polis
Últimamente me ponen los polis. No es que esté especialmente orgullosa de ello pero es lo que hay. Me ponen básicamente cuando van dos juntos y exclusivamente cuando llevan el uniforme.
Yo creo que el llevar la porra dura colgando al lado de la pierna y esas botas de cuero, imprime carácter. Es como cuando nosotras llevamos tacones de aguja: te sientes más mujercita apetecible. Bien, ellos con la porra se creen más potentes, más machos y consecuentemente más chulos. No me gusta la chulería ni en hombres ni en mujeres, pero en materia de excitación sexual las buenas maneras no siempre funcionan.
Mi atracción surgió aquel día que conducía rumbo a una fiesta de amigos. Como buena ciudadana cumplo las normas de conducción y me aseguro de abrochar mi cinturón de seguridad. Aquel día no fue una excepción, salvo porque mi pronunciado escote desnudo, exaltado con el sostén “balconet”, se resentía con la tira superior del cinto. Ese material rudo molestaba a mis pechos que lucían en forma de corazón. Sin pensar, la pasé por debajo de la axila.
La mala pata vino porque los polis me adelantaron con sus dos motazas, se fijaron en mí y me dieron luces para que parara, lo cual hice de inmediato. Era la primera vez que me paraba la policía y me asusté un poco. Solo se apeó uno y caminaba de frente hacia mi coche, perezosamente, bamboleándose como los polis de películas americanas. Me di cuenta de la deficiente posición de mi cinturón y lo subí en un movimiento rápido, pero el cachimán se dio cuenta y me hizo ese gesto con el dedo índice, ese que dice “no” moviendo el dedito de lado a lado.
- Señorita, usted no llevaba el cinturón puesto.
-Si, sí lo llevaba, solo que colocado por debajo del brazo.
-¿Y por qué lo lleva usted así?
Le miré de frente, no sabía que responder y creo que él entendió, porque dirigió una mirada bastante impertinente a mi escote, una mirada pasmosa bastante grosera primero a una teta, luego a la otra y por fin a la unión de ambas, al llamado canalillo que con mi nuevo sujetador de raso negro estaba bastante apretadito. Miró lo que quiso y acercó su cara a mi ventanilla.
- ¿Sabe usted que llevando de ese modo el cinto, si tuviera un accidente, podría quedar partida en dos?
Mientras decía estas palabras, colgaba su mano del cierre de su pantalón, como indicándome dónde estaba la porra, y estoy convencida que con ese “podría usted quedar partida en dos” se refería a que con su super porra sería capaz de dividirme…. verticalmente.
Menudo fanfarrón.
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Comentarios
Perfecto. Un relato redondo. Ni corto ni largo. Con la tensión creciente. Quizás los más visuales sólo te reprochemos el tamaño tan minúsculo de la imagen con la que lo acompañas. Sí, escribes muy bien.
Desde luego la porra apuntaba a otra idea… pero es que confieso que a mi pasa lo mismo con los polis, me gusta su planta, lo que no me gusta tanto es su chulería.
Muchísimas gracias Pablo, muchísimas gracias Andrés. Que os guste me llena de gozo, la única recompensa que recibo por mis escritos es saber que alguien goza con ellos. La única y la mejor.
Que me lo digáis me hace feliz.
Pues sí que es buena (y bien narrada) la anécdota, ¡ah qué con los polis tan chulapas!. Yo por eso me creo figura de autoridad, uso botas, y bueno, la porra jamás la dejo en casa ;0)
Ya me leí de Samoa y sus ensoñaciones hasta Miller y sus “delicadezas” –me encanta el borrachuzo- y me encantan tus letras.
Te dejo un beso Susana.
Es curioso como los polis, bomberos… os gustan tanto. No hay nada como un uniforme y una actitud un poco posesiva… Bueno, básicamente son los dos ingredientes básicos del fetichismo… y un aperitivo del BDSM
Hola de nuevo Susana. Sólo una pregunta ¿Eres la misma susanamoo que quedó entre los 6 finalistas del concurso de novela erótica de Ediciones Irreverentes con “Tras la mirilla” (http://www.noticiasirreverentes.com/datos/erotismo.html)?
Evidentemente no he leido tu novela (si eres tú), pero seguro que te merecias estar entre esos 6 primeros y más, viendo cómo escribes.
Bicos galegos
Jorge, qué bueno qué viniste!! Ya me gustaría verte de botas y porra.
Eros, a veces gusta ser sumisa, otras ser la mala de la peli… en el síndrome premenstrual nada como el látigo para apaciguar humores…;)
Sí, Porquiño, soy la eterna finalista. Gracias por tus palabras.
A mi también me ponen muchísimo, es que les hace un tipazo, esas botasssss, ere pantalóncito, no se, siempre l he pensado
Un beso, jeje
Hahaha, que bueno… Así que te van los uniformes y las porras largas, ¿eh? Pues a mí me ha gustado imaginarme las motazas, digo las tet… estooo… el escote ‘balconet’, y esos pechos luciendo en forma de corazón, que bonita definición…
Bicos motorizados… ;P
Pues será el almidón del uniforme o lo erguidos que se pavonean por la calle, pero los hombres enfundados en un verde olivo o en un azul marino, son como una brisa tibia acariciando por detrás de las rodillas mientras tratas de bajar la falda ante las miradas curiosas, y sin embargo tu sonries. jajajaja.

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