Archivo de 8 mayo, 2009
Soy voyeur, y a nadie molesto.
Hace un tiempo, el planazo de mis sábados y domingos era ir a practicar el amor en el coche, a falta de un lugar más confortable. Mi chico y yo le teníamos las medidas tomadas y nos acoplábamos muy bien, logrando variedad en las posturas, inovación, etc.
Solíamos ir a un lugar de monte tácitamente dispuesto para tal fin, y los vehículos, respetuosos unos con otros, dejaban unos espacios entre sí de tres metros mínimo, para asegurar la privacidad.
Corría la leyenda de que había mirones en la zona y eso indignaba mucho a mi pareja y a otros habituales … ¡pobre si pillaban a alguno!
- Como vea a alguno espiando, ¡lo fostio!, campaneaban los machotes.
Yo me callaba, nada decía porque ya de aquella era una voyeur en ciernes. Con la disculpa de salir a hacer pis, me acercaba a los otros coches e intentaba echar el ojo, pero qué va, nada se veía salvo alguna sombra o movimiento, todos tomaban, muy castamente, sus precauciones: dejar que se empañaran los cristales, parasoles en los parabrisas,…
Si era cierta la leyenda y había tipos que a escondidas espiaban, muy imaginativos debían de ser, y fantasiosos, unos poetas al fin, porque si su objetivo era ver una fornicación sin más lo tenían mucho más fácil bajando porno o yendo a un club. Pero ellos arriesgaban para encontrar el placer de calidad.
En Francia hay bosques y playas donde son bienvenidos estos amantes de la cópula en directo, donde a los enamorados no les molesta mostrar su pasión, donde se respeta ese gusto por observar la coyuntura desde la pura verdad, no la pantomima de unos actores y actrices.
Yo, si hubiera tenido del valor de hacerlo, hubiera pegado mi nariz al cristal de alguna ventanilla, pero nunca lo hice, sin embargo facilitaba la labor a esos fantasmagóricos mirones por los que sentía franca simpatía y no me andaba con tanto melindre para esconder mi fiesta. Sinceramente: ojalá alguno la haya disfrutado.
Ser mujer y voyeur me tiene algo confusa: no conozco a otras, ignoro si hay precedentes femeninos, aficionadas como yo a disfrutar del goce ajeno, no hay escuela ni dispongo de ídolo a la que emular.
¿Soy tan rarita?

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