Archivo de julio, 2009
Os mariñeiros
Cantiga:
O maniñeiro traballla
De noite coa luz da lúa
Da gusto velos chegare
Pola mañán cedo
Cheirando a frescura.
Os mariñeiros gústanme todos, ou case todos, polo que representan dos meus ancellos. Síntome perto deles e téñolles agarimo morriñento.
Como digo, gústanme todos, os de altura e os de baixura, pero hoxe vou falar dos que pescan con cana nas areas do peirao mais recunchadiñas.
Se vos fixades, moitos deles acostuman a permanecer en pe coa cana na man dereita e a esquerda metida no peto do pantalón. Non hai quen me quite da cabeza que a man do peto sostén a outra cana, esa máis grosa e quentiña.
A pesca é un deporte tranquilo, para reflexionar e disfrutar da contemplación, un deporte que asosega as ánimas e eses empalmes dos mariñeiros son síntoma de saúde física e psíquica. Agarran a verga mariñeira, o xurelo fresquiño, apretando coa man de fronte ao mar: casados co vento e coas ondas mainiñas de ría sosteñen a pulso esa ecolóxica erección.
Pero ademais de estar a apalpar na cana e a ollar o mar, gústalles encher o caldeiro de peixes. Algúns, os mais avarentos, cantos máis peixes collen mais envarillados se poñen.
El sabor de la miel. Salwa Al Neimi.
Hace tiempo que me pregunto cómo viven su sexualidad las mujeres árabes, bajo su velo. Salwa Al Neimi pone luz a esa curiosidad de un modo muy bello, casi poético en su libro “El sabor de la miel”, convocando a los grandes escritores y escritoras de la cultura erótica islámica, castrada en el siglo XVII. La autora narra en primera persona sus experiencias, sus sentimientos y los de algunas de sus amigas, además de hacer un repaso a los autores eróticos del mundo islam, tan desconocidos en Occidente. Salwa, según cuenta, era gran aficionada a la literatura erótica -como yo- y lo llevó en secreto -como yo- durante muchos años, hasta que pierde el miedo y se decide valientemente a publicar este libro firmado con su auténtico nombre – a diferencia de mí- , que está prohibido en varios paises árabes.
¡Al fin son las mujeres del chador tan parecidas a nosotras! También aquí escondemos en gran medida nuestra sexualidad verdadera, por mucho que se teorice y se parlotee en la red, por mucho porno que circule.
Me encantó esta historia breve pero jugosa que anda ahora por las librerías editada por Emecé. Copio un párrafo que llamó mi atención porque me siento muy identificada con la idea que expone:
Leer más »
Sexo telefónico
Dos veces he practicado sexo telefónico, con dos hombres distintos, ambos “amigos desconocidos” con los que entablé relación en la red.
Al primero le hice yo el trabajito oral en un afán por saber si, llegado el caso, sería capaz de ganarme la vida respondiendo a un teléfono erótico. No me haría rica, me salió topicazo:
-¿Dónde quieres que lleve mi lengua?
Divertido fue, pero calentar no me calenté, y me daba la risita esa de novata, nerviosa y boba.
La segunda vez surgió sin buscarlo: mi interlocutor es otro bloguero que solicitó entablar conversación conmigo para disertar sobre nuestra afición común, ésta de postear, y estuvimos de palique durante un par de horas muy amenas, disertando sobre asuntos serios que nos incumben a ambos. Pero una cosa llevó a la otra y no sé cómo me encontré con las bragas enroscadas en las rodillas y con la mano derecha en el centro de placer – la izquierda no soltaba el aparato telefónico, la escucha sin dudas interesaba a mi lujuriosa orejita-. La cosa remató en un calentón, un éxtasis solitario con animación auditiva.
Fué él el que soltó carrete verbal, explícito e impudoroso, en susurros de voz masculina. Yo me limité a fantasear y a emitir los suspiros habituales:
- Mmmm, ay, mmmm, aaayyy …
Conclusión: no siempre es necesaria una polla, a veces una buena prosa alcanza objetivos similares, pero si me dan a elegir me quedo con las tres eses: sudor, saliva y semen. Claro.


RSS



