Ninfómana.
La pobrecilla estaba encarcelada en un volcán de sensualidad incontrolada; quizá fuese una especie de ninfómana que tenía orgasmos dormida y despierta. Su cuerpo respondía frenético a cientos de fantasías que invadían su cabeza.
Realmente su sexualidad era casi triste aunque orgasmos tenía a patadas: uno tras otro. Al mínimo estímulo, buscaba el contacto genital, el frote enérgico, la penetración a salto de mata. Correrse resultaba fácil, no tenía más que recurrir a consabidas técnicas para alcanzar el goce repentino y con él una cierta calma.
Pero no había manera de que nuestra querida ninfómana alcanzase el éxtasis sensorial, relajación lúbrica y entrega absoluta.
Yo acostumbraba a ser así.
Ya no.
Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.
Comentarios
É o êxtase sensorial aquele que se busca… a plenitude quando se alcança!
Beijo doce
ps – convido-te a conhecer o novo espaço que deixo aqui ![]()
http://linguaeseductoriae.blogspot.com/
No creo que estuvieras acostumbrada a ese tipo de sensaciones tan contínuas, ¡qué más quisieras tú, tururú!, jejeje.
Besos de tururú.
Nada, que se conoce que no das el perfil de antigua ninfómana reconvertida, jejejeje.
Pues yo creo que sí. Y además, ¿seguro que ya no? ¿o de vez en cuando tienes una recaida? ![]()
muchos besitos desde el sur.
…mas que bela imagem essa que tens aí!…dizes que estás mais tranquila…não acredito!…deves ser pouco safadinha, deves!
…deliciosa, isso sim….
beijos seducidos
Pues me alegro de que sea así “el éxtasis sensorial, relajación lúbrica y entrega absoluta”… son mis deportes favoritos…. y perdérselos por una ninfomanía no compensa (y eso que ejercicio se hace mucho!)

RSS




¿Ya no? ¡Danos tu receta, oh Eos!
El goce nunca es repentino: cada vez está más buscado, por deseado, por anhelado, por querido, querida. Pero te lo concedo, si tras él viene esa cierta calma. Que no es cierta, es otra vana ilusión. Sólo la muerte da la calma. La pequeña muerte incita a más pequeñas muertes, y así hasta la ninfomanía.
Pero ya no. ¿No?