Anais Nin, …
A viúva
Aos que falades galego, invítovos a ler o conto que escribín para o xornal Certo este mes. É unha historia coa que quedei ben contenta.
A ver se gusta…
Clases de cunilingus
En general, cuando un hombre se decide a practicar un cunnilingus le pone muchas ganas, se esfuerza y da lo mejor de sí, a veces incluso se desgañita por favorecer el orgasmo en el panal que tan rico le sabe. El varón suele poner especial interés en esta acción y, con su lengua a tientas, se pasea por los intríngulis secretos de la mujer que, confiada, yace a expensas de lo que se le ofrezca. Algunos preguntan, dicen:
-¿Te gusta así?
No es fácil explicar, no es sencillo dar clases de cómo realizar un buen cunnilingus, no tanto. Es mucho más sencillo enseñar a hacer una felación. Daos cuenta de que con toda facilidad tomamos un objeto de forma fálica y ensayamos los gestos cómodamente visibles. Imitar los gestos que ha de hacer un hombre con su lengua en la vagina resulta más difícil por la propia fisonomía ambigua de la vulva.
Mi propuesta es que el hombre investigue con la práctica prueba-error concentrado en sus
movimientos y sobre todo en lo que ellos provocan. Ha de fijarse en dónde conviene girar en círculos y la presión adecuada para realizarlos. Ha de estudiar cómo aletear la lengua, el ritmo correcto en las lamidas longitudinales, la intensidad satisfactoria en las trasversales … Por supuesto, ha de prestar mucha atención a las palpitaciones de los músculos vaginales, a la tensión del clítoris y a la contracción-dilatación del ano…
.
Y bien, ésto que acabo de decir es una tomadura de pelo. Estos consejos no son más que tonterías. Mi invitación real es que saboreeis la almejita relajándoos en el lamer, disfrutando de su sabor a fondo de los mares, embriagándoos con su perfume primitivo y olvidándoos del mundo exterior. Si disfrutais del beso, por regla general, nosotras también… ¿O no?
La madrastra, jodienda animal y la ninfómana olímpica.
Como vengo anunciando desde hace unos meses, colaboro para la revista Sensuality.
Este mes me recreo en la diosa Eos, la bella ninfómana olímpica. Además, cocino una receta de
fantasía, en este caso la preparación de una magnífica jodienda animal simulada, un juego de rol en el que me meto de lleno a hacerlo cual animalito salvaje.
Y como colofón, Sensuality regala un libro de relatos eróticos, todos escritos por mujeres, entre las que me encuentro. El mío se titula “La madrastra” y es una traducción de uno de los relatos del libro que tengo editado en gallego “Fantasías eróticas para paspallás” que, como Crisol Púbico, son relatos hilados, más extensos, que se pueden leer individualmente sin que pierda sentido. Yo creo que os va a gustar. De todos los cuentos que he escrito “La Madrastra” considero que es uno de los mejores.
Alfred C. Kinsey o Dr. Sex
Saber de la sexualidad ajena es siempre un gran misterio porque es una actividad que se realiza mayormente en privado, sólo las confesiones nos permiten saber cómo viven su sexualidad los demás. Kinsey, psicólogo norteamericano, realizó investigaciones sobre el comportamiento sexual humano basado en entrevistas personales. Sus investigaciones parece que adolecen de algunos problemas metodológicos, a pesar de ello, los resultados han coincidido en gran medida con posteriores estudios sobre la conducta sexual y su gran mérito es el haber sido pionero.
La obra de Kinsey quedó recogida en dos libros: El comportamiento sexual en el hombre publicada en 1948 y Comportamiento sexual en la mujer, publicada en 1953. Para llevar a cabo sus investigaciones en tan espinoso asunto entrevistó a más de 10.000 personas personalmente y realizó un estudio de porcentajes muy polémico acerca de la masturbación, la homosexualidad, o el bestialismo, llegando a la conclusión de que cada individuo desarrolla su propia sexualidad, con una amplia gama de diferencias en cuanto a frecuencias, edades de iniciación, modos y fantasías. Confeccionó la Escala de Kinsey sobre la heterosexualidad-homosexualidad, donde el grado 0 manifiesta una heterosexualidad completa sin ambajes y el 6 una homosexualidad exclusiva. Kinsey afirma que la mayoría de las personas nos encontramos dentro del número 1 o 2 en su escala y que el grado varía de un momento a otro de nuestra vida.
La película “Kinsey” lleva a la pantalla la vida del científico -rebautizado como Dr. Sex- . Excelentemente interpretada por Liam Neeson, está muy bien llevada y se recrea en la personalidad de este hombre riguroso y meticuloso nacido en el seno de una familia ultraconservadora que hubo de enfrentarse a los academicistas de la época para dar un poco de luz a los escondrijos sexuales, secretos de alcoba que todavía hoy día siguen siendo, en gran medida, misteriosos.
…………………………..
…………………………..
Ya como guiño para los lectores de Crisol Púbico, analizaré a los personajes de esta historia según la escala Kinsey. Recordatorio: la gradación va del 0 al 6, 0 indica heterosexual puro, 6 homosexual exclusivo. Vamos allá:
Laura en estos momentos podemos decir que está al nivel cero, sólo vergas y falos, pollas y carajos pueblan sus fantasías, la mayor parte de ellas en forma de sueños. Daos cuenta de que está loquita por Víctor y que es su naturaleza más primitiva la que demanda monta, instintivamente con fines reproductivos. En este estadio de su vida, Laura es una gata en celo. Sólo un buen garrote saciará su sed.
Víctor, por su parte, es heterosexual flexible en segundo grado. Son las nalgas femeninas su fetiche supremo, o mejor, ese triángulo mágico que se puede ver en el centro de ellas cuando la postura es de perrita y asoma por detrás el conejito, esa imagen es la que más veces ha llevado a Víctor a derramar su sabia. Pero no hemos de obviar que a veces, cuando se cruza con el hermoso Ismael, la belleza andrógina del marica le inquieta en cierto modo y estimula su deseo, con que le ponemos un uno en la escala.
El ex marido de Carmen mantuvo una relación homosexual en tiempos de los guateques progres. Un melenudo muy colocado se la mamó. El ex recuerda esa experiencia y todavía se empina, pero no ha puesto energía en volver a conseguir una felación procedente de labios masculinos, por lo cual le ponemos un dos, o sea, es un heterosexual flexible en primer grado.
El remero guapo Ismael es un cinco, casi seis, él valora estéticamente el cuerpo de la mujer, pero si alguna le levanta la libido es porque su aspecto es masculino. Sin ir más lejos, la machica prima de Laura podría excitarle si en vez de vigilar obsesivamente a Kinki se fijara en el trasero estrecho y duro de la sáfica. Ella es gay- gay y le gustan las chicas muy femeninas, particularmente con grandes senos y pezones de galleta maría, le atraen las caderas redondas y las vulvas de labios generosos. Su novia, la flautista, en cambio está en el tres, es una mujer muy versátil que se entrega a los goces de la carne con toda frescura y disfruta practicando sexo oral tanto si es cóncavo como si es convexo.
El viejo está en el uno, él ha pasado mucha hambre de coño y desea mujeres, no digo que allá en su adolescencia no haya tenido sus fantasías con otros muchachos, pero quedaron ahí, y ahora es el cuerpo de la hembra su foco de interés.
Para desgracia de Ismael, Kinki está al nivel cuatro, homosexual flexible de segundo grado. Debido a lo bien servido que está de macho, su interés por el sexo opuesto va in crescendo. Ultimamente, cuando inserta el manubrio entre las nalgas de su novio, cierra los ojos e imagina un cuerpo al que le cuelguen protuberancias brincadoras en el torso, mejor que en la entrepierna.
Carmen prefiere percebes a almejas, lo cual no quita que sepa gozar de un cuerpo con concha. Ella ha tenido la suerte de participar en varias combinaciones “dos contra uno” y sin dudarlo se queda con los tríos en los que hay doble ración de morcilla, con que le concedemos un dos.
La mujer del viejo es un cero, ella se ha dedicado invariablemente a desear a su cuñado en exclusividad. Toda una santa vida con un persistente deseo monocromo, un extraño caso de fidelidad de pensamiento, palabra, obra, incluso omisión. En eso coincide con su amante, él también se excita consigo mismo, concretamente con su polla. No ha habido una sóla vez en la larga carrera de orgasmos del carnicero que cuando se corre no haya mirado hacia abajo, disfrutando de la visión de su miembro erecto, fetichista narcisista de su propio rabo, al que le chifla recrearse en su propia eyaculación convirtiéndose ésta en origen y fin de muchas de sus erecciones.
…………………………………….
Este cuento es el número 21 de la colección de relatos hilados Crisol púbico
……………………………………….
Si te apetece, envíame alguna imagen que adorne este texto a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com
Mira las que me envían.
Los Cornex, envían la puntuación de Audrey y foto ilustrativa hicieron en el parque de la ciudad universitaria de Madrid:
Tirachinas sueña con imágenes como éstas:
Tiberio (con su título):
Ana, dice que espera que estos chicos estén por lo menos en el dos:
Fernando Lobato me envía la imagen del rostro de Kinsey, al Neeson que lo interpreta, y un chiste:
Audiorrelato erótico: ¿Puedo correrme?
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
.
.
.
.
Escucha otros relatos eróticos interpretados con la voz de Lipa Benet














RSS



