Archivo de diciembre, 2008
¿Qué es mejor, dar o recibir placer?
El tamaño importa
El tamaño importa, claro que importa. El miembro viril es un fetiche por excelencia, una forma adorada desde la antigüedad.
El grosor, la longitud, dureza, tersura y arrogancia, importan a la pareja, sea ésta hombre o mujer pero no necesariamente el falo más valorado es aquel más enorme.
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En brazos de la mujer madura. Vizinczey
En esta novela Vizinczey describe el periodo de los años treinta del este europeo, donde encuentra en el sexo, en la mujer, el mejor refugio.
Hace una apología de las enseñanzas que pueden proporcionar las mujeres maduras a los jóvenes. A modo de biografía cuenta cuánto le ayudaron a él en su proceso de aprendizaje sexual.
Copio un párrafo de su encuentro con su primera amante, una mujer casada que siendo él un post
adolescente le inicia en los placeres eróticos al mismo tiempo que en los placeres literarios.
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Certo
Estoy muy contenta porque el periódico de nueva creación Certo ha tenido el gusto de contar conmigo como colaboradora. En él publicaré mis fantasías en gallego, que podéis leer aqui.
Mi agradecimiento a los responsable de Certo, un periódico bien hecho de la bisbarra de Barbanza, tierra maravillosa donde la naturaleza se excede en belleza, la gastronomía adquiere cotas de ambrosía y lugar en el que las viñas, los campos de millo, los muiños de agua y los horreos para la paja llevan inexorablemente al erotismo campestre.
Ninfómana.
La pobrecilla estaba encarcelada en un volcán de sensualidad incontrolada; quizá fuese una especie de ninfómana que tenía orgasmos dormida y despierta. Su cuerpo respondía frenético a cientos de fantasías que invadían su cabeza.
Realmente su sexualidad era casi triste aunque orgasmos tenía a patadas: uno tras otro. Al mínimo estímulo, buscaba el contacto genital, el frote enérgico, la penetración a salto de mata. Correrse resultaba fácil, no tenía más que recurrir a consabidas técnicas para alcanzar el goce repentino y con él una cierta calma.
Pero no había manera de que nuestra querida ninfómana alcanzase el éxtasis sensorial, relajación lúbrica y entrega absoluta.
Yo acostumbraba a ser así.
Ya no.
¿Puedo correrme?
A mi me encanta que mi compañero me pida permiso para correrse. Es una galantería vana, como dejarme pasar delante o abrir la puerta del coche, pero da gusto escucharla.
-¿Puedo correrme?
Por supuesto la respuesta será afirmativa si el amante es hombre cabal porque en tal caso se habrá asegurado de que yo haya gozado y alcanzado mi clímax antes de preguntar.
-¿Puedo venirme?
Es una pregunta de hombre muy bien educado. El solo hecho de formularla pone a una en muy buena disposición y de repente te apetece complacerle:
- ¡Claro que puedes, mi amor! ¿dónde lo deseas? ¿en mis nalgas, en los pies, en la vulva?, dime tesoro, ¿quieres hacerme el culo? ¿quieres que te la mame? ¿quieres facializarme? …





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