Archivo de 10 agosto, 2009
Sigamos el ejemplo de las plantas: seamos promiscuos.
Los árboles y las plantas son un buen ejemplo a seguir: dan lo mejor de sí para copular. Obscenamente expulsan al aire su semen en forma de polen y abren al viento sus órganos sexuales para ser fecundados. Todo ésto lo hacen con exhibicionismo barroco, para deleite de todos los que observamos.
Imaginemos una planta, un rosal por ejemplo, un rosal que decide reservarse y no florecer, un rosal estúpido que opta por inhibirse ante la primavera y rechazar el despertar estival. Una planta que bajo un extraño pretexto de pureza no da flor, retiene su polen, no abre sus capullos. Un ridículo rosal que se avergonzase de sus órganos sexuales. No nos temblaría la mano para arrancar esa infructuosa, tacaña, miserable planta de nuestro jardín.

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