La paloma se adoba
Cuando voy a tener un encuentro sexual importante, procuro prepararme física y psicológicamente con cuidado. Se para el reloj. Empiezo con un baño, me gusta el aroma a sándalo y canela. Cubierta por las aguas tibias, froto mi piel con esponja de crin, elimina todas las células muertas dicen, me lo creo y purifico. Aprovecho para poner una mascarilla en el pelo, para que luzca sedoso y brillante. Me relajo y pienso en mi cuerpo y en el del amante al que me voy a entregar pero no con demasiada lascivia, pues ello me alteraría, sino con dulzura y alegría.
Después me seco y pincho música relajante de la que lleva a bambolear las caderas y me dedico a mis pies.
Limo las uñas meticulosamente y las pinto del color que me inspire la situación. En ocasiones es el rojo cereza, otras el morado viejo, o quizás tan sólo delicado brillo. Los masajeo e hidrato más de la cuenta ¡cuánta vanidad!
Continuo con mis piernas, esmerándome en las rodillas y en los muslos. Si mi pubis necesita algunos retoques, ese es el momento. Es una zona de mi fisonomía importante pues con seguridad va a ser observada minuciosamente. No me agrada que se vean pelitos en las zonas internas, de modo que los elimino.
Mi vientre es elástico. Lo masajeo contundentemente para que la loción penetre en profundidad. Lo mismo sucede con brazos y espalda y cuello. A los pechos les doy un tratamiento especial, girándolos, juntándolos, imaginando cómo le gustará verlos a mi amante. Pongo un poco de carmín en los pezones para que luzcan más brillantes.
Peinarme lleva su tiempo, prefiero hacerlo yo misma a pasar horas en un salón de belleza. He de reconocer que casi nunca quedo conforme con el resultado, de modo que lo vuelvo a mojar y empiezo de nuevo el proceso. Procuro dar a mi rostro un aspecto natural, pero ello no significa que no le dedique un montón de potingues, sombras, carmines, máscaras y demás joyas de cosmética que guardo en mi neceser como tesoros. Realzo mi boca especialmente. También mi mirada. Éste es el momento en que visto la ropa interior. La verdad es que me gusta estrenar.
Me dedico a mis manos. Normalmente escojo la misma laca de uñas que en los pies, pero no es norma fija. Me gusta mi manicura perfecta. Mientras secan, observo los resultados en el espejo de cuerpo entero.
Procuro centrarme en las partes bonitas de mi fisonomía y obviar las que no son del todo de mi agrado. Si me obsesiono con aquello que no me gusta puedo echar a perder mi ratito. De modo que sonrío ante el espejo y ejecuto poses seductoras que me favorezcan. Es importante sentirme bella.
Me gusta llevar joyas que, cuando esté desnudándome, hagan sonidos agradables, pulseras que al chocar unas con otras tintineen. Suelo lucir aro en el tobillo, pendientes, sortija o collar que ensalce mi cuello y escote. Alhajas imperceptibles vestida, pero llamativas cuando se convierten en mi única indumentaria.
Todos estos preparativos son sumamente hedonistas y podeis tildarme de presumida: así es. Huyo de la coquetería vana, de los arreglos vacuos para comidas familiares, para reuniones de empresa o para encuentros con amistades, pero despliego el culto al cuerpo ante un encuentro sexual. Son arreglos minuciosos y relajantes, casi masturbatorios, que llevan a un estado físico de esplendor, son la adoración de la propia naturaleza ante el amor. Me siento una paloma acicalando las plumas con el pico, una a una.
Cualquiera dirá que no es un polvo lo que busco, que es el cielo en la tierra: pues sí. Sé como conseguirlo, en esto me siento segura, mi cuerpo es más sabio que mi cabeza, miles de generaciones de mujeres habitan en mis formas, mis abuelas y mis tatarabuelas han vivido para momentos así: soy de esa clase de estirpe.
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Comentarios
Ay, Susana, pues me encanta tu estirpe. Yo, cuando voy a tener un encuentro sexual (uff, cuánto tiempo llevo sin quedar con nadie con quien sepa de antemano ya que me voy a liar: a mí siempre me cogen desprevenida), voy a que me depilen, me ducho, intento colocar mis cuatro pelos (los de la cabeza), me echo crema hidratante y el proceso no me dura más de diez minutos.
Lo del carmín en los pezones no lo he probado nunca… Y mi vientre, más que elástico, es mullidito. Y tengo pulseras y collares, pero no sé combinarlos.
Eso sí: ha sido leer tu post y pensar: “Qué buen ratito para una misma”. Necesito darme un homenaje. No porque vaya a quedar con nadie. Necesito darme un homenaje bellezón simplemente para mí…
Gracias, guapa.
Un texto precioso. ¿Por qué reducir el placer sólo al encuentro? Las horas previas pueden ser también una ocasión perfecta para disfrutar a solas.
Desde mi perspectiva masculina no te quiero ni contar el huracán de olores, sabores, tacto y visiones que he tenido de tu momento íntimo contigo misma. Pero te juro que desde el lado femenino que todo hombre tiene te puedo garantizar que si me acicalara con el esmero que tú le has dedicado, a la cita no sé ni siquiera si llegaría (ya con todo esto estaría mas que servido), pero si llego mi amante ya se habría comido hasta las uñas de los pies de la impaciencia. Saludos desde Tauri y sigo descubriendote con anhelo con cada una de tus entradas. Besos…
Un texto precioso, sin lugar a dudas…Yo hago un ritual más o menos parecido, pero ¿tú crees que realmente ellos se dan cuenta? ainsss, que me temo que muchos no
Chámalle coquetería ou o que queiras; pero esa preparación que relatas xa é o inicio do encontro. E seguramente que hai ocasións nas que os preparativos son (case) tan estimulantes como o momento en sí mesmo.
(Boeno, seguramente me pasei un peliño; pero como ti dis que os depilas…eu vouno deixar así. De xeito que unha vez a paloma adobadiña, que lle aproveite ó pichón!)
Claro que nos damos cuenta Kay, supongo que no todos, pero algunos sí.
Una de las cosas que más me gusta es el olor a crema hidratante.
Totalmente de acuerdo que la preparación antes es importante, pero un encuentro casual y pasional también tiene su encanto, no??
uf…qué preciosidad de post-narración-viones-sensaciones…
me ha encantao Susana…
voy a leerlo de nuevo y a moverlo por ahí….
bsos de verano
que maravilloso ese preparar el banquete. Yo también lo hago. Me depilo, me recorto el pelo del pubis. Me encremo el cuerpo, me perfumo. Escojo mi lencería mas coqueta. Me rizo las pestañas, me pongo ropa favorecedora. Recojo mis rizos en la parte superior de mi cabeza. Estoy segura de que los buenos amantes se dan cuenta. Nos observan los muslos, los frotan. Se sumergen en nuestros senos, en nuestro sexo, en nuestros olores. Nos miran a los ojos, nos besan profundamente.
También es magnífico observar como el amante se preparó. A mi me encanta y me hace sentir especial, cuando noto que está recién bañado, recién afeitado, fresco.
A mi me gusta hacer el amor con bastante luz, para poder apreciar todo este lucimiento
besos Susana
La visión de ese ritual es por sí misma una película a color, una maravillosa cerradura antigua, visos al paraíso: el mismo que buscas y que seguramente consigues.
Invita a soñar. Particularmente lo hago de vez en vez, alguna de mis fantasías escurren por tus pies, los que he mirado con tanta delectación, otras tantas van por tus labios y tus ojos; las más atrevidas por el tono de tu voz y tu cabello desparramado en la almohada.
Saludos suaves.
Me ha encantado tu momento…
Yo también me dedico tiempo a mi ante un encuentro así… pero reconozco que no tanto como tu…
Una delicia sentirse tan bella y en ese punto… eso es el principio del fin… ahí… en esa cómplice intimidad con nosotras mismas empieza a arrodillarse el amante ante la diosa…
La belleza interior deslumbra!
besos!
deberían subvencionarte, se te lee tan frondosa, intensa y rebosante a olores, tan druida, con tanto tiempo para llegar a la cita, que dan ganas de volver a empezar.
juas
)
¡¡Dioses, larga vida a toda su estirpe!!
Esa coquetería no es algo que se pueda criticar, esa ambición a querer ser aun mejor, ese placer por ofrecer y ensalzar todo lo que hay debajo, provocar sensaciones y placeres visuales, que serán recompensados con admiración…
Mejor es pensar: Presumida, coqueta… sí… ¿Y a mi qué?
Sólo una pregunta nada más, Susanita: Si la cita para la que te preparas con tanta meticulosidad es con un hombre, ¿cómo te prepararías si fuera con una mujer…? Ya sabes, lo que afirmaste en tu pasada entrada “Una hembrita para mí”… Como las mujeres os fijáis en todos estos detalles, imagino que dichos preparativos serían más… a fondo, ¿no…?
Me gustaría que también lo describieras, si te da la fibra, claro… Tengo curiosidad como hombre…
“La negligencia constituye el mejor adorno del hombre. Teseo, que nunca se preocupó del peinado, supo conquistar a la hija de Minos; Fedra enloqueció por Hipólito, que no se distinguía en lo elegante, y Adonis, tan querido de Venus, sólo se recreaba en las selvas”. Ovidio. Arte de amar. Siglos II a.C. a II d.C.
Quizás un homosexual hubiera podido escribir un texto como el de Susana sobre sí mismo. El resto de los hombres, mucho me temo, seguimos siendo como dijo Ovidio.
Susana: me preocupa lo de “encuentro sexual importante”. ¿Qué ocurre en los que no lo son?
la idea del carmín en los pezones no me parece buena:
poco tiempo los miran, pronto les gusta lamerlos y chupetearlos, y el carmín sabe asqueroso.
en las tetas nada: ni cremas, ni perfumes, ni carmines: sabor a piel!
Hay, pues, una estirpe de mujeres-canela entre los dedos, mujeres-tintineo de sábanas, mujeres-carmín que llenan las paredes blancas de estertores.
Que prelegumenos tan maravillosos, que momento mas intimo para. Nunca prepararse para una cita fue tan delicioso, afortunada tu y afortunado el que pudo tocar a una diosa de carne y hueso
OOOOOOOOOle, oooooooole y oooooooooole
Lo único que se me ocurre, ahora mismo voy a abrir una botella de Viuda de Cliquot y brindo a tu salud la primera copa.
Maravilloso el cuento y maravillosa la dedicación que hará sentirse halagado al afortunado que disfrute de tus regalos.

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Uauh… Y aún hay mujeres que se resisten a ser tratadas como reinas por sus amantes…
Y rematas con algo que da por completo en la diana del sensible voyeur.