Cana al aire, pelillos a la mar.
La madre de Fito. (A nai de Fito aquí)
Hace unos tres años que mi hijo Fito vive en Londres y siempre insistiendo en que fuéramos allí, pero a mi marido no hay quien lo saque de casa. El no quiso ir, pero yo sí.
Los dos primeros días Fito pidió vacaciones y me enseñó Buckingham Palace y el Big Ben. Incluso fuimos a un pub a tomar cerveza. Pero el resto de los días él trabajaba y yo me las apañé. La suerte llegó porque encontré un supermercado de un hindú que chapurreaba portugués y aún pudimos tener conversación.
¡Qué buen mozo el hindú Shuri! Atento en demasía, tan educado… y tan buenas migas hicimos que cuando yo entraba en la tienda sólo le faltaba ponerme la alfombra a los pies. Masculino a rabiar, al principio hasta me daba apuro mirarle a los ojos, de tan grandes y oscuros, con las cejas erguidas y ese pelazo negro; un hombretón con la sonrisa de niño. ¡Y ese modo de mirar! Un indiscreto, que se fijaba de aquella manera en mi cuerpo, tan ostentosamente que me ponía nerviosa. A Shuri le entré por los ojos, vete tú a saber por qué. Dicen que hay hombres a los que les gustan maduras y él debe ser de ésos. Y eso que podría tener la mujer que quisiera, oliendo siempre limpito, con la camisa recién planchada, que no tenía necesidad ninguna de fijarse en mí, que vete tú a saber si no le doblaré en edad.
Yo de coquetear no soy. No digo que después ya me pintaba y compré los aros dorados con piedrecitas y las sansalias amarillas… Me arreglaba porque me hacían chiste las carantoñas del hindú y las risas que nos echábamos, pero mi intención no iba más allá. Pero el demonio de Shuri iba entablando confianzas y yo no le paraba los pies porque allí en Londres todo me parecía distinto.
Yo imaginaba que jugaba porque era cliente nueva, pero fui cayendo de la burra cuando me sostenía la mano al darme el cambio y me palpaba bien la cintura cuando me enseñaba sus productos. Y ya todo se desencadenó cuando hizo como quien se le cae el paquete de tabaco y quedó allí en el suelo mirándome a las rodillas.
Lo que no me explico es mi reacción, que me lancé al hombre como si tuviera hambre atrasada, que me entró una calentura loca, loca. Fuera de control: a sacarle la ropa y a lamerle el cuerpo allí en el pasillo y él arrastrándome a la trastienda.
-¡Pasa, pasa que aquí nos pueden ver!
No me pregunteis cómo, pero allí me encontré desnuda, acostada en una cama del cuarto al fondo de la tienda, con
Shuri tan apasionado con su sonrisa y sus palabras:
-Española bonita.
Yo no sé cómo fue pero con el follón ni condón pusimos. A pelo. Lo hicimos a pelo. ¡Jesús!
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Comentarios
Geniales esos detalles de los momentos relatados, con esa naturalidad, esa forma de tirarse a la piscina sin apenas agua en el fondo… pero es lo que nos mueve ¿no?… pues eso… pelillos a la mar.
Ay Susanita …. este relato despierta el deseo, sea en el hombre o la mujer … que bien que lo describes …. y de la imagen que haz elegido, qué decir? … sino que es preciosa? …. un bello conjunto, para este fin de semana, que aprovecho para desearte lo pases muy bien….Un besito rojo, donde lo quieras..
[...] Susana Moo.Sigue leyendo en http://www.susanamoo.com/2009/07/cana-al-aire-pelillos-a-la-mar/ [...]
Me encanta el tono, la buena señora que no se puede resistir a los encantos de ese morochazo…Me muero con los morenos, desde hindues a griegos, arabes…Y encima con lo entradores que son los vendedores, un poco pesados y bastante obvios pero irresistibles…Ay Susana…
dificil resistirse ante los ojos negros de ese hindú (¿o era paquistaní?) ![]()
ya se sabe que lo exótico tira mucho.
cortico pero efectivo.
un rapido recorrido por las erecciones y palpitaciones que provocan las mujeres maduras, sin saberlo (o sabiendolo).
Besitos susanita,
SEX0
Susana, encantador el relato de la madurita. Me ha gustado la sutileza y erotismo concentrado en pocos renglones. He visto que llevas un año con el blog. Me llevará un poco de tiempo leer el blog completo, pero lo haré, me apetece un monton. Yo soy un escritor novel, que ha tenido la fortuna de que le editasen su primer libro. Me encantaría que visitases mi blog y me dieras tu opinion. Pili me ha recomendado que visitase el tuyo y ha sido un acierto. Sin duda te seguiré
Genial Susana.
¿Y tú eres la que te planteabas hace unos días reiventarte? Pues lo has conseguido.
Gracias Susana.
Lo olvidamos todo muy pronto, por eso hay que repetirlo. En el sexo, en la literatura, en la vida. ¡Bienvenida de nuevo, Moo!
Que bello relato!!! Me encanta como lo describes, con erotismo y delicadeza.
Me identifico con Shuri, mi pareja tiene 16 años más que yo y fué un flechazo cuando la conocí….y también senti ese hambre visceral

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Me ha gustado este relato y la ilustración me ha parecido tan adecuada que me surge la pregunta… ¿qué fue antes el huevo o la gallina? ¿escribiste el relato porque diste con esa imagen, o al revés? La prosa está bien, Susana se revela poco a poco como una escritora versátil. Lo cierto es que la temática del relato, para mí no es la relación de una mujer madura con un chico joven…, dicen que cada lector lee una historia distinta… lo que más me ha llamado a mí la atención es cómo el deseo de una mujer se ve directamente influenciado por el deseo que inspira en un hombre. Sentirse expuesta. Esas miradas llenas de descaro que gastaba el indio casi escandalizaban a la protagonista aunque en el fondo satisfacían su necesidad de sentirse objeto de deseo. Como si los ojos ávidos de un hombre rudo y primitivo emanasen un calor que lame la carne de la mujer atravesando su ropa… Después lo hicieron “como con hambre atrasada”, porque realmente aunque hagas sexo una y otra vez con tu pareja, si encuentras ese tipo de química visceral, ese deseo primitivo en los ojos de otra persona… el cuerpo te parece torpe y estúpido para cualquier otra cosa que no sea conseguir ese momento con él o ella. Aunque se despedace por ser un encuentro fortuito que no se repetirá. El sexo se convierte en la realización personal… como descubrir para qué momento preciso fuimos dotados de la condición de seres humanos.