Archivo de 7 junio, 2009
Eva, su manzana y el pecado.
No me extraña nada, pero nada, que Eva le ofreciese la fruta prohibida a Adán: es una visión magnífica observar cómo un hombre atractivo se zampa una manzana roja con toda su voluntad y entrega.
Le costó caro a la pobre Eva, presenciar el espectáculo de Adán – sin la hoja de parra todavía, sin vergüenza todavía, erecto sin duda – dándole bocados jugosos al fruto del árbol vedado. Abriendo la mandíbula y arrancando la pulpa con recién estrenado poder y arrogancia, traspasando, altivo, las difusas fronteras entre el bien y el mal.
Sí: morbosa Eva, con ese afán voyeur de incitar al hombre a saciar su hambre en acto de desobediencia, con gula obscena, acometiendo el pecado mordisco a mordisco, con las comisuras de la boca jugosas, con el paladar salivando de placer.
Tuvo que pagar un precio la traviesa Eva por desear que su hombre fuera sabio y perverso, rebelde y lascivo. Sin embargo, la defiendo: yo haría lo mismo, aunque haya que parir con dolor, aunque nos largaran del paraíso, yo también querría que mi hombre fuera libre.

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