Una historia para los fetichistas de los pies, para los podófilos.
Tenía veintipoquitos y todavía no era consciente del poder seductor de unos bonitos pies femeninos. Los brutos con los que había estado hasta entonces admiraban otras voluptuosidades más evidentes de mi fisonomía. Como la damita aventurera que era, me calcé aquel verano mis deportivas y me fui a un campo de trabajo del Perú andino. Allí hombres y mujeres caminan descalzos y un buen día decidí hacer lo propio. Desanudé primero un tenis, luego otro, me deshice de ambos con brío, como en una liberación profunda tiré, ni corta ni perezosa, de ambos calcetines a la par, sin tener la menor idea del alboroto que ello iba a causar.
-¡Miren, miren!, dijo uno, ¡tiene pies de bebita!
El estupor de aquellas gentes marcó un antes y un después en mi trayectoria sexual. De repente, todos aquellos incas criollos se me acercaban con reverencia, en los ojos de las mujeres había un cierto deje a envidia, en los de los hombres vaga lujuria. Me rodearon conservando una respetuosa distancia, como si el poder de la belleza les mantuviese en posición de adoración Todos miraban mis desnudos tobillos, todos babeaban ante mis ahora cohibidos pinreles, el uno al ladito del otro, asombrados ante tanta expectación. La verdad es que ellos, mis pies, se sentían como si respiraran por vez primera, como si fuesen bebés que aspiran hondo recién salidos del útero, como si les hubiese tenido empaquetados toda la vida. Me sentía de forma similar a la que puede sentirse una chinita cuando la despojan de sus vendas miniaturizantes, mis pies se desperezaban después del largo, larguísimo invierno de botas de montañera, calzado habitual de mi primera juventud.
Ante tan gran expectación, dirigí mi mirada hacia esos pequeños apéndices de piel blanca transparente, esos piececitos talla 36 de dedos perfectamente alineados como cinco hermanitos de madre fértil, los miré como si los viese por primera vez. Me sonreí ante su fragilidad.
-Pobrecitos, pensé.
Toda esa gente de piel curtida y pies trabajados admiraban el desuso de los míos. Entonces me fijé en mis uñas de brillo natural, limpias, transparentes al rosa de la carne, observé el empeine delicado de epidermis tan leve que pareciera que una pluma podría rasgarla y sentí algo así como una soberbia interior, como un ligero sentimiento de superioridad y poder.
Entonces una morena se me acercó, con su mirada azabache pidió permiso a mis ojos para tocar mis pies. Accedí sumisa sin saber muy bien qué. Los tomó con ambas manos por el talón, primero uno, luego el otro:
-¡Qué lindos!, dijo, no los muestre usted, señorita, son un tesoro que solo un amante debe poder desnudar.
Y la morocha sacó de debajo de su pollera colorá unas delicadas babuchas de fina lana trenzada, con pequeños dibujos bordados en miniatura. Tenían suela de cuero pulido con unas palabras talladas en idioma desconocido, quizá quechua. Se anudaban desde atrás con unas cintas estrechas de mil colorines alzándose tobillos arriba, subiendo hasta la pantorrilla. Eran muy escotadas y dejaban ver las diminutas rayitas que forman la unión de un dedo con otro Las sandalias que la sáfica me vestía provocaron un grito de júbilo entre la gente que se arremolinaba, siempre a distancia prudencial. La mujer me calzaba con sumo cuidado, teniendo mucha precaución en que la tela se ajustase perfectamente a mi piel. Daban un aire divino a la parte más inferior de mi cuerpo. Con esas babuchitas de princesa podía verme como una novia india el día de su desfloración, podía imaginarme danzando desnuda a la luz de la luna del Machu Pichu, podía verme en una desenfrenada danza tribal a punto de ser poseída por cada uno de los machos jóvenes de poblado, o quizás por el más fuerte de todos ellos. Con ese exquisito calzado mi fantasía volaba y podía ver mis pies siendo paseados en parihuela de juncos llevada por quince mozos fornidos en taparrabos. Dentro de esos zapatitos de reina faraónica podía ser cualquier cosa que me propusiese.
Entonces la mujer me sonrió mostrando todos sus dientes blancos y despacito, muy calmadamente, fue desenlazando lo que antes había entrelazado y me desprendió de lo que ya se había convertido en el objeto de deseo más preciado. Me los quitó y se los volvió a guardar bajo la voluminosa falda y tuve que ser testigo de mi propia humillación al calzarme delante de toda esa gente mis calcetines blancos y mis deportivas de marimacho.
Desde ese día he aprendido a valorarme, cualquiera puede ver mis pies bellamente vestidos, soy una sibarita del buen calzar sin caer en la estupidez de caminar incómoda por ello, es decir, los altos tacones empinados, tan solo los uso para lucir en horizontal, pero no se crean, solo unos pocos elegidos son los que pueden desnudarlos, y pocos, muy poquitos, los que admito que les acaricien con sus manos, que les besen con sus labios, que les laman con sus lenguas o que les rieguen con sus fuentes.
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Comentarios
!BRavo¡ No se si lo que acabo de leer es erotismo literatura yo lo denomino simplemente arte ademas balsamo para olvidar las cosas desagradables que nos rodean,no se como eres fisicamente yo te imagino preciosa a partir del tu planta de pie del 36 y hasta contemplar toda la figura y como la imaginacion es libre te deseo y te poseo o bien me tienes poseido.
Reconozo que primeiro miro a outras partes antes que aos pes; pero tamén hai que brindarlles a pleitesía que merecen.
E non teñas medo de empacharnos; que as cousiñas que nos contas son moi doadamente dixeribles polo ben aderezadas que as ofreces.
(E xa que nos amenazas con ternos uns días a pan e auga, hoxe non vou ler a historia presentada a Berlanga. Dosificareime de deixareina para mañán)
Jejeje que bueno! yo no es que tenga podofilia, pero una chica sexy con sólo unos zapatos de tacón puestos (o ahora que están de moda, unas sandalias de esas romanas rememorando gloriosos tiempos de orgías imperiales dignas de Calígula o Tiberio), me pone que no veas. Además, cuando se monta a una ninfa con sus piernas levantadas y sus pies en los hombros, es una maravilla morder el pulgar y succionar y acariciar con la lengua el tobillo (al parecer es zona erógena, no?)
Si es que unas buenas sandalias o unos zapatos de tacón muy alto generalmente les gusta mucho… (a mí los pies como que me parecen horribles).
Me alegro de que estés tan animada. Transmites alegría.
Besos
por qué parece que solo los pies femeninos pudieran ser fetiches?, jamás ninguna amiga me dijo que se fijara en los pies de los hombres, y yo no lo hago, salvo cuando veo unos particularmente enormes o feos jajaja
no encuentro la otra historia! no había dos?
en fin, mejor no la leo, vaya que me dispare la imaginación, que me voy a la cama, y las dos de la mañana de un viernes, es una hora muy tonta para acostarse sola.
tchik!
No soy fetichista de los pies, a mí me va más fijarme en la mujer en su conjunto, intentar captar la armonía del todo: su cuerpo, su sonrisa, su melena, su voz, sus ojos… Pero reconozco que, con este cuento, has puesto partes de mi maquinaria en marcha, que no creía que se pondrían por sí solas… Muy simpática, tierna y sugerente, la imagen de unos pies bonitos.
Un saludo.
Un oasis en el páramo encontrar una mujer que se proclame fetichista de sus pies.Te animo a insistir en el tema con otros relatos e ilustraciones.
En cuanto a tu última foto, un delicioso plato de cerezas maduras para disfrutar.
Saludos
exelente nos transportas al lugar con una narracion exquisita,de verdad uno se imagina estar entre los espectadores de tus hermosos pies,y haces que uno quisiera poder ser de los pocos elegidos que pueden desnudarlos, y de los pocos, muy poquitos, los que admites que les acaricien con sus manos, que les besen con sus labios, que les laman con sus lenguas o que les rieguen con sus fuentes.
besos.
Que bello relato. Soy de los que admiran unos bellos pies de mujer, que al verlos desnudos, me provoca acariciarlos entre los dedos y cosquillear sus plantas.
Bonito relato.Ahora a saber que imagen nos hemos formado cada uno de nosotros de esos pies y de su dueña,que es lo bueno de la literatura,lo escrito alumbra imgenes diferentes.
pues para mí, tú ya eres merecedora de ese par de sandalias taconadas de tiras amarillas, faltaría más…jah!
Mi fantasia y deleite pasa por los pies femeninos, si son grandes me erotizan mas. Me encantan las mujeres muy sensuales y juguetonas, los juegos de cambio de roles, el jugar dando y recibiendo.
Muy lindo tu cuento. un beso entre tus deditos
Luis
si esos pies los viera un ex- novio mio, se volveria loco, era un fetichista de los pies,
le encantaba chuparlos, besarlos,
me conto que tuvo una novia que le dijo que nunca se habia corrido por una sesion tan rica de besos y lametadas en los pies
yo le apode el orgasma pies
No existe como mas excitante que masturbar a una chica con sus pies, tocarlos, besarlos, lamerlos, el talón, uñas, etc, es todo un arte, y puede tener unos orgasmos seguidos que la vuelcan loca de placer
si realmente lo sabes hacer la puedes llevar al cielo, es cuestion de practica y de que los pies sean una de sus zonas mas erogenas porque hay chicas que no sienten mucho en los pies
Me encantó el segundo relato, yo también comparto la afición por los pies hermosos y me jacto de tener una pareja a la que le gusta que se los mime. Gracias por el texto…
Muy amables, Cheo, juan, tierna, luis, bell,tiberio, jose, donato, francisco, bacus y Arturo…
Me siento muy contenta con este relato gracias a todos los que os animais a comentarlo, especialmente los no habituales-. De hecho algunos que entraron por aquí (creo) se han quedado como comentaristas, ojalá pase con más.
aja. segun vos tenes lindos pies. me permito durar. tus dedos son bastante feos y si no fuera por el tatuaje no creo que llamen mucho la atencion. tu relato no cuenta nada y es bastante soso.
en fin………
a mi juicio son unos pies de lo mas divino y lindos aue pueda tenes una bella dama.mil gracias por permitirnos verlos. soy de mexico,d.f.
me encantan
los pies de las mujeres
me encantan tocarlos besarlos
aunque hay mujeres con pies
feos …
y otras con unos pibes maravillosos
Me topeè con este escrito por consejo de una amiga del facebook. Soy de Lima, por la forma còmo escribes no eres peruana, o sì? Permìteme comunicarme contigo. Has hecho una narraciòn muy buena, digna de una mujer que admira sus pies con especial cuidado.Mi correo es: icarus_jet@hotmail.com. MI direccion facebook: http://www.facebook.com/susana.moo/posts/1758370352511?notif_t=feed_comment#!/profile.php?id=1142297184
Viviendo en mi país, con su doble moral y su múltiple mojigatería, jamás me atreví a externar la fascinación que en mí ejercían los pies de mis compañeras de clase, de las caminantes en la acera, de las modelos en los catálogos de zapatos. Hará cosa de 15 años que se pusieron de moda los zapatos abiertos, estilo sandalias, incluso para ocasiones muy formales; cosa que no dejo de agradecer al destino. Incluso algunas amantes se han desconcertado cuando, extasiado de pasión, acaricio y beso sus menudas plantas.
Y heme aquí, descubriendo que para nada soy el único en este mundo que se admira y se embelesa con el diminuto pie que te lleva a un lado y a otro.
Saludos a tod@s!!!
Dicen que los seres humanos no usamos ni el 10% de nuestro potencial y no me consta pero lo que si puedo decir es que muchas mujeres no usan o siquiera conocen el potencial erótico que sus pies poseen, creen que solo sirven para llevarlas de aquí allá. Si supieran que usándolos adecuadamente pueden llevar el pulso de uno al límite, si tal solo fuera así…
El relato muestra exactamente, milimétricamente la delicadeza, la admiración y el sentido del ritmo con que se trata unos bellos pies femeninos. Pregunto a Susana, que seguro dispone de ello, si podría ponerme en contacto con personas que deseen formar un grupo de gente descalza en Madrid. Mi correo es descalzoenmadrid@yahoo.es
Qué erotismo!! Después de leer algo así, yo al menos, no me quedo indiferente. Brillante. Gracias por compartirlo.

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oleeeee…. con lo que me van a mi los pies y hacer piecitos… Gracias por aportar tanto a este mundo blog!
besos