Archivo de Agosto, 2009
Final, o principio.
Suelo hacer a final de temporada balance y resumen de mis trabajos expuestos. Hoy, haciendo repaso de los meses de verano, de lo que me apetece hablaros no es tanto de los relatos eróticos que he colgado, de las confesiones íntimas que he narrado o de mis lecturas estimulantes, como de un puñado de nuevos proyectos que he estado elaborando y que tengo guardaditos, listos para ser estrenados y que os iré desvelando a lo largo de septiembre.
Mañana comenzaré con el primero, que colgaré en exclusiva a las ocho de la mañana y que, ya os voy avisando, precisará de un adecuado sonido ambiente. Como sé que sois muchos y muchas los que me leeis en el trabajo os recomiendo utiliceis auriculares.
¿Alguna vez sentísteis eso de que se hace insoportable tener que esperar a mañana, de tantas ganas de que llegue el día? Así me siento.
¿Cómo se le chupa a un negro?
Imaginad un negrazo de dos metros y pico, todo rapado de pies a cabeza, todo azabache con el brillo de la dentadura blanca y el brillo de los ojos húmedos. Ved al negro desnudo y empalmado, erectamente sentado en un sillón, pelín recostado con las piernas abiertas, la mano negra sujetando la negra verga. Un negrazo con belleza temeraria que intimidaría si no fuera por su mirada entrañablemente calentita: ojos sonrientes de macho sano para con hembra asertiva.
Me arrodillo, no como símbolo de humillación – mucho menos de oración-, sólo pretendo tener al miembro de frente para tratarle de tú. Me arrodillo pues, me acerco y mantengo los ojos bien abiertos. Le gustará que pase mi húmeda lengua rosa desde las brevas negras hasta la sabrosa bola de chocolate siguiendo la ruta de la robusta unitaria. Y le encantará que separe los labios de mi boca e introduzca el jabugo entre moflete y moflete, paladeando la carne caliente. Y le chiflará que ejercite elasticamente mi lengua al tiempo que balanceo ritmicamente el cuello y succiono con fluidez, incrementando progresivamente en velocidad y humedad.
Realmente yo no sé si a ese garañón afro le gustará todo esto. No son más que especulaciones: yo no puedo certificar que a ese tipazo opaco sentado en su sillón, pelado de arriba a abajo, erecto como un sático y con agradecida sonrisa de angelote le gustaría mi ofrenda porque yo nunca se la he mamado. Nunca se la he mamado a un negro.
Victoria y el Fumador. Alberto Castellón
Victoria y el Fumador, novela editada por Irreventes, cuenta la historia de un hombre que se encuentra, veinte años después, con una de las musas de las revistas porno que gastaba en su juventud, una juventud vivida en los años de la transición española. Agustín, el protagonista, reconoce a la mujer que le había excitado tanto y se obsesiona pensando en ella, regodeándose en la imágen de esa hembra una y otra vez, buscándola por los mercados y por las calles, llegando a descuidar la relación con su esposa Marigracia, una mujer bastante histérica que no sale muy bien parada en el libro y que sin embargo me encantó como personaje. La pobre, con ese marido tan infantiloide, cachondeándose enamoradiscado de una imágen de papel cuché. Al final pasa lo que tiene que pasar y no lo cuento para no destripar una historia que está muy bien llevaba y que hace constantes referencias al pasado de “el fumador” en un toma y daca con el presente. Copio un párrafo donde Agustín, estimulado por el recuerdo de la modelo pornográfica todavía busca estímulo en el cuerpo de su esposa:
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La paloma se adoba
Cuando voy a tener un encuentro sexual importante, procuro prepararme física y psicológicamente con cuidado. Se para el reloj. Empiezo con un baño, me gusta el aroma a sándalo y canela. Cubierta por las aguas tibias, froto mi piel con esponja de crin, elimina todas las células muertas dicen, me lo creo y purifico. Aprovecho para poner una mascarilla en el pelo, para que luzca sedoso y brillante. Me relajo y pienso en mi cuerpo y en el del amante al que me voy a entregar pero no con demasiada lascivia, pues ello me alteraría, sino con dulzura y alegría.
Después me seco y pincho música relajante de la que lleva a bambolear las caderas y me dedico a mis pies.
Limo las uñas meticulosamente y las pinto del color que me inspire la situación. En ocasiones es el rojo cereza, otras el morado viejo, o quizás tan sólo delicado brillo. Los masajeo e hidrato más de la cuenta ¡cuánta vanidad!
Continuo con mis piernas, esmerándome en las rodillas y en los muslos. Si mi pubis necesita algunos retoques, ese es el momento. Es una zona de mi fisonomía importante pues con seguridad va a ser observada minuciosamente. No me agrada que se vean pelitos en las zonas internas, de modo que los elimino.
Mi vientre es elástico. Lo masajeo contundentemente para que la loción penetre en profundidad. Lo mismo sucede con brazos y espalda y cuello. A los pechos les doy un tratamiento especial, girándolos, juntándolos, imaginando cómo le gustará verlos a mi amante. Pongo un poco de carmín en los pezones para que luzcan más brillantes.
Peinarme lleva su tiempo, prefiero hacerlo yo misma a pasar horas en un salón de belleza. He de reconocer que casi nunca quedo conforme con el resultado, de modo que lo vuelvo a mojar y empiezo de nuevo el proceso. Procuro dar a mi rostro un aspecto natural, pero ello no significa que no le dedique un montón de potingues, sombras, carmines, máscaras y demás joyas de cosmética que guardo en mi neceser como tesoros. Realzo mi boca especialmente. También mi mirada. Éste es el momento en que visto la ropa interior. La verdad es que me gusta estrenar.
Me dedico a mis manos. Normalmente escojo la misma laca de uñas que en los pies, pero no es norma fija. Me gusta mi manicura perfecta. Mientras secan, observo los resultados en el espejo de cuerpo entero.
Procuro centrarme en las partes bonitas de mi fisonomía y obviar las que no son del todo de mi agrado. Si me obsesiono con aquello que no me gusta puedo echar a perder mi ratito. De modo que sonrío ante el espejo y ejecuto poses seductoras que me favorezcan. Es importante sentirme bella.
Me gusta llevar joyas que, cuando esté desnudándome, hagan sonidos agradables, pulseras que al chocar unas con otras tintineen. Suelo lucir aro en el tobillo, pendientes, sortija o collar que ensalce mi cuello y escote. Alhajas imperceptibles vestida, pero llamativas cuando se convierten en mi única indumentaria.
Todos estos preparativos son sumamente hedonistas y podeis tildarme de presumida: así es. Huyo de la coquetería vana, de los arreglos vacuos para comidas familiares, para reuniones de empresa o para encuentros con amistades, pero despliego el culto al cuerpo ante un encuentro sexual. Son arreglos minuciosos y relajantes, casi masturbatorios, que llevan a un estado físico de esplendor, son la adoración de la propia naturaleza ante el amor. Me siento una paloma acicalando las plumas con el pico, una a una.
Cualquiera dirá que no es un polvo lo que busco, que es el cielo en la tierra: pues sí. Sé como conseguirlo, en esto me siento segura, mi cuerpo es más sabio que mi cabeza, miles de generaciones de mujeres habitan en mis formas, mis abuelas y mis tatarabuelas han vivido para momentos así: soy de esa clase de estirpe.
Entrevista al alimón con Jorge Rueda
Jorge Rueda -posiblemente el mayor experto en literatura erótica en lengua castellana y realizador de la bitácora Erotolalia- y yo, hemos sido entrevistados para la revista Replicante por el periodista Pablo Santiago, autor, entre otras cosas, del libro Alicia en el Lado Oscuro.
Podeis leerla: Erotómanos sin fronteras
Collín, collín, collín.
Collín, collín, collín Leer más »
claveles e rosas
e pensamen e pensamen e pensamentos.
Pala-pala-pala-palabras amorosas
que leva o ven- que leva o ven- que leva o vento.
Flores collín flores collín
Flores no teu xardín.
El mono desnudo. Desmond Morris
“El Mono Desnudo” es un estudio antropológico sobre nuestra especie. Un análisis del comportamiento y de la evolución genética del mono al sápiens. Explica por qué nos quedamos sin pelo, por qué los pechos de las mujeres han crecido tanto, por qué las mucosas de nuestros labios se han dado vuelta y la respuesta es que todas estas mutaciones se produjeron por y para el sexo. El humano -y la humana- somos el animal más sexual con una gran diferencia cuantitativa y cualitativa.
Morris, zoólogo, asegura que nos fuimos haciendo lascivos por necesidad de adaptación: cuando el mono se hizo cazador se vio en la necesidad de actuar en grupo, debía cooperar y desterrar la rivalidad que suponía la existencia un macho dominante, jodedor de todas las hembras. Para favorecer esta cooperación de machos, nada más efectivo que el que cada uno dispusiese de su hembra: un modo de evitar líos. Para que esta relación se mantuviese más allá de la época de celo y cría comenzaron a copular cara a cara y con ello apareció el enamoramiento, y el gran lazo afectivo que nos une a nuestra pareja.
Que seamos tan sensuales, además de enlazarnos a nuestro cónyuge mediante el deseo, nos puede llevar, como de hecho nos lleva, a desear a otros individuos. Para evitar una promiscuidad no favorecedora de la familia como empresa de cría y control social, el mono pelado ideó formas morales represoras de esa sexualidad bulliciosa.
Me interesó mucho este análisis antropológico sobre nuestra sexualidad. Mi resumen es cojo y escueto, pero el libro es de lectura sencilla al tiempo que esclarecedora.
Didáctica sexual.
Yo creo que las mujeres tenemos la obligación moral de enseñar a follar a los hombres, ya no tanto porque ello invierte en nuestro placer, como por solidaridad -o por quedar bien- con las futuras amantes de nuestro hombre.
Cuando estás con un amante nuevo sabes bien qué es lo que le ha enseñado su pareja anterior, las anteriores. Hay algunos que están tan despistados, que se tiene la seguridad de que la frívola de su mujer se ha dedicado a fingir y el hombre está tan en dirección opuesta que a ver cómo enderezas tú eso.
Claro que los hay duros de mollera y a esos no hay diosa que les haga aprender cosa alguna, pero no nos engañemos: éstos son los menos y la mayoría pone interés en ser bueno en la cama. Por gusto o por vanidad les encanta complacernos.
Sigamos el ejemplo de las plantas: seamos promiscuos.
Los árboles y las plantas son un buen ejemplo a seguir: dan lo mejor de sí para copular. Obscenamente expulsan al aire su semen en forma de polen y abren al viento sus órganos sexuales para ser fecundados. Todo ésto lo hacen con exhibicionismo barroco, para deleite de todos los que observamos.
Imaginemos una planta, un rosal por ejemplo, un rosal que decide reservarse y no florecer, un rosal estúpido que opta por inhibirse ante la primavera y rechazar el despertar estival. Una planta que bajo un extraño pretexto de pureza no da flor, retiene su polen, no abre sus capullos. Un ridículo rosal que se avergonzase de sus órganos sexuales. No nos temblaría la mano para arrancar esa infructuosa, tacaña, miserable planta de nuestro jardín.
crisis
Cuanto menor es la necesidad de una especie de ganarse el sustento, mayor es el esmero en la corte nupcial. Los animales que viven en entornos ricos y que nadan en la abundancia desarrollan cantos, plumajes, bailes o ritos de lo más extravagantes y sofisticados.
Mirad la espectacular corte del ave del paraiso del documental “Tierra: la película de nuestro planeta” dirigida pr Alastair Fothergill y Mark Linfield.
Ahora los humanos parece que estamos en crisis. Habrá que dejarse de melindradas, abandonar perfumes, sedas, golosinas, espumosos y alta corsetería: follemos en pelotas pues.






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