El pecado de Laura
Como sabemos Laura toma el café de las once en la cafetería Crisol que está situada al lado del taller de Víctor y que regenta Carmen, a la que Víctor todavía le hace el culo de vez en cuando.
Laura acude sola, se sienta en la mesa más apartada y rápidamente Carmen le sirve el descafeinado de máquina con leche desnatada, sacarina y un cruasán a la plancha con mantequilla y doble de mermelada de fresa.
En cuanto el viejo supo de la costumbre diaria de su maestra, también él visita el café y toma su sol-sombra en la barra con el periódico delante pero mirando de reojo a Laura, deleitándose en el placer que produce en la chica el desayuno. El viejo sospecha que a Laura le molesta que la observe mientras goza, pero no puede resistirse, del gusto que le da verla.
¡Con qué delicadeza unta la niña el cruasán en mantequilla! Manos hábiles, blancas como la luna. ¡Cómo esparce la mermelada! Se le hace la boca agua a Laura concentrada en su pastel, se le hace la boca agua al viejo, concentrado en los labios brillantes de ella. Nada tiene que envidiar la jugosa boca de Laura a las famosas bocas de piñón. Sus labios se dilatan levemente, las comisuras en leve sonrisa. Laura se contiene, ella podría devorar el dulce en dos bocados de lo apetecible que le resulta, pero no lo hace. Con los ojos líquidos, con cuchillo y tenedor, Laura saborea con su boquita dulzona a pequeños bocados. Boquita de rosa que ahora sabe a fresa. Mastica muy refinada la profesora con los labios cerrados. Sólo cuando ya ha tragado los abre para introducir un nuevo bocado. Con cada mordisco pestañea levemente. Se le suben los colores a Laura, virgen todavía, pasados los treinta y con aquellos ardores. La chica sublima los placeres genitales en el paladar.
El viejo fantasea con acariciar esos labios, repasar sus dientes y jugar con la lengua, el viejo fantasea sin escrúpulos con introducir sus dedos hasta la garganta de Laura propórcionándole placer oral de tal modo porque, pobrecillo, ya no está en condiciones de introducir ningún otro apéndice en hueco alguno.
El cuerpo de la golosita va notando los efectos de su gula y cada año que transcurre está un pelín más lleno, con la relativa suerte de que esos quilos se le administran bien, en las partes de su cuerpo más voluminosas y son esas carnes sobrantes las que llaman la atención de Víctor. Víctor no se fija en su elegancia al comer, al fin y al cabo él disfruta viendo a Carmen zampándose el desayuno, cogiendo el bollo con las manos y mojándolo en el café con la frescura de la mujer desacomplejada. A veces a Carmen hasta se manchan los dedos y luego se los mete en la boca y los chupa uno a uno sin mostrar el menor reparo.
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Este cuento es el número 12 de la colección de relatos hilados Crisol púbico
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Si te apetece, envíame alguna imagen que adorne este texto a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com
Mira las que me envían:
Tiberio dice que él dieta y lujuria. La gula la deja para otros.
Arturo Espada:
Un hombre, que no quiere que desvele su nombre y que asegura vehementemente que es fetichista de los pies:
Matheo nos da dos imágenes sorprendentemente parecidas:
Fernando Lobato nos regala dos también:
En Facebook, para introducir el relato de “El Pecado le Laura” planteé la siguiente pregunta: “¿Es mayor pecado la lujuria o la gula?”. Junior dice que le gusta la combinación de ambas, y para ilustrar su idea envía la siguiente imagen:
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Comentarios
El concepto de pecado responde a un modelo arcaico de entender la relación con el propio cuerpo, si bien es cierto que los abusos pueden derivar en una cierta desazón en el ánimo, o en el ánima.
Sufro obesidad.
He sido tratada con dietistas y psicólogos y ahora estoy bien.
¡Cambio mi gula por lujuria! No creo que nadie acepte.
¿te gusta? ¿está rico? comeme, no dejes nada, que dulce, chupalo, ¿lo has probado ya? …
¿Gula o lujuria?
Son tan capitais ambos “pecados”, que eu penso que ambos son capital de provincia polo menos!. Comer pode ser luxuria e luxurioso pode ser comer…Xa o dis ti coa sublimación que fai Laura dos placeres xenitais no padal. Unha excelente reflexión.
(A foto das fresas nos pes non deixa lugar a dudas. Xa non sabe un moi ben que froita comer!).
Al viejo le faltaba estar humeando con un farias ( una farias también dicen ) tal vez así tendría algo consistente a modo de apendice.
Hay abueletes que mojan el farias en el sol y sombra, inconscientemente ,¿recuerdos de cuando se mojaba el churro?.
Elia, ¡comadre! El tuyo no tiene desperdicio, qué risa:
http://ivaginaria.blogspot.com/2009/10/el-bulto.html
Y me encantó también el de Carla: ¡¡García Marquez y las bolas chinas!!: http://lasbolaschinas.wordpress.com/2009/10/03/gabriel-garcia-marquez-y-el-pesario/
Tiberio, ay me gusta la idea del puro, sí sí.
Chousa: ay me gusta la idea de comer pies y fresas a la par.
Buen provecho, Juani.
[...] ahora anda encoñado, ¡encoñadísimo! por Laura, la preciosa profesora regordeta de naturaleza sensual pero evasiva, jamás satisfecha porque está llenita de traumas, entre [...]







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[...] Susana Moo.Sigue leyendo en http://www.susanamoo.com/2009/10/el-pecado-de-laura/ [...]