Despertar en domingo
Cada día me despierta a lo loco el imbécil del despertador y me cuesta un mundo levantarme.
Los domingos, que podría descansar a pierna suelta, mi biología programada ejerce de “tocahuevos” y a las siete de la mañana me encuentro despejadísima. Antes maldecía esta situación y me enfuerecía conmigo misma. Ya no. Ahora lo disfruto, ahora disfruto de mi ser amodorrado y me deleito en mi voluptuosidad casi con misticismo.
Me huelo ¡Qué suerte disponer de olfato para gozar de este perfume a guarida de hembra entre las sábanas de hilo!
Qué delicia tener la piel delicada, suavita, sentir el roce de mi pelo despeinado en la espalda, en el cuello, por delante de mi cara.
Qué agradable acariciar mis senos mullidos, o aplastarlos abrazada a la almohada,… qué risa tener estos pezones que se empalman en micro erecciones y qué absoluta dicha tener mi raja tan jugosita, con la vulva dilatada y con su agradecida almendra.
Qué placer revolcarme en la soledad de mi lecho, perezosa, lujuriosa y disfrutarme entre sueño y sueño, sin prisas ni expectativas.
Qué rico desparramarme escuchando mi propia respiración.
Y allí fuera, lejanos, los movimientos del día que avanza y yo aquí tapadita, tan calentita.
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Comentarios
Con esto del duermevela y las vigilias a destiempo, de los despertadores asíncronos y las sábanas que se pegan, se me ha ocurrido: ¿qué ocurre con esos pequeños sopores que nos entran a los machos humanos tras la eyaculación? ¿no hay algo similar en el género femenino humano? Su texto, ideal para rememorar y sentir de nuevo el placer de ese calor del lecho, único en su especie, me ha recordado esos despertares fogosos -escasos- en que coincide la pareja y luego, tras la batalla de los cuerpos, el amodorramiento y sueño entrecortado subsiguientes.
Sentirse viva… notarse en cada caricia, en cada respiración, viéndose como una sola en el mundo, notando que tu respiración te da calor, que tu corazón tambalea en tu pecho, que las sensaciones se multiplican en cada centímetro de tu piel…
Y que ricos, ahora que llega el buen tiempo, esos rayitos de sol de la mañana acariciando mis muslos abiertos.
Carla Vidal
Intimissimo Aranda
bueno si, eh, pero un buen desayuno, abundante, sabroso, con todo el tiempo del mundo para saborearlo, tampoco está mal!

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