Archivo de octubre, 2009
Erotismo mítico
Resulta extraña la fe esa que asegura que el Dios creador, que nos ha proporcionado unos órganos sexuales mágicos, y una imaginación excelsa para usarlos, nos pida castidad. Que se sienta satisfecho cuando el don que nos ofrece se guarde entre trapos.
Ya resulta sorprendente que un ser todopoderoso tenga su mirada puesta en nuestras partes íntimas, vigilante de que no hagamos uso de ellas, pero más todavía que tenga a bien semejante desperdicio de nuestros talentos. En todo caso, estaría atento de que le demos buen trato, de que gocemos de su regalo.
No todas las religiones tienen esta visión pecaminosa del sexo, muy especialmente las orientales. Hay algunas que consideran la sexualidad sagrada y por lo tanto, un hermoso modo de acercarse a la divinidad ( las tigresas blancas por ejemplo), filosofías que enseñan o dirigen a sus adeptos para sus relaciones íntimas.
En estos momentos dedico mi tiempo a estudiar a los voluptuosos dioses griegos y su forma tremenda de vivir el sexo.
.
Como os comenté aquí, colaboro para la revista mensual Sensuality con un relato basado en estos mitos a los que ya voy teniendo franco cariño. El número 3 debe andar ya por los quioscos y en él podreis encontrar un cuento mío basado en la lluvia dorada que fecundó a Dánae, mito tan bellamente representado por Klimt:
Además, para este mismo ejemplar de Sensuality, he escrito un relato sobre una de las fantasías estrella de hombres y mujeres: la de disfrutar de un encuentro sexual con alguien desconocido. La planificación y desarrollo de un momento íntimo con alguien al que ni conoces ni te conoce es una práctica sexual tremendamente excitante que está muy de moda ahora, con las Redes de comunicación.
Recordad: Sensuality.
Las añoranzas de Carmen
Carmen está en esa edad en que la juventud comienza a ajarse para dar paso a una madurez que promete ser espléndida, pero ella no tiene todas consigo y si se la observa bien, se la puede ver tristona últimamente, aunque su sonrisa acogedora le preceda.
El sano hábito de divertirse con los chicos, Víctor, David, Ismael, … comienza a quedarle pequeño. Un malestar en el pecho le pide algo diferente, algo a lo que todavía no es capaz de ponerle nombre. Después de tanto tiempo disfrutando del calorcito lleno de paz que deja un hombre en el lecho una vez lo ha abandonado, después de tantas alegrías y relajos con esos mozalbetes impetuosos que invaden su cuerpo pero respetan su independencia, de tantos años disfrutando como loca en la acción, pero muy especialmente después, ya a solas, cuando el aroma a macho ausente llena la estancia y puede recrearse a gusto en soledad, después de ese estilo de sexualidad que tanto ha gozado, se encuentra hastiada. Ella, que ha sido mimada con montones de besos tiernos desprovistos de amor, se sorprende a sí misma con este reciente vacío, una añoranza nueva de calor conyugal.
Su ex – la única relación que Carmen tuvo con compromiso- nunca se ha ido lejos y ahora trabaja en el taller de Víctor gracias a la mediación de ella, encantada de tener a sus amigos cerquita, como pollitos alrededor de la gallina. Su ex viene a tomar cervecita o cocacola a su cafetería por lo menos tres veces al día, se acomoda en la barra y la mira con esos ojos líquidos y a Carmen, con la presencia constante de ese hombre, se le empiezan a remover recuerdos. De repente se encuentra añorando aquel bienestar que suponía hacer planes más allá de la alcoba. También recuerda con mucho cariño su pene.
-¿Seguirá siendo tan eréctil?- le entra la risa floja- ¡su muñeco tentetieso!
El muñeco es de dimensiones recortadas, hermoso y bien proporcionado. Ella no ha encontrado todavía un palote más apetecible para chupar, un pene ergonómico que se puede introducir en la boca con toda comodidad sin que se descoyunte la mandíbula, sin que se atragante en la garganta, sin que la cara se desfigure. Una puede relajarse y olvidarse del pasar de las horas con un pene así, piensa Carmen y se le escapa un suspiro mientras mira de reojo a su ex, un poco encorvado en la barra, con su vaso en la mano y su mirada ansiosa.
Efectivamente, el “tentetieso” del ex es una delicia, rico como un pastel. Es un falo que ni abruma ni exige, un miembro que se deja acariciar dócilmente como gatito mimoso. Es un pene intrinsecamente agradecido, que se empina con alegría, tiernito en la caricia, un mecanismo de disfrute relajado. Es una verga que no necesita el movimiento constante para permanecer hinchado, un miembro sosegado y conformista que no tiene esa apremiante necesidad eyaculadora de otros, y precisamente por ello, da gusto complacer.
No es un mal tipo, piensa la camarera, infantil sí, pero ya la vida le ha ido enseñando, ya no vive en la calle ni le entusisma tanto la farra. Carmen, a la cual la intuición no le falla, sospecha que también su exmarido está añorante y nota que la mira de esa manera con que los hombres buscan a la mujer cuando le tienen ganas. Por supuesto, no le falta razón.
Como no le falta razón a Laura al sospechar que Víctor la busca más allá de las miradas del café.
………………………………………..
Este cuento es el número 14 de la colección de relatos hilados Crisol púbico
……………………………………….
Si te apetece, envíame alguna imagen que adorne este texto a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com
Mira las que me envían:
Leer más »
Biografía de Anaïs Nin
La personalidad de Anais me fascina tanto como su literatura. Además de escribir erotismo, consiguió hacer de su vida una obra de arte erótica, llena de apasionados enamoramientos, unos amontonados con otros. Sabemos de ello gracias a los diarios que escribió a lo largo de toda su vida, que son un lujo de documentos – desgraciadamente los de su madurez están todavía sin editar-. Le gustaba hacer introspección y escribía con la doble finalidad de desahogarse y hacer algo artístico.
Fue una mujer entregada al arte que perdía los sesos – y las bragas- por los artistas e intelectuales.
Se casó con el banquero Hugo Guiler siendo muy joven y mantuvo ese matrimonio a lo largo de toda su vida. Tuvieron una hermosa relación llena de ternura y comprensión. También de infidelidades por parte de ella, sin duda tácitamente consentidas por el marido, que además era el mecenas que financiaba los proyectos artísticos de algunos de esos amantes. Tuvo apasionadas relaciones, entre ellas con Henry Miller, con el que intercambió magnífica correspondencia (Anaïs nin y Henry Miller. Una pasión literaria).
Su filosofía: “Cualquier forma de amor que encuentres, vívelo. Libre o no libre, casado o soltero, heterosexual u homosexual, son aspectos que varían de cada persona. Hay quienes son más expansivos, capaces de varios amores. No creo que exista una única respuesta para todo el mundo“.
Pero Anais no era frívola, se enamoraba. Ayudaba a sus amantes, se involucraba en sus problemas y fue muy generosa con ellos. Consiguió rodearse durante toda su vida de hombres que le inspiraban artisticamente. Con una facilidad pasmosa se entusiasmaba una y otra vez y conseguía vivir cada una de esas aventuras con inagotable intensidad. Cuando se apasionaba con un nuevo amante ni se le pasaba por la cabeza apagar las brasas candentes de sus relaciones anteriores.
Inteligente, consciente de su presunto desequilibrio neurótico, trató de curarlo y visitó a varios doctores en la -de aquella incipiete- doctrina del psicoanálisis- y … tuvo lío con varios de ellos. Con Otto Rank se fue a New York, – al marido le dijo que se iba como secretaria, para aprender psicoanálisis- . Pero allí conoció a un bailarín que le hizo de ciccerone en las noches de la ciudad, y entonces Henry Miller, que por entonces era su amante más sólido en París fue a por ella… y poco después su marido también se trasladó a New York … y así vivió su vida, y así nos la contó.
El colofón de su biografía amorosa es que, ya pasados los cincuenta mantuvo dos matrimonios sin saber un marido de la existencia del otro; sin divorciarse de Guiler, se casó con otro hombre, que luego fue su albacea- con el que convivió los últimos dieciseis años de su vida en Los Angeles. Pero viajaba constantemente a New York.
Cuando murió se escribieron dos esquelas, en la neoyorquina ponía que el marido era Hugo Guiler, y en la de Los Angeles, el otro. Así se enteraron uno de la existencia del otro, o quizá ya sabían y se hacían los tontos…
Recomendable: Fuego, diario amoroso-
La vulva en excitación
Lipa Benet interpreta uno de mis relatos más leidos en la Red:
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
.
.
.
.
.Escucha otros audio relatos eróticos interpretados por Lipa Benet
Desvirgar a una mujer no siempre es sencillo.
Como sabemos, el viejo no tuvo suerte ni en el amor ni en el sexo. Su mujer, diligente esposa y madre amantísima, es amable con todo el mundo menos con su marido, al que odia íntimamente y desprecia explícitamente. El desprecio le viene al viejo de rebote, ya que no ha hecho nada por merecerlo más que estar en el lugar equivocado en mal momento.
La mujer del viejo -que de joven había sido bastante bonita, esbelta como maíz verde- con dieciseis años estaba loca por un vecino. El vecino era un muchachote robusto y hermoso, un chaval con buen futuro profesional gracias a ser el único hijo del carnicero con mejor reputación del pueblo. La mujer del viejo, suspiraba por el aprendiz a carnicero en secreto, sin haber confesado sus sentimientos a nadie, ni siquiera a su hermana mayor con la que tenía gran rivalidad. La jovencísima mujer del viejo tenía todas las esperanzas puestas en las fiestas patronales donde coincidiría con el chico en las verbenas, y quizá, quizá, le declarase su amor. Pero las cosas se torcieron por culpa de su hermana, que se pasó la tarde haciéndole ojitos al vecino y al final éste se decidió por sacar a bailar a la mayor y no a ella. No se soltaron durante todo el baile y por la noche, en la cena familiar, la hermana dio la noticia de su noviazgo con el heredero de la carnicería, noticia que fue aplaudida por todos. La chica que con el tiempo llegaría a ser mujer del viejo, por entonces adolescente apasionada, lloró toda la noche en silencio, pero de madrugada enjugó sus lágrimas con un pañuelo bordado de orgullo y ese mismo día se comprometió con el viejo, que era un rapaz larguirucho que la rondaba con ojos de enamorado. Comenzó a hablar con el viejo por puro despecho de amor y desde entonces se dedicó a hacerle la vida imposible. Lo conquistó con artimañas femeninas al estilo: te prometo y no te doy, me entrego un poquito, para luego negarme, etc. lo cual vuelve loco a cualquier hombre, pero mucho más a un chaval inexperto en la vida como lo era por aquel entonces el viejo. Se casaron rapidísimo. Una cosa fue llevando a otra, él porque estaba desesperado por echar un polvo, ella porque ansiaba casarse antes que su hermana.
Hay que recordar que de aquella el matrimonio era la única vía sensata de acceder a las delicias de la carne. Ninguno de ambos sabía donde se metía cuando decidieron casarse, pero ya a los tres meses era evidente que aquello había sido un fiasco. Esos meses fueron una pesadilla diaria y una tortura nocturna, noventa y un dias que tardó el joven esposo en desvirgar a la novia. Rasgar el virgo a su esposa fue la tarea más traumática que vivió el viejo en su larga vida. Ella le esperaba tumbada, con su camisón puesto. Tapada por las sábanas esperaba a que él se acostara a su lado para apagar la luz y entregarse a los besos de mala gana. Al principio él entraba al lecho nervioso, pero después de semanas de embestidas contra el muro irrompible, llegaba ya acongojado. A oscuras, tanteando lo desconocido, él trataba de romper, acribillar la membrana que, como macho, debía ser capaz de traspasar y parecía labrada a hierro fundido. Él, que sabía poco más de las relaciones íntimas que lo que le había visto hacer al toro con la vaca, tenía que conseguir forzar aquello que no tenía rastro alguno de disponer de un agujero. Por supuesto, la colaboración de ella era nula, como se espera de una mujer decente.
Lo intentó un dia tras otro durante quince, veinte minutos hasta que su hombría se revelaba y vertía su leche en la concha cerrada, lo cual le hacía sentirse bastante miserable, sobre todo porque resultaba evidente que a ella ese flujo espeso y caliente goteando en sus zonas privadas le daba un asco tremendo y en cuanto él se vaciaba ella corría al baño a limpiarse en el bidé.
Imaginaos el punto de desesperación al que se vio sometido el viejo que tragándose la vergüenza consultó su incapacidad a un amigo, un tipejo que se las daba de experto. Después de pitorrearse un rato, el colega recomendó untar con aceite de oliva la punta del nabo.
El joven esposo, a solas en el baño, tensaba su miembro, lo rebozaba bien de aceite e iba a la cama con el aparato en ristre. Accedía presuroso entre las piernas de la esposa, antes de que la erección decayese puesto que su miembro se estaba volviendo perezoso y comenzaba a fallarle, revelándose con blanduras que hacían todavía más difícil consumar la viril misión. Ella, con gran resignación, abría las piernas y recibía las acometidas sin decir ni mu.
Una y otra vez, una y otra vez, hasta que por fin un buen dia aquello cedió lo justo como para introducir el capullo. Al sentir tanta presión alrededor de la sensible bola su eyaculación vino sin avisar, una eyaculación anorgásmica que le dejó desconcertado, pero por fin esa noche durmió con la tranquilidad del que ha hecho los deberes.
………………………………………..
Este cuento es el número 13 de la colección de relatos hilados Crisol púbico
……………………………………….
Si te apetece, envíame alguna imagen que adorne este texto a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com
Mira las que me envían:
Leer más »
La princesa más hermosa del burdel.
Cuando cumplió quince años me dijo: “A mí nunca jamás me besará nadie”.
De inteligencia media y sensibilidad extrema, Sonia sabe que su boca de mueca torcida, su lengua gangosa, su horrible cuerpo disforme, difícilmente serán deseados.
Los instintos palpitan, la sangre hierve, la chica sufre.
¿Qué haría yo, oh dios, en su lugar?
Solita, Sonia. Dentro de ti haz que gire la rueda del infortunio y serás, sólo para tu deleite, la princesa más hermosa, la puta más alegre del burdel.
El pecado de Laura
Como sabemos Laura toma el café de las once en la cafetería Crisol que está situada al lado del taller de Víctor y que regenta Carmen, a la que Víctor todavía le hace el culo de vez en cuando.
Laura acude sola, se sienta en la mesa más apartada y rápidamente Carmen le sirve el descafeinado de máquina con leche desnatada, sacarina y un cruasán a la plancha con mantequilla y doble de mermelada de fresa.
En cuanto el viejo supo de la costumbre diaria de su maestra, también él visita el café y toma su sol-sombra en la barra con el periódico delante pero mirando de reojo a Laura, deleitándose en el placer que produce en la chica el desayuno. El viejo sospecha que a Laura le molesta que la observe mientras goza, pero no puede resistirse, del gusto que le da verla.
¡Con qué delicadeza unta la niña el cruasán en mantequilla! Manos hábiles, blancas como la luna. ¡Cómo esparce la mermelada! Se le hace la boca agua a Laura concentrada en su pastel, se le hace la boca agua al viejo, concentrado en los labios brillantes de ella. Nada tiene que envidiar la jugosa boca de Laura a las famosas bocas de piñón. Sus labios se dilatan levemente, las comisuras en leve sonrisa. Laura se contiene, ella podría devorar el dulce en dos bocados de lo apetecible que le resulta, pero no lo hace. Con los ojos líquidos, con cuchillo y tenedor, Laura saborea con su boquita dulzona a pequeños bocados. Boquita de rosa que ahora sabe a fresa. Mastica muy refinada la profesora con los labios cerrados. Sólo cuando ya ha tragado los abre para introducir un nuevo bocado. Con cada mordisco pestañea levemente. Se le suben los colores a Laura, virgen todavía, pasados los treinta y con aquellos ardores. La chica sublima los placeres genitales en el paladar.
El viejo fantasea con acariciar esos labios, repasar sus dientes y jugar con la lengua, el viejo fantasea sin escrúpulos con introducir sus dedos hasta la garganta de Laura propórcionándole placer oral de tal modo porque, pobrecillo, ya no está en condiciones de introducir ningún otro apéndice en hueco alguno.
El cuerpo de la golosita va notando los efectos de su gula y cada año que transcurre está un pelín más lleno, con la relativa suerte de que esos quilos se le administran bien, en las partes de su cuerpo más voluminosas y son esas carnes sobrantes las que llaman la atención de Víctor. Víctor no se fija en su elegancia al comer, al fin y al cabo él disfruta viendo a Carmen zampándose el desayuno, cogiendo el bollo con las manos y mojándolo en el café con la frescura de la mujer desacomplejada. A veces a Carmen hasta se manchan los dedos y luego se los mete en la boca y los chupa uno a uno sin mostrar el menor reparo.
………………………………………..
Este cuento es el número 12 de la colección de relatos hilados Crisol púbico
……………………………………….
Si te apetece, envíame alguna imagen que adorne este texto a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com
Mira las que me envían:
Tiberio dice que él dieta y lujuria. La gula la deja para otros.
Arturo Espada:
Un hombre, que no quiere que desvele su nombre y que asegura vehementemente que es fetichista de los pies:
Matheo nos da dos imágenes sorprendentemente parecidas:
Fernando Lobato nos regala dos también:
En Facebook, para introducir el relato de “El Pecado le Laura” planteé la siguiente pregunta: “¿Es mayor pecado la lujuria o la gula?”. Junior dice que le gusta la combinación de ambas, y para ilustrar su idea envía la siguiente imagen:
“Lolita” y “Alicia en el lado oscuro”
Todavía hoy me abruma recordar la cantidad de exhibicionistas que me topaba cuando tenía trece, catorce, quince años. Por suerte, nada serio, nada que pudiera haber deteriorado seriamente el desarrollo de mi sexualidad. Estudiaba en un colegio de ésos en los que debía vestir uniforme de falda plisada y calcetines. Mis formas, casi de mujer, eran un reclamo para el ramillete de señores que se agazapaban en el coche para ver pasar a las niñas. Leer más »
* .- Me comería tu coño de desayuno, me dijo uno de bigote, camuflado tras la ventanilla.
Victor se masturba
Es normal que un hombre vigoroso como Víctor practique el onanismo de vez en cuando. No sería un hecho relevante si no fuese porque el espectáculo del mecánico cascándosela es una obra de arte en cuya descripción me recrearé a gusto para solaz deleite de mis lectoras heterosexuales, mis lectores homosexuales y para los bisexuales de ambos sexos.
A Víctor, que actúa en la vida con el instinto de los hombres inteligentemente emocionales, que sabe -aunque no lo exprese con palabras- que hoy estamos vivitos y coleando y mañana fríos en el cajón de difuntos, le gusta disfrutar de su desnudez. Cuando la situación lo permite y la temperatura acompaña se desprende de camiseta y pantalón, de calzoncillos, zapatos y calcetines. Desnudo le gusta cocinar, ver la tele, navegar por la Red, dormir y, por supuesto, hacerse la paja.
Al tener lo que le cuelga al fresco se le va la mano allí, acude a esas zonas sensibles como impulso primitivo irrefrenable. Es costumbre de todos los hombres equilibrados psicológicamente, un hábito que procede de nuestro antepasado mono y que no es exclusivo del atractivo Víctor. Ese tic calificado de vulgar por mentes puritanas cobra dimensiones mayores al estar el hombre en pelota picada. Es habitual, por ejemplo, que Víctor tenga su mano derecha en el ratón y la otra jugueteando con su miembro, ese apéndice precioso. No estoy insinuando con ello que en su cabeza albergue pensamientos sexuales: se manosea la polla inconscientemente, como los niños en la playa.
Claro que por la propia mecánica del funcionamiento del órgano sexual masculino aquello se espoja, crece e inflama y entonces sí, entonces lo blando se convierte en firme y ya la cabeza de Víctor se va llenando de imágenes lúbricas. Esas visiones que le trae su mente no son especialmente originales, para qué disfrazar lo simple, Víctor piensa en coños, culos y tetas por ese orden de prioridades. Fantasea con el coño pelirrojo de Ana, con el culo de Carmen, con los pechos abultados de Juani o en el chochito de Celtia, con las pechugas de Jimena, o con las prominentes nalgas de Laura… Sí, últimamente la imagen de los glúteos redondos de Laura tal y como los imagina -todavía no los ha visto mal que le pese-, han entrado a saco en sus fantasías y toman protagonismo.
Víctor se relaja con su verga erecta, sostiene ese noble instrumento con su diestra rodeándola con firmeza con los cinco dedos de su manos. Sujeta la carne robusta y masajea arriba abajo. Los músculos de su brazo se tensan, Víctor observa su miembro, luego inclina la cabeza hacia atrás y cierra los ojos. Progresivamente agita el falo, primero lento, luego más fuerte, más rápido, las venas de su cuello sobresalen, el pecho potente se expande, el cutis color grana, la nariz sonrojada, parpadeo leve, los ojos giran cerrados, velocidad y tensión. El chico disfruta solito, dale dale dale y … zas!: el rictus. Ese irresistible rictus de placer en el rostro.
………………………………………..
Este cuento es el número 11 de la colección de relatos hilados Crisol púbico
……………………………………….
Si te apetece, envíame alguna imagen que adorne este texto a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com
Mira las que me envían:
Leer más »
“El peinado” por Lipa Benet
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.
Escucha otros audio relatos interpretados por Lipa Benet













RSS



