Archivo de 3 enero, 2009
La absurda coquetería
¿Por qué trato de engatusar a tipos a los que jamás permitiría que me chuparan la punta del dedo gordo del pie?
¿Por qué esa obstinación inconsciente de resultar atractiva aunque no tenga la menor intención de intercambio erótico con el sujeto de mi seducción?
Ya me controlo y no soy de las que va con tacones al súper o pintarrajeada a comprar el periódico, pero da igual, mi mente retorcida ha ideado otros modos de seducir sin que sean tan evidentes. Me salen espontáneos y disfruto como una idiota cuando funcionan. Son técnicas básicas, surgen como oportunidades según la situación: la sonrisa es lo fácil, pero es más emocionante un rubor. A veces basta una mirada de sorpresa o de gratitud, o mejor todavía, esa esquiva con pestañeo rápido que da a entender que has sido pillada en un pensamiento sucio…
Me supone mucho placer ver que la víctima responde, se estimula y procura un acercamiento, intimar, charlar… pero para entonces ya no estoy interesada. Mi objetivo está cumplido.
No quiero dármelas de ligona con esta confesión porque no tengo claro si soy víctima o verdugo de esta fijación, metida en este rol tan femenino, que pareciera que nada somos si no somos capaces de ponérselas duras.

RSS



