Victoria y el Fumador. Alberto Castellón
Victoria y el Fumador, novela editada por Irreventes, cuenta la historia de un hombre que se encuentra, veinte años después, con una de las musas de las revistas porno que gastaba en su juventud, una juventud vivida en los años de la transición española. Agustín, el protagonista, reconoce a la mujer que le había excitado tanto y se obsesiona pensando en ella, regodeándose en la imágen de esa hembra una y otra vez, buscándola por los mercados y por las calles, llegando a descuidar la relación con su esposa Marigracia, una mujer bastante histérica que no sale muy bien parada en el libro y que sin embargo me encantó como personaje. La pobre, con ese marido tan infantiloide, cachondeándose enamoradiscado de una imágen de papel cuché. Al final pasa lo que tiene que pasar y no lo cuento para no destripar una historia que está muy bien llevaba y que hace constantes referencias al pasado de “el fumador” en un toma y daca con el presente. Copio un párrafo donde Agustín, estimulado por el recuerdo de la modelo pornográfica todavía busca estímulo en el cuerpo de su esposa:
Se dió la vuelta para acoplarse a la postura ovillada de ella, pecho contra espalda, mejilla contra nuca, cuello con cuello, adecuando las extremidades en ángulo recto para que sus rodillas encajasen en las corvas de su pareja y presionando la rigidez sobre las nalgas de la mujer. Conocedor del acicate que representaba para ella, introdujo la izquierda por entre los botones de su camisón y exploró el vientre con las yemas de los dedos, con delicadeza, en silencio, como una estrella de mar que vaga por el fondo del océano cosquilleando a los corales. Sube. El meñique se entretiene en el ombligo. Persiste en la ruta. Un índice dibuja las hipérbolas inferiores de los senos. Percibe la carne de gallina. A estas alturas, los pezones se habrán erguido como los dediles de los guantes de goma cuando se sopla en su interior. En efecto, un repaso a la cúspide delata un pequeño puntal en el centro, sólido, pero que cede y se vuelve a levantar como el enérgico vaivén del punch-ball con que entrenan los boxeadores. Un estremecimiento de Marigracia. La cosa marcha. Ahora hacia abajo, con lentitud de arácnido deshaciendo camino para aterrizar en el vello púbico, lo enreda y desenreda. La derecha, en movimiento simultáneo, que levanta el faldón y se agarra a uno de los glúteos.
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Comentarios
Y que paso Susa, que el tiempo irremediablemente pasa para todos y va dejando surcos y huellas tanto fisicas como psiquicas en las personas, nooo?
Saber escribirf relatos eroticos es un don que los que nos preciamos de saberlos degustar agradecemnos con cariño
Con tu talento y mi imaginacion he pasado uno de los mejores ratos siendo voyeur de tu aseo y preparacion para el goze Gracias Susana,

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[...] Susana Moo.Sigue leyendo en http://www.susanamoo.com/2009/08/victoria-y-el-fumador-alberto-castellon/ [...]