Archivo de 1 mayo, 2009
cita a ciegas
La cosa empezó como de chiste, le conocí en facebook bajo mi pseudónimo habitual y me gustó su pinta y su planta; parecía pasional y me dejé engatusar. La verdad es que ya llevaba ganas de salpimentar mi vida erótica, así que le propuse un encuentro a ciegas en un hotel. Sin demasiados dimes y diretes.
Se entusiasmó pero no le hizo gracia lo de a ciegas, él quería ver mi linda carita antes de lanzarse a una cita sensual. Pero yo no estaba dispuesta a dejar pruebas gráficas de mi rostro, así que le envié foto de mis nalguitas y de alguna otra curva de mi fisonomía. Si quería chicha, tendría que arriesgar. Me gusta la gente osada y no se me ocurre mejor aventura que el encuentro íntimo con un cuerpo nuevo.
No dudé que arriesgaría y puse mi fantasía a funcionar, comencé a elaborar mi sueño como me gusta hacerlo, sin escatimar en imaginación e ilusión.
Me entusiasmé ante la idea de un encuentro con un extraño: dos desconocidos dedicados al hedonismo sin mayores intenciones que darse gusto y me apliqué laboriosamente a la organización, como a una masturbación lenta y pausada.
Primero busqué en mis libros imágenes eróticas para mostrarle, señalando con marcador las pinturas que hacen referencia a fantasías similares a la nuestra, y seleccioné tres relatos sensuales para leerle y romper el hielo, derretirlo. Imaginé los distintos tempos que se alternarían y pinché música adecuada, esa que te lleva a alcanzar el estado mental de deshinibición y entrega.
¡Qué emoción! Me chifla el vino criado en roble.
Me compré un vestido precioso que se anuda a la nuca y deja los hombros al descubierto. Y una pulsera de tobillo plateada con cascabeles chiquitos. Conseguí un carmín color fresa idéntico a la laca de uñas con la que adornaría los dedos de mis pies y mis manos. Y caí en la tentación de pagar una brutalidad por unas braguitas culotte con lacitos en los bordes.
Mientras yo me entusiasmaba soñando que te soñarás, él insistía: que quería foto, que no era justo que yo conociera su rostro y él no, y bla, bla, bla … Yo, por supuesto, terqueando: que no, que no y que no.
Pues se obcecó, el tipo se encabronó y no aceptaba mis condiciones, erre que erre con la obsesión de dar el visto bueno por anticipado y ya me empezó a parecer un pelma, un tostón falto de coraje. El muy tonto chafó el juego. Margaritas a los cerdos.
¿Sabeis? La próxima vez cobro, y muy caro. Debí darme cuenta antes.
Como hicieron las meretrices romanas, que se entregaban de forma amateur a los hombres, tendría que convertirme en prostituta y actuar entonces como está tacitamente pactado y aceptado en la sociedad.
Si le hubiese pedido un buen pico no hubiese desconfiado, pero una mujer que se entrega gratis sigue siendo sospechosa … o peligrosa …
La fantasía sigue virgen. Valoro candidaturas.

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