Archivo de junio, 2009
Berlusconi versus Zeus
He dudado largamente si manifestar esta tontería que me embarga. Me da mucha vergüenza, incluso un cierto repelús, confesar lo que finalmente contaré. Sea por dar luz a los entresijos de la lujuria. Allá voy:
Desde lo de las dichosas fotos de Berlusconi, éste se ha convertido ni más ni menos que en mi fantasía sexual. No creo que Il Caballieri me excite por rico y mucho menos por guapo. Creo que es el poder. Desde luego no me apetece besarle -por mucho perfume, el álito ha de ser rancio- y menos todavía su semen… pero sentar mis nalguitas en en sus rodillas, en el regazo de ese papi omnipotente y dejarme hacer, sí. Sí.
El presidente italiano es una representación fiel del arquetipo del dios Zeus: padre todopoderoso, casquivano cruel, generoso y soberbio. La idea cochina de ser poseída por un dios prepotente ejerce en mí una falsa sensación de seguridad y confort que desemboca en una excitación sexual. Extraña excitación, ya que ese rey de Roma personaliza muchas de las características del sistema patriarcal consumista que aborrezco. Pero he de reconocer: me calienta, el cabrón.
¡Qué complicados los mecanismos de la lívido! No siempre es lo bello y hermoso aquello que invita al sexo, a veces es lo que da grima. Qué cosas.
Eva, su manzana y el pecado.
No me extraña nada, pero nada, que Eva le ofreciese la fruta prohibida a Adán: es una visión magnífica observar cómo un hombre atractivo se zampa una manzana roja con toda su voluntad y entrega.
Le costó caro a la pobre Eva, presenciar el espectáculo de Adán – sin la hoja de parra todavía, sin vergüenza todavía, erecto sin duda – dándole bocados jugosos al fruto del árbol vedado. Abriendo la mandíbula y arrancando la pulpa con recién estrenado poder y arrogancia, traspasando, altivo, las difusas fronteras entre el bien y el mal.
Sí: morbosa Eva, con ese afán voyeur de incitar al hombre a saciar su hambre en acto de desobediencia, con gula obscena, acometiendo el pecado mordisco a mordisco, con las comisuras de la boca jugosas, con el paladar salivando de placer.
Tuvo que pagar un precio la traviesa Eva por desear que su hombre fuera sabio y perverso, rebelde y lascivo. Sin embargo, la defiendo: yo haría lo mismo, aunque haya que parir con dolor, aunque nos largaran del paraíso, yo también querría que mi hombre fuera libre.
Celadores, héroes de Eros.
Este cuento lo he escrito originariamente en gallego, para los que gusteis leer en esta lengua, os recomiendo pincheis aquí.
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Mis celadores
Cuando te llevan a operar, los nervios afloran. Son momentos delicados en que todo pensamiento sexual debería estar fuera de lugar, pero no siempre ocurre así. De hecho, muchos de nosotros nos asimos al sexo como expresión máxima de la vida cuando la muerte asoma la guadaña: en los hospitales Tánatos está encrespado y los celadores, sanotes, se convierten en los héroes de Eros.
Cuando lo de mi apéndice, tuve la primera experiencia hospitalaria y le tenía un miedo irracional al bisturí, pero eso no impidió que cuando aquellos corpulentos especímenes me vinieron a buscar, mi femeneidad floreciera como vía de escape primigenia. Eran dos y llevaban camisola de hilo verde y pantalón combinado -pienso que por debajo nada vestían-. A uno se le veían los pelitos del pecho: alto, moreno, guapo de frente y de perfil. El otro, uno de esos tipos a los que les gusta hacer sopitas con el pan, si tenemos en cuenta la pancita rechoncha que se me antojó encantadora. Una pareja de hombres de brazos musculosos y trabajar diligente.
-Buenos días, venimos a buscarla para el quirófano.
Parecían altísimos, claro que yo estaba acostada, desnuda debajo del camisón de enferma, con mi pobre pubis rasurado a instancias de una enfermera que me lo rapó en seco sin mirarme siquiera a la cara.
Me llevaban, los dos amiguitos, por esos siniestros corredores y me di cuenta de que uno de ellos tenía una pulserita de cuero, y el otro un anillo de casado. Yo tenía miedo, mucho miedo y gruesas lágrimas resbalaron por mis mejillas, pero no era el canguelo ni el dolor lo que me hacía llorar. Era que esos dos jóvenes tan apetitosos me miraban con los ojos vacíos de deseo, me veían como quien mira a una enferma y no se percataban de que debajo de ese apéndice inflamado había una mujer con suficiente energía para resistir a los dos hercúleos celadores cuando estuviéramos, ellos fuera de servicio, y yo a pleno rendimiento.
Carmiña, Carmela
Ven bailar Carmiña, Carmiña Carmela,
Con zapato baixo e media de seda
Con media de seda, con media calada
Ven bailar Carmiña miña namorada.
A Carmela é bonita toda ela, pero somentres con mirárllelas pernas arrímanse os cans ás paredes.
O seu mozo é fetichista, e ela dálle polo gusto.
Ao namorado gústalle ollala bailar con eses zapatiños de tacón baixo, descotados polo empeine, con esa media de filigrana calada que lle sube polas coxas a Carmiña e acariña a pel da namorada co movemento do baile.
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O que non sabemos é se a Carmela leva as ligas de seda, as cintas de raso, a braga de encaixe, ou qué raños levará debaixo da saia, pero o namorado sabe… ai! el sabe.




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