Archivo de 28 noviembre, 2009
pareja de lesbianas
Si cualquiera de nosotros entrásemos en la cafetería Crisol cualquier dia por la mañana, no notaríamos nada extraño y sin embargo son muchas las pasiones que allí se cocinan. En la barra, el viejo se deleita apurando sus últimas gotas de licor sexual con la observación lúbrica de la profesora Laura, una Laura que, sentada en la mesa del fondo, se consume en hoguera de altas llamaradas. Arden flechas en su vientre en una fiebre sin remedio, ay, sin remedio, por un Víctor guapo que danza su mirada entre las nalgas de la profesora y el trasero de la camarera, con la seguridad de que, si quiere, se beneficia a las primeras o al segundo. Samuel, alias Kinki, con su novio Ismael en la mesa de la ventana, mira de reojo a las chicas que pasan a pesar de que se supone que es gay, e Ismael lo vigila y sufre en silencio. El ex de Carmen, al lado del viejo en la barra, con sus nostalgias crónicas, se plantea muy seriamente seducir a la que fue su esposa y ella, Carmen, que no puede evitar quererles a todos y desear a la mayoría.
Si entrásemos allí a tomar un cafecito, es posible que no nos percatásemos de la situación interpersonal, a pesar de que es altamente inflamable. Una cerilla podría armar la de Cristo es Dios y esa cerilla viene en forma de dos tortilleras.
La mismísima prima de Laura, lesbiana bonita, se planta en la cafetería con su novia de la mano. Es la primera vez que Laura recibe visita y causa una revolución en el café. La prima es ahora una mujer muy moderna de brazos torneados y piercing en el labio inferior, que vive en Madrid y está encantada en la capital, que le ofrece tantas posibilidades. Se ha hecho escultora, una de las artistas promesa de la farándula bohemia. Se siente segura de sí y visita a Laura para restregarle su éxito. En el fondo todavía le guarda rencor a su prima porque no se abandonó entre sus brazos y le fastidia especialmente que sea tan mojigata. Para ostentar de su condición liberal, la boyera achucha a su amiguita, una mujer no en tan buena forma física como ella pero muy sexi, una chica delgada de carnes lechosas, carnes de pura mantequilla líquida. Son muy diferentes la prima y su novia, la una con su cuerpo machacado en el gimnasio, sus tetas duras y pequeñas que casi se escapan por los laterales de la escueta camiseta de boxeador. La otra, la blandita, tiene el aspecto de no haber hecho una flexión en su vida, lo sugieren sus hombros caídos, su andar parsimonioso, su gracia y juventud descuidadamente vestidas. La una resulta atractiva por su aspecto de espabilado golfillo hembra, la otra, mujer de suave epidermis blandiblú, rebosa de la sensualidad morbosa característica de las mujeres abandonadas a la pereza. Su cara es hermosa pero su gesto resulta extraño, casi parece lela por culpa de su lengua, una lengua que sobresale un poquito de su boca apoyándose indolente en el labio inferior, es una boca muy llamativa, con voluminosos labios pintados de rojo brillante.
Para provocar escándalo y llamar la atención, una vez sentadas las tres en la habitual mesa de Laura, la prima no escatima elocuencia en exponer su sexualidad activa mientras charla con toda naturalidad. Pone ojos de deseo a su chica, le sonríe indecentemente y la magrea sin venir a cuento, se restriega a gusto consiguiendo que Laura se sienta incomodísima.
A Carmen sin embargo, le divierte el show al igual que a Víctor, y se lanzan entre ellos miraditas cómplices que ponen muy en temperatura a la camarera. El viejo goza infinito del espectáculo, tanto es así, que se pide su segundo sol-sombra para celebrar el encuentro de las primas. El “ex” se mantiene perplejo mirando en dirección a la mesa de las tres chicas con expresión incrédula en el rostro, la boca abierta en admiración o pasmo. La lesbiana escultora está embalada y la amiga se deja hacer sumisa, es evidente cual de ellas lleva los pantalones en casa, es evidente cual de ellas calza el arnés. Cuanto más violenta se encuentra Laura, más atrevida va la prima y llega incluso a rozar los pezones a su novia que sobresalen venciendo la contención del sujetador, y todo lo hace sin dejar de parlotear, contándo sus éxitos y triunfos cosmopolitas, haciéndole ver a Laura que no es más que una provinciana anticuada. Su novia, con los ojos y los labios brillantes, ni se inmuta aparentemente, ni siquiera cuando la prima le mete el churro en la boca desde la suya propia y a la pobre Laura se le atraganta definitivamente el cruasán. Está deseando irse de allí ¡Con lo que le gusta a ella pasar desapercibida! ¡Con lo que le molesta llamar la atención! Odia a su prima, a la novia y a Víctor por estar presente en ese mal rato que está pasando, se odia a sí misma por aguantar con sonrisa forzada la soberbia de su prima.
Pero el verdadero drama de esta historia no es el de Laura, al fin y al cabo ya va siendo hora de que espabile y un revulsivo le viene de perlas, el dramón se mastica en la mesa de los macizos remeros Ismael y Samuel, porque el forzudo Samuel, alias Kinki, está impactado con lo que mira, con mucho pestañeo y giro de ojos observa a las sáficas y no puede evitar demorar su mirada en las formas, en los movimientos de las chicas, el espectáculo le proporciona tremenda erección que nadie nota, a excepción de Ismael, que la intuye y se deprime.
Cuando por fin las ninfas se levantan para irse, se produce una situación insospechada, una situación sorprendente que nadie espera. Ya en la barra, la novia de la prima abre por fin el pico y lo hace para dirigirse al viejo:
- ¡Tío! …,
- ¡Coño! ¡Pero si es mi sobrina!, exclama el viejo.
Efectivamente, la novia de la prima es la sobrina del viejo, hija del carnicero. Pero lo que ya es la repera es que en ese mismo instante también el ex de Carmen reacciona y exclama:
- ¡Flautista!
En efecto, la novia de la prima, sobrina del viejo, hija del carnicero, no es otra más que la flautista, aquella que dejó al ex de Carmen conmocionado debido a lo bien que la mamaba.
¡Qué pequeño es el mundo!
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Este cuento es el número 20 de la colección de relatos hilados Crisol púbico
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